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El movimiento Kolombia

Rubén Aguilar Valenzuela 
Ya no estoy aquí (México, 2019) es el segundo largometraje de Fernando Frías, que también es el guionista. Es una reconstrucción y al mismo tiempo un homenaje al movimiento underground Kolombia, que entre 2000 y 2013 surge en los barrios populares de Monterrey, Nuevo León.

Esta subcultura, en la ciudad industrial más importante del país, se caracteriza por una música que mezcla el hip hop y la cumbia colombiana rebajada (menor velocidad) y también por una peculiar manera de peinarse y de vestir. Utilizan estilizados y complicados peinados con mucho gel y pantalones anchos, camisas a cuadros y motivos religiosos del catolicismo.

Estos "punks tropicalizados" o "cholombianos", como algunos los nombran, en ese momento irrumpen con un estilo propio y original en una cultura popular dominada por los grupos de música norteña y una ciudad conservadora. Rompen con los patrones culturales existentes.

Los barrios marginales de Monterrey están integrados por hijos o nietos de migrantes que vienen de los estados del sur en busca de una mejor condición de vida. Dejan el campo y los pueblos pequeños, para vivir en la gran urbe. Estos adolescentes son la base que integra los diferentes grupos que dan origen al fenómeno cultural Kolombia.

Al interior de los barrios estos grupos organizan bailes, fiestas y también disputan el control territorial, que ocasiona peleas entre ellos. La sociedad regiomontana rechaza y margina a este movimiento contracultural y a sus integrantes. El narco en su estrategia de expansión se introduce a estos barrios.

El movimiento empieza a desvanecerse en 2013 tras el asesinato de los integrantes de la banda Kombo Kolombia a manos del crimen organizado. Es importante el trabajo de rescate de este movimiento a partir de las imágenes de la diseñadora de modas y fotógrafa inglesa Amanda Watkins. En 2014 publica el libro Cholombianos.

En la película Ulises (Juan Daniel García Treviño) tiene 17 años y es cabeza de la pandilla Los Terkos. Los integrantes del grupo, compuesto por hombres y mujeres, se dedican a platicar, oír y bailar la música que los identifica y hace su vida menos trágica en un barrio pobre y marginal. La pertenencia a la banda da identidad y sentido de cuerpo. No se es anónimo, se pertenece a un colectivo.

El narco amenaza al líder de la banda de muerte y tiene que irse de la ciudad. Ulises inicia su odisea. Cruza la frontera como ilegal y llega hasta Nueva York. No habla nada de inglés. En Jackson Heights intenta ganarse la vida. Ahí conoce a una adolescente de origen coreano que lo trata de ayudar. Intenta ganarse la vida bailando en las estaciones del metro, pero no tiene éxito. No se siente bien en ese mundo y no quiere integrase a él.

Ninguno de los actores tenía una experiencia previa. Juan Daniel García Treviño, quien representa a Ulises, es un joven del mismo barrio en donde se desarrolla la cinta, que acude al casting y llama la atención del director, que lo selecciona.

De la película el director dice: "Había conocido la contracultura (Kolombia) por diferentes aspectos. Sobre todo, entramos por el mundo de la cumbia rebajada y que había detrás de ella, y la historia, el tema de las pandillas y la desigualdad social, la falta de oportunidades (...) y cuando la empecé a investigar vi como esta contracultura desaparecía por la violencia que se vivía en Monterrey".

Y ante el malestar que la cinta provocó en ciertos sectores de la sociedad regiomontana que decían esta no representaba a la ciudad, el director afirma: "Yo nunca asumí la tarea ni le dije a nadie que yo iba a representar a Monterrey (...) Esta es una historia de un chico, una historia humana (...) Justamente va de prejuicios, lo que importa (entonces) son las emociones, la empatía que se pueda tener con el otro, con alguien que es diferente, y me parece alarmante que se estén diciendo estas cosas".

La cinta ganó el premio a la mejor película en el Festival Internacional de Cine de Morelia en 2019.

Ya no estoy aquí
Título original: Ya no estoy aquí
Producción: México, 2019

Dirección: Fernando Frías de la Parra
Guion: Fernando Frías de la Parra
Fotografía: Damián García
Música: Música colombiana (cumbias y ballenatos)
Actuación: Juan Daniel García Treviño, Coral Puente, Angelina Chen, Jonathan Espinoza, Leo Zapata, Leonardo Garza

¿Qué debe hacer la sociedad civil?

Rubén Aguilar Valenzuela 
Las Organizaciones de la Sociedad Civil (OSC) están desconcertadas y no saben qué hacer ante los ataques y descalificaciones constantes del presidente. Ahora se asume en condición "resistencia".

Es un momento que exige, más que en ninguna otra época, actuar con inteligencia, mente fría y no confrontarse con el gobierno, pero cada vez que sea necesario sí tomar posición en defensa del sector y las organizaciones que lo integran.

Las OSC, las amenazas del actual gobierno, en particular del presidente, debe convertirlas en áreas de oportunidad, para fortalecerse y crecer. La nueva situación exige repensar el papel de las OSC como un actor del desarrollo económico y social.

La agresión de parte del gobierno abre un espacio privilegiado, para dialogar y construir alianzas con otras organizaciones, universidades, empresas y medios de comunicación a nivel nacional e internacional.

Es un buen tiempo para escuchar a los ciudadanos dispuestos a participar, para hacer frente a los problemas que vive el país y solidarizarse con los sectores de la población más necesitados.

Se requiere, ahora más que nunca, visibilizar al sector de las OSC. Para eso hay que difundir con fuerza, en el marco de una estrategia, lo que éste hace y aporta al desarrollo del país. Y también dar a conocer los niveles de transparencia y rendición de cuentas con los que se manejan las OSC.

La sociedad civil en su conjunto y en particular las OSC deben actuar, en las áreas de su especialización, como contrapesos reales a la acción del gobierno. Sin entrar a la disputa política de poder. Es la lucha por las causas sociales en las que trabaja la sociedad civil organizada.

Los tiempos demandan que el sector de las OSC se pronuncie decididamente en coyunturas relevantes, para dar a conocer su posición frente a lo que ocurre en el país. De manera particular en lo que concierne a la defensa del trabajo que realizan las organizaciones.

La actitud del actual gobierno, sin ignorar las dificultades, abre espacios, para crear nuevas organizaciones que se hacen cargo de causas que ahora surgen o para desarrollar áreas de trabajo que las autoridades minimizan o desprecian.

Eso, a su vez, genera la posibilidad de incorporar al trabajo a ciudadanos, sobre todo jóvenes, que quieren participar en la construcción de lo público más allá de lo que hace el gobierno.

El sector de las OSC, y cada una en lo particular, debe asumir que el presidente no va a cambiar y que su gobierno no abrirá espacios de diálogo y acción concertada con las OSC apartidistas, autónomas e independientes. Eso son los nuevos tiempos y en ellos hay que actuar.

Museo de Arte Contemporáneo de Panama

Rubén Aguilar

Ciudad de Panamá, Panamá 

 

Historia

En 1962 se funda el Instituto Panameño de Arte (Panarte) como institución sin fines de lucro dedicada a promover la cultura y el arte panameño.

Inicia sin contar con instalaciones propias y organiza un gran número de exposiciones de artistas panameños y latinoamericanos. Ellos donan una obra en cada exposición. De esta forma se crea la colección.

En 1983 Panarten logra hacerse de un edificio que había sido un templo masónico en la que fue la zona del canal de Panamé en control de Estados Unidos. La organización cambia de nombre y a partir de ese entonces funciona el Museo de Arte Contemporáneo.

Colección

Se integra de 689 obras del siglo XX de artistas panameños, latinoamericanos y de otras partes del mundo. En el acervo hay pinturas,  esculturas, obra gráfica, fotografía, videos e instalaciones. 

 

Comentario

El museo constanemente tiene exposiciones temporales que ocupan todas las salas. Me tocá ver una extrordinaria:  DulemarUna mirada contemporánea a la cultura gunadule a través del diálogo entre aproximaciones artísticas muy distintas. Obras de artistas gunas, que errónemente se les llama cunas. Debería haber una sala con obras de la colección permamente y que estas rotaran.     

La peor semana del presidente

Rubén Aguilar Valenzuela

La popularidad del presidente va a la baja y en la semana del 21 al 26 de junio obtiene los peores números en la que va de su sexenio, según el tracking diario de Consulta Mitofsky.

Las causas son la reacción ciudadana al manejo que el presidente y su gobierno han hecho de la pandemia que va al alza en el número de los casos positivos, más de 220,000, y de las muertes que ya son más de 27,000.

Y la presente crisis económica que se traduce en millones de desempleados, en millones de familias que no están recibiendo ingresos y en el aumento dramático de los niveles de pobreza. A esto se añade que crece la violencia, que se agudiza en algunas zonas del país.

En la baja de la valoración positiva del presidente también están los actos de corrupción de altos funcionarios del gobierno y de Morena y conflictos al interior de ese partido que se han hecho públicos.

Para la encuestadora no se ven signos claros de que el presidente se pueda recuperar en el corto plazo y más bien la crisis económica, que se va a agravar, lo puede afectar todavía más. En los siguientes días también puede golpear la imagen del mandatario su visita al presidente Donald Trump.

Hace un mes el presidente tenía 51.3 % de acuerdo a su gestión y el 47.9 % de desacuerdo. Todavía la opinión positiva era mayor que la negativa.

A mediados de junio los términos se invierten y el desacuerdo es del 50.5 % contra un acuerdo de 48.7 %. A partir de entonces la caída se ha mantenido, aunque de manera lenta.

Para el domingo 21 de junio el desacuerdo era del 52.8 % y el acuerdo de 46.8 % y el lunes 22 de junio el desacuerdo sube al 53.1 % y el acuerdo cae al 46.6 %.

El martes 23 de junio la caída es más pronunciada y el desacuerdo es del 53.8 % y el acuerdo del 46.0 %, el número de aprobación más bajo del sexenio. El miércoles 24 de junio el descuerdo es del 53.5 % y al acuerdo del 46.1 %.

Los números se mantienen y el jueves 25 de junio el desacuerdo es del 53.8 % y el acuerdo del 46.0 %. El viernes 26 de junio el descuerdo es del 53.4 % y el acuerdo del 46.2 %.

En estos seis días los niveles de desacuerdo se mantienen entre el 53.8 % y el 53.1% y el acuerdo entre el 46.6 % y el 46.0 %. Ya son tres semanas donde el desacuerdo es mayor que el acuerdo. Todo indica que la caída seguirá de manera lenta, pero sostenida.

Gorky y su crítica al totalitarismo soviético

Rubén Aguilar Valenzuela
En 1925 Máximo Gorky (1868-1936) escribe La casa de los Artamonof, durante su exilio en Italia, que en la edición que leí se titula El crimen de los Artamonof (Editorial Mundo Nuevo, 1937).

Cristóbal de Castro en la Introducción dice: "El Soviet, como antes el zarismo, impónese por el Terror. Despoja, encarcela, fusila. Su obra no solo es violencia y venganza, sino corrupción y mentira. ¿Puede autorizar Gorky tanta y tanta monstruosidad?".

El escritor no calla y entra en contradicción con Lenin (1870-1924). Viene la ruptura y los servicios de seguridad de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS) van a encarcelar a Gorky, pero logra escapar y huir a Italia en 1921.

Para el escritor, que en un principio había sido simpatizante de la revolución bolchevique, lo que vivía en su país "lejos de ser la redención, era una nueva, una ruinosa esclavitud", afirma de Castro.

Y sostiene que el novelista pensaba de la Revolución de Octubre que "al zarismo aristocrático había sucedido el cesarismo demagógico".

En el exilio escribe La casas de los Artamonof como una crítica al régimen de los soviets. El argumento central es que no hay diferencia entre el pasado y el presente.

Gorky, para protestar contra el régimen recurre a narrar la vida rusa a través de la historia de tres generaciones de una familia, la de los Artamonof.

En la primera generación, el padre y sus tres hijos son siervos de un príncipe de la nobleza. Con la abolición de la esclavitud en Rusia quedan en libertad.

Ilia y sus hijos - Pedro, Nikita y Alejo - se instalan en Dremof un pequeño pueblo donde establecen una incipiente industria textil, para producir telas de lino.

Al principio no son queridos en el pueblo, pero consolidan su industria y se convierten en la familia rica del lugar. Generan trabajo, para la población.

El padre muere joven, y Pedro, el hijo mayor, se hace cargo de la industria y la familia. Es la segunda generación. La fábrica se amplía y dan trabajo a más gente. Crece también su riqueza.

La tercera generación son los hijos de Pedro. Los dos hombres han salido del pueblo a estudiar. Illa, el mayor, que se llama como su abuelo, se niega a dirigir la fábrica. Fuera de casa se ha radicalizado.

Las tres generaciones, que representan a Rusia, se dañan entre sí, pero también explotan y se aprovechan de los demás, para su propio bien.

Para Gorky no hay diferencias de fondo entre la generación del zarismo esclavista, la generación del capitalismo industrial y la generación revolucionaria y tiránica.

En la novela, que es la última que escribe Gorky, hay una descripción de la Rusia profunda con sus hombres y mujeres, con sus costumbres y tradiciones. El papel de la religión y los sacerdotes.

Hay una descripción precisa de la vida cotidiana y la relación que se establece entre hombres y mujeres, entre esposo y esposa, entre padres e hijos, entre patrones y empleados.

El gran novelista, el crítico de la Revolución, pacta con Stalin (1878-1953) y en 1932, ya muerto Lenin, regresa a la URSS, que lo recibe con todos los honores. En 1936, después de cuatro años de haber vuelto, el régimen ordena su asesinato.

El crimen de los Artamonof
Máximo Gorki
Editorial Mundo Nuevo
Santiago de Chile, 1937
pp. 191

Versión original: Traducción del ruso al español de Cristóbal de Castro. La primera edición al español es de 1937.

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