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El Gramsci clásico

Rubén Aguilar Valenzuela

Hace unos días me encontré con el texto El Gramsci de todos, de Ramón Vargas-Machuca Ortega (El País, 27.02.17) es un texto que sitúa muy bien, el aporte del italiano Antonio Gramsci (1891-1937) como intelectual, que es, sin lugar a dudas, un clásico al que tenemos que acercarnos y leer de manera directa y a través de sus intérpretes.

 

En el marco de las entreguerras "acomete un análisis propio, agudo, de la sociedad y el Estado en Occidente. Ha comprendido como pocos el calado del fascismo y la derrota de la revolución en Europa".

 

El autor dice que "en el pensamiento de Gramsci asoman de manera intermitente tensiones entre el liberalismo y la estrategia leninista, aprecio a sus maestros liberales y lealtad al socialismo marxista, entre inspiración originaria de la ilustración y el sesgo autoritario del movimiento comunista internacional. Su obra representa el último intento de reconciliación del marxismo como pensamiento práctico; un intento original, penetrante, ambiguo y a la postre no consumado".

 

En el caso de Gramsci "tras su muerte se multiplica el conocimiento de su honestidad intelectual, lucidez e integridad moral. Sin embargo, tanta admiración iba a convertirse en un obstáculo para descubrir al Gramsci de Gramsci" y esto ha hecho difícil acercarse a su verdadero pensamiento, que ha sido manipulado y utilizado como fundamento de ciertas posiciones políticas, supuestamente de izquierda.

 

Vargas-Machuca Ortega, catedrático de filosofía política y autor de El poder moral de la razón. La filosofía de Gramsci. (Tecnos, 1982), sostiene que "al proceder al vaciado del Gramsci histórico se obvia cualquier constricción proveniente de sus escritos, intención y contexto", y al hacer esto se da la posibilidad de instrumentalizarlo discursiva y simbólicamente. Se pierde entonces "el sentido genuino de su figura y su obra, se diluye el valor y el alcance de sus propias contradicciones, también su autenticidad".

 

"Tomarse a Gramsci en serio es no obviar su condición radical de "pasado ausente". Respetando su historicidad podemos rastrear con cierta corrección epistemológica e integridad intelectual al Gramsci real. De esa manera se desvanece la ingenua pretensión de hallar en él un menú de recetas para tratar un presente cuyos rasgos básicos se obvian", dice Vargas-Machuca Ortega.

 

Termina su texto "tratemos a Gramsci como a un clásico. Lo es no porque aborde los asuntos de siempre, sino por la forma que lo hace, no porque consideremos perennes sus aportaciones sino porque fueron cruciales para el progreso del conocimiento. Un clásico es aquel cuyo proyecto ya no cabe aplicar pero de cuyo bagaje no podemos prescindir".

Desde 2007, imparto el curso de Teoría de la Sociedad Civil y la Ciudadanía, en el Departamento de Ciencias Políticas y Administración Públicas de la Universidad Iberoamericana  - Ciudad de México, en el que están incorporados alguna sesiones, para conocer el pensamiento de Gramsci, que siempre provocan interés entre las y los alumnos.

Magnifica Humanitas, la encíclica de la inteligencia artificial

Rubén Aguilar Valenzuela 

La primera encíclica del papa León XIV trata sobre la Doctrina Social de la Iglesia (DSI) y la realidad de la inteligencia artificial (IA) que ha cambiado al mundo por completo: ya no es el que era antes de su surgimiento y expansión universal.

 

El documento Magnifica Humanitas. Sobre la custodia de la persona humana en los tiempos de la inteligencia artificial lo firmó el papa el 15 de mayo, en la conmemoración de los 135 años de la publicación de la encíclica Rerum Novarum, del papa León XIII. Es la primera en proponer de manera ordenada y coherente los principios de la DSI y se dio a conocer el 25 de mayo pasado.

 

La encíclica tiene una introducción y una conclusión, y se divide en cinco partes: 1) Un pensamiento dinámico fiel al Evangelio; 2) Fundamentos y principios de la Doctrina Social de la Iglesia; 3) Técnica y dominio. La grandeza de la persona humana ante las promesas de la IA; 4) Custodiar lo humano en la transformación. Verdad, trabajo, libertad; 5) La cultura del poder y la civilización del amor. En las 110 páginas del texto hay 245 numerales y 224 citas de documentos, la mayoría publicados por otros papas.

 

La reflexión que hago aquí tiene como base la lectura de la encíclica y dos artículos sobre la misma, uno del jesuita Antonio Spadaro (Messina, Italia, 1966), director de la revista La Civiltà Cattolica, que la Compañía de Jesús publica en Italia, y un artículo que apareció en America. The Jesuit Review, la revista que la Compañía de Jesús publica en Estados Unidos, firmado por el jesuita James Martin (Plymouth Meeting, Estados Unidos, 1960).

 

El contenido de la encíclica

 

En la introducción de la encíclica el papa plantea de manera precisa el tema que se aborda y en qué consiste su propuesta. Dice al inicio: "La magnífica humanidad que Dios ha creado se encuentra hoy ante una elección decisiva: levantar una nueva torre de Babel o edificar la ciudad donde Dios y la humanidad habiten juntos. Cada generación recibe como herencia la tarea de dar forma a su propio tiempo: hacer madurar la historia como un lugar donde se proteja la dignidad de cada persona, se promueva la justicia y se haga posible la fraternidad".

 

Y añade que "si en su momento León XIII hablaba de 'nuevos asuntos' (rerum novarum), hoy no podemos limitarnos simplemente a repetir sus valiosas enseñanzas, sino que debemos pedirle a Dios la sabiduría para interpretar las grandes tendencias de nuestro tiempo, en particular los avances de la técnica. En los últimos años se ha hecho cada vez más evidente cuán rápida y profundamente la digitalización, la inteligencia artificial (IA) y la robótica están transformando nuestro mundo".

 

El papa sostiene: "La técnica no debe considerarse, en sí misma, como una fuerza antagónica respecto a la persona; por el contrario, está arraigada en nuestra historia desde el principio, en cuanto es 'un hecho profundamente humano, vinculado a la autonomía y libertad del hombre'. A lo largo de los siglos, el desarrollo tecnológico ha contribuido a una mejora significativa de las condiciones de vida de la humanidad; al mismo tiempo, cada etapa del progreso también ha puesto de manifiesto el lado ambiguo de instrumentos capaces de causar daño cuando no se orientan hacia el bien".

 

Y asegura: "Hoy, sin embargo, nos encontramos ante una situación nueva, en la que el poder y la omnipresencia de las tecnologías emergentes se entrelazan con el tejido de la vida cotidiana, moldean los procesos de toma de decisiones e inciden profundamente en el imaginario colectivo: 'Nunca la humanidad tuvo tanto poder sobre sí misma'. Las nuevas tecnologías abren un horizonte que se extiende en direcciones que, aunque intuibles, aún no podemos prever por completo. Esto hace que sea más complejo evaluar su impacto y sus efectos a largo plazo sobre la dignidad de las personas y el bien común".

 

En este horizonte "nos corresponde asumir con lucidez y responsabilidad los retos de nuestro tiempo. Es necesario adoptar instrumentos normativos adecuados, capaces de salvaguardar la justicia y de contener los efectos distorsionadores del poder tecnológico (...)" y si antes los gobiernos eran quienes impulsaban los grandes cambios científicos y tecnológicos "hoy, en cambio, los principales motores del desarrollo son actores privados, a menudo transnacionales, dotados de recursos y capacidad de acción superiores a los de muchos gobiernos. El poder tecnológico adquiere así un rostro inédito, predominantemente 'privado', y por ello aún más difícil de discernir, gobernar y orientar hacia el bien común".

 

Y por eso es necesario, afirma el papa, "iniciar un discernimiento compartido capaz de profundizar en las raíces espirituales y culturales de las transformaciones que se están produciendo. Si nos limitamos a las circunstancias contingentes, corremos el riesgo de dejar que la sucesión de emergencias decida por nosotros la dirección del camino. Estamos viviendo una rápida fase de transición, un "cambio de época" en el que —mientras algunos se disputan el futuro de las nuevas tecnologías y otros se dedican a reflexionar sobre ellas— la mayoría de las personas permanece a la espera, observa desde lejos y simplemente aguarda a que todo salga bien. Precisamente por eso se imponen en nuestra conciencia preguntas decisivas, que ya no pueden eludirse: ¿Hacia dónde vamos? ¿Hacia qué meta deseamos orientarnos? ¿Qué dirección elegir como comunidad humana y como pueblos?".

 

Y advierte: "En la era de la inteligencia artificial, en la que la dignidad humana corre el riesgo de verse eclipsada por nuevas formas de deshumanización, tenemos el deber urgente de permanecer profundamente humanos, custodiando con amor esa magnífica humanidad que se nos ha dado y revelado en plenitud en Cristo, y que ninguna máquina podrá jamás sustituir en su esplendor. El verdadero progreso nace siempre de un corazón abierto al otro, de una inteligencia dispuesta a escuchar, de una voluntad que busca lo que une más que lo que separa".

 

Un comentario 

Magnifica humanitas es un documento que plantea una puesta al día de la DSI, ante la nueva realidad del mundo, hoy influenciada de manera decisiva, y en todos los campos, por la IA. El texto nunca desconoce los aportes de la ciencia y la tecnología y no tiene un tono apocalíptico, pero sí advierte los peligros reales ante los nuevos desarrollos y la necesidad de actuar ante éstos. Nadie debe evitar el uso de la tecnología para el bien personal y comunitario, pero tampoco debe dejarse todo en manos de ésta.

 

La iniciativa y creación personal. Un primer campo de reflexión al que invita el papa, que ha pasado inadvertido, es el uso personal de las nuevas tecnologías, desde la propuesta del humanismo cristiano. No hay duda de que se deben utilizar, pero sin que ésta elimine nuestra capacidad de iniciativa y de búsqueda personal. No podemos caer en la lógica del resultado fácil y renunciar a nuestra capacidad de creación y de inversión, y tampoco al "horizonte afectivo, relacional y espiritual en el que el humano se vuelve sabio".

 

La IA no tiene la experiencia de la persona que "se deja moldear por la vida y crece con el tiempo a través de elecciones, errores, perdón, fidelidad". La actividad creativa de la persona requiere necesariamente del crecimiento interior, el camino existencial que toda obra humana implica. León XIV llama a mantener viva la facultad de la "inteligencia creativa", que la ve como un don ordenado a la construcción del bien común. La creatividad humana, según la encíclica, es siempre relacional: nace dentro de una trama de vínculos y a esa trama le da sentido. El papa sostiene que "lo humano no florece a pesar del límite, sino a menudo a través del límite". Y sostiene: "Ningún sistema de cálculo genera un corazón que se entregue ni una conciencia que discierna el bien" y que "incluso cuando las máquinas sobresalen en eficiencia, el centro de la historia sigue siendo un rostro humano que pide ser mirado". 

 
 

La Doctrina Social de la Iglesia (DSI). La encíclica plantea una crítica, precisa y lúcida, al sistema capitalista vigente en una gran parte del mundo y al "paradigma tecnocrático", que mide todo en términos de eficiencia, productividad y rentabilidad económica.

 

Expone que el progreso debe tener siempre como referencia el respeto irrestricto a la dignidad humana. El papa advierte que centrarse sólo en las ganancias implica considerar al ser humano como algo prescindible.

 

Y advierte: "El potencial positivo del mercado y la iniciativa privada tiene sentido si se mantienen subordinados a la ley moral y guiados por el principio de solidaridad, sin sacrificar a los más vulnerables a la lógica del lucro". Y recuerda que los principios de la DSI (el bien común, la solidaridad, la subsidiariedad, el destino universal de los bienes, la justicia social y el desarrollo humano integral) deben guiar todas las decisiones económicas, incluidas las relativas al contexto de la nueva realidad de la IA.

 

Sostiene que "la actividad económica no puede pretender resolver los problemas sociales simplemente mediante la expansión de una mentalidad comercial, sino que debe orientarse hacia el bien común, del cual la comunidad política tiene una responsabilidad insustituible".

 

El papa plantea un desafío al modelo capitalista que encuentra "nuevas formas de propiedad, como patentes, algoritmos, plataformas digitales, infraestructura tecnológica y datos" y critica cualquier sistema que reduzca a los seres humanos a meros engranajes, máquinas o algoritmos, porque el valor de la dignidad de las personas, que está sobre todo, "no depende de lo que logren o produzcan".

 

El impacto de la IA. El objetivo central de la encíclica es ofrecer una orientación moral, social y espiritual ante uno de los mayores desafíos de nuestro tiempo: el avance de la IA y su impacto sobre la vida humana, el trabajo, la política, la cultura y la convivencia internacional. Señala los riesgos de la manipulación, la vigilancia masiva, la desinformación y las nuevas formas de dominación, que traen consigo las nuevas tecnologías.

 

En el texto, el papa afirma que la IA no es neutral, que refleja los intereses, valores y objetivos de quienes la diseñan, financian y controlan. Y no puede ser vista sólo como una herramienta técnica, sino como una realidad con profundas consecuencias humanas y sociales.

 

Advierte que si ésta se concentra en manos de pocos actores, grandes corporaciones o potencias estatales, pueden reforzarse desigualdades, dependencias y nuevas formas de dominación.

 

La encíclica denuncia el surgimiento de nuevas maneras de explotación ligadas a la economía digital, sobre todo la explotación laboral asociada a sistemas automatizados, la extracción de minerales estratégicos y al trabajo precarizado por la automatización.

 

El papa sostiene que la dignidad humana está por encima de la eficiencia tecnológica. El ser humano no puede reducirse a "dato", "recurso" o "algoritmo". La persona vale por sí misma, no por lo que produce ni por la información que pueda generar.

 

La encíclica reconoce que la tecnología puede aportar beneficios reales y propone una verdadera "ecología de la comunicación", basada en la responsabilidad de los medios, la transparencia de los sistemas algorítmicos y la formación de ciudadanos capaces de discernir y tener relaciones personales auténticas.

 

El texto concede una atención especial a quienes suelen quedar al margen de los procesos tecnológicos y económicos: los pobres, los migrantes, los refugiados y las víctimas de la exclusión. El trato que una sociedad dispensa a estas personas revela su verdadera idea de justicia.

 

En política internacional, la encíclica se manifiesta contra la militarización de la tecnología y la lógica de la guerra permanente. Denuncia la carrera armamentista vinculada a sistemas cada vez más sofisticados y sostiene que no es moralmente aceptable delegar decisiones irreversibles y letales a sistemas de inteligencia artificial.

 

Para el papa no existe una contradicción entre fe y tecnología, y el futuro sólo será humano si la técnica permanece subordinada a la justicia, la verdad, la libertad, la paz y el bien común. En resumen: la encíclica sostiene que la tecnología debe servir a la persona humana y al bien común y no debe convertirse en instrumento de dominación económica, política o cultural.

Ilustración: Sergio Bordón

Misión Dulce Nombre de María de Sisoguichi

Rubén Aguilar Valenzuela

Misión Dulce Nombre de María de Sisoguichi (México - Argentina, 2025), en la Sierra Tarahumara, Chihuahua, México, es un documental del argentino Sergio Raczko que trabaja en los Estudios Roque González de Santa Cruz, Colegio El Salvador, Provincia Argentino - Uruguaya de la Compañía de Jesús, Buenos Aires, Argentina.

 

Historia

 

La misión la funda el padre jesuita Antonio Oreña en 1676. Al inicio construye una primera iglesia de madera y paja, en 1678 inicia la edificación de una segunda iglesia ya de cantera. El padre es enviado a la misión de Bacum, entre los yaquis en Sonora, y Sisoguichi queda sin sacerdote.

 

En 1681 llega a hacerse cargo de la misión el padre Joseph Neumann y vivió aquí hasta 1698, que son 17 años. A su llegada pide a los rarámuris que terminen la iglesia que había iniciado el padre Oreña. Después él levanta otra iglesia que se termina en 1690.

 

La que ahora vemos es un edificio original de 1720 que a lo largo de los siglos ha vivido muchas intervenciones. En 1767, los jesuitas abandonan las misiones de la Sierra Tarahumara cuando la corona de España expulsa a la Compañía de Jesús de sus territorios.

 

En 1773, el papa Clemente XIV suprime a la Compañía de Jesús y el papa Pío VII, la restaura universalmente en 1814. Los jesuitas regresan a México en 1816, todavía durante el régimen colonial. No recuperan la mayor parte de sus propiedades e inician la construcción de nuevos edificios para alojar colegios iglesias. En 1900 regresan a las misiones de la Sierra Tarahumara.

 

La actual iglesia de Sisoguichi fue la sede del primer obispo de la Tarahumara, el jesuita José Llaguno (Monterrey, Nuevo León, 1925 – Creel, Chihuahua, 1992). En el documental hay un reconocimiento de parte de los misioneros jesuitas al trabajo que este realizó.

 

El documentalista entrevista a los padres jesuitas: Enrique Mireles, superior de la misión, Pedro de Velasco, José Martín del Campo, Gilberto Alvarado, Alejandro Cancino y al hermano coadjutor Sergio de la Rosa. Y también al historiador Miguel León-Portilla y Carlos Vallejo, que fue jesuita, y es un especialista en la lengua rarámuri. El documental dura 13.30 minutos. https://youtu.be/yYGzlv9iTy8?si=1iZBMWqJjXDPEJcv

 


 

 

Misión Dulce Nombre de María de Sisoguichi

Producción: México - Argentina, 2025  

Dirección: Sergio Raczko

Guion: Sergio Raczko

Fotografía: Sergio Raczko

Musicalización: Sergio Raczko

Locución: Mara Gallegos

Actuación: Personas involucradas en los hechos  

Laurent Mattio: Pinta la luz

Rubén Aguilar Valenzuela 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

La exposición Laurent Mattio: Pinta la luz de exhibe en el Museo Regards de Provence, en Marsella, Francia.   

 

Exposición

Es una retrospectiva donde se muestran más de 150 pinturas, acuarelas y dibujos de este pintor provenzal (1892-1965) que revelan su profunda conexión con el Mediterráneo, desde la Provenza hasta sus costas más lejanas.


Los comisarios de la exposición son: Pierre-François Mattio, nieto del artista; Lydiane Mattio y Jeanne Guyon, bisnietas del artista; y Alice Mattio, nuera del artista, en colaboración con Adeline Dumon, directora del museo, y Pierre Dumon, presidente de la Asociación Regards de Provence.

Mattio es una figura central de la pintura provenzal, que daba una importancia primordial al dibujo preparatorio, desarrollando meticulosamente bocetos a carboncillo y lápiz, a menudo directamente del natural.

De manera meticulosa, estos bocetos los traslada al lienzo mediante un sistema de cuadrícula, asegurando así la armonía compositiva. Si bien el dibujo constituye la base, la luz es la esencia de sus pinturas.

A diferencia de sus contemporáneos, Mattio logra la luminosidad mediante el contraste de tonos y texturas, empleando tanto veladuras sutiles como técnicas de impacto en óleo, y pigmentos transparentes en acuarela.

Sus obras, vibrantes de luz, representan el paisaje mediterráneo, capturando la esencia de Marsella, la campiña provenzal y escenas de Italia y España.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Su obra retrata los cambiantes matices del mar y el cielo, los mercados y la interacción entre buques militares y pesqueros. Su estilo fusiona clasicismo y modernidad; su destreza técnica y su dominio de la luz lo consagran como un gran artista.

Aunque a veces se le compara con Monticelli, Montenard o Sorolla y Bastida, Mattio tiene un estilo claramente propio, donde el equilibrio entre el dibujo y las estructuras de color trabajan con fuerza y ​​sensibilidad a la vez.


En la pintura al óleo, alterna sutiles veladuras planas con pinceladas de empaste, otorgando a sus obras profundidad y una vitalidad singular. En la acuarela, la transparencia de los pigmentos realza la luz. Este enfoque dota a sus paisajes y escenas de la vida cotidiana de una intensidad impactante, donde la luz parece emanar del propio lienzo.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Mattio con su obra captura la diversidad y la vitalidad de Marsella y su región, y presta especial atención a los matices siempre cambiantes del mar y el cielo. Desde su casa con vistas al puerto de Sanary-sur-Mer, pinta los coloridos barcos y las escenas de mercado bañadas por el sol.

 

En Toulon, se centra en la coexistencia de buques militares y barcos de pesca. En el campo, realza la Provenza rural, con sus olivares, bastidas soleadas y plazas sombreadas.

 

Sus viajes a Italia y España también influyen en su obra, especialmente en Venecia, donde se detiene en los reflejos de la luz sobre el agua, y a lo largo de la Costa Brava, donde captura la intensidad de los contrastes y los colores vibrantes.

 

 

Comentario

 

Laurent Mattio, de acuerdo a la crítica, sigue siendo un pintor inclasificable, en la encrucijada del clasicismo y la modernidad. Su rigor técnico, la sutil interacción entre dibujo y color, y su magistral manejo de la luz lo convierten en una figura esencial de la pintura provenzal.

 

En las obras que se pueden ver en la exposición destaca la luminosidad, donde está la originalidad y esencia de su trabajo. Están los matices de la luz del sur, los reflejos sobre el agua y los colores de la naturaleza.

 

Su maestría en el trazo fue reconocida por primera vez en la retrospectiva de sus dibujos en Toulon en 1970, donde sus amigos elogiaron la delicadeza y el poder expresivo de sus bocetos: "Con herramientas muy simples —la textura del papel, el lápiz graso o el carboncillo— produjo pequeñas obras maestras de gracia rústica e infinita delicadeza".

 

El artista y su obra para mí fue un descubrimiento, y gocé el poder recorrer, con cuidado, esta gran retrospectiva, que da mucha idea de su trabajo, de su estilo y de su aporte a la pintura de la Provance, Francia y el mundo. 

Dios en nosotros

Rubén Aguilar Valenzuela

 

El jesuita francés Raoul Plus escribe Dios en nosotros (Sociedad de San Pablo, España, 1959), que es un clásico de espiritualidad moderna, donde se afirma que la vida cristiana no se sostiene solo en ideas o esfuerzos éticos, sino en un hecho previo, que transforma, la presencia de Dios en el interior del creyente.

 

Las pláticas que Plus impartió a los soldados durante la Primera Guerra Mundial, fue capellán militar, sentaron las bases de sus dos primeros libros: El ideal de la reparación (1920) y Dios en nosotros(1922).

 

Plus, se propone despertar en el lector, la inquietud de conocer en nuestro interior la "habitación" divina, y así conducir la vida de una manera más consciente a partir de ese descubrimiento. En el texto primero recuerda "nuestros privilegios divinos" (la intimidad con Dios y el orden sobrenatural); después desarrolla la idea de la persona como templo donde Dios habita; y finalmente muestra el drama del pecado como la ruptura de esa comunión.

 

La propuesta que hace el jesuita pretende que las personas, quienes leen, traduzcan su fe en una vida de gratitud, que quiere corresponder a Dios por el don que ha recibido de vivir en él. Y es una invitación a vivir desde dentro de nosotros mismos la presencia cotidiana de Dios.

 

Es un texto claro, sencillo y directo, útil para acompañar la oración personal, y también para avivar y hacer más rica y presente la experiencia de la fe sin caer en sentimentalismos piadoso. Plus ofrece elementos para reconocer la existencia de una vida interior, que se alimenta en la oración.

 

 

Autor

 

 

 

 

 

El jesuita Raoul Plus, nace en 1882 en Boulogne-sur-Mer, Francia, y muere en 1958 en Lille, Francia. Asistió al Collège Notre-Dame de los jesuitas en su ciudad natal. En 1899 ingresa al noviciado de Saint-Acheul-lez-Amiens en 1899.

 

En 1901 una ley francesa que limita la libertad de las congregaciones religiosas, lo obliga a salir al extranjero a estudiar. Los dos años de retórica los hace en Arlon, Bélgica; los tres años de filosofía en Gemert, Países Bajos, y en Florennes, Bélgica; y los cuatro años de teología en Enghien, Bélgica.

 

Se ordena sacerdote en 1913 y sirve como capellán del ejército francés durante la Primera Guerra Mundial. Recibe la Cruz de Guerra por sus servicios durante la guerra.

 

Entre 1919 y 1920 hace su Tercera probación, y al término se le destina al Instituto Católico de Artes y Oficios de Lille para impartir clases de religión. Al mismo tiempo, ejerce como capellán, director espiritual, y dirige retiros durante las vacaciones.

 

De 1935 a 1939, Plus imparte clases en el Institut Catholique de Paris, un período de gran productividad literaria. Durante la Segunda Guerra Mundial, vive recluido en la casa de retiros de La Barde, en la Dordoña, aunque continuó predicando y escribiendo. En Lille, a partir de 1945, es padre espiritual de la comunidad jesuita del Colegio Saint-Joseph.

 

Escribió 40 libros que se tradujeron al inglés y a numerosos idiomas. Entre ellos: María en nuestra vida espiritual (1940); Cristo Radiante: Un Llamamiento a los Católicos Militantes (1944); Hacia el sacerdocio eterno. Pustet (1946); La locura de la cruz (1949) y Cristo en el hogar (1951).


 

 

 

 

Dios en nosotros

Raoul Plus, S.J.

Sociedad de San Pablo

España, 1959

pp. 191

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