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Una voz contra la guerra

Rubén Aguilar Valenzuela 
De Aaron Sorki es la dirección y el guion de El juicio de los 7 de Chicago (Estados Unidos, 2020) una historia de la vida real que ocurrió hace poco más de 50 años.

A finales de 1968, durante el Congreso Nacional Demócrata en Chicago, miles de manifestantes salieron a las calles a protestar contra la guerra de Vietnam.

La policía reprimió con fuerza desmedida a los jóvenes y después de cuatro días de represión violenta había arrestado a 668 manifestantes.

Y la prensa de entonces registra que 425 manifestantes fueron llevados a instalaciones médicas, 200 tratados en el lugar, 400 recibieron primeros auxilios y 110 tuvieron que ser trasladados a hospitales. Resultaron heridos 192 policías.

En una maniobra política, para proteger al cuerpo de la policía, el fiscal general del estado detuvo y presentó a juicio a los supuestos culpables:

Tom Hayden (Eddie Redmayne), Rennie Davis (Alex Sharp), Abbie Hoffman (Sacha Baron Cohen), Jerry Rubin (Jeremy Strong), David Dellinger (John Carroll Lynch), Bobby Seale (Yahya Abdul Mateen II), Lee Weiner (Noah Robbins) y John Froines (Daniel Flaherty).

A los acusados se les culpa de incitar a la violencia y se enfrentan a un juicio, lleno de irregularidades, que los podía condenar a diez años de prisión.

La Convención Nacional Demócrata de 1968 tiene lugar después del asesinato de Robert F. Kennedy y Martin Luther King Jr.

Tres grupos de activistas a favor de que Estados Unidos abandone la guerra en Vietnam convocan a reunirse, de manera pacífica, frente al Hilton en Chicago, donde tiene lugar la reunión de los demócratas.

Son los Estudiantes por una Sociedad Democrática (SDS), el Partido Internacional de la Juventud (Yippies) y David Dellinger, que era presidente del Comité del Desfile de la Paz de Vietnam de la Quinta Avenida.

En el caso de Bobby Seale, afroamericano de las Panteras Negras, su abogado estaba siendo operado, pero el juez se niega a posponer su juicio. Era evidente que no había participado en las manifestaciones.

El juez, para evitar más presiones y escándalos, se le acusaba públicamente de racista, anula la acusación, pero sigue en pie la de los otros siete acusados.

En el juicio participaron los fiscales Richard Schultz (Joseph Gordon-Levitt) y Tom Foran (JC MacKenzie) y el juez fue Julius Hoffman (Frank Langella). La defensa estuvo a cargo de los abogados William Kunstler (Mark Rylance) y Leonard Weinglass (Ben Shenkman).

El juicio fue una farsa con claras motivaciones políticas. Froines y Weiner fueron absueltos y los cinco restantes declarados culpables, por el cargo de incitación a disturbios.

Después las condenas son revocadas por la Corte de Apelaciones. Sobre la base de que el juez no permitió a los abogados defensores examinar a los posibles jurados que podían tener prejuicios culturales, y la vigilancia que el FBI hizo de las oficinas de estos.

La película es una denuncia al sistema judicial y a la policía de Estados Unidos. Si las autoridades hubieran dejado que, sin más, se realizaran las manifestaciones pacíficas no hubiera pasado nada. Es la policía quien desata la violencia.

Las actuaciones son muy buenas y también la reconstrucción de los hechos, con el movimiento de cientos de extras. Las cámaras registran muy bien las escenas. La ambientación está muy bien lograda. El guion es bueno. (Se puede ver en Netflix).

El juicio de los 7 en Chicago
Título original: The Trial of the Chicago
Producción: Estados Unidos, 2020

Dirección: Aaron Sorki
Guion: Aaron Sorki
Fotografía: Phedon Papamichel
Música: Daniel Pemberton
Actuación: Eddie Redmayne, Sacha Baron Cohen, Jeremy Strong, Josep Gordon-Levitt, John Carroll Lynch, Mark Rylance, Michael Keaton, Frank Langella, Alex Sharp, Yahya Abdul-Mateen II, Ben Shenkman, J.C. MacKenzie, Noah Robbins, John Doman,  Alice Kremelberg, Danny Flaherty,  Mike Geraghty, Kelvin Harrison Jr., Caitlin Fitzgerald, John Quilty, Max Adler, Wayne Duvall, Damian Young, C.J. Wilson.

Veinte años atrás en la lucha contra la pobreza

Rubén Aguilar Valenzuela
La Comisión Económica para América Latina (Cepal) calcula que los niveles de pobreza extrema en la región, por causa de la pandemia, se ubiquen en los mismos números que en el año 2000. Un retroceso de dos décadas.

Una vez más 12.5%, uno de cada ocho latinoamericanos, ahora se encuentra en esta situación. Cinco puntos arriba de 2014, cuando se alcanzó el nivel más bajo con el 7.8% de la población.

Las medidas de protección social de emergencia adoptadas por prácticamente todos los países, hay excepciones, han contribuido a paliar el golpe sobre la economía familiar. Esto, con todo, no logró frenar el aumento de la pobreza moderada y de la pobreza extrema.

El número total de personas bajo el nivel de la pobreza es de 209 millones a finales de 2020, 22 millones más que al cierre de 2019. Y de ellos, 78 millones son pobres extremos, ocho millones más que un año antes, según la Cepal.

Hoy ocho de cada diez latinoamericanos viven en situación de vulnerabilidad, con ingresos equivalentes a tres o menos de tres salarios mínimos. Estas tendencias se agudizan en las zonas rurales y en las regiones de mayor población indígena.

América Latina y el Caribe son unas de las regiones más golpeadas por el Covid-19 tanto por el número de casos de contagio como por el de muertes. Con solo el 8 % de la población mundial acumula uno de cada cinco contagios y más de uno de cada cuatro fallecidos a escala global.

Ahora la región vive una crisis inédita tanto en lo económico como en lo social, que se asienta sobre problemas históricos como la inequidad, que sigue siendo la más desigual del mundo. Se añade la informalidad laboral, la carencia de protección social y la vulnerabilidad.

La Cepal sostiene que quienes históricamente más han sufrido, están sufriendo y sufrirán más que cualquier otro los estragos de la pandemia. Es claro que como "siempre, los grandes perdedores están siendo los pobres".

Las pérdidas de puestos de trabajo y la reducción de los ingresos laborales serán mayores en los estratos de ingreso bajo, en el sector informal y en los más jóvenes. Los estratos de ingreso medio van a sufrir el proceso de movilidad descendente: regresar al punto de partida.

Entre 2019 y 2020 los estratos de ingresos bajos han aumentado en 4.5 puntos porcentuales (28 millones de personas más) y los estratos de ingresos medios se han contraído en -4.1 puntos porcentuales (25 millones de personas menos).

En el caso de América Latina y el Caribe, a diferencia de otras regiones, el porcentaje de trabajadores que pueden desempeñarse a distancia de los centros de trabajo es muy bajo. Para la mayor parte de empleados de la región, el teletrabajo no es una opción real.

La región requiere de políticas públicas para enfrentar la emergencia generada por la pandemia y alcanzar una recuperación distinta que vaya más allá de donde se estaba. Exige avanzar hacia un verdadero estado de bienestar, que ahora se hace más necesario que nunca.

Esto hace necesario caminar hacia políticas sociales centradas en los derechos, la igualdad, el trato digno, junto a la construcción de pactos sociales orientados a la construcción de sociedades más justas, inclusivas y cohesionadas.

Es el camino, para evitar los crecientes niveles de malestar social, de conflictividad, de expresiones de violencia, que ponen en cuestión la representación y la legitimidad de la democracia y sus instituciones, que son un obstáculo al desarrollo de la economía, dice la Cepal.

(1999) donde narra la lucha de los jóvenes guerrilleros sandinistas.

Ruben Aguilar

Ramírez, sin proponérselo, describe al mexicano cuando afirma que, "cuando un régimen comienza a ver como subversivo a todo lo que se dice en contra y se trata de acallar esas voces es que la democracia comienza a flaquear, y no hay democracia sin libertad de expresión, de opinión".

Y anota que, "cuando un régimen quiere imponer su ideología de manera absoluta y no tolera que haya otras posiciones políticas y otras voces disidentes, es cuando un país va mal encaminado".

El nicaragüense sabe de qué habla. Le tocó vivir la dictadura de Anastasio Somoza, que lo obligó salir al exilio, y ahora las presiones del régimen fascistoide que encabeza Daniel Ortega y su mujer Rosario Murillo.

Hoy la censura al periodismo, dice el escritor, se hace a través de "las inspecciones, las reprensiones fiscales, o suspender la publicidad estatal a la cual los medios tienen derecho por igual, porque el Estado es un gran generador de publicidad en todos nuestros países, porque tienen grandes áreas de la economía de mucho peso y de mucho control".

En una realidad como la de América Latina, incluyo a México, "no hay necesidad de que haya un sensor en las oficinas de algún medio con un lápiz rojo tachándole lo que no quiere el régimen que se publique, sino que simplemente estos medios de coacción y de amenazas contra los medios de comunicación van limitando a la gente el derecho a expresarse", asegura el autor de Margarita esta linda la mar, premio Alfaguara 1998.

Ramírez, integrante de la Fundación de Periodismo García Márquez, plantea que, en México, que conoce muy bien, "la libertad de expresión se ve amenazada, porque se amenaza la vida de los periodistas, México es uno de los países donde más se ha atentado contra la vida de los periodistas, en los municipios (...) Es un asunto muy serio, que atentado mayor contra la libertad expresión, que atentar contra la vida de un periodista".

Hoy la libertad de expresión en México está amenazada desde dos frentes: De un lado la crítica y descalificación sistemática que, desde el poder, con todos sus medios, realiza el presidente López Obrador en contra de los medios y periodistas independientes y críticos, y, del otro, el asesinato de los periodistas. Hoy la lucha por la libertad de expresión cobra una importancia vital. Sin ella no hay democracia.

Jair Messias Bolsonaro, el populista brasileño

Rubén Aguilar Valenzuela
El capitán Jair Messias Bolsonaro (65) en 1974 entró a la academia militar, que termina en 1977. En 1988, después de un juicio del que sale absuelto, pasa a la reserva del Ejército y en ese mismo año gana un puesto como concejal en Río de Janeiro.

En 1990 es elegido por primera vez como diputado, cargo en el que permanece 27 años de manera ininterrumpida militando en nueve distintos partidos. En esos años solo se aprobaron dos de sus iniciativas.
 
Gana la elección presidencial de Brasil en primera vuelta con una victoria aplastante en octubre de 2018. Asume la presidencia en 2019, por cuatro años con derecho a una reelección.

Supo presentarse como un antiestablishment y capitalizar, a su favor, la indignación del electorado frente a la corrupción de los gobiernos anteriores y ante los altos niveles de inseguridad que enfrentaba el país.

Brasil quería un cambio y él se lo ofreció envuelto en un discurso nacionalista y ultraderechista. Ya como diputado defendió posturas que luego sostiene en la campaña electoral que de manera abierta daban cuenta de sus posiciones políticas. Los electores no fueron engañados.

Atrajo su personalidad y su discurso extremista, lleno de frases publicitarias de alto impacto, que prometían el fin de la corrupción, más seguridad y devolver a Brasil la grandeza, la integridad y los valores perdidos.

Siempre se presentó como un político distinto a los otros cuya bandera era una frase del Evangelio de san Juan 8:32: "Conoceréis la verdad y la verdad os hará libres".

A quienes votaron, incluso a muchos que antes lo habían hecho por el Partido de los Trabajadores (PT) no les importó su discurso homofóbico, machista, racista, su reconocimiento a la dictadura militar (1964-1985) y su defensa de la tortura.

En su discurso está presente el rechazo a la homosexualidad, a los derechos de la comunidad LGBT, al matrimonio entre personas del mismo sexo y a la adopción por estas parejas. Es contrario a la legalización de la marihuana.

Se manifiesta en contra de las acciones afirmativas como las cuotas a favor de las mujeres y los afrobrasileños. Está a favor de la pena de muerte, el uso de la tortura y las ejecuciones sumarias.

En lo económico defiende una agenda que sostiene el "libre mercado es la madre de la libertad", y que "debe ser privatizado lo máximo que se pueda". Rechaza la centralización de recursos y del poder porque acaban corrompiendo la política y estancando la economía.

Como otros populistas de manera oportunista se ha acercado a los evangélicos más conservadores. Estos le dieron su voto en la elección presidencial. Defiende a ultranza a la familia tradicional, aunque se ha casado tres veces y tiene cinco hijos con distintas parejas.

De manera sistemática acusa a los medios independientes de crear y difundir fake news para desprestigiarlo. Desde su campaña, para comunicarse y ponerse en contacto de manera directa con sus simpatizantes utiliza intensamente las redes sociales.

Elemento central de sus discursos es la polarización, incluso la promoción del odio, de todos los que considera son sus enemigos que también son los del país. Lo es también la idea del pueblo soberano que lo entiende como todos los que están con él. Los otros no son pueblo.

La soberanía, el nacionalismo y la grandeza del Brasil son temas también recurrentes. Trabaja por "hacer que Brasil ocupe el lugar que merece en el mundo".

Su proyecto es la transformación de su país como lo planteó en su campaña: "¡Estamos iniciando la última semana de camino a, si Dios quiere, nuestra nueva Independencia! ¡Vamos a tomar Brasil y devolvérselo a los brasileños!".

Bolsonaro es uno más de los gobernantes populistas, de izquierda o de derecha, que hoy existen y se proponen proyectos semejantes, con contenido diverso, como la trasformación de sus países, que implica devolverle sus valores perdidos y restablecer la grandeza de la nación frente a los que atentan contra su soberanía.

Como otros sostiene un discurso polarizador, descalifica a los medios y a todos los que no piensan como él. Para comunicarse hace un uso intensivo de las redes sociales. Se dirige fundamentalmente a los suyos y les dice, en frases y consignas pegajosas, lo que estos quieren oír. No importa que no sean verdad.

Una mujer asume la secretaría general del Episcopado alemán

Rubén Aguilar Valenzuela 
Como expresión de los nuevos tiempos de la iglesia y del papel que ahora en ella juegan las mujeres, el pasado 23 de febrero, la Conferencia Episcopal Alemana (DBK), por sus siglas en alemán, nombró a la teóloga Beate Gilles como su secretaria general. Asumirá su función el 1 de julio de 2021.
 
A nivel de toda la iglesia es la primera vez que una mujer ocupa éste cargo. Sustituye al padre jesuita Hans Langendoerfer, que dimite tras 24 años de prestar este servicio a la DBK.
 
Al dar a conocer el nombramiento, el presidente de la DBK, monseñor Georg Baetzing, dijo que ella "está considerada como una profunda teóloga, fuertemente integrada en las diferentes estructuras de la Iglesia Católica y dotada de las mejores capacidades organizativas".
 
Gilles estudió en la Universidad de Bonn, para ser maestra de escuela primaria en la enseñanza de la religión. De 1995 a 1999 trabajó en el seminario de ciencia litúrgica en esa misma universidad.
 
En 2000 realizó una investigación liturgia-teológica sobre la transmisión de los servicios religiosos por televisión. De 2000 a 2010 fue directora general de Katholisches Bildungswerk Stuttgart.
 
Desde 2010 ha sido directora del Departamento de Infancia, Juventud y Familia en la Diócesis de Limburg y también responsable de los departamentos para jóvenes, adultos jóvenes, asociaciones de jóvenes, familias, guarderías y centros educativos de esa diócesis.
 
La teóloga, especialista en comunicación y educación, es miembro del movimiento Pax Christi y de 2003 a 2011 fue integrante de la Comisión de Oriente Medio y como tal coordinador del Servicio Ecuménico por la Paz en Palestina e Israel.
 
Desde 2011 ha pertenecido a la junta federal de la asociación católica alemana para el trabajo social de niñas y mujeres, y ha sido presidenta federal honoraria desde 2020, después de haber sido vicepresidenta federal desde 2012.
 
Gilles dijo estar conmovida por su nombramiento y dispuesta a asumir los retos que implica su nuevo cargo. Ubica su nombramiento como expresión del "deseo de cambio" en la Iglesia Católica de Alemania.
 
En el mundo hay un movimiento generalizado que demanda mayores espacios de participación de las mujeres en todos los campos de la actividad humana. Algunos países han sido más sensibles que otros a esta legítima exigencia.
 
La iglesia católica universal, como ahora lo ha hecho la alemana, debe ser un ejemplo mundial en abrir nuevas instancias para la participación de las mujeres en la muy amplia estructura de la iglesia.
 
En una sociedad patriarcal como la mexicana, donde las mujeres son víctimas de los abusos sexuales y de la violencia, la Iglesia Católica daría un gran mensaje a los distintos sectores de la sociedad al abrir más espacios de participación a las mujeres.
 

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