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El INE y el Plan C

Rubén Aguilar Valenzuela
Días atrás, el presidente inició la campaña electoral de 2024, que llama el Plan C, desde el espacio de su comparecencia mañanera de todos los días.
 
Su objetivo es que los electores le den a Morena la mayoría calificada tanto en la Cámara de Diputados como de Senadores, en los comicios de 2 de junio del próximo año.
 
Esto para poder hacer los cambios constitucionales que se quieran sin tener que negociar con las fuerzas políticas de la oposición.
 
El presidente en su mandato no logró los cambios a la Constitución que se propuso por no tener la mayoría calificada.
 
Existe evidencia que más de uno lo hubiera alcanzado si negociaba con la oposición, pero se negó. Su posición es que se aceptaba su propuesta.

Los gobiernos anteriores al de López Obrador lograron muchos cambios a la Constitución en un ejercicio de diálogo y negociación con la oposición, a lo que se niega el presidente.
 
Que se proponga que su partido, como en los más viejos tiempos del PRI, él es un priista, tenga la mayoría calificada en ambas cámaras es legítimo.
 
Revela una concepción de la política que asume que el gobierno en turno, si es de su partido, no de los otros, el Ejecutivo debe tener el control absoluto del Poder Legislativo.
 
La clara participación electoral del presidente desde su comparecencia mañanera, en el marco de las actuales leyes, que pueden o no gustar, violenta la Constitución.
 
En el proceso electoral de 2021, el presidente violó la Constitución los 90 días que duró el mismo. El INE le señaló su falta, pero nunca hizo caso a los señalamientos.
 
El presidente en materia electoral ha violado la Constitución de manera sistemática a lo largo de los cuatro años y medio que lleva en el cargo.
 
La tensión entre López Obrador y el INE, que encabezó Lorenzo Córdova Vianello, fue en buena parte, por los señalamientos y advertencias que le hizo esta institución autónoma del Estado mexicano.
 
Ahora el INE está a la cabeza de una nueva consejera presidenta, Guadalupe Taddei Zavala. La institución debe garantizar que todos los actores políticos cumplan con la Constitución en lo que hace a la materia electoral.
 
En ese marco es claro que uno de los grandes retos del INE estriba en poner alto a la campaña electoral que ha iniciado el presidente. En los próximos días veremos de que está hecho el actual INE.
 

Cartas de Jon Sobrino a Ignacio Ellacuría

Rubén Aguilar Valenzuela
El teólogo jesuita español radicado en El Salvador, Jon Sobrino (Barcelona, 1938), escribió de 1989 a 2004 una carta cada año al filósofo y teólogo jesuita español Ignacio Ellacuría (1930-1989). Lo hacía, para recordar a quien el 16 de noviembre de 1989 fue asesinado por el Ejército salvadoreño.
 
Ese día, en su casa en la Universidad Centroamericana José Simón Cañas (UCA) de San Salvador, también fueron asesinados los jesuitas: Segundo Montes, Juan Ramón Moreno, Ignacio Martín Baró, Amando López, y Joaquín López y López, así como la laica Elba Ramos y su hija Celina, que colaboraban con estos.
 
Sobrino, que vivía en esa misma casa, se libró de aquella masacre porque en aquel momento estaba en el extranjero dando un curso de teología. Los quince textos se reúnen en Cartas a Ellacuría.1989-2004. (Trotta, 2004).
 
Los textos los leía en la capilla de la UCA, en una misa celebrada durante la primera quincena de noviembre. El primer día después del asesinato.
 
El jesuita dice en la Introducción que esta primera carta, como después serán las otras, "es un texto personal que tenía como referente a un 'Tú'. Obviamente no esperaba respuesta y no podía ser el comienzo de una correspondencia. Era más bien un hablar conmigo mismo en la presencia de Ellacuría".
 
Estas cartas abarcan un período de quince años de la historia del mundo y en particular de El Salvador. En ellas Sobrino cuenta a Ellacuría lo que ocurre en la realidad de todos los días, al tiempo que se propone dar a conocer al hombre "que no solía aparecer a la luz pública".
 
De manera especial "su fe en Dios y el impacto que le causó Jesús" y también "el caminar humildemente en la historia" y las realidades que le impactaron: "la Iglesia de los pobres, la civilización de la pobreza, monseñor Romero, los mártires [...] el problema radical de la lucha de la justicia contra la injusticia, de la verdad contra la mentira, de la liberación contra la opresión, de la vida contra la muerte".
 
Las cartas de Sobrino, con quien en mis tiempos de estudiante de teología tomé un curso y leí algunas de sus obras, de manera particular Cristología desde América Latina (1976), lo sigo haciendo, da cuenta de un Ellacuría, que es poco conocido.
 
La manera que el autor de las cartas habla de la fe de su compañero en la UCA y en la comunidad contribuye a tener una mirada más amplia y también más profunda de una personalidad tan rica y compleja como fue Ellacuría, al que conocí y estudié.
 
Sobrino reflexiona sobre la Iglesia, El Salvador y el mundo y teologiza sobre esa realidad. Lo que más me llama la atención de las cartas es como muestran la radical fe en Dios de Ellacuría, que fue el elemento central que definió su vida.
 
Cartas a Ellacuría. 1989-2004
Jon Sobrino
Editorial Trotta
Madrid, 2004
pp.156
 

¿El Vaticano puede mediar en la guerra de Rusia contra Ucrania?

Rubén Aguilar Valenzuela
El papa Francisco y el presidente de Ucrania Volodímir Zelenski, se reunieron en el Vaticano el pasado 13 de mayo, en el marco de una gira que el mandatario ucraniano realiza por Europa, en medio de la invasión rusa a su país.
 
El 30 de abril, el papa, de regreso de su visita apostólica a Hungría, anunció que el Vaticano había abierto una misión de paz entre Rusia y Ucrania. Ahora no se han hecho públicos los términos de ese proceso.
 
En enero pasado, el papa, en una entrevista que concedió a la agencia de noticias Associated Press (AP), habló de sus encuentros con autoridades ucranianas y rusas en el Vaticano.
 
A la periodista, le dijo que desde que inició la guerra se había encontrado con distintos enviados del gobierno ucraniano y que mantenía un diálogo abierto con el embajador ruso en el Vaticano.
 
La Secretaría de Estado del Vaticano a lo largo de la guerra ha mantenido relación constante con Rusia a través de su representante ante la Santa Sede.
 
A pregunta expresa de la periodista sobre las "posibilidades reales de un diálogo", el papa le respondío "mi impresión es que todos quieren dialogar, pero buscan el modo de hacerlo para no perder terreno, dialogar con condiciones".
 
Y le confesó "soy testigo de varios procesos que han pasado por acá. Por ejemplo, el cambio de prisioneros de la acería, de la fábrica de acero, fue fruto de una mediación muy buena, bien hecha".
 
En el último encuentro ente el papa y Zelenski, antes se habían reunido en octubre de 2020, se presentaron diferencias. El papa sostiene la necesidad de la equidistancia con los dos países que es condición para la mediación.
 
Al terminar el encuentro, el presidente ucraniano dio a conocer en su cuenta de Twitter: "Le pedí (al papa) que condenase los crímenes rusos en Ucrania. Porque no puede haber igualdad entre víctima y agresor".
 
Y añadió que "también hablé de nuestra fórmula de paz como el único algoritmo efectivo para conseguir una paz justa. Le propuse unirse a esa implementación".
 
El Vaticano, en un breve comunicado, dijo que "los temas del coloquio con el presidente ucranio se refirieron a la situación humanitaria y política de Ucrania provocada por la guerra en curso".
 
Son bienvenidos todos los esfuerzos de mediación para poner fin a esta guerra iniciada de manera injustificada, solo por intereses políticos personales del presidente ruso Vladímir Putin.
 
En las próximas semanas se sabrá si tiene alguna posibilidad la mediación del Vaticano en la guerra entre Rusia y Ucrania o es solo una posición de buena voluntad, pero que no tiene camino.

Matteo Ricci, el jesuita que dialoga con Confucio

Rubén Aguilar Valenzuela 
Matteo Ricci es una puesta en escena de Luis de Tavira en colaboración con Jorge A. Vargas. El texto es del propio De Tavira en un trabajo conjunto con José Ramón Enríquez y José María de Tavira.

La obra estuvo a punto de estrenarse, pero la pandemia del Covid-19 lo impidió. En 2023 se retoma el proyecto, pero "no desde el mismo lugar, ni entendido igual ya que tras los sucesos de estos tres años no somos los mismos. Entendemos el mundo diferente, la experiencia del teatro nos toca diferente y celebramos la presencia y la reunión", asegura De Tavira.
 
Y añade "no sólo eso, ahora sentíamos que teníamos que hablar de la tragedia de los asesinatos de los sacerdotes jesuitas en Cerocahui, Chihuahua, y reflexionar en las lecciones que la experiencia que Ricci nos dejó. Es decir, es urgente pensar cómo ésta nos podría ayudar a vislumbrar un camino en el que el diálogo es posible. Con la llegada de la nueva mirada de Jorge A. Vargas, todo logró una nueva dimensión".
 
El Premio Nacional de Ciencias y Artes (2006) plantea que cuando retoma el proyecto se dice: "Estoy haciendo un espectáculo sobre un misionero jesuita en China, Matteo Ricci, que es el padre de la sinología y el primero que planteó la posibilidad de la amistad de las culturas, entendiendo su misión de una manera muy distinta a como tradicionalmente se ha entendido. Y, al hacerlo, no puedo no pensar en los jesuitas asesinados en la Tarahumara, que seguían ese carisma de Ricci, de hacerse todo a todos, de hacerse chinos (el italiano), aquellos de hacerse rarámuris".
 
La obra cuenta la historia del jesuita italiano Matteo Ricci (1552-1610), personaje del Renacimiento, que fue misionero, astrónomo, matemático, cartógrafo y científico. Vivió en China 30 años en la época de la dinastía Ming. Un hombre abierto al pensamiento y a las otras culturas. Estudió a Confucio y comprender su pensamiento fue clave en su tarea de dar a conocer a Jesús al mundo de la cultura China.
 
Ricci, con sus compañeros de la comunidad de jesuitas de Pekin, emprenden el estudio de la milenaria cultura China, por la que tenían un gran respeto, y aprenden su lengua, para poder comunicarse en directo con quienes buscan encontrarse y compartir. La obra da cuenta de las inquietudes y los aportes científicos de Ricci. Y también de su amplia producción.
 
El jesuita, conocido en China como Lì Mǎdòu, es autor del Kunyu Wanguo Quantu, el primer mapa mundial de China, que elabora en 1602. Y autor de libros de oración, catecismos y ensayos sobre temas teológicos, filosóficos, culturales y científicos. Entre sus obras está El palacio de la memoria sobre la mnemotecnia, el estudio de la memoria. Y los Elementos de Euclides que tradujo al chino en colaboración con el matemático Xu Guangqi.
 
La obra establece un diálogo entre el pasado y el presente cuando articula la historia de Ricci con el caso del asesinato de los jesuitas Javier Campos y Joaquín Mora en la misión de Cerocahui en Chihuahua, el 20 de junio de 2022. Estos jesuitas, al igual que Ricci en el siglo XVI, establecieron un intenso intercambio con la cultura rarámuri, por la que tenían gran aprecio.
 
"Ante los hechos trágicos de Cerocahui, en las montañas de la Tarahumara, no solo se actualiza la figura de Ricci en esta vocación por hacer de una cultura ajena su lugar de residencia espiritual, social, cultural e incluso política, sino que también nos interroga sobre el verdadero sentido de desplazarse con honestidad y sin restricciones hacia lo otro y los otros", comenta Jorge A. Vargas. 
 
Y afirma que el mentor de Ricci, el también jesuita Alessandro Valignano, le hace ver "que para poder integrarse a la cultura china habría que volverse chino, no solo imitar la cultura, sino desplazarse del lugar, salirse de donde se está. Eran extremadamente peligrosos como contrarios a las estrategias católicas de la época. La Compañía de Jesús siempre se ha interesado en el conocimiento, en construir un perfil de jesuita culto, enterado del mundo, y con pensamiento religioso".

La puesta en escena se articula con diez actores, cinco hombres y cinco mujeres, que interpretan a decenas de personajes. La concertación que realizan los directores del conjunto de los elementos que integran la obra está muy bien lograda, y se podría calificar de genial. Philipe Armand con su escenografía e iluminación, que incluye nuevas tecnologías, logra uno de sus mejores trabajos en su ya larga trayectoria.
 
Es fundamental la música en vivo ejecutada por Jesús Cuevas, la composición coral de Juan Pablo Villa y el diseño sonoro de Joaquín López Chapman, Jesús Cuevas y Pedro de Tavira. Y también las máscaras y autómatas creados por José Pineda y las marionetas de Susana López Pérez, Grisel Gómez Murueta e Irving Sanser. Llama la atención el deslumbrante vestuario de la dinastía Ming, del siglo XVI, diseñado por Carlo Demichelis y Jeildy Bosch.
 
Las y los actores, que realizan una gran interpretación en todos los personajes que caracterizan, memorizaron sus parlamentos en chino mandarín. Un lingüista chino ayudó a corregir la pronunciación y entonación y dio fe de que los actores en sus intervenciones en chino lo hacen realmente en esa lengua.
 
La obra, así la vi, se propone como un homenaje a los jesuitas que integran la Orden de la Compañía de Jesús fundada por san Ignacio de Loyola y sus compañeros en 1540. El padre Ricci en la China del siglo XVI, y los padres Campos y Mora, en el México del siglo XXI, son hijos de esa tradición, la ignaciana, que tiene ya 500 años. Una poderosa propuesta de cómo vivir el cristianismo. Es un homenaje, pero no una apología.
 
Para la construcción del argumento, de la historia que se cuenta, hay que decir que Luis de Tavira, en compañía del jesuita Enrique González Torres, productor de la obra, viajó a China, para conocer los sitios donde estuvo el padre Ricci y entrevistarse con estudiosos de este extraordinario personaje. Y luego, en Roma, estuvieron el Archivo Histórico de la Compañía de Jesús, para conocer la obra de Ricci y también se encontraron con especialistas del jesuita.
 
Para entender mejor lo que había pasado en la Sierra Tarahumara y saber más de los padres Campos y Mora, a quien De Tavira había conocido en su época de jesuita, viajó a Cerocahui, para entrevistarse con los integrantes de la comunidad en la que vivían. Estos viajes hablan del rigor en la construcción teatral, sin duda admirable, de quien en 2019 recibió la Medalla Bellas Artes en el campo del teatro.
 
Matteo Ricci es la tercera obra producida por el padre Enrique González Torres, en conjunto con De Tavira, antes está La expulsión (2011), sobre el historiador jesuita novohispano Francisco Javier Clavijero (1731-1787), y El corazón de la materia (2018), sobre Pierre Teilhard de Chardin (1881-1955), el jesuita francés que fue paleontólogo, filósofo y teólogo.
 
La obra se puede ver en el Teatro de las Artes del Centro Nacional de las Artes, hasta el 11 de junio. Las funciones son de miércoles a domingo. En la mesa de cortesías, a la entrada del teatro, se pueden obtener boletos gratis.



Matteo Ricci
Autor: José Ramón Enríquez, José María de Tavira y Luis de Tavira
Dirección: Luis de Tavira y Jorge A. Vargas
Escenografía e iluminación: Philippe Amand
Composición coral: Juan Pablo Villa
Música en vivo: Jesús Cuevas
Diseño sonoro: Joaquín López Chapman, Jesús Cuevas y Pedro de Tavira
Máscaras: José Pineda
Marionetas: Susana López Pérez, Grisel Gómez Murueta e Irving Sanser
Vestuario: Carlo Demichelis y Jerildy Bosch
Reparto: Esther Orozco, Rocío Leal, Alejandra Garduño, Pati Yáñez, Valentina Manzini, Ricardo Leal, Héctor Holten, Andrés Weiss, Adrián "Potro" Aguirre y David Martínez Zambrano

Museo de Arte Colonial

Rubén Aguilar Valenzuela

La Habana, Cuba

 
Historia

En 1969 se inaugura como un espacio dedicado al arte de la época colonial, que va del siglo XVI hasta la independencia en 1902. Propósito de la nueva institución fue también conservar el inmueble.
 
Edificio
 
El edificio está en la plaza en el extremo opuesto a la catedral. El lugar donde se encuentra el Palacio de los Condes de Bayona, tiene antecedentes constructivos desde 1622. El actual edificio es de 1720 y es el más antiguo de la plaza.
 
Lo construye el teniente coronel Luis Chacón, natural de La Habana, que ocupó el cargo de gobernador militar de Cuba y, en 1712, el de gobernador civil y militar, jerarquías que nunca antes había detentado al mismo tiempo un criollo.
 
El patio y los corredores, que hoy lo cierran por sus cuatro lados, fueron reedificados en la segunda mitad del siglo XIX. A partir de entonces y hasta 1959, con el triunfo de la Revolución, acogió instituciones como el Real Colegio de Escribanos de La Habana, el diario La Discusión y la firma licorera Arechavala.
 
En 1931 experimentó un proceso que trató de rehabilitar su imagen colonial, pero con poco éxito. En la década siguiente se realizaron otros intentos. Antes de su inauguración como museo vive un profundo proceso de restauración.
 

 
 
 




Colección
 
La colección se ubica en los dos pisos que tiene el edificio y se organiza en ocho espacios: Sala de vajillas; Sala cochera; Sala arquitectura; Salas de mobiliario; Salón; Gabinete; Comedor y Dormitorio.
 
- Sala de Vajillas
 
Se exhiben vajillas de los siglos XVIII y XIX. Destacan las de las familias: conde de la Fernandina; conde San Juan de Jaruco; Sagunto; Pedroso y Garro; Macuriges; Romero; Montalvo; marqueses de la Real Campiña, Almendares y de la Real Proclamación. Están fabricadas en España, Francia e Inglaterra. Ente las marcas: Limoges; Worcester; Royal Doulton; William Adams; Pickman y Sargadelos.
 
- Sala cochera
 
Destaca un quitrín de lujo y las colecciones de espuelas y estribos. Hay también atuendos, para esclavos caleseros.
 
- Sala de Arquitectura
 
Se exhiben diversos tipos de rejas, portafaroles, verjas y aladeabas de los siglos XVIII y XIX. Son muestra del trabajo artesanal de herreros y orfebres en los talleres de fundición de la época colonial.
 
Hay también un conjunto de las puertas utilizadas en las casas en el siglo XVIII y XIX. Se pueden ver también esculturas en piedra y mármol, que adornaban las fachadas de las casas en el siglo XIX.
  



 
- Sala de mobiliario
 
Está en la planta alta y se exhiben muebles y vidrieras. Se muestra el desarrollo de la ebanistería cubana de los siglos XVII al XIX. Hay muebles utilizados en las casas, pero también en los conventos.
 
Se pueden ver armarios, arcones, sillones de brazos y fraileros, taburetes y diverso tipo de sillas, que incluye las utilizadas en las casas de los campesinos.
 
Destaca la colección de muebles de la primera mitad del siglo XIX, con ejemplares del llamado "Imperio cubano", que evidencia el empleo del enchapado, la talla y la marquetería. Hay muebles de mimbre.
 

Vidriera.




- Salón 


 
Reúne piezas de una casa cubana del siglo XIX. Tiene un juego completo del tipo "de medallón" de talla inspirada en elementos naturalistas, una cómoda de las llamadas "de sacristía", con la corona tallada de los condes de Lagunillas. Un armario-vitrina, con colecciones de cristal de opalina y de abanicos. Un juego de salón de estilo rococó-victoriano, original del ebanista norteamericano John Henry Belter. Y objetos de porcelana, biscuit y cristalería, de manufacturas europeas.
 

 
- Gabinete
 
Se exhibe muebles utilizados por las familias en el siglo XIX. Destaca un piano inglés y las mecedoras.
 
- Comedor
 
La ambientación es del siglo XIX. Se exhibe cristalería francesa, vajillas europeas, mantelería, cuadros al óleo, uno del paisajista cubano Esteban Chartrand, y butacas de Campeche.
 
- Dormitorio
 
La ambientación es del siglo XIX. Una recámara que perteneció al conde de San Juan de Jaruco. El rincón religioso un reclinatorio, una imagen, una pila de agua bendita y cuadros religiosos. En el armario se exhiben elementos del vestuario femenino.
 
Comentario
 

 
El lugar donde está el edificio es espectacular, cierra uno de
los lados de la Plaza de la catedral. Construcción de inicios del siglo XVIII con dos niveles; en el primero cinco puertas y en el segundo cinco ventanas con vidrieras de colores. La actual forma del patio central es obra del siglo XIX.
 
La mayor parte de las piezas de la colección son del siglo XVIII y XIX, sobre todo de este último. Es expresión de que en la época colonial el gran desarrollo de Cuba corresponde a estos siglos.
 
No hay piezas importantes de arte colonial, pero las que se exhiben dan una idea de forma que vivían las familias adineradas y de la nobleza en los siglos XVIII y XIX. Está bien conservado. Lo que más me gusta son las vidrieras, verdaderas obras de arte. El juego de la forma, el color y la luz.

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