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Castillo de Bran

Rubén Aguilar Valenzuela

Brașov, Rumania

 Historia
 
En 1212, aquí hubo una fortaleza edificada por los caballeros de la Orden Teutónica cuando fueron recibidos en el Reino de Hungría, después de haber sido derrotados en las cruzadas en Tierra Santa. En 1241 fue atacado por grupos tártaros.
 
El actual edificio inicia su construcción en 1377, por órdenes del rey Luis I de Hungría y el consejo municipal de la ciudad de Brașov. Al inicio del siglo XIX, la fortaleza deja de tener importancia estratégica.
 
En 1920, al terminar la Primera Guerra Mundial, con el Tratado de Trianon, Transilvania pasa al Reino de Rumania. El municipio de Braşov decide dar el castillo al rey Fernando y a la reina María. La reina lo convierte en su palacio de verano.
 

 
Residencia real de verano
 
El arquitecto de la familia real, el checo Karel Zdeněk Liman, realiza profundas reformas en el edificio en la década de 1920, pero conserva su aspecto de fortaleza medieval. En el interior se hizo lo necesario para hacerlo habitable.
 
La reina lo utiliza como palacio de verano de 1920 a 1930. Lo hereda a su hija la princesa Elena de Rumanía. Durante décadas se le dio mantenimiento irregular. En la década de 1980 se restaura y pasa a ser un lugar de destino turístico.
 
El heredero legal del castillo era el hijo de la princesa Elena, el archiduque Dominico de Austria-Toscana, de la casa de los Habsburgo, y en 2006 el gobierno rumano se lo devuelve. Él es un ingeniero austriaco que vive en las inmediaciones de Nueva York.
 
En 2007, lo puso en venta a un precio de 50 millones de euros y Román Abramóvich, el multimillonario ruso del petróleo aceptó pagar esa cantidad, pero finalmente el trato no se cerró y la propiedad sigue en manos de los Habsburgo, que han formado una sociedad con el gobierno, para mantenerlo abierto al turismo.


 

 
Edificio
 
 

El castillo conserva el diseño original del siglo XIV en la parte exterior y en los patios. Los pasillos techados con tejas. La estructura exterior es muy compleja con muy diversos niveles en los que hay torres y chimeneas. Los techos de teja. El interior también es una estructura muy compleja con distintos niveles, múltiples salas, patios, escaleras y pasillos que unen las diversas áreas.
 
Jardines

El castillo cuenta con jardines muy bien cuidados, que dan hacia la parte de atrás.
 

 
Museo  

En el castillo se pueden visitar las distintas áreas y salas. Salones de reuniones, las recámaras, el comedor y la cocina. En los múltiples espacios se pueden ver mobiliario de los tiempos que fue el palacio de verano. En las salas se exhibe vestuario tradicional de distintas regiones y también piezas artesanales.
 

 

 
Comentario

El castillo sigue siendo propiedad de la Casa Real de Rumanía. Es un museo de administración privada. El edificio es muy interesante con elementos que dan cuenta del desarrollo de la arquitectura del siglo XIV al XVIII.
 
Lo más importante del museo es el edifico con sus jardines. Los objetos en exhibición son pobres. El museo es un homenaje a la realeza rumana, en particular a la reina María y la princesa Irene, que después de la muerte de su hija y yerno, en accidente aéreo, se hace religiosa ortodoxa. Funda el primer monasterio ortodoxo de mujeres en Estados Unidos.
 
Cuando visitamos el castillo había turistas extranjeros, pero sobre todo nacionales. Entre los rumanos se conserva el respeto y aprecio por la Casa Real. Al castillo, sin que existe ningún elemento de la realidad, se le asocia con Drácula. Es parte de su éxito turístico.




 

 

Los 50 años del Taller Coreográfico de la UNAM

Rubén Aguilar Valenzuela
Taller Coreográfico de la UNAM. 50 años (UNAM, 2022) es un libro coordinado por Diego Vázquez Galindo y Ana María Molina. Del primero es el prólogo donde propone su deseo es "que el dinamismo visual de esta propuesta le permita al lector, a la lectora, disfrutar de un viaje coreográfico o una coreografía histórica en papel".

El libro en sí mismo es una obra de arte con 470 fotografías en blanco y negro y también a color. Muchas de ellas a página entera y a doble página con una impresión clara y brillante. Las imágenes son poderosas y registran el movimiento de la danza de los conjuntos y también de las bailarinas y los bailarines en solitario. Una manera de leer el libro es ver con mucho cuidado cada fotografía que registra el lenguaje de los cuerpos, de las manos, de las caras, y también muestra el escenario con la escenografía, la iluminación y el vestuario.

La obra tiene una parte introductoria con prólogo de Diego Vázquez y los artículos de Enrique Graue Wiechers, rector de la UNAM, y Gloria Contreras, fundadora del Taller. Después el material se organiza por décadas.

La primera de 1970 a 1979 con artículos de Rosa Beltrán y Evoé Sotelo; la segunda de 1980 a 1989 con textos de Diego Vázquez y Gregorio Luke; la tercera de 1990 a 1999 con artículos de Alberto Dallal y Mitchell Snow; la cuarta de 2000 a 2009 con textos de Lucina Jiménez y Raissa Pomposo y la quinta de 2010 a 2022 donde solo tienen espacio las fotografías.

El libro da cuenta del repertorio de 1970 a 2022 con 403 obras. De cada una se ofrece una ficha técnica con: De quien es la coreografía; la música; la edición musical; el diseño de iluminación; el diseño visual; el diseño de escenografía; el diseño del vestuario y la fecha de estreno. En algunos casos a quien está dedicada la obra.
 
Y también el nombre de los integrantes del Taller Coreográfico de 1970 a 2022 que implica a directores; asistentes de dirección artística; coreógrafos, se registra a 71, y a las y los bailarines, que se agrupan por década, en total 272; y a bailarines invitados que son 29. A eso hay que añadir a maestros, que son 57; a los diseñadores de la escenografía; de la iluminación; del vestuario y del sonido. Y a las orquestas y coros que han participado en estos 50 años, que suman 21.
 
Se registra también los nombres de escritores; fotógrafos; videoastas; diseñadores gráficos; responsables de grabación; traductores; personal administrativo y colaboradores voluntarios. Es un recuento del trabajo gigantesco del Taller y de todas las personas que han participado para que su existencia de 50 años sea una realidad vital y poderosa, que tiene su futuro asegurado.
 
En su artículo, el rector de la UNAM recuerda que en el origen del Taller fue fundamental el apoyo que Eduardo Mata, Héctor Azar y Manuel Blanco dieron a Gloria Contreras, para la creación de la compañía. Y señala también que ésta ha tenido 108 temporadas, en funciones semanales dobles, en los recintos del Teatro Carlo Lazo, de la Facultad de Arquitectura, que ahora lleva el nombre de Estefanía Chávez Barragán, y de la Sala Miguel Covarrubias del Centro Cultural Universitario.

El rector plantea que el Taller Coreográfico es "uno de los proyectos culturales y artísticos más importantes de nuestra casa de estudios. Su indiscutible calidad y creatividad han contribuido para que sea considerada como una agrupación con un estilo propio y universal. Sus aportaciones al mundo del arte en general y de la danza en lo particular, han enriquecido excepcionalmente a nuestra comunidad y a la cultura de nuestro país, y rebasado sus fronteras".

El Taller Coreográfico es la gran obra de Gloria Contreras (1934-2015). Al frente de él estuvo 45 años y creó más de 250 coreografías con música de los siglos XIV al XXI. Mantuve una relación estrecha y cercana con Gloria, a quien extraño. El objeto de arte que es este libro, tal vez la obra más bella y completa que se haya publicado sobre la danza en el país, a través de la historia del Taller Coreográfico de la UNAM, es obra de Diego Vázquez, bailarín y coreógrafo, que ahora lo dirige.
 
Taller Coreográfico de la UNAM. 50 años.
Diego Velázquez Galindo y Ana María Molina López, coordinadores.
Universidad Nacional Autónoma de México
México, 2022
pp. 439

La DEA en México, más allá de los discursos

Rubén Aguilar Valenzuela
El pasado abril la Agencia Antidrogas de Estados Unidos (DEA) dio a conocer una investigación sobre el Cártel de Sinaloa, a partir de la información que obtuvo al haber infiltrado los niveles más altos de su estructura.
 
Lo hecho por la DEA tiene múltiples ángulos de mirada y da cuenta, de manera contundente, de su capacidad y forma de operar.
 
La DEA, al menos por seis años, contó con tres informantes que pertenecieron al círculo cercano de los hijos del capo Joaquín El Chapo Guzmán, líder del Cártel de Sinaloa.
 
Entre 2017 y 2022, los tres entregaron a las autoridades estadounidenses evidencias gráficas, grabaciones, fotografías de lugares y vehículos, ubicación de cómplices y de laboratorios.
 
Los informantes eran Miguel Alonso Payán, miembro del grupo de seguridad de Ovidio; Juan Carlos Arce Cabrera, distribuidor de narcóticos; y un sujeto sólo identificado con las claves NN, administrador de las bodegas de droga en California.
 
Los dos primeros eran miembros del cártel y negociaron con la DEA sus condenas y el tercero, un elemento infiltrado por la DEA en las redes del cártel, y por lo mismo su identidad no fue revelada.
 
La investigación da cuenta de que el Cártel es ahora dirigido por una segunda generación a la cabeza de Los Chapitos, los tres hijos de El Chapo; Iván Archivaldo y Jesús Alfredo Guzmán Salazar y Ovidio Guzmán López.
 
Ellos, señalan, han construido una empresa moderna, hoy presente en 45 países del mundo, y han perfeccionado el modelo fundado por su padre 30 años atrás. Es una estructura eficaz.
 
Ahora son ellos los que controlan la producción del fentanilo y el ingreso de éste al mercado de Estados Unidos donde son su mayor proveedor.
 
El informe de la DEA asegura que Los Chapitos, entre 2017 y 2022, enviaban mensualmente entre 400 mil y 500 mil pastillas de fentanilo a Estados Unidos.
 
Con un kilo de precursor, que viene de China y por el que pagan 800 dólares, pueden fabricar hasta 415 000 pastillas o cuatro kilogramos de polvo de fentanilo.
 
Las píldoras llegan a venderse individualmente en sitios como Nueva York hasta en tres dólares. Cada cargamento representa millones de dólares, una parte regresa a México a través de transferencias en cuentas en paraísos fiscales y criptomonedas.
 
Y otra se dedica a compra de bienes raíces en Estados Unidos y otros bienes que se quedan en el mercado de ese país o ingresan a México, para completar el lavado del dinero.
 
El informe sostiene también que es imposible el tráfico de tal dimensión de drogas sin la corrupción de las autoridades fronterizas de los dos países.
 
Más allá de los discursos nacionalistas del gobierno de México y la desgarradura de vestiduras por la "intervención" de Estados Unidos, la DEA seguirá haciendo su trabajo en México.
 
La verdadera lucha contra el narcotráfico exige la acción concertada entre el gobierno de México y Estados Unidos. Se requiere, la voluntad de las partes y una estrategia multidimensional, que ahora no existe.

Mujeres y hombres laicos ahora votarán en el Sínodo de obispos

Rubén Aguilar Valenzuela
En el marco del proyecto del cambio que impulsa en la Iglesia el Papa Francisco da un paso más cuando, este 26 de abril, aprueba que las mujeres y los hombres laicos puedan votar en el Sínodo de obispos.
 
A partir del fin del Concilio Vaticano II, los Papas han convocado a los obispos de las distintas regiones del mundo a Roma, para abordar temas que requieren análisis y consenso, para avanzar en el cambio de la Iglesia.
 
Estos encuentros, desde la década de 1960, tienen cierta periodicidad. Estas reuniones, especie de cónclave de obispos, se conoce como Sínodo.
 
En estos ya se había permitido la participación de las mujeres y los hombres laicos, pero solo en condición de observadores o asesores, pero no podían votar las resoluciones.
 
Eso solo lo podían hacer los obispos que participaban. Ya algunos de ellos, los más conscientes de la necesidad de cambios, habían planteado la necesidad de ampliar el espacio de participación de las mujeres y los hombres laicos.
 
Hasta ahora al terminar el Sínodo de que se trate, los obispos participantes votan las propuestas concretas y se las presentan al Papa. Al texto se añade la manera como se votó cada una de éstas.
 
La decisión de los obispos no es vinculante para el Papa, pero sí resulta determinante para que construya su opinión. Él es, con todo, quien emite el veredicto final.
 
Los organizadores de la Asamblea General Ordinaria del Sínodo de los Obispos ya anunciaron esta nueva manera de proceder para el Sínodo sobre la sinodalidad que culmina con dos reuniones en Roma en octubre de 2023 y de 2024.
 
El tema de este Sínodo, que abona también al cambio, se propone abrir la toma de decisiones de la Iglesia y convertirla en una estructura más horizontal.
 
Por ahora la gran novedad, una vez iniciado el cambio vendrán más, es que se elimina la figura de los auditores, y se sustituye por "otros 70 miembros, no obispos, que representen a otros fieles y que pueden ser sacerdotes, personas consagradas, diáconos o fieles laicos y que procedan de las Iglesias locales".
 
Estos serán elegidos por el Papa de una lista de 140 personas indicadas durante las reuniones Internacionales de las Conferencias Episcopales y la Asamblea de Patriarcas de las Iglesias Orientales Católicas.
 
El Papa, ya lo ha dicho, espera que de este nuevo grupo de 70 personas, al menos el 50 por ciento sean mujeres, y todas con derecho a voto.
 
Vaticanólogos plantean que la medida no se ha recibido con entusiasmo por ciertos sectores de la Iglesia y citan, como ejemplo, que Jean-Claude Hollerich, arzobispo de Luxemburgo y relator del Sínodo de la sinodalidad, sobre la decisión del papa dijo que "no es una revolución, porque la asamblea sigue siendo una reunión de obispos, con una participación de no obispos".
 
Y en el mismo sentido el cardenal Mario Grech, secretario general del Sínodo, expresó que el encuentro "seguirá siendo un Sínodo de obispos, pero habrá participación de laicos". A pesar de todo, y de manera más lenta de lo que se espera, los cambio que imprime el Papa Francisco ocurren y la iglesia se transforma.

Los 50 años del Taller Coreográfico de la UNAM

Rubén Aguilar Valenzuela 
Taller Coreográfico de la UNAM. 50 años (UNAM, 2022) es un libro coordinado por Diego Velázquez Galindo y Ana María Molina. Del primero es el prólogo donde propone su deseo es "que el dinamismo visual de esta propuesta le permita al lector, a la lectora, disfrutar de un viaje coreográfico o una coreografía histórica en papel".

El libro en sí mismo es una obra de arte con 470 fotografías en blanco y negro y también a color. Muchas de ellas a página entera y a doble página con una impresión clara y brillante. Las imágenes son poderosas y registran el movimiento de la danza de los conjuntos y también de las bailarinas y los bailarines en solitario. Una manera de leer el libro es ver con mucho cuidado cada fotografía que registra el lenguaje de los cuerpos, de las manos, de las caras, y también muestra el escenario con la escenografía, la iluminación y el vestuario.

La obra tiene una parte introductoria con prólogo de Diego Velázquez y los artículos de Enrique Graue Wiechers, rector de la UNAM, y Gloria Contreras, fundadora del taller. Después el material se organiza por décadas.

La primera de 1970 a 1979 con artículos de Rosa Beltrán y Evoé Sotelo; la segunda de 1980 a 1989 con textos de Diego Velázquez y Gregorio Luke; la tercera de 1990 a 1999 con artículos de Alberto Dallal y Michael Snow; la cuarta de 2000 a 2009 con textos de Lucina Jiménez y Rissa Pomposo y la quinta de 2010 a 2022 donde solo tienen espacio las fotografías.

El libro da cuenta del repertorio de 1970 a 2022 con 403 obras. De cada una se ofrece una ficha técnica con: De quien es la coreografía; la música; la edición musical; el diseño de iluminación; el diseño visual; el diseño de escenografía; el diseño del vestuario y la fecha de estreno. En algunos casos a quien está dedicada la obra.
 
Y también el nombre de los integrantes del Taller Coreográfico de 1970 a 2022 que implica a directores; asistentes de dirección artística; coreógrafos, se registra a 71, y a las y los bailarines, que se agrupan por década, en total 272; y a bailarines invitados que son 29. A eso hay que añadir a maestros, que son 57; a los diseñadores de la escenografía; de la iluminación; del vestuario y del sonido. Y a las orquestas y coros que han participado en estos 50 años, que suman 21.
 
Se registra también los nombres de escritores; fotógrafos; videoastas; diseñadores gráficos; responsables de grabación; traductores; personal administrativo y colaboradores voluntarios. Es un recuento del trabajo gigantesco del Taller y de todas las personas que han participado para que su existencia de 50 años sea una realidad vital y poderosa, que tiene su futuro asegurado.
 
En su artículo, el rector de la UNAM recuerda que en el origen del Taller fue fundamental el apoyo que Eduardo Mata, Héctor Azar y Manuel Blanco dieron a Gloria Contreras, para la creación de la compañía. Y señala también que ésta ha tenido 108 temporadas, en funciones semanales dobles, en los recintos del Teatro Carlo Lazo, de la Facultad de Arquitectura, que ahora lleva el nombre de Estefanía Chávez Barragán, y de la Sala Miguel Covarrubias del Centro Cultural Universitario.

El rector plantea que el Taller Coreográfico es "uno de los proyectos culturales y artísticos más importantes de nuestra casa de estudios. Su indiscutible calidad y creatividad han contribuido para que sea considerada como una agrupación con un estilo propio y universal. Sus aportaciones al mundo del arte en general y de la danza en lo particular, han enriquecido excepcionalmente a nuestra comunidad y a la cultura de nuestro país, y rebasado sus fronteras".

El Taller Coreográfico es la gran obra de Gloria Contreras (1934-2015). Al frente de él estuvo 45 años y creó más de 250 coreografías con música del siglo XIV al XXI. Mantuve una relación estrecha y cercana con Gloria, a quien extraño. El objeto de arte que es este libro, tal vez la obra más bella y completa que se haya publicado sobre la danza en el país, a través de la historia del Taller Coreográfico de la UNAM, es obra de Diego Velázquez, bailarín y coreógrafo, que ahora lo dirige.
 
Taller Coreográfico de la UNAM. 50 años.
Diego Velázquez Galindo y Ana María Molina, coordinadores.
Universidad Nacional Autónoma de México
México, 2022
pp. 439


 

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