Rubén Aguilar Valenzuela 
Matteo Ricci es una puesta en escena de Luis de Tavira en colaboración con Jorge A. Vargas. El texto es del propio De Tavira en un trabajo conjunto con José Ramón Enríquez y José María de Tavira.

La obra estuvo a punto de estrenarse, pero la pandemia del Covid-19 lo impidió. En 2023 se retoma el proyecto, pero "no desde el mismo lugar, ni entendido igual ya que tras los sucesos de estos tres años no somos los mismos. Entendemos el mundo diferente, la experiencia del teatro nos toca diferente y celebramos la presencia y la reunión", asegura De Tavira.
 
Y añade "no sólo eso, ahora sentíamos que teníamos que hablar de la tragedia de los asesinatos de los sacerdotes jesuitas en Cerocahui, Chihuahua, y reflexionar en las lecciones que la experiencia que Ricci nos dejó. Es decir, es urgente pensar cómo ésta nos podría ayudar a vislumbrar un camino en el que el diálogo es posible. Con la llegada de la nueva mirada de Jorge A. Vargas, todo logró una nueva dimensión".
 
El Premio Nacional de Ciencias y Artes (2006) plantea que cuando retoma el proyecto se dice: "Estoy haciendo un espectáculo sobre un misionero jesuita en China, Matteo Ricci, que es el padre de la sinología y el primero que planteó la posibilidad de la amistad de las culturas, entendiendo su misión de una manera muy distinta a como tradicionalmente se ha entendido. Y, al hacerlo, no puedo no pensar en los jesuitas asesinados en la Tarahumara, que seguían ese carisma de Ricci, de hacerse todo a todos, de hacerse chinos (el italiano), aquellos de hacerse rarámuris".
 
La obra cuenta la historia del jesuita italiano Matteo Ricci (1552-1610), personaje del Renacimiento, que fue misionero, astrónomo, matemático, cartógrafo y científico. Vivió en China 30 años en la época de la dinastía Ming. Un hombre abierto al pensamiento y a las otras culturas. Estudió a Confucio y comprender su pensamiento fue clave en su tarea de dar a conocer a Jesús al mundo de la cultura China.
 
Ricci, con sus compañeros de la comunidad de jesuitas de Pekin, emprenden el estudio de la milenaria cultura China, por la que tenían un gran respeto, y aprenden su lengua, para poder comunicarse en directo con quienes buscan encontrarse y compartir. La obra da cuenta de las inquietudes y los aportes científicos de Ricci. Y también de su amplia producción.
 
El jesuita, conocido en China como Lì Mǎdòu, es autor del Kunyu Wanguo Quantu, el primer mapa mundial de China, que elabora en 1602. Y autor de libros de oración, catecismos y ensayos sobre temas teológicos, filosóficos, culturales y científicos. Entre sus obras está El palacio de la memoria sobre la mnemotecnia, el estudio de la memoria. Y los Elementos de Euclides que tradujo al chino en colaboración con el matemático Xu Guangqi.
 
La obra establece un diálogo entre el pasado y el presente cuando articula la historia de Ricci con el caso del asesinato de los jesuitas Javier Campos y Joaquín Mora en la misión de Cerocahui en Chihuahua, el 20 de junio de 2022. Estos jesuitas, al igual que Ricci en el siglo XVI, establecieron un intenso intercambio con la cultura rarámuri, por la que tenían gran aprecio.
 
"Ante los hechos trágicos de Cerocahui, en las montañas de la Tarahumara, no solo se actualiza la figura de Ricci en esta vocación por hacer de una cultura ajena su lugar de residencia espiritual, social, cultural e incluso política, sino que también nos interroga sobre el verdadero sentido de desplazarse con honestidad y sin restricciones hacia lo otro y los otros", comenta Jorge A. Vargas. 
 
Y afirma que el mentor de Ricci, el también jesuita Alessandro Valignano, le hace ver "que para poder integrarse a la cultura china habría que volverse chino, no solo imitar la cultura, sino desplazarse del lugar, salirse de donde se está. Eran extremadamente peligrosos como contrarios a las estrategias católicas de la época. La Compañía de Jesús siempre se ha interesado en el conocimiento, en construir un perfil de jesuita culto, enterado del mundo, y con pensamiento religioso".

La puesta en escena se articula con diez actores, cinco hombres y cinco mujeres, que interpretan a decenas de personajes. La concertación que realizan los directores del conjunto de los elementos que integran la obra está muy bien lograda, y se podría calificar de genial. Philipe Armand con su escenografía e iluminación, que incluye nuevas tecnologías, logra uno de sus mejores trabajos en su ya larga trayectoria.
 
Es fundamental la música en vivo ejecutada por Jesús Cuevas, la composición coral de Juan Pablo Villa y el diseño sonoro de Joaquín López Chapman, Jesús Cuevas y Pedro de Tavira. Y también las máscaras y autómatas creados por José Pineda y las marionetas de Susana López Pérez, Grisel Gómez Murueta e Irving Sanser. Llama la atención el deslumbrante vestuario de la dinastía Ming, del siglo XVI, diseñado por Carlo Demichelis y Jeildy Bosch.
 
Las y los actores, que realizan una gran interpretación en todos los personajes que caracterizan, memorizaron sus parlamentos en chino mandarín. Un lingüista chino ayudó a corregir la pronunciación y entonación y dio fe de que los actores en sus intervenciones en chino lo hacen realmente en esa lengua.
 
La obra, así la vi, se propone como un homenaje a los jesuitas que integran la Orden de la Compañía de Jesús fundada por san Ignacio de Loyola y sus compañeros en 1540. El padre Ricci en la China del siglo XVI, y los padres Campos y Mora, en el México del siglo XXI, son hijos de esa tradición, la ignaciana, que tiene ya 500 años. Una poderosa propuesta de cómo vivir el cristianismo. Es un homenaje, pero no una apología.
 
Para la construcción del argumento, de la historia que se cuenta, hay que decir que Luis de Tavira, en compañía del jesuita Enrique González Torres, productor de la obra, viajó a China, para conocer los sitios donde estuvo el padre Ricci y entrevistarse con estudiosos de este extraordinario personaje. Y luego, en Roma, estuvieron el Archivo Histórico de la Compañía de Jesús, para conocer la obra de Ricci y también se encontraron con especialistas del jesuita.
 
Para entender mejor lo que había pasado en la Sierra Tarahumara y saber más de los padres Campos y Mora, a quien De Tavira había conocido en su época de jesuita, viajó a Cerocahui, para entrevistarse con los integrantes de la comunidad en la que vivían. Estos viajes hablan del rigor en la construcción teatral, sin duda admirable, de quien en 2019 recibió la Medalla Bellas Artes en el campo del teatro.
 
Matteo Ricci es la tercera obra producida por el padre Enrique González Torres, en conjunto con De Tavira, antes está La expulsión (2011), sobre el historiador jesuita novohispano Francisco Javier Clavijero (1731-1787), y El corazón de la materia (2018), sobre Pierre Teilhard de Chardin (1881-1955), el jesuita francés que fue paleontólogo, filósofo y teólogo.
 
La obra se puede ver en el Teatro de las Artes del Centro Nacional de las Artes, hasta el 11 de junio. Las funciones son de miércoles a domingo. En la mesa de cortesías, a la entrada del teatro, se pueden obtener boletos gratis.



Matteo Ricci
Autor: José Ramón Enríquez, José María de Tavira y Luis de Tavira
Dirección: Luis de Tavira y Jorge A. Vargas
Escenografía e iluminación: Philippe Amand
Composición coral: Juan Pablo Villa
Música en vivo: Jesús Cuevas
Diseño sonoro: Joaquín López Chapman, Jesús Cuevas y Pedro de Tavira
Máscaras: José Pineda
Marionetas: Susana López Pérez, Grisel Gómez Murueta e Irving Sanser
Vestuario: Carlo Demichelis y Jerildy Bosch
Reparto: Esther Orozco, Rocío Leal, Alejandra Garduño, Pati Yáñez, Valentina Manzini, Ricardo Leal, Héctor Holten, Andrés Weiss, Adrián "Potro" Aguirre y David Martínez Zambrano