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Rubén Aguilar Valenzuela
A partir, del pasado tres de febrero, cuando se publica el manifiesto del Frente Amplio Democrático (FAD), donde fija su posición ante una posible reforma electoral regresiva, el 70% de las notas periodísticas sobre este colectivo plural hacen relación al concepto de "Parlamento Abierto".
Que se ve, eso es, como un mecanismo democrático para discutir cualquier reforma de las leyes y la Constitución, y ahora en particular una posible reforma a la ley electoral que la presidenta Sheinbaum Pardo dice va a enviar al Congreso.
Una ley electoral en un país democrático debe surgir del consenso de las distintas fuerzas políticas, y no como imposición del gobierno y su partido, que de ser así dejaría en claro que no son democráticos, y sí autoritarios.
A partir del análisis de los medios, diversas empresas, de manera abierta y generosa, han compartido con el FAD sus estudios que hacen ver que este ha logrado posicionar el concepto de "Parlamento Abierto" en la agenda mediática como un eje procedimental para la aprobación de una posible reforma electoral.
En contra del FAD, la presidenta Sheinbaum Pardo, "vende" la próxima propuesta de ley como una lucha en contra de los privilegios de la clase política del pasado, a la cual, lo que resulta contradictorio, pertenece la inmensa mayoría de los dirigentes de Morena, todos antes militantes del PRI, el PRD, y algunos del PAN.
Ahora en los medidos, hay una batalla por la Reforma Electoral, entre el FAD y otros actores políticos y sociales contra el oficialismo. Es una confrontación simbólica donde cada una de las partes ofrece su propia narrativa.
El FAD insiste en su posicionamiento, frente al autoritarismo, la cerrazón y opacidad del gobierno, en la necesidad de la apertura, la deliberación y la transparencia. Y se sitúa como un colectivo ciudadano en resistencia.
Las intervenciones del FAD van en la línea de que el ciudadano vea y evalúe al gobierno no por sus promesas de cambio, sino por su disposición al diálogo abierto y transparente, que hasta ahora no se ha dado. El gobierno actúa en la oscuridad total.
En la batalla, que se da en los medios, el gobierno utiliza ataques ad hominem para deslegitimar a los integrantes del FAD, y ante esto la estrategia del colectivo ciudadano ha sido informar y fijar posturas con datos y argumentos, sin descalificar al adversario.
El FAD, lo demuestra con hechos, actúa de manera abierta y transparente, todo lo que realiza lo informa y saca a la luz pública, mientras el gobierno lo hace en los sótanos del poder y en lo obscuro. Lo abierto son discursos para descalificar y desinformar a la sociedad.
Y se pregunta ¿por qué la presidenta teme al debate público?. Al diálogo con la ciudadanía, los líderes sociales y los expertos (juristas y académicos). Si avanza la Reforma Electoral, que la presidenta ha dibujado en sus comparecencias mañaneras, la democracia está en juego.
La decisión de las y los integrantes del Frente Amplio Democrático (FAD) es seguir en la lucha, para impedir que se apruebe una ley electoral que regrese al país 50 años atrás, a los tiempos del autoritarismo donde no había reales elecciones, siempre se sabía quién iba a ganar, y el presidente en turno lo era todo.
Rubén Aguilar Valenzuela
El Frente Amplio Democrático (FAD), sostiene, que a partir de los anuncios públicos realizados por la presidenta de la República y una Comisión, integrada exclusivamente por funcionarios del oficialismo, se han puesto sobre la mesa temas y definiciones que comprometen los pilares esenciales del sistema democrático. (Tercer Comunicado, 06.02.26).
Aunque no se conoce la propuesta final de reforma que va a mandar la presidenta Sheinbaum Pardo al Congreso, sus declaraciones anticipan posiciones políticas y objetivos que obligan a una discusión de fondo. Está en juego la democracia. Ella en sus comparecencias mañaneras ha hecho mención a temas que anuncian cómo viene la propuesta de Reforma Electoral, aquí algunos de estos:
Quitar la autonomía al INE; eliminar los diputados y senadores plurinominales; cambiar el método de designación de consejeras y consejeros electorales; reducir la independencia del TEPJ; eliminar a los Organismos Públicos Locales Electorales (OPLEs); reducir el financiamiento público a los partidos políticos; reducir el financiamiento del INE; dar lugar a la utilización de recursos públicos y de personal gubernamental con fines partidistas; así como la presumible penetración de recursos de origen ilícito en los procesos electorales de Morena.
Se ha hecho mención también a otros temas regresivos como que continúa el sistema de la subrepresentación y la sobrerrepresentación que hoy distorsionan la voluntad popular y que han permitido que una fuerza política, ahora Morena, el partido de la presidenta, concentre un poder que no corresponde al respaldo real obtenido por el voto popular en las urnas.
El Frente Amplio Democrático (FAD) "sostiene con claridad que ninguna fuerza política ni partido debe contar con una mayoría calificada que le permita modificar la Constitución sin consensos amplios. Las reglas del juego democrático existen precisamente para evitar la concentración del poder y garantizar que las transformaciones constitucionales respondan a acuerdos nacionales, no a imposiciones coyunturales".
El Frente Amplio Democrático (FAD) reitera, una vez más, que "no se trata de oponerse al cambio, sino de defender las reglas que garantizan que la ciudadanía pueda, con su voto libre, poner y quitar a sus gobernantes. La democracia no se reforma desde la imposición ni la opacidad, y ese es un principio que este Frente seguirá defendiendo", y lo hace porque de no ser así se pone en juego la existencia de la democracia que tanto ha costado alcanzar.
Las y los integrantes del FAD plantean, como ocurre en las sociedades democráticas, que "la Reforma Electoral anunciada requiere consenso, diálogo plural y respeto a la autonomía de las instituciones para preservar la equidad y la confianza ciudadana. Modificar las reglas del juego democrático sin acuerdos amplios puede debilitar a las autoridades electorales y generar incertidumbre política innecesaria". La Reforma exige de un Parlamento Abierto, amplio y plural.
