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También es nuestra guerra: Mujeres en servicio

Rubén Aguilar Valenzuela




En el museo Centro Histórico de Atlanta, en Atlanta, Georgia, Estados Unidos, se presenta la exposición Our War Too: Women in Service (También es nuestra guerra: Mujeres en servicio).

 

Exposición

 

Es una muestra itinerante que se estrenó originalmente en el National WWII Museum de Nueva Orleans, con motivo del Día de los Veteranos en noviembre de 2023. La curaduría es de Kimberly Guise, curadora principal y directora de asuntos curatoriales de ese museo.

 

La exposición honra el valor y la determinación de más de 350 000 mujeres que se ofrecieron como voluntarias para servir en todas las ramas de las fuerzas armadas durante la Segunda Guerra Mundial, que incluye al Ejército, la Marina, la Fuerza Aérea, el Cuerpo de Enfermeras y la Guardia Costera.

 

En la exposición se dice que su legado sentó las bases para la integración plena de las mujeres en las Fuerzas Armadas mediante la Ley de Integración de Servicios Armados de Mujeres de 1948.

 

Se exponen más de 200 objetos, entre uniformes militares, efectos personales, material publicitario, fotografías, cartas, álbumes de recortes y grabaciones de audio interactivas.

 

En la sección I Was There (Yo estuve ahí), mujeres, todas mayores de 100 años,que son veteranas grabaron entrevistas en los últimos años de sus vidas; mediante inteligencia artificial, los visitantes pueden "conversar" con ellas a través de video.




Comentario




La exposición es un reconocimiento al papel fundamental que desempeñaron las mujeres de Estados Unidos durante los conflictos bélicos, especialmente en la Segunda Guerra Mundial.

 

A través de fotografías, documentos, uniformes, testimonios y objetos personales, la muestra da cuenta de cómo miles de mujeres participaron como enfermeras, conductoras, mecánicas, operadoras de comunicaciones, pilotos y trabajadoras de la industria militar, desafiando los roles tradicionales asignados a la mujer todavía en esos años.

 

La exposición invita a reflexionar sobre la capacidad de las mujeres para enfrentar la adversidad, asumir responsabilidades esenciales y contribuir de manera decisiva al esfuerzo colectivo, y pone de relieve que su participación no solo fue indispensable para el desarrollo de las operaciones militares, sino que también impulsó importantes cambios sociales al ampliar las oportunidades de participación femenina en la vida pública y laboral de Estados Unidos, que tuvo impacto en otros países.

 

La realidad del huachicol

Rubén Aguilar Valenzuela  

En el momento que ocurría el mayor saqueo de huachicol fiscal en la historia del país, en una operación organizada desde el gobierno de la República, el presidente López Obrador, para cubrir lo que sucedía, por decreto en una mañanera determinó que se había acabado el huachicol.

 

Se estima que el daño al patrimonio público por el operativo, que a todas luces él no solo permitió sino ordenó, entre otras cosas para financiar las campañas electorales de Morena, asciende a los 700 mil millones de pesos, el mayor robo en la historia de México. No hay nada en la historia del país con lo que se puede comparar.

 

En el gobierno de López Obrador, el huachicol fiscal alcanza su nivel histórico a partir de que esa práctica fue operada desde el gobierno, y al parecer esta ha realmente disminuido en el actual gobierno que preside la presidenta Sheinbaum Pardo.

 

No así, el huachicol que se concentra en el robo de combustible a Pemex, que no solo permanece, sino que se ha agravado en este gobierno según la propia información oficial.

 

Los datos indican que, en el segundo semestre de 2026, Pemex perdió 9 mil 180 millones de pesos por el huachicol de gasolina y diésel, que se atribuyen a fallos a la seguridad y la segura participación de empleados de la propia empresa.

 

Si se compara esta información con la del primer trimestre del primer año de López Obrador (2019), cuando Pemex dijo haber perdido mil 215 millones de pesos, la pérdida registrada este semestre es seis veces mayor y la de 2026 equivale a 665 % más que en 2019.

 

Expertos en el tema consideran que este saqueo a Pemex, persiste, no solo por la perforación de los ductos en distintos tramos, en los que participan grupos del crimen organizado, sino por la actividad de personal de la empresa, que implica a funcionaros y a sindicalizados.

 

Y sostiene que el personal de Pemex Logística es quien tiene el control de los cambios de presión del envío de combustible que circula en los ductos, y son ellos los que pueden "avisar sobre las bajas de presión para realizar los piquetes a ductos sin que haya explosiones".

 

Es evidente, aseguran, que "hay personal coludido, que va desde mandos medios hasta altos niveles e incluso sindicalizados, que son quienes operan estos sistemas día a día" y consideran, que en este gobierno es alarmante el aumento del huachicol.

 

Plantean que el mayor número de las perforaciones y tomas clandestinas se concentran en los ductos que bajan de Tuxpan y Minatitlán, Veracruz, hacia los estados de Tlaxcala, Puebla e Hidalgo.

 

En su visión, las actuales autoridades federales han concentrado su esfuerzo en combatir el huachicol fiscal, que persiste, aunque en menor dimensión, y han dejado de lado el combate a las otras modalidades de huachicol.

 

Y también sigue ausente el diseño y operación de una estrategia eficaz, la actual no funciona, de seguridad en Pemex, que evite o reduzca de forma dramática el huachicol, que se obtiene con la perforación de ductos.

El Simpatizante de Nguyen

Rubén Aguilar Valenzuela

 

Con El Simpatizante (Editorial Seix Barral, Barcelona, 2024), Viet Thanh Nguyen, debuta como novelista en 2015, y en 2016 con esta obra gana el Premio Pulitzer de Ficción.

 

La novela se divide en tres partes principales: la caída de Saigón en 1975, el exilio en Estados Unidos, y un viaje a Camboya. Cada sección revela diferentes capas de la psicología del protagonista y su lucha por mantener su identidad fragmentada mientras navega entre dos mundos, dos lealtades y dos patrias.

 

Se narra en primera persona, y el narrador, que no tiene nombre, es un agente doble: un militar que trabaja para el gobierno de Vietnam del Sur, y como espía del Vietnam del Norte. Esta dualidad define toda su existencia y crea una tensión narrativa que se mantiene a lo largo de toda la novela.

 

La novela inicia en 1975, en los últimos días de Saigón antes de la caída en manos de las fuerzas del Vietnam del Norte. El narrador trabaja como asistente de un general del Ejército de Vietnam del Sur, pero también espía para el Vietnam del Norte, a donde envía constante información.

 

A la caída de Saigón, el general, el narrador, familiares y colaboradores del militar consiguen escapar, en momentos de caos, hacia Estados Unidos, donde intentan reconstruir sus vidas como exiliados vietnamitas, que no saben si algún día podrán regresar a su país de origen.

 

El narrador, que sigue asistiendo al general, al tiempo que consigue trabajos para sobrevivir, sigue informando a su contacto del Vietnam del Norte, a través de un correo localizado en París, Francia. Lo mantiene al tanto de los movimientos y los proyectos del general.

 

Este, desde el exilio, ha constituido una fuerza militar, que se propone ingresar a Vietnam, para iniciar la liberación y sacar a los comunistas del poder. El primer pasó es reunirse en Camboya desde donde se hará la invasión. El narrador se incorpora a ese grupo y sale de Estados Unidos.

 

Ya en Camboya, el narrador, junto con un grupo de compañeros, participa en un operativo para ingresar a Vietnam, ya tierra dentro entran en combate, unos mueren y caen como prisioneros, él es uno de ellos. Los apresan integrantes del Ejército de Vietnam del Norte, y son llevados a una prisión, donde deben vivir un proceso de "reducación". Las condiciones son terribles, y se suceden interminables interrogatorios, a pesar de que les ha dicho que es un agente que trabaja para ellos.  

 

La novela ofrece una narración que se integra con muchas historias y temas, pero dos son los centrales. De un lado está, la identidad. El narrador, hijo de un sacerdote católico que nunca lo reconoció, siempre ha vivido en un mundo dividido. Es hijo de una madre vietnamita, y de un padre francés. Es un mestizo al que no reconocen como plenamente suyo ni los vietnamitas ni los franceses. Es un militar que trabaja para el gobierno de Vietnam del Sur, pero también un espía que lo hace para el Vietnam del Norte. Vive siempre en su doble identidad, a la que no pude renunciar.

 

De otro lado está el tema de la lealtad, que le plantea múltiples preguntas. ¿A quién se la debe? ¿A su país de origen? ¿A sus superiores comunistas? ¿A sus superiores del Ejército? ¿A sus compañeros del exilio? ¿A sí mismo? La novela sugiere que, en tiempos de guerra y conflicto ideológico, la verdadera lealtad es imposible o resulta muy difícil.   

 

Los traumas que provoca la guerra permean toda la narrativa. Los personajes llevan consigo las heridas psicológicas que provocan los años y la brutalidad del conflicto. El narrador es parte de esa realidad traumática desde niño y nunca las ha podido superar, siempre ha vivido bajo su influencia.

 

Nguyen, que nace en Vietnam, pero desde niño con sus padres se va a vivir a Estados Unidos, aborda también el tema del colonialismo de Francia y la intervención del gobierno estadunidense en la guerra entre los dos Vietnam.

 

Su estilo es directo y utiliza un lenguaje claro y accesible, al tiempo que sus contenidos son profundamente perturbadores, y esta combinación crea un efecto contradictorio en el lector, que se enfrenta a un texto de fácil lectura, pero lleno de escenas violentas y trágicas.  

 

Algunos críticos señalan que el mérito mayor de esta novela es que no ofrece respuestas fáciles. El personaje central, el narrador, nunca se redime y condena completamente. Al final de la novela, sigue siendo un enigma: ¿Es una víctima de circunstancias históricas, o es un villano que se compadece de sí mismo? La novela sugiere que la respuesta es ambas cosas, y que esta ambigüedad es más realista que cualquier conclusión moral simplista.

 

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Versión original: La traducción del inglés al español es de Javier Calvo Perales.  



Escritor







Viet Thanh Nguyen nace en 1971 en Saigón, la actual Ho Chi Minh, Vietnam. En 1975, a los cuatro años, antes de la caída de la ciudad, su familia, como miles de otras familias vietnamitas, huyeron del régimen del Vietnam del Norte, que se hace del Vietnam del Sur. Su padre era oficial del ejército, lo que lo hacía particularmente vulnerable a la persecución bajo el nuevo gobierno comunista.

 

En su huida primero van a un campo de refugiados en Malasia, y luego a los Estados Unidos, y aquí se establecen en San José, California. Nguyen crece en una comunidad de exiliados vietnamitas.Esta experiencia de ser un refugiado, de perder su hogar, de vivir entre culturas y de cargar con el trauma generacional de la guerra, se convertiría en el material fundamental para toda su obra literaria.


Nguyen va a la Universidad de California, Berkeley, donde estudia inglés y filosofía. Realiza sus estudios de posgrado en la Universidad de Stanford, donde obtiene el doctorado Literatura Comparada en 2000. Durante sus años de formación, aborda la teoría literaria, la filosofía y los estudios culturales.

 

Al terminar el doctorado se convierte en profesor de literatura en la Universidad del Sur de California (USC). Su investigación académica se enfoca en la literatura vietnamita, la teoría poscolonial, los refugiados, y las representaciones de Vietnam en la cultura popular. Ha publicado numerosos artículos académicos y dos libros de no ficción.

 

Su primer libro académico es Race and Resistance: Literature and Politics in Asian America (2002), que examina cómo la literatura de autores asiático-americanos funciona como resistencia política y cultural. El segundo es Nothing Ever Dies: Vietnam and the Memory of War (2016). En este trabajo argumenta que la memoria de la guerra es fundamentalmente un campo de batalla político, donde diferentes grupos luchan por controlar la narrativa histórica.

 

La novela El Simpatizante de 2015 la lanza al reconocimiento internacional. La novela fue un gran éxito crítico y s ele reconoce por su prosa elegante, su narrativa compleja, y su tratamiento provocativo de temas morales y políticos. En 2016 con esta novela gana el Premio Pulitzer de Ficción, uno de los premios literarios más prestigiosos en Estados Unidos.

 

Después de esta novela ha publicado: The Refugees (2017): Una colección de quince cuentos que exploran las experiencias de refugiados vietnamitas y sus descendientes, examinando temas de identidad, asimilación, trauma y nostalgia; The Committed (2021), secuela de El Simpatizante, que continúa la historia del narrador sin nombre en París, Francia, como refugiado vietnamita tratando de sobrevivir y comprender su lugar en el mundo.

 

Nguyen con su trabajo ha visibilizado la literatura vietnamita-americana, y desafiado las narrativas dominantes sobre la Guerra de Vietnam y sus consecuencias.





El simpatizante

Viet Thanh Nguyen

Editorial Seix Barral

Barcelona, 2024 

pp. 480

Una batalla tras otra


Rubén Aguilar Valenzuela

 

La nueva película de Paul Thomas Anderson, Una batalla tras otra (Estados Unidos, 2025), es inspirada libremente en la novela Vineland, de Thomas Pynchon, y el guion es del propio director.


Se cuenta la historia de Bob Ferguson (Leonardo DiCaprio), un revolucionario que vive consumido por la paranoia y por el desgaste de una lucha que, con los años, parece haber quedado convertida en ruina, derrota y memoria.


La trama inicia cuando el viejo enemigo de Bob, el coronel Steven J. Lockjaw (Sean Penn), reaparece después de dieciséis años. La amenaza no es solo política, sino íntima: lo que está en juego es la seguridad de Willa (Chase Infiniti), la hija adolescente de Bob.


Inicia, entonces, una carrera desesperada para rescatar a la joven, pero también donde el protagonista se enfrente con aquello de lo que ha huido durante años: su pasado revolucionario, su fracaso como militante, la desaparición de Perfidia (Teyana Taylor), la mujer que amó, y la imposibilidad de separar la historia política de la vida privada.


En la película, que se estructura a partir de una trama compleja que implica muchas historias, hay secuencias de acción filmadas con gran precisión, momentos de comedia con diálogos cargados de ironía, y de pronto, casi sin transición, escenas de una tristeza profunda, marcadas por personajes que alguna vez creyeron que podían cambiar el mundo.


La historia que se narra ofrece una reflexión profunda y pertinente sobre la Revolución, el costo humano de las convicciones, de la pareja, de la paternidad, de la solidaridad, y también del racismo y el odio.


La película está construida como una experiencia de sobresaltos, desplazamientos y choques, en la que la inestabilidad formal refleja el estado de un país fracturado y el desconcierto interior de sus criaturas. Es una descarga continua, de fuerzas contradictorias en pugna.


El director, en Bob Ferguson construye un personaje que encarna el agotamiento de una generación que confundió la épica con la permanencia, y que ahora enfrenta las consecuencias de haber dejado heridas abiertas en nombre de una causa.


La dimensión política de Una batalla tras otra es central. Anderson da cuenta de una sociedad marcada por la militarización, la violencia institucional, el racismo y el miedo como forma de gobierno.


Sin necesidad de subrayados panfletarios, la película sugiere una lectura del presente estadounidense: un país donde el autoritarismo puede instalarse en la vida cotidiana y donde la frontera, los centros de detención y la vigilancia se convierten en paisajes normales.





Una batalla tras otra

Producción: Estados Unidos, 2025.

Dirección: Paul Thomas Anderson, inspirada en Vineland de Guion: Paul Thomas Aderson, inspirada en Vineland de Thomas Pynchon.

Fotografía: Michael Bauman.

Música: Jonny Greenwood.

Con: Leonardo DiCaprio, Sean Penn, Benicio del Toro, Regina Hall, Teyana Taylor, Chase Infiniti y Alana Haim.

¿Proteger a las audiencias o censurar?

Rubén Aguilar Valenzuela   

Nadie puede estar en desacuerdo en que se proteja a las audiencias, pero tampoco nadie puede estar de acuerdo que se censure la libertad de expresión, y la propuesta de ley que ha enviado la presidenta Sheinbaum Pardo, con el pretexto de protección a las audiencias, es una clara ley de censura.


La iniciativa propone que los medios hagan público su Código de Ética, y nombren a un defensor de las audiencias, que es algo plausible, y debería ser una realidad, como ocurre en muchos países democráticos, que son los propios medios, a partir de su código, quienes defienden a las audiencias.


En la propuesta de ley enviada por la presidenta al Congreso, una dependencia de su gobierno se haría cargo de defender a las audiencias, y es quien va a decidir de lo que publican los medios qué es verdad o mentira, lo que abiertamente es una práctica de censura, a la que se quiere legalizar con la emisión de una ley.


Esta instancia sería la Comisión Reguladora de Telecomunicaciones (CRT), cuyos integrantes nombró la presidenta, son funcionarios públicos de un gobierno en lo particular, y es parte de la Agencia de Transformación Digital y de Telecomunicaciones (ATDT), que es una dependencia del Ejecutivo Federal.


En su versión actual, esta iniciativa de ley se propone regular la programación y los contenidos de las transmisiones de la radio y televisión. Es una ley que se propone dar a las audiencias solo la información y contenidos que lleven el aval del gobierno, lo que violenta la libertad de expresión de los medios y los comunicadores.


Esto lo convierte un claro instrumento de censura, la comisión, que como parte del gobierno tiene intereses muy claros, es juez y parte, y cualquiera de sus decisiones será un claro ejercicio de censura. Así, esta instancia se convierte en el Ministerio de la Verdad, de un régimen autoritario, con rasgos dictatoriales, que claramente violenta el derecho a la libertad de expresión.


Si la mayoría del Congreso, en poder de Morena, pasa tal como está la propuesta de ley enviada por la presidenta, la CRT se convertiría en la policía, que garantiza, a partir de criterios del mismo gobierno, no de la sociedad y de ciudadanos libres, qué es verdad y qué es mentira, como ocurre en las dictaduras.


Un dato que no es menor es que quien dirige la ATDT es José Merino Peña, conocido como Pepe Merino, que es uno de los funcionarios del gobierno más leales y cercanos a la presidenta, un personaje opaco, que se ha negado, con el aval presidencial, al presentarse ante el Senado y la Cámara de Diputados para rendir cuentas.


En la redacción de la actual ley, que esperamos no pase por el bien de la democracia, de la libertad de expresión y del país, la censura estaría en manos de la propia presidenta, y su operador, muy cercano a ella, sería Merino, quien es el titular de la ATDT, de la que depende la CIRT, que sería el instrumento operativo y visible para ejercer la censura.    

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