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Rubén Aguilar Valenzuela
Ahora en el país vivimos en una dictadura constitucional, con rasgos de un régimen cívico-militar, y los años de la incipiente e imperfecta democracia, pero sin duda democracia, ha quedado atrás, y el país ha vuelto a los tiempos donde todo el poder se concentraba en quien detentaba el Poder Ejecutivo.
A esa realidad se enfrentan las fuerzas políticas de la oposición sean sociales o de partido. El vencer a la dictadura constitucional y regresar a la democracia no es una tarea fácil, y en ese propósito, cualquier actor político, se enfrenta a todos los poderes del Estado, que incluyen a las Fuerzas Armadas que se han sumado a ese proyecto autoritario.
La lucha que debe de dar la oposición sumada, y cada fuerza por su cuenta, se debe inscribir en la estrategia de la "Guerra Popular Prolongada (GPP)", el gran diseño de los insurgentes vietnamitas, que, en su momento, derrotaron al ejército de Estados Unidos, en ese entonces y ahora todavía, el más poderoso de los que existen.
Los componentes de la GPP son cuatro: la relación con las organizaciones de masas; la comunicación; el frente externo y la acción militar propiamente tal. Los cuatro elementos forman parte de un todo, que deben desarrollarse al mismo tiempo de manera coordinada. Todos tienen la misma importancia.
Siguiendo la estrategia de la GPP, que era la que implementó las Fuerzas Populares de Liberación (FPL), "Farabundo Martí" de El Salvador, la organización en la que milité de 1977 a 1984, a las fuerzas de la oposición, sociales y partidistas, les sugiero lo que a continuación les propongo entendiendo, para el caso de México, los componentes de la GPP de la siguiente manera:
Relación con las organizaciones de masas. Abrir un área de trabajo con todas las organizaciones de la sociedad civil, sean de promoción y desarrollo social, de lucha por los derechos humanos, los derechos de la mujer, la protección del medio ambiente, entre otras muchas, pero también con los sindicatos obreros y empresariales y las iglesias.
Comunicación. En el marco de una estrategia, y con un mensaje claro, hacerse presente, en los medios nacionales e internacionales. Ante la cerrazón y el control que ejerce sobre los medios el actual régimen, abrir espacios propios, para llegar a los grandes sectores de la población, pero también a los sectores del pensamiento.
Frente internacional. Crear un área, para el trabajo internacional, que implique, entre otras cosas, entrevistarse, de manera sistemática, con las embajadas acreditadas en México, y también hacer giras internacionales para dar a conocer la situación política en el país y lo que significa vivir en la marco de una dictadura constitucional con rasgos de un régimen civil-militar.
Acción militar. La "guerra", para el caso, sería la lucha electoral. Hay que participar en todas las contiendas con los mejores candidatos, que deben tener reconocimiento y prestigio local. En esta lucha hay que incorporar a nuevos rostros y voces, que incluyen a mujeres y hombres jóvenes, que promueven y defienden causas sociales y tienen una vida intachable. Estoy a sus órdenes si alguien está interesado en que les comparta mi experiencia en El Salvador.
Rubén Aguilar Valenzuela
En la frontera sur de México con Guatemala y en la norte de Guatemala con México, una línea de 965 kilómetros, hay una real ausencia de los dos Estados, espacio que, entonces, es ocupado por grupos del crimen organizado.
Por esa "porosa frontera", como la definía el embajador Gustavo Iruegas Evaristo (1942-2008), pasan migrantes, todo tipo de drogas, armas, municiones, redes de trata de personas, tesoros arqueológicos, animales exóticos, maderas preciosas, vehículos robados, gasolina y también todo tipo de productos comerciales de uso en la vida cotidiana.
El intenso tráfico ilegal de productos, de uno y otro lado de las dos fronteras, requiere de la alianza estrecha entre funcionarios de los dos países y de los grupos del crimen organizado que operan en uno y otro lado de las fronteras.
Esa relación corrupta, siempre en expansión, es un fenómeno de siempre, pero de manera sólidamente organizada a partir de los últimos 50 años, sin que ningún gobierno haga nada realmente importante para hacerse del control de las fronteras.
En la frontera del lado de México operan, al tiempo que se enfrentan, el Cártel de Sinaloa, el Cártel Jalisco Nueva Generación y el nuevo Cártel Chiapas - Guatemala. Del lado de Guatemala grupos aliados a estos mismos cárteles. Un general mexicano, que conoce muy bien la zona, me dijo, que en el sexenio pasado, había órdenes estrictas del comandante en jefe y del secretario de la Defensa, de no enfrentar a estos grupos criminales.
Eso permitió, en el sexenio pasado, que los grupos del crimen organizado se hicieran de un amplio control territorial y que en este proliferaran todo tipo de actividades ilícitas y el número de las pistas clandestinas para recibir cargamentos de drogas de Colombia, Ecuador y Venezuela. Hoy su poder continúa y no ha sido tocado.
Académicos guatemaltecos y mexicanos que trabajan sobre el tema de las fronteras sostienen que tanto el Estado guatemalteco como el Estado mexicano están ausentes, que no hay un plan por separado, y menos de conjunto, para recuperar el territorio y hacer valer al Estado.
La relación de políticos en activo tanto de Guatemala como de México con grupos del crimen organizado es conocida y pública, incluso hay relaciones de parentesco. El general mexicano al que ya cité me dice, que en el caso de México, las autoridades no están dispuestas a pagar el costo que es necesario para retomar el control de la frontera perdido desde hace décadas.
Y prefieren que las cosas sigan como están, sin asumir que la expansión del control territorial de los grupos del crimen organizado, a estos les permite tener cada vez más fuerza y poder, y hacer menos visible al Estado y sus instituciones. Cada día, por lo mismo, será más costoso y difícil, que el Estado guatemalteco y el Estado mexicano gobiernen en plenitud sobre esa región de la geografía, la del sur de México y la del norte de Guatemala.
