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La mirada de una niña

Rubén Aguilar Valenzuela
Francia (Argentina, 2010) es una película del uruguayo Israel Adrián Caetano. De él también es el guion. Se narra la historia de una familia desde la mirada de una niña de doce años.

Mariana (Milagros Caetano), prefiere que le llamen Gloria, narra cómo ve el mundo de sus padres; Carlos (Lautaro Delgado) y Cristina (Natalia Oreiro), separados cuando tenía un año.

La historia se construye desde su mirada, al tiempo que se ofrece el desarrollo de los personajes en medio de su contexto cotidiano. Sus padres, que no están satisfechos con su vida, buscan encontrar su lugar.

A través de su percepción se registra la vida diaria y el esfuerzo de sus padres por salir de su precaria situación económica. Y está también presente la tensa relación que existe entre ellos.

La mamá es empleada doméstica y su padre trabaja en una fábrica metalúrgica. El dinero no alcanza y es un tema frecuente de discusión, que se suma a los reclamos del colegio por el comportamiento de su hija.

A Mariana no le gusta el colegio privado que, con esfuerzo, sus padres eligieron para ella. La institución escolar tampoco siente que la niña pertenezca a ese lugar. Hay resistencia y discriminación.

Su madre no se siente bien en el trabajo que realiza con una familia de la clase alta que le parece hipócrita y no valoran su trabajo. Carlos, su padre, sale ahora con una mujer (Mónica Ayos) de mejor posición económica, que en los hechos lo mantiene.

Mariana, Cristina y Carlos buscan una mejor vida. Un sitio donde se resuelvan sus tensiones y preocupaciones. Los tres a su manera luchan por cambiar su situación.

De su obra dice el director que: "La película tiene un tono realista, con algo de humor, muy distinto a todo lo que hice hasta ahora. Yo diría que esta es una historia costumbrista, que muestra cómo es la vida hoy para una familia de clase media, trabajadora. Y también indaga sobre los afectos en ese ámbito".

Y de los personajes que: "Es gente tratando de sobrevivir, ellos no acuden a la asistencia pública, no son marginales ni parias. Siguen intentando trabajar, de rebuscárselas. Y como los otros personajes de todas mis películas, tienen mucha dignidad. Ellos tuvieron sueños que no pudieron cumplir. Pero, así y todo, siguen adelante".

Es una película de bajo costo con pocos personajes y filmada en escenarios reales. La niña protagonista es hija del director. Algún crítico habla de la película como realización de un "cine casero".  La crítica reconoce el trabajo de Natalia Oreiro y de Lautaro Delgado.

Francia
Título original: Francia
Producción: Argentina, 2009

Dirección: Israel Adrián Caetano
Guion: Israel Adrián Caetano
Fotografía: Julián Apeztwguia
Música: Iván Wyszogrod
Actuación: Natalia Oreiro, Milagros Caetano, Lautaro Delgado, Daniel Valenzuela, Mónica Ayos, Lola Berthet, Violeta Urtizberea (...)

Jenaro Villamil y el asesinato de periodistas

Rubén Aguilar Valenzuela
Jenaro Villamil Rodríguez (Mérida, 1969) ha combinado la tarea de periodista con la de funcionario público. En febrero de 2019, el presidente López Obrador lo nombró responsable del Sistema Público de Radiodifusión del Estado Mexicano, que se integra a partir de los distintos medios públicos que tiene el gobierno.
 
Angélica Recillas en un artículo publicado en Etcétera (25.01.22) nos recuerda lo que Villamil, entonces valiente periodista, dijo el 17 de mayo de 2017 en una entrevista concedida a Carmen Aristegui, para CNN. Habían pasado dos días del asesinato del periodista sinaloense Javier Valdez: 

"Estamos en una larga noche del periodismo mexicano, es la peor época, pero la peor sin duda, mucho peor que en vísperas de la Revolución. Mucho peor que en la época del Porfiriato, muchísimo peor que en la época de la Guerra de Reforma contra el periodismo.

Es decir, hay una deliberada acción de omisión de acción, por lo menos, del Estado Mexicano para no investigar ninguno de los casos y hay también una especie de suicidio político del mismo Estado mexicano para no resolver, no intervenir y simple y sencillamente dar conferencias como la que dio el señor Osorio Chong o como los tuits que manda Enrique Peña Nieto diciendo que gira instrucciones, como si se tratara de un trámite burocrático.

Y entre que gira instrucciones se han acumulado en su sexenio 44 periodistas asesinados y en los últimos diez años se han acumulado 126 periodistas asesinados. Como va, el sexenio de Peña Nieto va a romper récords en número de periodistas asesinados".

El sexenio del presidente Peña Nieto terminó con 47 periodistas asesinados. Tres más de los que en la entrevista mencionó Villamil. Y como lo planteó era realmente una noche muy obscura, para el trabajo de los periodistas. Es cierto que en ese sexenio se rompieron los récords históricos del número de periodistas a quienes se quitó la vida.

En el gobierno en el que ahora trabaja, en tan solo tres años, han sido asesinados 54 periodistas. Se rompen, con mucho, el récord nefasto del gobierno anterior. De seguir así los crímenes contra los informadores serán 108 al finalizar este sexenio. Cada uno de estos asesinatos es un atentado contra la libertad de expresión. El 95 % de estos quedarán, como hasta ahora, impunes. Villamil, el funcionario público calla. Ya no es el valiente periodista de antes.

La declaración que el Villamil periodista hizo en 2017 vale para juzgar al gobierno al que sirve. Y por la dimensión de los crímenes los calificativos a utilizar serían todavía más duros. El número de los asesinatos en el gobierno de López Obrador es ya mayor a los de todo el sexenio de Peña Nieto. Tomando sus propias palabras se podría decir que ahora: "Estamos en una larga noche del periodismo mexicano, es la peor época, pero la peor sin duda, mucho peor que en vísperas de la Revolución. Mucho peor que en la época del Porfiriato, muchísimo peor que en la época de la Guerra de Reforma contra el periodismo". Así es. El Villamil burócrata nunca lo dirá.
 

Doña Conchita Calvillo: Lucidez y memoria

Rubén Aguilar Valenzuela
El pasado cinco de enero pasé una mañana memorable platicando con Doña Conchita Calvillo Alonso (1917), que fue compañera del Doctor Salvador Nava Martínez (1914-1992). Ella ahora tiene 104 años.

En su casa en San Luis Potosí, con una lucidez absoluta y una memoria portentosa, me compartió su visión de lo que ahora ocurre en el país. Se mantiene al día de lo que sucede y tiene su propia opinión.

Habló también de su posición ante la iglesia conservadora y fue particularmente crítica de los Legionarios de Cristo y de su fundador, Marcial Maciel, por los casos de pederastia. Para ella, el papa debió haber desaparecido esa congregación.

Recordó con enorme precisión hechos en el marco del funcionamiento de la Comisión Nacional de Intermediación (CONAI) que se crea en 1994, para mediar la relación entre el Frente Zapatista para la Liberación Nacional (EZLN) y el gobierno.

Doña Conchita fue integrante de esa comisión junto con el obispo Samuel Ruiz, Pablo González Casanova, Juana García Robles, Juan Bañuelos, Oscar Oliva, Alberto Székely y Raymundo Sánchez Barraza.

Comparte el contenido de las discusiones de esos años y recuerda con detalle, que no deje de sorprender, sus visitas a las comunidades indígenas de Chiapas. Cita el nombre de las poblaciones donde estuvo y de las personas con las que se reunió.

Doña Conchita se casó con el doctor Nava el 22 de julio de 1940. Tuvieron seis hijos: Salvador, Pedro, Luis, Alejandro, Manuel y Concepción Guadalupe.

Compartió con el doctor Nava una historia de 52 años. Una lucha que inicia en 1958 y que todavía sigue. Décadas de ir en contra del régimen autoritario y trabajar a favor de la instauración de la democracia en nuestro país.

En las más de dos horas de conversación, siempre atenta preguntando a las visitas si algo se les ofrece, no sólo me sorprendió su lucidez y memoria, que son evidentes.

Sino que me trasmitió un gran entusiasmo por la vida, por todos los días seguir en la lucha por lo que se piensa en el marco de una ética que pone siempre al otro por delante.

Doña Conchita ha sido a lo largo de su vida un ejemplo de congruencia, generosidad y entrega. Como anfitriona a uno lo hace sentir como que es parte de su familia.

Ella en sí misma es un canto a la vida. Es un grito, en su mesura y suaves maneras, a vivir la vida con intensidad. A nunca dejar de luchar y también de amar.

El discurso de los populistas: Las diferencias en la forma y el contenido

Rubén Aguilar Valenzuela
A lo largo de 2021 en Etcétera se analizaron las estrategias operativas de comunicación y el discurso de 24 mandatarios populistas: nueve en América, seis en África, cuatro en Europa y cuatro en Asia. En estas mismas páginas se analizó lo que es común en la forma y el contenido del discurso (22.01.13; 22.01.20). Ahora se ven las diferencias que existen en ambos temas.

Entre estos mandatarios hay grandes y muy evidentes diferencias en la geografía, la historia y la cultura de la que provienen, pero en lo que hace al contenido del discurso hay muchas semejanzas incluso en el fraseo. No importa si se dicen de izquierda o de derecho. A continuación se presentan las mayores coincidencias.
 

Lo que no tienen en común
 

Algunas de estas diferencias son que no todos o no de la misma manera realizan lo que aquí se propone:

- Presentarse como víctima de las injusticias de "los de arriba". Haber sido perseguido y humillado por los poderosos debido a su compromiso con el "pueblo".

- Operar la venganza contra las élites políticas, económicas y culturales que pusieron en duda o no aceptaron su victoria cuando llegaron al poder.

- Reprimir de muy distintas maneras a la oposición política. Llevar a la cárcel a los líderes opositores.

- Agredir a los medios y los periodistas. Promover la censura de manera abierta y llevan a la cárcel a los periodistas independientes.

- Adueñarse desde el poder de los medios de comunicación, que consideran hostiles.

- Presentarse como "mano dura" contra el crimen organizado. Estar a favor de la pena de muerte y el uso de la tortura.

- Manifestarse abiertamente contra de los migrantes. Los argumentos son distintos de acuerdo a las regiones.

- Promover abiertamente actitudes homofóbicas, machistas e incluso racistas.

- Mantener posiciones intolerantes y discriminatorias contra el movimiento feminista y la comunidad LGTBI.

- Enriquecerse a expensas del poder. Altos niveles de corrupción.

- Utilizar símbolos de identidad como cierto tipo de vestimenta (trajes, camisas, sombreros...).
 

A manera de conclusión 
 

Con este texto se pone fin a una serie de 40 artículos publicados en estas mismas páginas donde se analizó la estrategia operativa de comunicación de los mandatarios populistas del mundo y también el contenido y la forma de su discurso. Algunas conclusiones son:

- En el ADN de los populistas está concentrar el poder del Estado en su persona. Tienden a sentirse únicos e indispensables.

- Piensan que por su gestión y sus discursos van a pasar a ser parte de la historia de sus países. Sus nombres serán grabados en letras doradas.

- Las estrategias operativas son muy semejantes entre los populistas se digan de izquierda o de derecha en las distintas regiones del mundo.

- El contenido y la forma del discurso son muy semejantes entre los populistas se digan de izquierda o de derecha en las distintas regiones del mundo.

- En la teatralización de la forma se articula el contenido. Son parte de un todo. Forma y contenido se retroalimentan.

- Los discursos están llenos de frases publicitarias, que proponen lo que quieren oír las bases y simpatizantes del líder populista, con rasgos mesiánicos.

- El texto alimenta la identidad de los suyos, el "pueblo bueno". Es fundamental para mantener su adhesión, aunque no haya buenos resultados.

¿Quién es Rutilio Grande S.J.?, el nuevo beato para América Latina

Rubén Aguilar Valenzuela
El pasado sábado 22 de enero en la Plaza Salvador del Mundo, de San Salvador, El Salvador, fueron beatificados el sacerdote jesuita Rutilio Grande, el franciscano italiano Cosme Spessotto y los catequistas Manuel Solorzano y Nelson Rutilio Lemus.

Rutilio Grande, el padre Tilo, nació el 5 de julio de 1928 en El Paisnal, El Salvador. Fue el último hijo de Salvador Grande y Cristina García. Su padre fue alcalde del pueblo en diversas ocasiones. Su madre muere cuando tiene cuatro años y es su abuela materna quien lo cría.

En 1941, cuando tenía trece años, entra en el Seminario de San José de la Montaña en San Salvador. Cuatro años después deja el seminario y solicita su ingreso a la Compañía de Jesús.

Se le acepta y envía a Caracas, Venezuela, para hacer el noviciado, que son los primeros dos años en la formación de los jesuitas. El 24 de septiembre de 1947 hace votos perpetuos de castidad, pobreza y obediencia.
 
En Quito, Ecuador, estudia el juniorado, los siguientes dos años de estudios. Al terminar, en 1950 se le envía un año como profesor al colegio de los jesuitas en Panamá. Luego en Oñate, España, realiza sus estudios de filosofía y teología.

Se ordena sacerdote el 30 de julio de 1959, después de catorce años de formación. De 1962 a 1964 estudia en el Instituto Lumen Vitae de Bruselas, Bélgica.

A su regreso a El Salvador asume la responsabilidad de prefecto y profesor de teología pastoral en el seminario San José de la Montaña, donde había sido seminarista. Aquí, en 1967, conoce al padre Oscar Arnulfo Romero de quien será siempre su amigo cercano.

El 24 de septiembre de 1972, Grande es nombrado párroco de Aguilares población campesina a unos 40 minutos del San Salvador. Empieza, entonces, un intenso e innovador trabajo pastoral. En su parroquia establece las Comunidades Eclesiales de Base (CEB) y a los Delegados de la Palabra.

Un trabajo en línea con lo establecido por el Concilio Vaticano II y la Segunda Conferencia del Episcopado Latinoamericano de Medellín (1968). Su trabajo se caracteriza por un contacto muy cercano con los fieles.

Su metodología, pero sobre todo su cercanía con la gente, despierta la participación activa de los feligreses en el conjunto de la actividad parroquial, que incluye la predicación de la palabra, las celebraciones litúrgicas y la promoción social.

La pastoral comprometida del padre Grande molesta al gobierno y a terratenientes de la zona. Se sentían amenazados. Esto a pesar de que el jesuita siempre se mantuvo en sintonía con el magisterio de la Iglesia.

Cuando en 1977, el sacerdote colombiano Mario Bernal Londoño párroco de Apopa, fue expulsado por el gobierno, el jesuita salió a su defensa con una homilía que molestó a sectores del poder.

El padre Grande era consciente de los riesgos derivados de su apostolado. Había recibido amenazas en diversas ocasiones. A pesar de todo, con discreción y sin estridencias, como era él, siguió con su trabajo.

El 12 de marzo de 1977, fue a San José, El Paisnal, para presidir una celebración eucarística durante la novena de preparación para la fiesta patronal de San José.

En el viaje de regreso a Aguilares lo acompañan los catequistas Manuel Solórzano (72 años) y el joven Nelson Rutilio Lemus (16 años) en un jeep que le había sido donado por el arzobispado.

A mitad de camino, integrantes de los Escuadrones de la Muerte, estructura paramilitar financiada por los sectores ultraderechistas, acribillan el vehículo. Grande, Solórzano y Lemus mueren al instante.
 
En ese entonces, el recién nombrado arzobispo de San Salvador, Oscar Arnulfo Romero, ahora santo, queda profundamente conmocionado por el asesinato.

Ignacio Ellacuría, uno de los seis jesuitas asesinados por el Ejército salvadoreño en 1989, en una entrevista a la Radio Alemana ARD, cuenta que Romero al llegar al sitio donde se encontraban los tres cuerpos no dejaba de llorar.

El arzobispo celebra Misa en ese lugar. Después, pasa horas escuchando a los campesinos que le platican del padre Tilo y de sus problemas y sufrimientos.

En protesta por los asesinatos, el arzobispo cancela las Misas en toda la Arquidiócesis, para celebrar sola una Misa en la Catedral de San Salvador. Más 150 sacerdotes concelebraron frente a más de 100,000 personas.

El arzobispo, san Romero de América, declara que en adelante no asistirá a ningún evento organizado por el gobierno ni a ninguna reunión con el presidente de la República mientras no se investigue el asesinato de los ahora beatos.

En ese entonces, como en otras tantas veces, el presidente de la República era un general. Las autoridades nunca realizan la investigación solicitada.

Ellas saben quiénes son los autores intelectuales, los que ordenan el asesinato, y quienes los que lo ejecutan. Había un claro acuerdo entre la ultraderecha fascistoide y los militares.

El Arzobispo nunca más se vuelve a reunir con el presidente y las autoridades. Así rompe con una tradición sólidamente establecida en El Salvador. Aquí comienza otra historia que también termina en el martirio.

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