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Rubén Aguilar
Roger Bartra Muriá (Ciudad de México, 1942) en Mutaciones. Autobiografía intelectual (Debate, México, 2023) hace un recorrido muy personal por la evolución de su pensamiento en las diferentes etapas de su vida y da cuenta detallada de su producción intelectual.
En mi lectura de estas memorias de carácter autobiográfico, ubico que Bartra sigue seis grandes líneas: aspectos de su historia personal; los sitios donde estudió; los sitios donde trabajó; la evolución y cambios en su pensamiento; las obras que ha producido y su militancia de izquierda.
Bartra en la reconstrucción de su memoria utiliza cartas a sus padres y a su hermana, notas que hizo a lo largo de los años, artículos y entrevistas. De manera especial está presente su reflexión sobre el proceso de creación de sus obras.
Si bien el texto no es una biografía, Bartra hace algunas referencias a episodios de su vida de niño con sus padres, de la etapa de la adolescencia y de su juventud, que dicen quién es el personaje y de dónde viene.
Hace también referencia a sus relaciones de pareja y a sus hijos y nos cuenta de su permanente sensación de ser un extranjero en México, y de ubicarse siempre como alguien que es visto ajeno del lugar en el que vive.
Bartra, hijo de escritores catalanes del exilio de la República de España en México, habla de los lugares en los que estudió y lo que significaron en su formación intelectual. Tiene una visión crítica, que señala lo que piensa fue relevante y lo que no.
En la Escuela Nacional de Antropología e Historia (ENAH) se formó como etnólogo, y en la Sorbona (Universidad de París) se doctoró como sociólogo.
A finales de los años sesenta trabaja como académico en Venezuela. Desde 1971 es miembro del Instituto de Investigaciones Sociales de la Universidad Nacional Autónoma de México (IIS-UNAM). En la década de los ochenta y noventa realiza pasantías y es invitado como profesor en universidades de Estados Unidos, España e Inglaterra.
Bartra cuenta el proceso de su evolución del pensamiento marxista-leninista, de carácter ortodoxo, hacia las posiciones del Eurocomunismo, a partir de sus años en París, y después su tránsito para asumir la causa de la democracia y la libertad.
El hilo conductor de la autobiografía es su producción intelectual y los problemas de carácter teórico que surgen cuando aborda cada una de sus obras. Bartra empieza a publicar de muy joven, todavía como estudiante en la ENAH.
En esa época, década de los sesenta, publica en la revista Taltoani, "La tipología y la periodificación en el método arqueológico". Luego viene el libro El modo de producción asiático y otros artículos, también de esa misma década, que se recopilan en el libro Marxismo y sociedades antiguas: el modo de producción asiático y el México prehispánico. En la autobiografía, habla de su compromiso con la teoría marxista y de su interés particular en el modo de producción asiático.
Del inicio de la década de los setenta es el Breve diccionario de sociología marxista (1973) y es cuando trabaja el tema agrario del que publica artículos, que luego se recogen en tres libros: Estructura agraria y clases sociales en México (1974), El poder despótico burgués: Las raíces campesinas de las estructuras políticas de mediación (1977) y Campesinado y poder político (1982). Estos luego se publican en inglés como Agrarian Structure and Political Power in Mexico (1993).
A partir de su trabajo académico en torno al agro genera una teoría para explicar la evolución de la sociedad rural mexicana que abre nuevas líneas de investigación sobre el campo y provoca intensas discusiones.
Al final de los setenta y en la década de los ochenta aborda la teoría política de los procesos de legitimación y las formas de mediación. Sostiene que el concepto de mediación permite explicar la estabilidad, la cohesión y la legitimidad de los sistemas políticos en los países industrializados del siglo XX.
De esa época es Las redes imaginarias del poder político (1981). La teoría de la mediación aplicada a la realidad mexicana se trata en La democracia ausente (1986). Y de esa década es su célebre trabajo La jaula de la melancolía (1987), que lo introduce de lleno a este tema de estudio.
Y aborda el problemático y muy debatido tema de la identidad nacional mexicana. Desde el inicio de su publicación el libro se convierte en un texto clásico que ofrece un nuevo ángulo de mirada sobre la identidad nacional, que supera y deja atrás antiguas interpretaciones.
En la década de los noventa realiza una serie de estudios y reflexiones sobre la realidad mexicana y sigue trabajando sobre la teoría de las redes imaginarias del poder político. Y añade a sus investigaciones los mitos sobre el salvaje. Estos estudios critican la tradición del estructuralismo y propone una nueva interpretación de carácter evolucionista.
De esta época son libros fundamentales en la producción de Bartra: El salvaje en el espejo (1992); Oficio mexicano: miserias y esplendores de la cultura(1993); El salvaje artificial (1997); El Siglo de Oro de la melancolía. Textos españoles y novohispanos sobre las enfermedades del alma(1998); La sangre y la tinta y Ensayos sobre la condición postmexicana, (1999).
Ya en la década del 2000 al 2010 continúa sus estudios sobre la realidad política de México, la melancolía e introduce un nuevo tema al que dedica gran tiempo y energía, el funcionamiento del cerebro. De esa época son: Cultura y melancolía. Las enfermedades del alma en la España del Siglo de Oro (2001);El duelo de los ángeles. Locura sublime, tedio y melancolía en el pensamiento moderno (2004) y Antropología del cerebro. La conciencia y los sistemas simbólicos (2006) y Cerebro y libertad. De 2013 es Ensayo sobre la moral, el juego y el determinismo.
En estas obras donde aborda el estudio del cerebro ofrece una nueva y original interpretación del tema de la conciencia que discute con neurocientíficos. Desarrolla la hipótesis de que el funcionamiento del cerebro humano no se puede entender sin examinar su estrecha conexión con un conjunto de prótesis culturales, a las que define como un exocerebro.
Sobre su análisis de la realidad política mexicana se encuentran: Fango sobre la democracia (2007) y La fractura mexicana (2009). Los dos abordan la transición democrática que se inicia en el año 2000 cuando el PRI, después de 80 años, pierde la presidencia de la República. Sobre ese tema trata también La sombra del futuro. Reflexiones sobre la transición mexicana (2012).
Estudia el axolotl, el anfibio endémico de México, y resultado de esa investigación es Axolotiada. Vida y mito de un anfibio mexicano (2011) que tiene imágenes, del diseñador Gerardo Villadelángel Viñas. Vuelve sobre el mito del salvaje en Historias de salvajes (2017) y Los salvajes en el cine: notas sobre un mito en movimiento (2018).
Y una vez más aborda el tema de la melancolía en La melancolía moderna (2017). Y la relación entre esta y el "ser del mexicano" que es objeto de estudio en Anatomía del mexicano (2019). La melancolía es un fenómeno social y cultural propia de una sociedad mundial inmersa en transformaciones caóticas y profundas que afectan a las sociedades de las distintas partes del mundo. De 2019 es Chamanes y robots. Reflexiones sobre el efecto placebo y la conciencia artificial.
La vida intelectual de Bartra ha dejado huella en la realidad del país. No hay duda de la importancia y significado del conjunto de su muy amplia y diversa obra, que ha pasado por distintas concepciones teóricas, y también por muy diversas temáticas de carácter político, social, cultural y científico. Mutaciones. Autobiografía intelectual es el recuento de una vida intensa dedicada al estudio, siempre sugerente e innovador.
A lo largo de su vida ha sido un referente de la izquierda en México. Desde muy joven se volvió un activista político comprometido con los cambios en el país, para hacerlo más justo e incluyente. Ha seguido en esa lucha, que ahora identifica con la democracia. La búsqueda de la verdad y el rebelarse contra la establecido han sido dos grandes propósitos que han conducido su vida. Su autobiografía intelectual ofrece la posibilidad de conocer de manera más profunda la vida de este hombre, que optó por la academia y la escritura, como su manera de estar en el mundo.
Rubén Aguilar Valenzuela
El pasado 19 de julio, el presidente Daniel Ortega, el dictador de Nicaragua, posición que comparte con su esposa, la vicepresidenta, Rosario Murillo, declaró: "Que se olviden, aquí no volverá a haber elecciones".
En su intervención, en un acto conmemorativo del 47 aniversario del triunfo de la Revolución Sandinista, dijo también que "no volverá a haber elecciones para que ellos (la oposición) intenten atrapar el gobierno, atrapar el poder".
Después del triunfo de los sandinistas, que en 1979 derrocan a la dictadura de la familia Somoza en Nicaragua, Ortega gobernó su país de 1979 a 1990. Después de 17 años en la oposición regresó al poder en una elección democrática en 2007.
En Nicaragua a partir de entonces ha habido elecciones, siempre fraudulentas, que le han permitido mantener el poder en estos últimos 20 años. Después de 2007, en los hechos no ha habido elecciones, y el resultado se sabía de antemano.
La declaración de Ortega, que no deje de sorprender, confirma abiertamente el carácter dictatorial del gobierno que él y su esposa encabezan, que el sacerdote y poeta Ernesto Cardenal, llamaba la Familia Imperial.
Para la oposición, hoy toda en el exilio expulsada por Ortega y Murillo, la declaración del dictador confirma que en Nicaragua, desde hace años, son ya veinte, no se gobierna por decisión del voto ciudadano sino solo por la fuerza, avalada por el Ejército.
Desde hace años todas las encuestas señalan que si en Nicaragua hubiera reales elecciones, Ortega y Murillo perderían las elecciones. Ellos lo saben y por eso en todas, ya en el poder, han hecho fraude.
En la Nicaragua de hoy todo está diseñado para que a la muerte de Ortega, ahora tiene 80 años y su salud es mala, herede el poder su esposa, y que esta para mantenerse en él, ya no tenga que hacer elecciones, aunque fueran simuladas.
Las distintas organizaciones de la oposición, de manera conjunta, han dado a conocer su postura ante este nuevo nivel de la dictadura y dicen que "constituyen una ruptura abierta con los principios democráticos que sustentan el sistema interamericano".
Y añaden que "no se trata de un gesto político interno, sino de la decisión explicita de abolir el derecho del pueblo nicaragüense a elegir a sus gobernantes y de consolidar, un régimen autoritario, permanente y dinástico, incompatible con los principios de la democracia representativa y el derecho internacional".
Sostienen que "las elecciones libres no son una prerrogativa del gobernante de turno; son un derecho fundamental del soberano que es el pueblo nicaragüense y no el tirano (constituyen además un derecho humano inalienable y un pilar esencial del Derecho Internacional Público). Esto es un requisito indispensable para la pertenencia de Nicaragua a la comunidad democrática del hemisferio".
En la Nicaragua de hoy, no hay ninguna posibilidad de que la Familia Imperial, ya una de las más ricas de Nicaragua, puede ser relevada del poder. En el interior, única fuerza que podría restablecer el orden Constitucional y abrir el espacio, para que hubiera reales elecciones, y fuera el pueblo quien decide libremente por sus gobernantes, es el Ejército, que hoy está plenamente comprometido con la dictadura, es su sustento principal. ¿Así se mantendrá en el futuro?
