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El plebiscito a la Cuarta Transformación

Foto_artículo_081023.jpgEl presidente Andrés Manuel López Obrador se ha propuesto convertir las elecciones presidenciales del 2024 en un plebiscito. Su objetivo: obtener un apoyo masivo del pueblo a la causa de la llamada Cuarta Transformación.

El movimiento ahora es encabezado por Claudia Sheinbaum Pardo como nueva Coordinadora Nacional de la Defensa de la Transformación y segura candidata del partido Morena y sus aliados a la presidencia de la República.

En su respaldo, López Obrador ha señalado: “Estoy muy contento porque hay relevo generacional. Conozco a Claudia muy bien y estoy muy tranquilo porque sé que va a haber continuidad con cambio, es una garantía para que se le dé continuidad a la transformación”. “Es una mujer honesta, con principios, con ideales, muy preparada, mucho muy preparada, y con experiencia porque ha ocupado cargos importantes y fue jefa de Gobierno en la Ciudad de México, pero sobre todo es una mujer con convicciones, con principios, honesta. Entonces, puedo estar tranquilo”.

Por supuesto que el presidente será una figura central en el proceso de persuasión con el propósito de influir en los electores al momento de emitir su voto.

Para ello el presidente Andrés Manuel López Obrador continuará con su modelo de comunicación encabezado por él en una exposición diaria. Con el objetivo de, a través de su conferencia mañanera, determinar la agenda pública, fijar los temas de conversación en medios y redes sociales para construir un relato cotidiano de la Cuarta Transformación.

Con la bandera de “Primero los pobres”, seguirá haciendo énfasis en sus programas de política social, como el gran eje de su proyecto y contrastándolo siempre con el llamado proyecto neoliberal.

Un ejemplo de ello es lo externado  por el mandatario en su conferencia de prensa del pasado 5 de octubre.

Ahí López Obrador señaló: “Yo creo que avanzamos bastante en los hechos, porque no todo tiene que ver con las leyes. Si el problema fuese en las leyes, pues no habría problemas, porque no hay ninguna ley que diga que se permite robar, no hay ninguna ley que diga que se permite discriminar o actuar con racismo, con clasismo. No, las leyes a como están podrían servir para hacer justicia, si existe la voluntad de hacerlo.”

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La sociedad también tiene un deber político: analizar y votar

Ahora que, aunque no oficialmente, ya iniciaron las campañas políticas con rumbo a la elección presidencial del 2024, vale la pena recordar que una campaña electoral es un proceso de persuasión intenso en el que a través de temas y mensajes cada partido político intenta demostrar que no solo cuenta con el mejor candidato o candidata, sino con el mejor proyecto de gobierno.

Para Dominique Walton la comunicación política “es el espacio en que se intercambian los discursos contradictorios de los tres actores que tienen legitimidad para expresarse públicamente sobre política: los políticos, los periodistas y la opinión pública a través de sondeos.” (Walton, La comunicación política: construcción de un modelo 1995)

Lo que significa que todos los ciudadanos gozamos del derecho de analizar, opinar y expresar nuestros puntos de vista y posturas ante el acontecer de la vida colectiva.

Ante la avalancha de información y mensajes de los que seremos víctimas estos meses y con el afán de que estemos en una mejor disponibilidad de revisarlos y analizarlos, deseo en esta ocasión compartir algo de las enseñanzas que me dejó mi tutor académico Daniel Acosta Esparza.

El maestro me enseñó que la administración pública se define fundamentalmente por su carácter práctico; esto es, el conocer es hacer, o expresado en otros términos: el axioma del administrador público se sintetiza en la ecuación "objetivos = resultados", lo que implica:

1) La vinculación inseparable del conocimiento científico y posición política.
2) La necesidad de que lo científico fundamente lo político.
3) El proyecto político de democratizar la administración pública a la par democratizar el sistema político, de tal forma que, la democracia política se convierta en un medio para lograr la igualdad o democracia económica.

Este proyecto político de la administración pública es imposible si no se fundamenta en el conocimiento científico de la realidad social, a través de una crítica sistemática de la racionalidad política, de tal forma que el administrador no degenere en el desempeño de simple “mandarín” de las clases dominantes, sino que se convierta en un agente activo que, con el quehacer de su oficio, abra los espacios políticos a la democratización de los procesos públicos.

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El Estado y el Monopolio de la Violencia Física Legítima 

Ante la crisis de violencia, ocasionada por cárteles del narco, que se vive en frontera sur de Chiapas y la incursión del Cártel de Sinaloa en Chamic, kilómetros antes de Frontera Comalapa, el periodista chiapaneco Isaín Mandujano reflexionó: “Algunos periodistas hemos valorado o no informar de esta y otras acciones porque nuestra seguridad está en riesgo: ¿O estamos informando de lo que pasa o estamos prestándonos o siendo propagandistas del crimen organizado?”.

Para el periodista Julio Hernández, “Resulta estremecedor ver el desfile de vehículos y personal armado del crimen organizado. ¿Quién puede hablar de Estado de Derecho o gobernabilidad?”

“Resulta estremecedora la recepción que pobladores dan a esos criminales, entendidos como "salvadores". ¿Quién puede decirse gobernador, Rutilio Escandón? ¿Cuál excusa puede argüirse desde el gobierno federal, si a este y al estatal se les ha informado constantemente de lo que ha ido sucediendo?”

“Resultan estremecedores el abandono de las responsabilidades institucionales, la opción preferencial de los gobernantes por la politiquería, la cesión de la percepción social del "poder" a uno u otro de los bandos que "sí pueden garantizar orden, justicia" así sea mediante la barbarie.”

“Resulta estremecedor que los periodistas estén en riesgo grave por informar de lo que sucede y, al mismo tiempo, se pregunten si al informar hacen propaganda a esas acciones criminales.” (twitter.com)

En este escenario, si queremos entender la gravedad de los hechos, es imprescindible repasar lo dicho por el sociólogo alemán Max Weber respecto a la política, el Estado y el monopolio de la violencia legítima. Para él, la política es “la dirección o la influencia sobre la dirección de una asociación política”, es decir, en nuestro tiempo, de una comunidad humana que, dentro de un determinado territorio, reclama, con éxito, para sí el monopolio de la violencia física legítima. Este Estado como todas las asociaciones políticas es una relación de dominación de hombres sobre hombres, que se sostiene por medio de dicha violencia legítima. Para subsistir, es necesario que los dominados acaten la autoridad que pretende tener el dominante. (Weber, Max. El político y el Científico)

Existen tres tipos de justificación que fundamentan la legitimidad de dicha dominación. En primer lugar, la legitimidad de la costumbre, válida por la consuetudinaria orientación del hombre hacia el respeto. Esta es la legitimidad “tradicional”, ejercida por los patriarcas. En segundo término, la autoridad de la gracia personal que entraña la entrega y la confianza personal en la capacidad, el heroísmo, u otras cualidades. Esta es la autoridad “carismática” que tuvieron los profetas, jefes guerreros o jefes de partidos políticos. Por último, tenemos una legitimidad basada en la “legalidad”, aceptación de la validez de los preceptos legales, basada en la racionalidad y en la obediencia a las obligaciones legalmente establecidas; tal es el caso del actual servidor de Estado.

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