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Rubén Aguilar Valenzuela
Al inicio del segundo año de gobierno, la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo tiene una aprobación del 70%, en la encuesta de El Financiero (01.12.25), que realiza Alejandro Moreno, para este mismo tiempo semejante a la percepción que había de sus antecesores.
La valoración de cuatro presidentes anteriores se mueve en un nivel parecido: López Obrador (68%); Calderón Hinojosa (65%); Fox Quesada (63%); Salinas de Gortari (68%). Solo la Zedillo Ponce de León (42%) y de Peña Nieto (48%) es menor.
En octubre y noviembre de 2025, la aprobación de la presidenta se mantiene en 70% y la desaprobación en 30%. La más alta se dio en febrero de 2024 con 85% y la más baja en noviembre de 2024 con 69%.
La Encuesta nacional de El Financiero se realizó en noviembre de 2025 y fue vía telefónica a 1000 mexicanos adultos en las 32 entidades federativas, y tiene un nivel de confianza de 95%.
Los datos duros muestran, que hay una distancia creciente entre la percepción positiva de la presidenta en su calidad de persona y de la valoración sobre la gestión del gobierno que encabeza.
En los programas de apoyo social hay una caída importante en el mes, al pasar la opinión favorable de 81% a 69%, y la opinión desfavorable subir de 17% a 27%, el nivel más alto de rechazo registrado hasta ahora en ese rubro de la gestión de gobierno. ¿Por qué?
Los programas sociales, que han sido los estelares de la actual administración, y son claves para obtener el voto ciudadano a favor del partido oficial, tienen una caída de 12% en la aprobación, y avanza 10 puntos el nivel de desaprobación, de un mes a otro. Son datos significativos.
El gobierno en el manejo de la corrupción registra 80% por ciento de opinión negativa, y 12% de positiva. La gran mayoría de la ciudanía piensa que este es un gobierno corrupto. En los últimos meses se han conocido muchos casos de corrupción de integrantes del gobierno y dirigentes de Morena, del sexenio anterior y de este.
En la manera que se enfrenta al crimen organizado, el gobierno sale también reprobado, y registra 82% por ciento de opiniones negativas y 12% de positivas. La intensa propaganda del gobierno que dice ha mejorado de manera notable la seguridad, no se corresponde con la mirada de la ciudadanía.
A pesar de que la economía no crece, y tampoco el empleo formal, la evaluación del manejo de la economía registra una leve variación en las opiniones positivas y pasa de 52% a 54%, mientras que las opiniones negativas de reducen de 45% a 41%.
En la encuesta se preguntó de manera puntal sobre dos casos particulares, que tuvieron una gran repercusión en la opinión publicada y pública; el asesinato del alcalde de Uruapan, Carlos Manzo, y la marcha de la Generación Z. Del primer caso se enteró el 87% y del segundo el 77%, que son niveles muy altos.
El 49 % de los encuestados piensan que el gobierno actuó mal en el caso del alcalde y el 41% que lo hizo bien. Sobre la marcha de la Generación Z, el 48% considera que el gobierno actuó mal y el 31% lo califica como bien. El 55% califica positivamente la marcha y el 21% de manera negativa.
Es evidente la diferencia entre la imagen personal de la presidenta y la de su manera de conducir el gobierno. El nivel de rechazo a su gestión ha crecido de manera permanente. Habrá que ver los resultados de los próximos meses y luego ver el impacto que estos puedan tener en la elección de 2027.
Rubén Aguilar Valenzuela
La presidenta Claudia Sheinbaum Pardo (Ciudad de México, 1962), en sus comparecencias mañaneras de todos los días, con mucha frecuencia hace referencias al pasado de México, que para ella se reduce a un período que va de 2006 a 2012, que son los seis años que gobernó el presidente Felipe Calderón Hinojosa (Morelia, Michoacán, 1962).
En su versión de la historia en ese tiempo tienen origen todos los males y problemas del presente de México, y no solo eso, sino que todos se deben precisamente a Calderón Hinojosa, que para ella en su gestión fue un hombre extraordinariamente poderoso capaz de hacer los más graves daños al país.
Los años del gobierno de su antecesor, su mentor y líder, al que alaba y reconoce de manera constante en sus comparecencias mañaneras, Andrés Manuel López Obrador (Tepetitán, Tabasco, 1953) no son el pasado.
Lo que la presidenta da a entender y eso comunica es que ese gobierno no ha terminado, que no es pasado, que sigue en el presente, y se expresa a través de ella en lo que llama "el segundo piso de la transformación", que él inició.
Se puede también entender como expresión del maximato. En su concepción, están ahí sus intervenciones mañaneras, seguimos en el presente, que inicia en 2018, con la llegada de López Obrador a la presidencia, y continúa al día de hoy en el año 2025.
El gobierno del presidente Enrique Peña Nieto (Atlacomulco de Fabela, Estado de México, 1966), que contribuyó de manera decisiva al triunfo electoral de López Obrador en 2018, tampoco es pasado. Su colaboración, que lo convierte en intocable, desde la presidencia de López Obrador y continúa ahora, lo convierte también en presente. Se le reconoce como parte del proyecto.
La concepción del pasado que tiene la presidenta, que cuenta con un doctorado por la Facultad de Ingeniería de la UNAM, le permite evadir la realidad del presente y no hacerse responsable de los errores, fallas y problemas de su gestión en el presente.
El origen de estos males no está en el presente, tampoco en el pasado de López Obrador y Peña Nieto, que también son el presente, sino solo en el pasado de los seis años del gobierno de Calderón Hinojosa, y su enorme poder para hacer el mal.
Todo indica que en los próximos cinco años que le quedan de gobierno a la presidenta, y a partir de su concepción del pasado, que se reduce a seis años, nunca habrá de reconocer ningún error o falla de su gobierno, y siempre el responsable de estos será Calderón Hinojosa.
Su concepción del pasado implica también una concepción de la responsabilidad como gobernante, como la del ahora, la del presente, que ella nunca asume, para ella la autocrítica no existe y por lo mismo nunca comete errores o fallas, y si ocurren, siempre tiene a la mano un chivo expiatorio, el pasado del sexenio de Calderón Hinojosa.
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Rubén Aguilar Valenzuela
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