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Mi experiencia con la vacuna

Rubén Aguilar Valenzuela 
Soy uno de los primeros mexicanos en recibir la vacuna contra el Covid-19. Me siento afortunado y más porque también le tocó a mi compañera.

Los dos mandamos nuestros datos dos días después de que se abrió la plataforma electrónica, para el registro de las personas de la tercera edad.

El pasado domingo hacia el mediodía ella y yo recibimos en nuestros celulares el aviso de que nos presentáramos el lunes, entre 9.00 y 20.00, al centro que nos tocaba en la Magdalena Contreras, donde vivimos.

A las 8.45 llegamos a la escuela primaria Maestros Mexicanos, en la colonia santa Teresa, donde ya había una fila de cuatro cuadras, que muy pronto se hizo de ocho. Las primeras personas estaban desde las cuatro o cinco de la mañana.

En la fila había hombres y mujeres en sillas de ruedas, con bastones y algunas rebasaban los ochenta años. Todas con tapabocas y un buen número también con caretas.

La fila no se movía. A las 9.25 nos enteramos que las vacunas todavía no llegaban. A las 10.00, después de una hora de esperar, empezó la vacunación y la fila se movió algunos metros.

El sol pegaba fuerte. Las personas se salían de la fila en busca de la sombra. Algunos llevaban sillas, pero en la medida que el proceso se prolongaba empezaron a aparecer más.

A las 11.30 un trabajador del gobierno de la Ciudad de México empezó a poner un número, con plumón, en la mano o brazo de los que estábamos en la fila. Para impedir que alguien se metiera y saber cuándo te tocaba la vacuna.

Eran las 11.45 cuando me marcó con el número 213, a mi compañera el 214. A pregunta expresa me dijo que diera por seguro que me iba a vacunar, porque había 500 vacunas.

Para ese momento ya llevaba casi tres horas en la fila. Hice cálculos que me decían todavía me faltaban ente tres o cuatro horas, para llegar a ser vacunado. A lo largo de las horas nadie informó de lo que pasaba.

La fila avanzaba, pero lo hacía muy lentamente. No había quien se quejara y tampoco que expresara alguna crítica. Todos aguantaban con resignación la lentitud del proceso. Esperaban ser vacunados.

A las 15.00, después de seis horas en la fila, mi compañera y yo llegamos a la puerta de la escuela y con otros veinte ingresamos a la misma. Nos colocaron en un espacio, con toldo y sillas muy pegadas.

Después de unos minutos de espera, al grupo nos pasaron a unos metros adelante, en otro toldo, donde un Servidor de la Nación y un trabajador del gobierno de la Ciudad de México (CDMX), nos solicitaron la credencial de elector, para tomar los datos. Nos pidieron dos teléfonos. Así lo hicieron con cada uno. Todo lo llenaron a mano.

Luego nos pasaron a otro espacio con sillas más espaciadas, donde esperamos unos minutos. Después nos pidieron pasar a otro espacio, con sillas muy juntas, donde un Siervo de la Nación y un empleado del gobierno de la CDMX volvieron a pedir la credencial de elector, para tomar los datos e hicieron algunas preguntas de salud. Si se tenía o no diabetes, hipertensión, obesidad ... Todo lo llenaron a mano.

Con esa hoja pasamos a unas mesas, había cuatro, donde quienes estaban en ellas en unas hojas dobles, volvieron a poner los datos de la credencial de elector, nos tomaron una foto y también a la credencial. Nos dieron dos hojas donde ya venía que nos habían puesto la vacuna AstraZeneca. Todo a mano. Habían pasado 1.15 horas.

De ahí al aula donde tres personas ponían la vacuna. Ese proceso duró tres minutos. De ahí a un espacio abierto con las sillas muy separadas, dos personas tomaban una de las hojas, la otra era para uno, y en un pedazo de papel anotaba la media hora que debía pasar en ese lugar, para ver si no había efectos secundarios. El mío decía 16.30. Lo tenía que entregar al salir.

Aquí nos dijeron que, para la segunda vacuna nos volverían a enviar un mensaje al celular o llamar al teléfono, pero también había la posibilidad de que un Siervo de la Nación, como ya lo habían hecho para avisar de esta vacunación, los volvería a visitar en su casa. El nuevo aviso podría ser entre dos y doce semanas.

En total, en el afortunado proceso de haber sido vacunado, pasaron 7.45 horas. No hubo excepciones. Cada hora pasaban 40 personas. A ese ritmo a las 20.00 horas, cuando se cerraba el centro, se habrían puesto 400 vacunas. Sobraban 100.

El personal que ponía la vacuna eran tres y todos los demás, que se movían en el operativo, eran 25 (Guardia Nacional, Servidores de la Nación, trabajadores del gobierno de la CDMX ...) Todos muy amables. Pienso se avanzaría más rápido si hubiera más personal vacunando y menos en la estructura de apoyo.

De mi experiencia, pero también de todos los que la vivimos, en el primer día de vacunación, por lo menos en este centro, queda claro que debe cambiar el proceso, para hacerlo más ágil y racional. Hay muchas maneras de evitar las muchas horas en las largas filas, de no repetir procesos y de utilizar tecnología digital.

De no hacerse estos cambios pasarán muchos meses, para poder vacunar a los 15 millones de adultos mayores y luego al resto de la población. A este relato quiero añadir que la gran mayoría de los adultos mayores que se encontraban en la fila eran acompañados por algún familiar, en el mayor de los casos hombres, el hijo o el nieto.

La alternancia

Rubén Aguilar Valenzuela

Las elecciones del próximo seis de junio, que será la más grande en la historia del país, son locales. Están en juego más de 20,000 cargos de elección popular.

Entre ellos 1,923 presidencias municipales; 1,063 diputaciones locales (642 de mayoría relativa y 421 de representación proporcional; 500 diputaciones federales (300 de mayoría relativa y 200 de representación proporcional) y 15 gubernaturas.

En las elecciones para alcaldes de 2015 y 2018 se disputaron 3,507 ayuntamientos y en 2,363, el 67.3 %, hubo alternancia de partido frente a 1,144, el 32.6 %, donde permaneció la misma fuerza política.

De las 1,341 diputaciones locales que, estuvieron en juego en esas mismas elecciones, en 769, el 57.3 %, hubo alternancia frente a 572, el 42.6%, que siguió el partido que ya estaba.

Lo mismo sucedió con las diputaciones federales que fueron 600 de mayoría relativa en las elecciones de 2015 y 2018. En 343, el 57.1 %, hubo alternancia y en 257, el 42.8 %, continuó la fuerza que ya estaba.

En el caso de los 96 senadores de mayoría relativa, en la elección del 2018, hubo alternancia en 79 casos, el 82.2%, y en 17 casos, el 17.7 %, permaneció el mismo partido.

De las 36 gubernaturas que estuvieron en juego en las elecciones de 2015 y 2018 se dio alternancia en 23 de ellas, el 63.8 %, y quedó el partido que ya estaba en 13 casos, el 36.1 %.

En la presidencia de la República a partir del 2000, cuando por primera vez en 80 años perdió el PRI, ha habido alternancia de partido en las elecciones de 2000, 2012 y en la de 2018.  Es el 75 %.

A partir de que las elecciones estuvieron a cargo de un órgano electoral independiente del gobierno, las primeras en 2000, la alternancia en todos los niveles electorales ha sido superior a la continuidad.

De seguir la tendencia de los últimos 20 años en la elección de junio habría que esperar un alto índice de alternancia en las presidencias municipales, congresos locales, congreso federal y gubernaturas.

La desaparición del poeta

Rubén Aguilar Valenzuela
El poeta Samuel Noyola (Monterrey, 1964) un día de 2009 desaparece en la Ciudad de México y nunca más se vuelve a saber de él. El periodista y documentalista Diego Osorno en Vaquero de Mediodía (México, 2019) registra la búsqueda que hace de él y ofrece una visión de la vida y la obra del poeta.

En 1999 Osorno conoció y trató a Noyola en Monterrey. Tenía  entonces 18 años. El personaje lo impactó. Cuando se entera de que había desparecido decide buscarlo. El poeta es uno de los casi 90 mil desparecidos que se registran en el país.

La cámara sigue a Osorno en la búsqueda de Noyola por las calles de Monterrey y la Ciudad de México. Va ahí donde piensan que le pueden dar información.

En ese espacio se encuentra con personajes que sobreviven en la soledad, el abandono y la miseria. Están al margen de la sociedad. Son escenas de noche de gran impacto visual. Duelen.

El documentalista, para narrar la vida del poeta recurre a entrevistas con personas que lo conocieron en distintas etapas de su vida en Monterrey, la Ciudad de México y en Managua, Nicaragua.

Osorno trabajó en este documental por diez años. El origen es que "comencé a sentir la obligación de contar la historia de alguien que tuvo una vida muy fascinante antes de desaparecer y tratar de reivindicarlo, para que no quedara para la memoria como un borracho o un mentiroso".

La visión de las mujeres que lo conocieron de joven es la de un poeta "tocado por Dios". Un hombre carismático y un ser humano genial. Se le veía como alguien que tenía mucho futuro. Era una gran promesa.

En las entrevistas a quienes lo conocieron y estuvieron cerca de él surge la imagen de un personaje contradictorio. Genial, por un lado, y de otro, agresivo y de trato muy difícil.

El poeta se inscribe en el Ejército sandinista que enfrentan a las fuerzas de la contrarrevolución en las montañas de Nicaragua a mediados de los años ochenta del siglo pasado. No se lo dice a nadie.

Noyola, el amigo de Octavio Paz, no resulta la promesa que anunciaba iba a ser. Adicto al alcohol en la medida que pasan los años se vuelve cada vez más enigmático y contradictorio. Por decisión propia de sitúa en los márgenes de la sociedad.

El documental deja ver el drama interior que vive el poeta, sus angustias y desgarramientos, pero no compromete una interpretación de lo que pudo haberle pasado.

Osorno en su acercamiento a la vida de Noyola construye un poema visual y auditivo. Articula la memoria colectiva a la manera que lo hace la periodista ucraniana, Svetlana Alexiévich (1948), Premio Nobel (2015).

Es un poema que rescata la vida olvidada del poeta al tiempo que le rinde homenaje. Lo hace presente. Ahora quedan esas imágenes y testimonios, para siempre.

Vaquero de mediodía
Título original: Vaquero de mediodía
Producción: México, 2020.

Dirección: Diego Enrique Osorno
Guion: Diego Enroque Osorno
Fotografía: María Secco
Música: Esteban Aldrete
Actuación: Personas entrevistadas

La historia, la personalidad y las ideas de Biden

Rubén Aguilar Valenzuela 
El periodista Evan Osnos, que desde 2008 colabora con The New Yorker, escribe Joe Biden. Su vida, su carrera y lo temas relevantes (Plantea, 2020).

Es un acercamiento a la vida del nuevo presidente de Estados Unidos, pero sobre todo a su carrera política, a su personalidad y a su pensamiento.

El texto es una adaptación de artículos publicados entre 2011 y 2020. Incluye cuatro entrevistas con  Biden (78) realizadas entre 2014 y 2020.

Y otras cien con personas de su familia, de su entorno político, que incluye al presidente Obama, de colaboradores y también de adversarios políticos.

Osnos, que en 2014 recibió el National Book Award, comenta que por razones de su trabajo al conocer  mejor a Biden "descubrí que era un pozo sumamente fructífero de enseñanzas sobre la cultura política estadounidenses".

Y esto "gracias a su amplia experiencia, su capacidad e intensidad emocional y su dificultad para disimular lo que piensa". Esto en un Washington donde los políticos maniobran con lo que dicen.

El texto plantea las luces y sombras de un personaje que tiene 50 años de participar en la política de su país dentro del Partido Demócrata.

Se registra la muerte de su primera esposa, y su hija menor en un accidente de tránsito, y luego la muerte a los 48 años de su hijo mayor, que también participaba en la política, por un cáncer en el cerebro.

Los años en la política y los cargos que ha desempeñado han permitido a Biden, más que a cualquier otro político, ser no solo testigo sino participar en la historia del último medio siglo en Estados Unidos.

A lo largo de estos años, una y otra vez, venció todas las predicciones de que su carrera política se había acabado, para siempre resurgir hasta llegar a la presidencia de su país.

La visión que Osnos proyecta de Biden, a partir de decenas de entrevistas y del seguimiento al trabajo y los planteamientos del ahora presidente, es la de un político de enorme experiencia y con un gran conocimiento de la política internacional.

De un hombre que se ha sobrepuesto a las tragedias y ha seguido su camino. La de un político honrado que vive como piensa. Siempre se consideró que era el senador con menos recursos económicos.

La de un político cercano a la gente y con posiciones propias. Que cuando se equivoca lo reconoce y sabe pedir perdón. La de un demócrata de centro con posiciones progresistas en algunos temas sociales.

El autor, Premio Pulitzer en 2008 por periodismo de investigación, deja ver, se lo he oído a otros especialistas de la política de Estados Unidos, que la crisis del país es de tal dimensión en lo político, lo económico y lo social que si lo hace bien podría convertirse en otro Franklin Roosevelt.
 
Joe Biden
Su vida, su carrera y lo temas relevantes
Evan Osnos
Editorial Planeta
México, 2020
pp. 191

 
Versión original: Joe Biden, 2020. Traducción de inglés al español de Ariadna Molinari Tato y José Carlos Ramos Murguía.  
 

Jorge Palacios Treviño (1931-2021)

Rubén Aguilar Valenzuela
El embajador Jorge Palacios Treviño (Burgos, Tamaulipas, 1931 - Ciudad de México, 2021) falleció en la madrugada del pasado 10 de febrero. Semanas atrás había dado positivo de Covid-19.
 
A Jorge me une una amistad de 50 años. Entre los dos había una diferencia de 16 años, pero eso nunca impidió que tuviéramos una relación horizontal, cercana y fraterna.

Como miembro de carrera del Servicio Exterior Mexicano fue embajador de México en Egipto, Sudán, Argelia, Túnez, la República Árabe Saharaui e Indonesia.

Hombre cercano, directo - como buen norteño -, y también sencillo y generoso. Siempre interesado en lo que sus amigos hacían. Siempre solidario y buen amigo.

De adolescente dejó Burgos, para irse a Monterrey a seguir sus estudios. Luego vino a la Ciudad de México, para hacer derecho en la UNAM. En la Ibero estudió la maestría de filosofía y en la UNAM el doctorado en derecho.

Le gustaba invitar a su casa, él y Cristina Goddard, su compañera por 51 años, organizaban veladas memorables que terminaban al amanecer. El pozole era extraordinario. En esas cenas siempre cantaba y lo hacía muy bien con un estilo único.

Se desempeñó como Director del Departamento de Transporte Aéreo Internacional en la Secretaría de Comunicaciones y Transportes y Vocal Directivo de la Comisión Nacional del Espacio Exterior.

Amigo cercano del padre José Manuel Gallegos Rocafull (1895-1963). Un intelectual y defensor de la República Española que emigró a México en 1939. Jorge heredó su biblioteca.

Por 40 años trabajó en la cancillería donde fue director general de Organismos Internacionales y de Tratados Internacionales. Fue ministro consejero en la representación de México en Ginebra a cargo del embajador Jorge Castañeda y Álvarez de la Rosa (1921-1997), que después sería canciller.

Con nuestras familias hicimos viajes memorables (Belice, Oaxaca) y con Sybille Flaschka, mi compañera, nos encontramos con Jorge y Cristina en Egipto y Argelia donde compartimos recorridos que nunca se olvidan.

Entre otras muchas misiones, en carácter de asesor jurídico, fue integrante de la delegación mexicana que negoció el Tratado entre México y Estados Unidos, para delimitar la Plataforma Continental en la zona limítrofe del Golfo de México (2000).

Jorge y Cristina tuvieron tres hijos: Jorge, Rodrigo (+) y Cristina. Alguien que trabajó con él en la cancillería dice que era: "Siempre paciente, siempre atento, dispuesto a compartir y enseñar. Sumamente cálido".

Fue Director del Departamento de Estudios Internacionales de la Ibero (2003-2005). Y como profesor impartió las materias de Derecho Internacional Público y Tratados Internacionales. También dio clases en el Instituto Matías Romero de la SRE.

Cuando yo era jesuita Jorge y Cristina, con frecuencia nos visitaban los viernes o sábados por la noche, en los pedregales del Ajusco, al sur de la Ciudad de México, en el barrio donde vivíamos. Las pláticas eran divertidas y también intensas y largas.

Se le nombró miembro del Comité Jurídico Interamericano de la OEA para el periodo 2007-2010. Escribió, entre otras obras, Tratados internacionales, legislación y práctica en México (SRE, 1982, 1986, 2001 y 2007) y La defensa del petróleo mexicano (UIA, 2003).

Jugar canasta con Jorge siempre fue una aventura. Lo hacía extraordinariamente bien. Se lo tomaba en serio y con su pareja se proponía ganar. Muchas veces jugábamos hasta la madrugada.

En su carrera diplomática fue distinguido con la Legión de Honor de Francia; la Orden al Mérito de Argentina y la Orden al Mérito de Alemania.

Jorge era un creyente y muchas veces compartimos sobre nuestra experiencia de fe y hablamos de la Iglesia. Siempre estaré agradecido con su amistad y generosidad. Lo voy a extrañar.

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