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Memorial de la Revolución

Rubén Aguilar Valenzuela

Timisoara, Rumanía

 

Historia 
El Memorial de la Revolución de Timisoara es un centro nacional de documentación, investigación e información pública sobre la Revolución rumana. Lo funda en abril de 1990, a la caída del régimen dictatorial de Ceausescu, una organización de la sociedad civil sin fines de lucro, la Asociación  Memorial de la Revolución.

Nació con el objetivo de conmemorar y mantener viva la memoria de los mártires revolucionarios que precipitan la caída de la dictadura y generar conciencia acerca de lo ocurrido en Rumanía durante los últimos años de la década de los años ochenta del siglo pasado.

En 2011, la asociación dedicada a la conservación del memorial compró una serie de edificios adyacentes para construir un museo con más espacio para la exhibición sobre la revolución rumana. En 2012, abrió al público bajo el nombre de Muzeul Revolutiei (Museo de la Revolución).

 

Edificio 
El museo se ubica en un edificio de inicios del siglo XX, que fue una escuela. En el exterior se encuentra un fragmento del Muro de Berlín y una serie de esculturas construidas por artistas locales que representan los ideales de la lucha revolucionaria rumana.

Colección
 
La colección incluye documentos, fotografías, carteles y distintos objetos relacionados con los días del levantamiento revolucionario de Timisoara. Se exhibe un video de 20 minutos, traducido en ocho lenguas, sobre los hechos de diciembre de 1989 en esa ciudad.

 

Comentario 
Es un museo muy sencillo, que se mantiene con pocos recursos. En su pobreza se refleja el espíritu y la voluntad de los creadores de mantener vivo el recuerdo de los héroes y la historia del levantamiento de Timisoara en contra de la dictadura.

Traian Orban, fundador y responsable del Memorial, cuenta que la Revolución contra la dictadura empezó en Timisoara. La totalidad del aparato represor del Ministerio de Defensa, de Interior y la Guardia patriótica, se movilizaron para detener a los manifestantes. Arrestan a más de 1 000 personas, entre ellas a 113 menores. La gente no se amedrentó. Al contrario, salieron muchos más a la calle. En distintas zonas de la ciudad columnas de manifestantes iban de barrio en barrio reuniendo más efectivos.

El aparato represivo usó armas y municiones de guerra. Hubo más de 450 heridos y 104 muertos, pero los timisoreanos continuaron manifestándose y al quinto día del inicio de la Revolución se inició una huelga general en todas las plataformas industriales de la ciudad. El 20 de diciembre de 1989 Timisoara se convirtió en la primera ciudad libre de Rumanía.

Su ejemplo cundió y el 21 de diciembre se encendieron focos revolucionarios en otras ciudades del país. Ceausescu organizó en Bucarest una gigantesca manifestación de apoyo al régimen y condena a la Revolución en marcha. Fue un fracaso. La manifestación se volvió en contra el régimen. Empezó la Revolución en Bucarest. El 22 de diciembre Ceausescu intentó escapar, fue arrestado y el 25 de diciembre ejecutado tras un proceso sumario.

 

Twitter: @RubenAguilar 

Dos visiones sobre México

Rubén Aguilar Valenzuela
El pasado 22 de marzo, el secretario de Estado del gobierno de Estados Unidos, Antony Blinken, afirmó que los cárteles mexicanos controlan "partes" del territorio de México. 
 
Blinken, ante el Comité de Relaciones Exteriores del Senado, reconoció los altos niveles de inseguridad en México y que es "el propio pueblo mexicano la víctima número uno de esa inseguridad".
 
En marzo de 2021, el jefe del Comando Norte del Pentágono, Glen Van Herck, afirmó que hasta el 35 % del territorio mexicano eran "áreas con frecuencia ingobernables".
 
Algunos senadores demócratas y republicanos han llegado a decir que "a lo largo de las comunidades fronteriza los que mandan son los cárteles no el gobierno de México".
 
En esa comparecencia el senador republicano Lindsey Graham peguntó a Blinken si la estrategia antinarco de Estados Unidos y México estaba funcionando.
 
El secretario aseguró que la colaboración entre ambos países "era muy estrecha" y que en el último año "se han arrestado a docenas de líderes de organizaciones criminales trasnacionales de primer y segundo nivel".
 
Pero que era necesario "hacer más" y "ser más efectivo" que implicaba, entre otras cosas, tener una mejor tecnología en la frontera, para detectar e interceptar al fentanilo, que el 93 por ciento entra a Estados Unidos por las fronteras oficiales.
 
La reacción del presidente López Obrador al informe del Departamento de Estado sobre Derechos Humanos fue emotiva y visceral. Es su recurso más común.
 
No ofreció datos, para desacreditar lo dicho por las autoridades de Estados Unidos y solo pronunció insultos y descalificaciones. Lo suyo no es la discusión racional con base en argumentos.
 
Se pude estar en desacuerdo con que nuestro vecino del Norte emita juicios sobre la realidad mexicana, a pesar de que López Obrador todos los días lo hace sobre la de Estados Unidos. Ahí nadie le hace caso.
 
Es un hecho que desde hace años investigadores mexicanos y extranjeros, que trabajan sobre el crimen organizado en nuestro país, afirman, con conocimiento de causa, que el narcotráfico controla zonas del territorio y múltiples negocios.
 
A lo largo de los últimos años, las agencias de inteligencia de Estados Unidos han dado seguimiento, con información sólida y de primera mano, del avance territorial del crimen organizado en México.
 
En el marco de la actual estrategia de seguridad a base de "abrazos y no balazos" y de no usar la fuerza pública "porque la violencia genera más violencia", el narcotráfico se ha expandido en el territorio.
 
La evidencia señala que lo ha hecho más que en ningún otro de los últimos sexenios, los que López Obrador califica de neoliberales. Eso es lo que constatan las autoridades de Estados Unidos.
 
En lo que queda del sexenio no va a cambiar la estrategia de seguridad y tampoco, por lo mismo, se va a frenar el avance del crimen organizado en el control de zonas del país.
 
Al próximo gobierno de la República tendrá, si quiere frenar el avance del narcotráfico, replantear la estrategia de seguridad y caminar por otros senderos.

La hora del Bacanora

Rubén Aguilar Valenzuela
La Compañía Teatral del Norte (CTN) fundada hace 27 años por Sergio Galindo Hernández (1951), en Hermosillo, Sonora, presenta una de sus obras, La hora del Bacanora, que dirige su hijo Pablo Sergio Galindo.

El autor nos lleva a viajar por los pueblos de la Sierra de Sonora y adentrarnos en su dinámica cotidiana. El texto es una mezcla de realidad y ficción.

Entre las anécdotas de la vida de todos los días están también acontecimientos trágicos como la contaminación del Río Sonora y la historia del compositor de La cárcel de Cananea.

Hay también pasajes de otras obras de Galindo Hernández, siempre referidas a la realidad sonorense, y la adaptación de un cuento del escritor, Gerardo Cornejo.

Siempre, como testigo permanente, la presencia de un perro gris que todo lo ve y oye. Tiene su propia opinión crítica de esa realidad que vive día a día.

Una a una las historias, entrelazadas por el autor, se suceden de manera continua y forman un todo de hechos reales, pero también imaginados e inventados.

El bacanora, el mezcal de Sonora, la bebida regional que día a día se extiende, antes solo era para unos pocos que tenían acceso a la producción artesanal, une a los personajes y anima su espíritu.

Galindo Hernández escribe el texto en versos octosílabos, que da al parlamento de cada uno de los actores un ritmo y una cadencia, que suena como un coro.

El escenario se divide en dos por un muro de ladrillo, con puertas y ventanas, que se cierran y abren, que da una gran movilidad a las escenas.

Las risas, a veces carcajadas, es la manera que el público participa y se involucra en la propuesta del autor y el director. Así, la risa franca y abierta de los asistentes se vuelve parte de la obra.

La Compañía Teatral del Norte tiene un repertorio de obras originales que versan sobre la realidad de Sonora y registran el lenguaje cotidiano de los sonorenses con sus regionalismos.

El pasado diciembre, Instituto Sonorense de Cultura (ISC) entregó el Desierto Ícaro 2022 al maestro Sergio Galindo Sánchez, como reconocimiento a 50 años de su labor incansable a favor de la cultura y el teatro.

Junto al autor, actor y director teatral, el viernes 24 de marzo, disfruté de La hora del Bacanora y pude constatar, una vez más, el extraordinario trabajo que realiza en los confines de la patria por promover las artes escénicas.

En El Mentidero (@mentideromx), un edificio de principios del siglo XX en el centro histórico de Hermosillo, que es la sede de la compañía, la obra se presenta todos los viernes a las 20.00. Habrá funciones en marzo, abril y mayo.



La hora del Bacanora  
Autor: Sergio Galindo Sánchez  
Dirección: Paulo Sergio Galindo Martins
Escenografía: Juan Osuna
Iluminación: Paulo Sergio Galindo Martins
Reparto: Neida García; Fabiola Alday; Rodolfo Nevárez; Felipe Nery; Daniel Molina y Carlos Murgía

Morir de tiricia y carcelazo

Rubén Aguilar Valenzuela
Morir de tiricia y carcelazo (Nitro-Press, 2022) es una obra de Sylvia Arvizu Lucero (Hermosillo, Sonora 1978) que se integra con 19 pequeños relatos.
 
En 2022 con esta obra gana el Concurso del Libro Sonorense en la categoría de crónica, que ya en 2017 había obtenido con Celdas Rosas, cuando todavía estaba en prisión.
 
Los personajes de estas historias, la gran mayoría ha vivido la cárcel, sobreviven a su condición caracterizada por la pérdida y la tragedia.
 
La autora hace visible historias que hubieran pasado inadvertidas, y al rescatarlas nos enfrenta a la condición humana en su más cruda realidad.
 
Los hechos y los sentimientos hablan y lo hacen en una intencional economía del lenguaje. No hay adjetivos, no hay melodrama, está solo la vida tal como es.
 
Arvizu en 2005 fue sentenciada a 19 años y 11 meses de cárcel por lesiones físicas graves a su expareja. En 2006 se inscribe en un taller de escritura que en la prisión imparte la escritora Selene Carolina Ramírez.
 
Así se inicia como escritora y en 12 ocasiones gana el Premio Inter penitenciario José Revueltas. En 2017, el escritor Carlos Sánchez la anima a participar en el Concurso del Libro Sonorense.
 
Las historias que narra Arvizu son reales y las describe con sensibilidad, sin esconder nada, y al mismo tiempo con enorme respeto a la persona.
 
En 2019 recibe el beneficio de su salida anticipada, después de 15 años de cárcel. Ella sobrevivió su condición a través del ejercicio de la creación literaria.
 
Las historias de Morir de tiricia y carcelazo no son de ella, pero la involucran en la condición de quien las conoce y las cuenta. Es la voz de quien no tiene voz.
 
Arvizu en una entrevista con la escritora Selene Carolina Ramírez, quien fuera su maestra, le dice que recibir el premio ya fuera de la cárcel, le sirvió de "legitimación".
 
Ya "de este lado" también era reconocida por su obra y actuaba como la confirmación de que "algo estoy haciendo bien. De que tarde que temprano, todo toma su rumbo".

En esta obra Arvizu dice que "habla de dos temas principales que han marcado mi vida: la cárcel y la muerte. De la cárcel escribo a manera de transición, mi transición hacia la libertad; y de la muerte como un fenómeno con el que me encontré muy de cerca (demasiado cerca) al salir".

Y añade que "es un libro que duele mucho y que también es homenaje para todos los que no alcanzaron a despedirse y trascendieron de forma trágica. Sobre todo, con esta pandemia que a tanta gente nos ha arrebatado algo".

Morir de tiricia y carcelazo (2022) es la cuarta obra de Arvizu, que estudió Ciencias de la Comunicación en la Universidad de Sonora, las otras son Breve azul (2008), Mujeres que matan (2013) y Las celdas rosas (2018).
 
Del más reciente de sus libros dice que la mitad lo escribió todavía en la cárcel y asume que la voz de quienes viven en el espacio penitenciario seguirá presente en su obra y que ahora "es más importante que nunca".

La escritura de Arvizu es precisa y concisa. No sobran las palabras. La fuerza de las historias está en la manera de contarlas. No hay víctimas sino solo seres humanos.

Morir de tiricia y carcelazo
Sylvia Arvizu
Nitro / Press
Hermosillo, Sonora, 2022
pp. 105


Los incendios del territorio en 2022

Rubén Aguilar Valenzuela
En 2022 la superficie de hectáreas que se quemaron en el país alcanzó las 726 000, que es la cantidad más grande desde 2017 cuando fueron 716 000,  según la oficina de Protección Civil.

El área afectada creció en 5.0 % con relación a 2021 cuando fueron 660 735 las hectáreas incendiadas mismas que se concentraron en cinco entidades federativas.

Los estados que tuvieron las mayores superficies de hectáreas quemadas son: Guerrero (108 597), Durango (86 124), Jalisco (82 079), Chiapas (70 107), Chihuahua (60 754), Nayarit (50 424), Oaxaca (37 090), Sonora (34 092), Tamaulipas (28 277) y Coahuila (22 846).

Los incendios sumaron 6 702 y los estados que tuvieron más son: Estado de México (1 045), Jalisco (886), Ciudad de México (785), Michoacán (572), Chiapas (572), Chihuahua (511), Puebla (319), Durango (269), Veracruz (266) y Guerrero (245).

El Centro Nacional de Prevención de Desastres dice que 90 % de los siniestros se deben a descuidos humanos que luego toman proporciones masivas. Por efectos naturales son solo el 2.30 % de los incendios, según Protección Civil.

En 2019 el área afectada fue de 633 602 hectáreas con 7 383 incendios; en 2020, 378 928 hectáreas con 5 913 incendios y en 2021, 660 735 hectáreas con 7 259 incendios.

De acuerdo con el Instituto de Geografía de la UNAM, los desastres forestales tienen mayor incidencia en los bosques templados de pino, ubicados en la zona centro del país y alrededor de la Sierra Madre Occidental, Oriental y del Sur.

Y asegura que en las áreas naturales protegidas, la incidencia es menor porque ahí las comunidades aplican medidas de prevención. Esto es una buena estrategia para conservar bosques y selvas.

La temporada de sequía, en gran parte del país, va de enero a mayo, tiempo en el que realizan quemas de los terrenos para la siembra y el pastoreo de ganado, y con frecuencia el fuego pasa a las áreas forestales aledañas.

En 2022 los incendios que implicaron los mayores esfuerzos para poder contenerlos y apagarlos fueron los de Tepoztlán, Morelos y Santiago, Nuevo León.

El primero exigió 11 días de trabajo y la afectación tuvo lugar en 165 hectáreas y en el segundo se necesitaron 27 días de trabajo y el daño se extendió a ocho mil hectáreas.

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