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Presidenta a la defensiva

Rubén Aguilar Valenzuela 

Desde hace semanas, la presidenta en sus comparecencias mañaneras, que es parte fundamental de su estrategia de campaña permanente, se ha mantenido a la defensiva.

 

Ha hecho algunos intentos para volver a poner la agenda mediática, pero siempre termina por reaccionar a los temas que le imponen otros actores, nacionales e internacionales.

 

La presidenta se muestra sorprendida, se escandaliza con esa información, y de inmediato la desmiente y descalifica a quienes la han dicho, sean personas o medios.

 

Y también se manifiesta, con mucha frecuencia, en contra de puntos de vista que emiten otros actores con los que ella no está de acuerdo. No entra al diálogo, solo descalifica. Ella siempre tiene la razón.

 

Se deja provocar y con su reacción, da mayor importancia a lo dicho por los otros, al tiempo que contribuye a que eso con lo que no está de acuerdo se difunda todavía más. Se vuelve un aliado de quienes ataca.

 

La presidenta actúa siempre negando lo que no quiere oír o no acepta, aunque sea verdad probada, pero nunca ofrece nueva información que avale su desmentido. Y con cierta frecuencia miente cuando ofrece otros datos.

Ante su reacción, siempre apasionada y emocional, las audiencias se ven obligadas a elegir a quien creer de las dos versiones que tiene sobre un mismo hecho, y que ella se encarga de difundir.

No existen métricas precisas que den cuenta de cuál es la versión que asumen y hacen suya las diversas audiencias, aunque es muy probable que Palacio Nacional si las tenga.

Lo que sí existe son algunas valoraciones parciales, por ejemplo una reciente de Reforma que da cuenta, que la gran mayoría de la ciudadanía no está de acuerdo con su negativa de no entregar a los políticos morenistas de Sinaloa, acusados con abundantes pruebas de sus lazos con el crimen organizado.

Y que en las últimas encuestas generales ha tenido una caída significativa, que puede interpretarse como que la ciudadanía comparte cada vez menos sus datos y puntos de vista, y tiende a asumir la de los otros actores.

Hay un alto nivel de posibilidad de que el gobierno de Estados Unidos continúe y aumente su presión sobre el gobierno de México y la presidenta en particular, y que ella, como lo ha hecho hasta ahora, se envuelva en la bandera del nacionalismo, sin buenos resultados de imagen para ella.

Y es muy probable, a partir de cómo ha reaccionado hasta ahora, que sus mañaneras las dedique, de manera reactiva, a desmentir las afirmaciones del gobierno estadounidense, que es quien, en los próximos meses, tal vez años, le estará poniendo la agenda mediática.

Los Apóstatas

Rubén Aguilar Valenzuela 

Con Los Apóstatas (Tusquets 2026), Gonzalo Celorio, Premio Cervantes 2025, cierra una trilogía con el tema de su familia, antes publicó Tres lindas cubanas (Tusquets 2006), sobre la historia materna y El metal y la escoria (Tusquets, 2014), acerca de su padre.

Celorio dice que el interés de abordar el tema familiar surgió de reconocer que esas historias podrían ser contadas en clave novelística, y que "no es tan importante que sean mis familiares, sino que realmente pueden tener un grado de representación o de representatividad -mejor dicho- más amplia que la de mi entorno familiar porque con estos familiares he podido armar novelas que tienen que ver con otros fenómenos".

En esta ocasión aborda la historia de sus hermanos mayores, Miguel y Eduardo. El primero fue miembro de la Orden de Predicadores (OP) y el segundo Hermano Marista, y los dos años después dejaran la vida religiosa. Y al tiempo que cuenta su historia de sus hermanos también lo hace de la manera en que construye la novela.

De la historia que cuenta dice que "me sirvió para contar el drama de escribir la novela... porque la novela misma en el proceso de escritura me fue revelando muchas verdades que yo no conocía, que eran secretas... y todo esto fue realmente doloroso".

Los Apóstatas es una novela que se estructura desde la mirada del hermano menor que indaga, a profundidad, sobre la vida de dos de sus hermanos mayores, desde su infancia hasta su vida adulta, con sus luces y sombras, con alegrías y dolores.

Es un ejercicio de memoria de la vida familiar, que también pasa por la vida del autor. Los padres, los hermanos y hermanas, las costumbres y ritos de familia, las dificultades económicas, pero sobre todo dar cuenta de la vida de Miguel y Eduardo, los que se van de casa porque entran a la vida religiosa.

Es una indagación dolorosa sobre los secretos de la familia, que deriva en un retrato. Es su familia, pero es también la historia de otras muchas familias de la clase media mexicana, con muchos hijos. Así, la novela trasciende el ámbito familiar, para hablar de las familias mexicanas, y también de México. 

La historia cuenta como Miguel de desarrolla como dominico, y Eduardo como marista, y que es lo que hace cada uno de ellos en la vida religiosa. Antes penetra en la dolorosa historia de abuso sexual que sufre Eduardo de parte del padre de un amigo, que es vecino. En el texto en paralelo escribe: "Maldita sea la hora en que se me ocurrió escribir esta novela".

A la salida de la vida religiosa, uno de dominico, y el otro de marista, enfrentan la vida de manera diferente. Miguel se adentra al mundo de la cultura como profesor y funcionario público y Eduardo como funcionario público en el campo del desarrollo social, que lo lleva a Nicaragua, después del triunfo de la Revolución Sandinista, y decide quedarse a vivir ahí.

Gonzalo, el hermano menor, ve en Miguel como a un padre que lo guía, y a Eduardo como a un amigo igual que él. En la historia que cuenta está también la relación con las mujeres, las parejas, los hijos, la vida social, los amigos, los amores y desamores. Los éxitos y los fracasos.

En la novela, se narra de forma paralela, el contexto en el que ocurren estas vidas, la situación política, económica, social y cultural del país. Los Apóstatas son una novela y no una biografía, pero es evidente que hay una base biográfica. El texto fluye, y la narración tiene fuerza y es interesante y atractiva. Se le con facilidad. Es literatura.

 

Autor

Gonzalo Edmundo Celorio y Blasco, nace en la Ciudad de México, el 25 de marzo de 1948. Obtiene la licenciatura en lengua y literatura en la UNAM, y el doctorado en literatura iberoamericana por la misma universidad. 

Desde 1974 es profesor de literatura hispanoamericana en la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM; en la misma institución imparte la cátedra extraordinaria Maestros del Exilio Español.

 Ha impartido cursos en El Colegio de México, la Universidad Iberoamericana y el Instituto Politécnico Nacional (IPN). Ha enseñado en diplomados y cátedras en la UNAM y en otras instituciones nacionales y extranjeras. Fue investigador del Centro de Estudios Lingüísticos y Literarios de El Colegio de México.

 En 1982, ocupó el puesto de director de Literatura del INBA; de 1989 a 1998, coordinador de Difusión Cultural de la UNAM, y de 1998 al 2000, director de la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM. De 2000 a 2002, fue director del Fondo de Cultura Económica (FCE).

Desde 1994 es miembro del Sistema Nacional de Creadores de Arte, y del Consejo Consultivo de la Cátedra Alfonso Reyes del Instituto Tecnológico y de Estudios Superiores de Monterrey (ITESM). Desde 2019 se desempeña como director de la Academia Mexicana de la Lengua.

En 1986, recibe el Premio Periodismo Cultural, otorgado por el INBA; y  en 1997 obtiene el Prix dés Deux Océans que otorga el Festival de Biarritz y en 1999, el Premio Nacional de Novela IMPAC-CONARTE-ITESM.

Ha sido galardonado con el Premio Nacional de Ciencias y Artes en Lingüística y Literatura, por el Gobierno de México en 2010. En 2023, gana el Premio Xavier Villaurrutia de Escritores. En 2025 recibe el Premio Cervantes que otorga el Ministerio de Cultura de España.

Ente sus obras están. Novelas: Amor propio (1992); Y retiemble en sus centros la tierra (1999); Tres lindas cubanas (2006); El metal y la escoria (2014). Memorias: Mentideros de la memoria, (2022); Ese montón de espejos rotos (2025). Ensayos: La época sordina (1990); El viaje sedentario (1994); México, ciudad de papel, (1997); Ensayo de contraconquista (2001); Cánones subversivos. Ensayos de literatura hispanoamericana (2009); Del esplendor de la lengua española (2016).


 

 

 

 

Los Apóstatas

Gonzalo Celorio

Tusquets Editores

México, 2020

pp. 413

Con los compañeros de la prepa

Rubén Aguilar Valenzuela

En 1965, 52 compañeros, de diversas regiones de Sonora, y también de Sinaloa, terminamos la preparatoria, la última generación de dos años, en el Colegio Regis, de Hermosillo, Sonora, de los Hermanos de las Escuelas Cristianas, una congregación de origen francés, que en 1680 funda san Juan Bautista de La Salle.

 

Desde muy jóvenes, en accidentes de aviación y automóvil, y también por enfermedad, particularmente cáncer, empezaron a morir compañeros. Ahora vivimos la mitad del grupo. Hace 61 años que terminamos la preparatoria. Después de la reunión de los 50 años, en 2015, decidimos reunirnos de manera periódica.

 

El último encuentro tuvo lugar del 15 al 17 de mayo, en Banamichi, Sonora, Enrique Molina, que vive ahí, se encargó de organizar el encuentro, en el pueblo todavía se mantiene en pié la casa de sus bisabuelos, de sus abuelos y de sus papás.

 

En esta ocasión nos reunimos diez de nosotros, siete que viven en Hermosillo, dos en Ciudad Obregón, y yo en la Ciudad de México. En los tres días visitamos pueblos en la Ruta del Río Sonora -Ures, Húepac, Banamichi y Arizpe- todos fundaciones del siglo XVII de los misioneros de la Compañía de Jesús, hombres extraordinarios. Algunas de las iglesias conservan su estructura original.

 

Comimos platos espectaculares de la cocina tradicional de Sonora: carne asada, carne de machaca, menudo, pozole de trigo, gallina pinta, caldo de queso y frijoles, acompañados siempre con tortillas de harina y salsa de chiltepines. Y una variedad de postres como dulce de calabaza, jamoncillo, suspiros de bellota, empanadas de guayaba y membrillo, pasteles, quesos frescos y cuajada. Y también un buenísimo bacanora artesanal.

 

A todos nos impresiona como después de 61 años siga nuestra relación, que se ha profundizado en los últimos años. Todos la celebramos y apreciamos. En nuestros encuentros en una de las noches platicamos de nosotros y nuestra vida. En esta ocasión el tema fue cómo enfrentamos la recta final de nuestra existencia. Todos tenemos entre 77 y 78 años de edad. Como en las otras ocasiones la reflexión fue abierta, honesta y profunda.

 

Nuestros encuentros fraternos y cercanos, son una celebración de la amistad, que en estos tiempos de incertidumbre y de cambios constantes, muchos inesperados, son una guía en el camino y un apoyo fundamental, y también un referente, que permite el cuestionamiento, el intercambio y el poner sobre la mesa dudas y preguntas.

 

En esta ocasión, que pudimos estar tres días conviviendo con una familia, la de Enrique Molina, en uno de los pueblos del río Sonora, a todos nos impresionó, fue tema de conversación, y lo sigue siendo, la manera en que se vive en esa región de Sonora, donde todos se conocen y saben quienes son. Donde tienen muy claro que quieren y necesitan, y donde todos se apoyan. La familia nuclear y extensa se vive con mucha intensidad. Es sorprendente y envidiable. En octubre nos vamos a volver a reunir.

 
 

Misión del Nombre de Jesús de Carichí

Rubén Aguilar Valenzuela

 

La Misión del Nombre de Jesús de Carichí (México - Argentina, 2025), en la Sierra Tarahumara, Chihuahua, México, es un documental del argentino Sergio Raczko que trabaja en los Estudios Roque González de Santa Cruz, Colegio El Salvador, Provincia Argentino - Uruguaya de la Compañía de Jesús, Buenos Aires, Argentina.

 

Historia

 

En 1675, el padre jesuita Thomas de Guadalajara funda la misión. En 1683, el padre da a conocer su Gramática Rarámuri. En 1684 llega a la misión el padre María Píccolo, algunos le atribuyen la construcción de la iglesia, pero no hay prueba de esto.

 

El padre Joseph Newmann llega a hacerse cargo de la misión en 1697 y aquí permanece hasta su muerte en 1732. En este lugar trabaja 34 años. Aquí redacta la Historia de las rebeliones en la sierra Tarahumara (1626-1724).

 

El padre croata Juan María Ratkay (1647-1683) pasa en la misión dos años y medio. Aquí muere. Hace los primeros mapas y cartografía de la sierra Tarahumara y escribe la Relatio Tarahumarum Missionumm, con información sobre las costumbres y tradiciones de los rarámuris y el estado de la misión a finales del siglo XVII.

 

En 1723 llega el padre alemán Franz Hermann Glandorff (1687-1763) y pasa un año con el padre Newmann para aprender el rarámuri y después va a la misión de Tomochi de la cual fue responsable hasta su muerte. En 1767, con la supresión de la Compañía de Jesús de los reinos de España, lo jesuita dejan la Tarahumara.

 

En el documental el padre jesuita Gilberto Alvarado y el antiguo jesuita, Carlos Vallejo, especialista en la lengua rarámuri, y Guillermo Torres Lacombe, historiador de la Diócesis de la Tarahumara, hablan sobre la historia de la misión y los jesuitas que pasaron por ella. El documental dura: 11.20 minutos. https://youtu.be/mAFHa337Uzw?si=dn0tPHrAMVaccGoA 

 

 

La Misión del Nombre de Jesús de Carichí

Producción: México - Argentina, 2025  

Dirección: Sergio Raczcko

Guion: Sergio Raczcko

Fotografía: Sergio Raczcko

Musicalización: Sergio Raczcko

Locución: Mara Gallegos

Actuación: Personas involucradas en los hechos  

La primera encíclica de León XIV

Rubén Aguilar Valenzuela

El 25 de mayo, se publicó Magnifica humanitas, la primera encíclica del papa León XIV, que firmó el 15 de mayo, en el 135 aniversario de la promulgación de la encíclica Rerum novarum de León XIII.

La encíclica tiene como subtitulo, "Sobre la custodia de la persona humana en el tiempo de la Inteligencia Artificial", y propone una actualización del Pensamiento Social de la Iglesia (PSI) en el tiempo de la Inteligencia Artificial (IA).

El objetivo central es ofrecer una orientación moral, social y espiritual ante uno de los mayores desafíos de nuestro tiempo: el avance de la IA y su impacto sobre la vida humana, el trabajo, la política, la cultura y la convivencia internacional.

Se inspira en la tradición del PSI e invita a releer el presente a la luz del Evangelio, el papa propone una reflexión de gran alcance sobre el uso de la técnica y sobre la necesidad de proteger siempre la dignidad de la persona.

Retoma los principios clásicos del PSI: el bien común, la solidaridad, la subsidiariedad, el destino universal de los bienes, la justicia social y el desarrollo humano integral, que se presentan como criterios, para construir la organización de la vida social en la era digital.

El papa afirma que la IA no es neutral, que refleja los intereses, valores y objetivos de quienes la diseñan, financian y controlan. Y no puede ser vista solo como una herramienta técnica, sino es una realidad con profundas consecuencias humanas y sociales.

Advierte que si esta se concentra en manos de pocos actores, grandes corporaciones o potencias estatales, puede reforzar desigualdades, dependencias y nuevas formas de dominación.

El papa critica el "paradigma tecnocrático", que mide todo en términos de eficiencia, productividad y rentabilidad económica. Advierte sobre los riesgos de la manipulación, la vigilancia masiva, la desinformación y las nuevas formas de dominación.

La encíclica denuncia el surgimiento de nuevas maneras de explotación ligadas a la economía digital, especialmente la explotación laboral asociada a sistemas automatizados, la extracción de minerales estratégicos y al trabajo precarizado por la automatización.

El papa sostiene que la dignidad humana está por encima de la eficiencia tecnológica. El ser humano no puede reducirse a "dato", "recurso" o "algoritmo". La persona vale por sí misma, no por lo que produce ni por la información que pueda generar.

La encíclica reconoce que la tecnología puede aportar beneficios reales, y propone una verdadera "ecología de la comunicación", basada en la responsabilidad de los medios, la transparencia de los sistemas algorítmicos y la formación de ciudadanos capaces de discernir y tener relaciones personales auténticas.

El texto concede una atención especial a quienes suelen quedar al margen de los procesos tecnológicos y económicos: los pobres, los migrantes, los refugiados y las víctimas de la exclusión. El trato que una sociedad dispensa a estas personas revela su verdadera idea de justicia.

En política internacional, la encíclica se manifiesta contra la militarización de la tecnología y la lógica de la guerra permanente. Denuncia la carrera armamentista vinculada a sistemas cada vez más sofisticados y sostiene que no es moralmente aceptable delegar decisiones irreversibles y letales a sistemas de inteligencia artificial.

La encíclica busca ofrecer una respuesta ética y social cristiana ante la transformación tecnológica profunda, que vive el mundo. El mensaje central es que la tecnología debe servir a la persona humana y al bien común, no convertirse en instrumento de dominación económica, política o cultural.

El papa sostiene que no existe una contradicción entre fe y tecnología, y el futuro será verdaderamente humano solo si la técnica permanece subordinada a la justicia, la verdad, la libertad, la paz y el bien común.

 

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