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Plan para Michoacán

Rubén Aguilar Valenzuela

Comparto con ustedes parte de la entrevista que me hizo Víctor Flores García, el corresponsal en México de la Agencia Sputnik - Novosti de Rusia, sobre el Plan de Justicia y Paz para el estado de Michoacán anunciado esta semana por la presidenta Sheinbaum Pardo:

El plan de justicia y paz para el estado de Michoacán (centro) anunciado esta semana por el Gobierno de México, abre el debate sobre la estrategia de seguridad, que debe trasladar su foco a la responsabilidad de los gobernadores, aseguró a la Agencia Sputnik el doctor en Ciencias Sociales Rubén Aguilar, profesor de la jesuita Universidad Iberoamericana.

"La primera premisa es que el problema de seguridad de México no se va a resolver nunca mientras el combate al crimen organizado no lo asuman los Gobiernos de los estados en acuerdo con las policías municipales", dijo el también consultor internacional y autor de libros sobre el tema como "La guerra fallida" (2009), "Los saldos del narco, fracaso de una guerra" (2012), "Jaque mate al crimen organizado" (2022) y "Tensiones en el Ejército" (2024).

"No importa todo lo que pase por el nivel federal, seguiremos igual y nunca habrá solución, porque las raíces del problema no están en la Federación sino en los gobernadores, que con voluntad política deben asumir, en el marco de una estrategia integral, el combate frontal al crimen organizado", sostiene el autor. La segunda premisa apunta a que es muy difícil que esta nueva estrategia del Gobierno nacional pueda funcionar, porque su formulación "parece un discurso de corte político" sin un diagnóstico actualizado.

El autor recuerda que esa narrativa la formuló en forma semejante el entonces presidente Enrique Peña Nieto (2012-2018), para mostrar que su administración estaba "haciendo algo", en vez de ejecutar acciones que realmente pudieran cambiar la correlación de fuerzas locales y hacer proceder al crimen.

"Lo que pasa en Michoacán es que hay una imbricación histórica entre la clase política y el crimen organizado, se han convertido en la misma matriz y no hay posibilidad alguna de enfrentarlo si siguen al frente los mismos dirigentes políticos en la autoridad estatal", explica el entrevistado. Aguilar comenta que sigue en su cargo un gobernador, Alfredo Ramírez, del Movimiento de Regeneración Nacional (Morena, izquierda nacionalista), gobernante a nivel federal, a pesar de que es cuestionado por sectores sociales y productivos de Michoacán, por presuntos vínculos con el crimen organizado.

En efecto, el tío del gobernador de la entidad, Adalberto Fructuoso Comparán Rodríguez, conocido como El Fruto, así como su primo Adalberto Comparán Bedolla, están recluidos en prisiones federales de EEUU, acusados de narcotráfico y lavado de dinero, y permanecerán en prisión hasta 2027, según documentos judiciales de la Corte del Distrito Sur de Florida publicados en medios mexicanos y estadounidenses.

"En esos niveles de Gobierno es imperativo que llegue una gente honrada y aprobada por la sociedad, que no tenga ninguna relación con el crimen organizado, para comenzar a enfrentar los fundamentos del crimen", recomienda. Acerca de uno de los ejes de la estrategia federal, de fortalecer la coordinación y la investigación de inteligencia, afirma que es insuficiente.

"No es un tema de inteligencia sobre las redes criminales, porque esa información ya la tiene el Gobierno, sino que se debe actuar y usar la fuerza del Estado", subraya. Aguilar indica que las cinco organizaciones criminales que operan en esa entidad no van a entregar los territorios controlados. "En Michoacán el crimen organizado tiene más del 40 o 50 por ciento del territorio bajo su control desde hace por lo menos cuatro décadas, que no va a ceder gratuitamente a la presidenta ni a los militares", advierte. (Sputnik – Novosti, 14.11.2025).

Misión jesuita de San Ignacio de Nío, Sinaloa

 

Rubén Aguilar Valenzuela

 

Historia

 

En 1591, en el actual Nío, Sinaloa, llegan al lugar los padres de la Compañía de Jesús, Martín Pérez y Gonzalo de Tapia que ya se encuentran con indios bautizados por sacerdotes que acompañaron a la expedición de Francisco de Ibarra en 1564. En 1595 se establece la primera misión, la de San Ignacio de Loyola, que estuvo en un lugar muy cercano al actual Pueblo Viejo, que se movió para alejarlo de las inundaciones del río. Hay ruinas de esa primera misión.

La segunda misión se inicia en 1758 y la obra iba muy avanzada cuando vino una crecida del río y una inundación inesperada que obligó a suspender los trabajos. La construcción que hoy se ve es precisamente esta, que nunca se terminó porque en 1767 ocurre la supresión de la Compañía de Jesús, de los reinos de la corona de España.

En 1760 Pedro Tamarón y Romeral visita Nío y de la iglesia dice:  "se comenzó la iglesia de tres naves, toda de ladrillo y bóvedas con dos capillas, y estando levantadas las paredes y arquerías y cerradas tres bóvedas y dos medias naranjas en las capillas, creció tan espantosamente el río que, dañando los cimientos, hizo falsear toda la obra, viniéndose al suelo las bóvedas, desplomándose las paredes, a excepción de las que forman las capillas que hasta hoy subsisten con sus medias naranjas.  Por esto y haber continuado los aluviones, se está mudando a el pueblo a paraje más alto, y allí en nueva iglesia se comienzan aprovechar los materiales de la arruinada".

Iglesia

 

- Exterior

 

Se conserva buena parte de la portada con un arco de medio punto en la piedra angular una imagen de la Virgen de Guadalupe. La portada es de cantera y las columnas y el arco están acanalados. Los capiteles son de estilo toscano. A los lados dobles pilastras lisas. Hay también vestigios de los arcos de las entradas laterales. Existen parte de los muros de la iglesia. 

 

- Interior   

La planta es de cruz latina, con brazos pequeños. Iba a tener un crucero, que seguramente tendía tambor, cúpula y pechinas. Se conserva una escultura en piedra de san Ignacio de Loyola, que muy probablemente estaría en un nicho de la portada principal.   

Comentario

 

El recorrido lo hicimos cuando ya estaba por caer la tarde, por eso las fotografías se ven oscuras. La construcción me recuerda a las de las Reducciones del Paraguay. Es una obra barroca de mitad del siglo XVIII.

 

Los restos permiten apreciar el diseño arquitectónico de la iglesia con tres portadas barrocas de cantera, la principal y dos laterales. Se puede ver la estructura de las dos capillas al interior de la iglesia. Una mucho más que la otra.

 

En 1760, Pedro Tamarón y Romeral da cuenta de lo que se llevaba construido, pero por una crecida del río, no esperada en esas dimensiones, se paró la obra. Es la construcción que ahora vemos. De la primera construcción hay algunos vestigios.

Dilexi te

Rubén Aguilar Valenzuela

 

El pasado 4 de octubre el papa Leon XIV publicó su primera Exhortación Apostólica con el nombre de Dilexi te (Te he amado), con el subtítulo de "Sobre el amor hacia los pobres". En ella, ofrece algunas líneas claves de los temas que va a privilegiar en su cargo como sucesor de san Pedro, a sólo meses de haber asumido el liderazgo de la Iglesia católica.

En la introducción, León XIV cuenta que el papa Francisco trabajaba en esta exhortación, que por su muerte ya no pudo terminar, y que ahora concluye su redacción con algunos añadidos propios. Dice estar convencido "de que la opción preferencial por los pobres genera una renovación extraordinaria tanto en la Iglesia como en la sociedad, cuando somos capaces de liberarnos de la autorreferencialidad y conseguimos escuchar su grito".

El grito de los pobres

Sostiene el papa que el grito de los pobres: interpela constantemente nuestra vida, nuestras sociedades, los sistemas políticos y económicos, y especialmente a la Iglesia. En el rostro herido de los pobres encontramos impreso el sufrimiento de los inocentes y, por tanto, el mismo sufrimiento de Cristo. Al mismo tiempo, deberíamos hablar quizás más correctamente de los numerosos rostros de los pobres y de la pobreza, porque se trata de un fenómeno variado; en efecto, existen muchas formas de pobreza: aquella de los que no tienen medios de sustento material, la pobreza del que está marginado socialmente y no tienen instrumentos para dar voz a su dignidad y a sus capacidades, la pobreza moral y espiritual, la pobreza cultural, la del que se encuentra en una condición de debilidad o fragilidad personal o social, la pobreza del que no tiene derechos, ni espacio, ni libertad

La pobreza no surge por casualidad y hay hombres y mujeres que "trabajan desde la mañana hasta la noche" y no logran salir de la pobreza y "mejorar verdaderamente su vida. No podemos decir que la mayor parte de los pobres lo son porque no hayan obtenido 'méritos', según esa falsa visión de la meritocracia en la que parecería que sólo tienen méritos aquellos que han tenido éxito en la vida" y "no es posible olvidar a los pobres si no queremos salir fuera de la corriente viva de la Iglesia que brota del Evangelio y fecunda todo".

Dios opta por los pobres

A partir de la realidad de un Jesús que nace en la pobreza, "se puede hablar también teológicamente de una opción preferencial de Dios por los pobres, una expresión nacida en el contexto del continente latinoamericano y en particular en la Asamblea de Puebla, pero que ha sido bien integrada en el magisterio de la Iglesia", afirma el papa.

Y añade que esta "preferencia" no indica exclusividad o discriminación de los otros grupos, pero si quiere subrayar que el Dios de Jesús se compadece ante la pobreza y la debilidad de toda la humanidad, y la Iglesia, es ese horizonte, trabaja a favor de un reino de justicia, fraternidad y solidaridad. Por eso se preocupa y atiende de manera particular a aquellos que son discriminados socialmente.

Al inicio de su ministerio público, Jesús se presenta en la sinagoga de Nazaret leyendo el libro del profeta Isaías y aplicándose a sí mismo la palabra del profeta: "El Espíritu del Señor está sobre mí, porque me ha consagrado por la unción. Él me envió a llevar la Buena Noticia a los pobres" (Lc 4,18). El papa, después de hacer un recorrido por el Nuevo y Antiguo Testamento donde subraya algunos textos donde se hace mención de los pobres, dice: "Muchas veces me pregunto por qué, aun cuando las Sagradas Escrituras son tan precisas a propósito de los pobres, muchos continúan pensando que pueden excluir a los pobres de sus atenciones".

La primera comunidad cristiana

El papa afirma que en la primera comunidad cristiana el programa de caridad no derivaba de un análisis, sino del ejemplo de Jesús, de las mismas palabras del Evangelio. Se compartían los bienes y asistía a los pobres, y en el centro de la vida comunitaria estaba la caridad y ayuda a los más necesitados.

Así, "la vida de las primeras comunidades eclesiales, narrada en el canon bíblico y que ha llegado a nosotros como Palabra revelada, se nos ofrece como ejemplo a imitar y como testimonio de la fe que obra por medio de la caridad, y que continúa como exhortación permanente para las generaciones venideras. A lo largo de los siglos, estas páginas han interpelado los corazones de los cristianos a amar y a realizar obras de caridad, como semillas fecundas que no cesan de producir frutos".

Una Iglesia para los pobres

En Dilexi te, el papa menciona a hombres y mujeres que en los dos mil años de existencia de la Iglesia han dedicado su vida a trabajar en favor de los más necesitados, comenzando con los primeros siete diáconos de la comunidad primitiva de Jerusalén. Dice que no pretende ser exhaustivo, sino sólo indicativo y con ello dejar en claro que el cuidado de los pobres siempre ha caracterizado la presencia de la Iglesia en el mundo. Y recomienda, para una historia detallada de este esfuerzo, el libro de V. Paglia, Storia della povertà.

En esa revisión hace una mención especial a los padres de la Iglesia, orientales y occidentales, que reconocieron en el pobre un acceso privilegiado a Dios, en su concepción "la caridad hacia los necesitados no se entendía como una simple virtud moral, sino como expresión concreta de la fe en el Verbo encarnado. La comunidad de fieles, sostenida por la fuerza del Espíritu Santo, se encuentra arraigada en la cercanía a los pobres, que en ella no son un apéndice, sino parte esencial de su cuerpo vivo".

Los padres de la Iglesia plantean, con claridad, que no era posible separar el creer de la acción social: la fe que no va acompañada del testimonio de las obras se consideraba muerta. Y todos se pronunciaron "sobre la primacía de la atención a los pobres en la vida y misión de cada fiel cristiano. Sobre este aspecto, en resumen, se puede afirmar que la teología patrística fue práctica, apuntando a una Iglesia pobre y para los pobres, recordando que el Evangelio sólo se anuncia bien cuando llega a tocar la carne de los últimos, y advirtiendo que el rigor doctrinal sin misericordia es una palabra vacía".

El papa hace un recorrido por la historia de algunas instituciones de la Iglesia que a lo largo de los siglos se han dedicado al cuidado de los enfermos, de los ancianos, de los cautivos y prisioneros, y dando acogida a los más pobres. Señala también el surgimiento en el siglo XIII de las órdenes mendicantes como la Orden de Frailes Menores (OFM), la Orden de las Damas Pobres, conocidas como clarisas, y la Orden de Predicadores (OP), que fueron "una respuesta viva a la exclusión y la indiferencia".

La Iglesia y la educación de los pobres

Desde el inicio de la comunidad primitiva hubo un esfuerzo por educar a los pobres y esa ha sido una tarea presente a lo largo de la existencia de la Iglesia, a través de un gran número de congregaciones religiosas femeninas y masculinas dedicadas a esa tarea, y menciona algunas de ellas.

El papa sostiene que para la fe cristiana, la educación de los pobres no es un favor, sino un deber [...] Enseñarles es afirmar su valor, darles las herramientas para transformar su realidad. La tradición cristiana entiende que el conocimiento es un don de Dios y una responsabilidad comunitaria. La educación cristiana forma no sólo profesionales, sino personas abiertas al bien, a la belleza y a la verdad. Por eso, la escuela católica, cuando es fiel a su nombre, se convierte en un espacio de inclusión, formación integral y promoción humana. Así, conjugando fe y cultura, se siembra futuro, se honra la imagen de Dios y se construye una sociedad mejor.

Acompañar a los migrantes 

Asegura el papa que "Iglesia siempre ha reconocido en los migrantes una presencia viva del Señor, que en el día del juicio dirá a los que estén a su derecha: 'Estaba de paso, y me alojaron'" (Mt 25,35).

Y desde el siglo XIX, cuando millones de europeos emigraron en busca de mejores condiciones de vida, se fundaron congregaciones religiosas para atender a los migrantes y acompañarlos a sus comunidades de destino, ofreciéndoles asistencia espiritual, jurídica y material. La tradición de la actividad de la Iglesia con y para los migrantes continúa, expresándose en iniciativas como los centros de acogida para refugiados, las misiones en las fronteras y los esfuerzos de Cáritas Internacional y otras instituciones.

En el Magisterio actual de la Iglesia se reafirma este compromiso, el papa Francisco reconocía que el "desafío planteado por las migraciones contemporáneas se puede resumir en cuatro verbos: acoger, proteger, promover e integrar. Pero estos verbos no se aplican sólo a los migrantes y a los refugiados. Expresan la misión de la Iglesia en relación a todos los habitantes de las periferias existenciales, que deben ser acogidos, protegidos, promovidos e integrados".

Al lado de los últimos

El papa dedica un apartado especial a las mujeres y los hombres de la Iglesia, que dedicaron su vida en ayuda de "los más pobres entre los pobres —los que no sólo carecen de bienes, sino también de voz y de reconocimiento de su dignidad— que ocupan un lugar especial en el corazón de Dios".

Menciona, entre otros, a Teresa de Calcuta, fundadora de las Misioneras de la Caridad, que dedicó su vida a los moribundos abandonados en las calles de la India. A Dulce de los Pobres, de Brasil, que crea una de las mayores obras sociales del país. A Carlos de Foucauld, que vivió entre las comunidades del Sahara; a la hermana Emmanuelle que trabajó con los recolectores de basura en el barrio de Ezbet El Nakhl, en El Cairo.

Dice el papa que "cada uno a su manera descubrió que los más pobres no son meros objetos de compasión, sino maestros del Evangelio. No se trata de 'llevarles a Dios', sino de encontrarlo entre ellos. Todos estos ejemplos enseñan que servir a los pobres no es un gesto de arriba hacia abajo, sino un encuentro entre iguales, donde Cristo se revela y es adorado".

Los movimientos sociales

A lo largo de la historia la Iglesia no sólo ha ayudado a los pobres, implicándose en la lucha por sus derechos, sino que también ha apoyado y promovido los movimientos sociales guiados por líderes populares, muchas veces perseguidos. Estos líderes saben "que la solidaridad también es luchar contra las causas estructurales de la pobreza, la desigualdad, la falta de trabajo, la tierra y la vivienda, la negación de los derechos sociales y laborales. Es enfrentar los destructores efectos del imperio del dinero [...]. La solidaridad, entendida en su sentido más hondo, es un modo de hacer historia y eso es lo que hacen los movimientos populares".

Los movimientos sociales populares permiten la incorporación de los excluidos en la lucha y construcción del destino común y deja atrás la idea "de las políticas sociales concebidas como una política hacia los pobres pero nunca con los pobres, nunca de los pobres y mucho menos inserta en un proyecto que reunifique a los pueblos". Si no se escucha a los pobres y su reclamo "la democracia se atrofia, se convierte en un nominalismo, una formalidad, pierde representatividad, se va desencarnando porque deja afuera al pueblo en su lucha cotidiana por la dignidad, en la construcción de su destino".

El siglo de la Doctrina social de la Iglesia

En este apartado, el papa hace una revisión del Magisterio de la Iglesia en el tema de la pobreza en los últimos 150 años, inicia con la encíclica Rerum novarum (1891), de León XIII, en honor de León XIV, en la que trata la cuestión del trabajo, denuncia la situación intolerable de muchos obreros de la industria, y propone la instauración de un orden social justo. Vale mencionar Mater et Magistra (1961), de Juan XXIII, que señala que los países ricos no podían permanecer indiferentes ante los países oprimidos por el hambre y la miseria, sino que estaban llamados a socorrerlos generosamente con todos sus recursos.

Se extiende sobre el aporte del Concilio Vaticano II que dedica gran parte de sus documentos a profundizar sobre el tema de la justicia social en el mundo. Hace un rápido recuento sobre los documentos dedicados al pensamiento social de la Iglesia de los papas Paulo VI, Juan Pablo II, Benedicto XVI y Francisco. Dedica un espacio particular a las conferencias del episcopado latinoamericano de Medellín (1968), Puebla (1974) y Aparecida (2007), que han hecho contribuciones fundamentales al Magisterio de la Iglesia toda en el tema de los pobres y la justicia social. Y lo mismo hace con la encíclica Dilexit nos (2024) del papa Francisco.

Los obispos insisten en la necesidad de considerar a las comunidades marginadas como sujetos capaces de crear su propia cultura, más que como objetos de beneficencia. Estas comunidades tienen el derecho de vivir el Evangelio, de celebrar y comunicar la fe según los valores presentes en su cultura. La experiencia de la pobreza les da la capacidad para reconocer aspectos de la realidad que otros no son capaces de ver, y por esta razón la sociedad necesita escucharlos. Lo mismo vale para la Iglesia, que debe valorar la manera "popular" que ellos tienen de vivir la fe". En esta perspectiva, dice el papa, aparece la necesidad de que "todos nos dejemos evangelizar" por los pobres, y que todos reconozcamos "la misteriosa sabiduría que Dios quiere comunicarnos a través de ellos".

Un desafío permanente

El papa termina Dilexi te con estas palabras: "he decidido recordar esta bimilenaria historia de atención eclesial a los pobres y con los pobres para mostrar que ésta forma parte esencial del camino ininterrumpido de la Iglesia. El cuidado de los pobres forma parte de la gran tradición de la Iglesia como un faro de luz que, desde el Evangelio, ha iluminado los corazones y los pasos de los cristianos de todos los tiempos. Debemos sentir la urgencia de invitar a todos a sumergirse en este río de luz y de vida que proviene del reconocimiento de Cristo en el rostro de los necesitados y de los que sufren".

Y añade que, para nosotros cristianos, la cuestión de los pobres conduce a lo esencial de nuestra fe. La opción preferencial por los pobres, es decir, el amor de la Iglesia hacia ellos" (...) La realidad es que los pobres para los cristianos no son una categoría sociológica, sino la misma carne de Cristo. En efecto, no es suficiente limitarse a enunciar en modo general la doctrina de la encarnación de Dios; para adentrarse en serio en este misterio, en cambio, es necesario especificar que el Señor se hace carne, carne que tiene hambre, que tiene sed, que está enferma, encarcelada. Una Iglesia pobre para los pobres empieza con ir hacia la carne de Cristo. Si vamos hacia la carne de Cristo, comenzamos a entender algo, a entender qué es esta pobreza, la pobreza del Señor. Y esto no es fácil.

Un texto de dos papas

La exhortación apostólica Dilexi te, la primera del papa León XIV, la inicia el papa Francisco pero su muerte impide que la termine, y entonces la retoma el nuevo papa, que la concluye añadiendo sus propias ideas. Es un repaso panorámico por la historia de los 2000 años que tiene la Iglesia católica, a partir de la realidad de la existencia de la pobreza y la lucha por combatirla y trabajar por la justicia social.

En el texto se desarrollan cinco grandes temas: la existencia a lo largo de los siglos de la realidad de la pobreza y los pobres; la evolución teológica, desde la predicación de Jesús y la vida de la primitiva comunidad al día de hoy; la evolución del Magisterio de la Iglesia sobre estos temas; la vida de hombres y mujeres de la Iglesia que han estado al lado de los pobres y en la lucha por la justicia social; las instituciones de la Iglesia que han colaborado de manera directa y de muchas maneras por combatir la pobreza.

El contenido de Dilexi te, que tiene como subtítulo "Sobre el amor hacia los pobres", deja ver con claridad cuál es la teología del papa que se inscribe en la corriente progresista de la Iglesia, y también qué piensa sobre los temas sociales fundamentales, y las ciencias sociales, la tecnología, la Inteligencia Artificial (IA) y el Medio Ambiente. De manera particular sobre el papel de la Iglesia en el mundo de hoy.

Como los escritos del papa Francisco, este texto deja atrás el viejo y anquilosado estilo de los documentos del Vaticano, y es ágil y directo, trata temas complejos de una manera sencilla y didáctica. Hay un esfuerzo para que lo dicho esté al alcance de todas y todos. Es un documento que vale la pena leer, es una buena manera de conocer hoy a la Iglesia católica y quién es y qué piensa León XIV.

Pecado estructural

Rubén Aguilar Valenzuela

La semana pasada participé en una reunión de reflexión sobre temas teológicos entre los que se tocaron el "pecado estructural". Algunos teólogos católicos conservadores se han opuesto al concepto de "pecado estructural" y argumentan que sólo puede reconocerse como "pecado" aquellas acciones que proceden de la voluntad libre de una persona.

 

De otro lado, los teólogos progresistas sostienen que es evidente la existencia de un desorden, de un "pecado", que afecta a la sociedad humana en su conjunto a través de estructuras económicas, políticas, sociales y culturales que terminan por imponerse en beneficios de unos y en perjuicio de otros.

 

Hay elementos de la concepción de "pecado estructural" en el Antiguo y Nuevo Testamento, pero el tema en la Iglesia adquiere carta de ciudadanía a partir de las reuniones de los obispos latinoamericanos de Medellín (1968) y Puebla (1979). Y de manera especial desde el aporte de la Teología de la Liberación.

 

En el Documento de Medellín se habla de "realidades que expresan una situación de pecado" y de "pecados cuya cristalización aparece evidente en las estructuras injustas". En el Docu­mento de Puebla, las referencias son más abundan­tes y claras. Se habla de una "situación de pecado social"; "sistema marcado por el pecado"; "estructuras creadas por los hombres en las cuales el pecado de sus autores ha impreso su huella destructora". Es muy clara esta afirmación: "Son muchas las causas de esta situación de injusticia, pero en la raíz de todas se encuentra el pecado, tanto en su aspecto personal como en las estructuras mismas".

 

Posterior a los encuentros de Medellín, Puebla y después Aparecida (2007), el concepto de "pecado estructural" ha sido aceptado cada vez más como una realidad evidente entre la mayoría de los teólogos católicos. Se asume que el pecado es personal, pero se aplica también a los sistemas sociales, que promueven la injusticia y la desigualdad de manera estructural. Hay, pues, un "pecado estructural".

 

La Iglesia sostiene que los católicos, de manera personal y colectiva, tienen la responsabilidad de combatir las estructuras de pescado que existen en la sociedad, y debe comprometerse con la construcción de un mundo con estructuras económicas, políticas, sociales y culturales más humanas, solidarias, justas e igualitarias.

 

A la reunión a la que asistí se nos entregó un texto, elaborado por un teólogo jesuita mexicano, con amplia experiencia internacional, que propone algunas de las características que hoy tiene el "pecado estructural" en el mundo: ataque a la democracia con el propósito de desaparecerla; instauración de la autocracia de carácter populista; polarización; mentiras, noticias falsas y la postverdad; imposición de los intereses de grupo con nuevas máscaras que esconden la corrupción convertida en sistema operativo.

 

Y también: Represión de la libertad de expresión; acuerdos con los grupos del crimen organizado; aumento de la violencia con más homicidios, feminicidios y desaparecidos; normalización de la violencia; agresión al medio ambiente e incremento de la pobreza. En independencia de si se acepta o no la existencia del "pecado estructural", lo que se propone en el texto caracteriza muy bien, el proyecto de gobierno que inicia el presidente López Obrador (2018-2024), y que ahora impulsa y consolida la presidenta Sheinbaum Pardo (2024-2030). ¿"Pecado estructural"?

 

Museo Casa Swahili en Lamu

Rubén Aguilar Valenzuela

 

 

 

 

El Museo Casa Swahili está en el Centro histórico de Lamu, que es una isla, en Kenia, que en 2001 fue declarado como Patrimonio Cultural de la Humanidad por la Unesco.

 

Historia

 

Es una casa del siglo XVIII como hay otra semejantes en el Centro histórico de Lamu. La casa permaneció abandonada durante décadas hasta que los Museos Nacionales de Kenia tomaron posesión de ella y la renovaron.

 

Edificio

 

La casa es un ejemplo de la arquitectura estilo swahili. Como la mayoría de estas casas tiene paredes externas gruesas (60 centímetros a un metro de espesor), de coral o piedra caliza, techos altos y pequeñas ventanas para proteger a los habitantes del sol y garantizar que los interiores sean frescos, privados y aislados. Tiene jardín. 

 

 

 

Hay un porche de entrada con bancas de material, en el interior hay dos habitaciones y espacios para comedor y sala. Los techos son de vigas de madera, que están esculpidos y pintados. Relieves en las paredes. En las ventanas y puertas marcos de madera pintados. En esta casa, como en otras tradicionales, hay los vidaka, nichos en la pared. Hay una esclera, para subir a la terraza donde está la cocina.

 

 

Los vidaka

Escalera y cocina

 

 

Comentario

 

 

Relieves en la pared del patio.

 

 

En la ciudad se conservan otras casas como esta en algunas de las angostas callejuelas del Centro histórico de Lamu. Hay una propuesta muy propia de la arquitectura swahili, que se puede ver con claridad en cada uno de sus elementos en el Museo Casa Swahili.

 

Es notable, nunca antes lo había visto, los vidaka, nichos en la pared, de las casas tradicionales, que se utilizan para exhibir objetos de valor o de importancia personal. Su diseño y disposición a menudo crean patrones geométricos en las paredes interiores.

 

La cantidad y la complejidad de los vidaka en una casa suajili se correlacionaban con la riqueza y el estatus social de la familia. Mientras más intrincados y numerosos fueran, mayor prestigio conferían a la vivienda y con ello a la familia. Se vuelven en escaparates que ponen a la vista la riqueza de la familia de la casa.

 

La palabra vidaka (plural) proviene de la raíz bantú daka, que significa nicho o hendidura. Se remontan al menos al siglo XIV y eran un elemento fundamental en la arquitectura medieval suajili. Aunque su popularidad disminuyó en el siglo XX, fueron revitalizados por artistas locales a partir de la década de 1970.

 

 

Pozo y jardín.

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