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Rubén Aguilar Valenzuela
En las sociedades democráticas, donde se cuentan los votos y se respeta el resultado de los mismos, donde no hay posibilidad de construir mayorías falsas y tramposas, los electores deciden quien es el presidente, el primer ministro y los legisladores.
Eso es, por ejemplo, lo que acabamos de ver en Bolivia y nunca vamos a ver, mientras permanezcan como dictaduras, en Venezuela y Nicaragua. En Venezuela, en la última elección el candidato de la oposición ganó la presidencia con dos a uno de los votos, pero el dictador Nicolás Maduro no aceptó lo que decidieron los electores y, una vez más, se impuso.
En la última elección presidencial en Nicaragua, las encuestas señalaban que cualquiera de los siete candidatos de la oposición ganaba la elección, pero la pareja de dictadores Ortega y Murillo, los encarcelaron y luego los deportaron del país, para ellos volver a imponerse sin que realmente hubiera habido una elección.
La composición del último Congreso de México, tanto en la Cámara de Diputados como de Senadores, no respetó el voto ciudadano y el gobierno en el poder, construyó, a través de una serie de maniobras "legales", del chantaje y la compra de voluntades, una mayoría que no les dio el voto popular que emitieron los electores.
El presidente Donald Trump, en su segundo mandato, ganó por la decisión mayoritaria de los votantes y lo mismo sucedió con la presidenta de México Claudia Sheinbaum. Eso quisieron los electores. Ambos candidatos durante su campaña fueron muy claros en lo que iban a hacer si ganaban y el sector mayoritario de los electores se identificó con su persona y su propuesta.
Muy diversos estudios de campo, en distintos países, muestran que los electores no votan de manera racional sino que su decisión, sobre todo, es emocional. Se identifican afectivamente con el personaje que encarna el candidato y lo que este dice.
En esta decisión emocional, los electores pueden votar, cegados por la afectividad, incluso por personajes y proyectos que les van a causar daño. No hay una relación entre la racionalidad, votar por lo que realmente les beneficia, y la emoción. Y sí, con frecuencia, hay una evidente contradicción.
Los estudios de campo muestran también que en casos donde los electores tenían una intensa identidad emocional con los personajes, las ideas y proyectos que estos sostenían, con el tiempo se rompe y termina el "enamoramiento" afectivo.
Esto ocurrió hace años en Venezuela y Nicaragua, y sus gobernantes ya solo se sostienen a base del poder propio de una dictadura, con apoyo militar, pero ya no con el voto de los electores.
El reciente caso de Bolivia muestra, que los electores dejaron de identificarse emocionalmente con los personajes con los que antes estaban unidos y con las ideas que estos manifestaban y por las que sentían simpatía y las hacían suyas. ¿A qué obedece la ruptura y la decisión de cambiar?
En el caso específico, algo igual sucedió en Venezuela y Nicaragua, el quiebre se debe a la crisis económica, el aumento de la pobreza, la inflación, la corrupción y la inestabilidad política. La diferencia está que en Bolivia, que sí es una democracia, se respetó la decisión del electorado.
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Rubén Aguilar Valenzuela
En Bolivia "se respira democracia luego de 20 años de autocracia", me comenta el boliviano Carlos Toranzo ante el resultado electoral del pasado domingo 17 de agosto en su país, luego de la derrota total del partido Movimiento al Socialismo (MAS), creado por Evo Morales, que fue presidente de 2006 a 2019.
Toranzo, profesor de la UNAM en sus años del exilio en México, me dio dos semestres el seminario de El Capital de Carlos Marx, mientras estudiaba la maestría en Sociología, que también me dice que "la gente castigó a MAS, que ya no existe", y que "la gente votó por la renovación, que eso ve en Rodrigo Paz", quien en la primera vuelta obtuvo más votos.
El día de la elección el candidato del oficialismo, Eduardo del Castillo, no tenía más del 3% en la intención del voto, el empresario Samuel Doria, de la Alianza Unidad, de derecha, el 21%; Jorge Quiroga, que fue presidente (2001-2002), de Alianza Libre, de derecha, el 20 % y Paz, que fue por la Democracia Cristiana, dentro, el 8.3%.
En versión de Toranzo, "la gente consideró que la campaña millonaria de Samuel Doria, fue obscena, el dinero no lo puede todo". Y me dice que el electorado en la zona de Santa Cruz, votó mayoritariamente por Quiroga, y en el occidente del país por Paz. La gente se manifestó en contra del gobierno de MAS, que encabeza el presidente Luis Arce ahora peleado con Evo Morales.
La gente culpa a MAS de la crisis económica, de la inflación que este año llega al 25%, del aumento a la externa pobreza que ahora es del 17.8%, de la inestabilidad política y de la corrupción. Después de 20 años se cansó de las promesas incumplidas y de su discurso ideológico y optó por el cambio. Los sectores populares, sobre todo indígenas, dejaron de votar por MAS y apoyaron a Paz, de ahí su crecimiento en el último momento.
Eliana Gallardo, alumna boliviana, de la maestría en Planeación para el Desarrollo, que impartió la UAEM, en Santiago de Chile, conocedora de la política de su país, coincide con Toranzo y me dice "es real una derrota definitiva de MAS" y "un crecimiento inusitado de Rodrigo Paz, que captó los votos de los sectores populares decepcionados de MAS". Y como Toranzo piensa que "Tarija y Santa Cruz se fueron con Quiroga, Tuto, que representa a la derecha, y occidente optó por Paz".
Para ella otros factores que influyeron en la elección fue el candidato a la vicepresidencia que ve en la fórmula con Paz, Edman Lara, que se ha hecho famoso por denunciar la corrupción en la policía, y que Paz "viajó por todo el país durante un año por pueblos y ciudades hablando con la gente", y también que "muchos votos de Samuel se fueron con Rodrigo", y añade que "Bolivia siempre sorprende, todo el mundo decía que nos iba a pasar lo mismo que a Venezuela, pero mira". La segunda vuelta por la presidencia entre Paz (32.08%) y Quiroga (26.94%) será el próximo 19 de octubre.
