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¿En qué creer?

Rubén Aguilar Valenzuela

Algo en que creer (Dinamarca, 2017) es una serie de cinco temporadas y 20 horas producida por la televisión pública danesa. El título original Herrens Veje en español se traduce como Los caminos del Señor.

La serie ha sido creada por Adam Price (52) conocido en su país porque suele aparecer en programas de cocina. Es chef y tiene un restaurante famoso en el centro de Copenhague.

Es también creador y guionista de la serie Borgen que en 2010 resultó un éxito internacional. Trata sobre una Primera Ministra de Dinamarca, cosa que un año después ocurrió en la realidad, cuando la socialdemócrata Helle Thorning-Schmidt es elegida para ese cargo.

Price dice que "después de hablar de política, me pregunté ¿qué tema está aún más profundamente arraigado en nosotros? La respuesta es la religión, por supuesto. Hace veinte años pensamos que la religión perdería terreno, pero eso no es lo que está sucediendo en lo absoluto".

Y añade "quería crear una discusión abierta sobre la fe y la religión. No soy una persona religiosa, pero tengo mucha curiosidad al respecto. Todavía representa a una gran mayoría de los habitantes de nuestro planeta".

La historia se sitúa en la Dinamarca actual y se centra en una familia encabezada por Johannes Krogh (Lars Mikkelsen) un pastor de la Iglesia Nacional Danesa, una versión del luteranismo.

"Mi personaje principal es un patriarca, y somos testigos de su caída. Pierde todo lo que le hace ser quien es poco a poco", dice Price.

En Krogh todos reconocen su fe sólida, su carisma, su capacidad oratoria y formación intelectual, pero también su soberbia, autoritarismo, escasa paciencia y empatía con los más cercanos.

La serie inicia cuando el pastor pierde la consulta, para ser elegido como obispo de Copenhague. En la recta final expresa posiciones inadmisibles con relación al Islam, que lo hacen inelegible.

La derrota frente a una mujer, que ahora será la obispa, desata una serie de problemas en su vida interior, que en buena medida hacen que pierda el control sobre la misma.

Krogh regresa al alcohol e inicia una relación fuera del matrimonio de la cual se entera su compañera Elisabeth, que a su vez comienza una relación de pareja con otra mujer.

El pastor tiene una tensa relación con su hijo mayor Christian (Simon Sears), que no quiso seguir la tradición familiar de hacerse pastor lo que sí hace su hermano menor August (Morten Hee Andersen) que pasa a ser el favorito de su padre.

August es el "pastor de moda", que se ve ante la disyuntiva de encargarse de la parroquia más importante de la capital o como capellán del Ejército acompañar a las tropas a Medio Oriente. Esta decisión cambia su vida.

Mientras que Christian, la oveja negra de la familia, plagia la tesis que presenta en la Universidad y es descubierto. Eso lo introduce en una serie de problemas de carácter personal que lo llevan al Extremo Oriente donde se encuentra con el budismo.

Es una serie realmente extraordinaria con un guion profundo e inteligente. Hay un desarrollo desencarnado del conflicto humano de cada uno de los personajes en un tono que nunca cae en el melodrama. Está el tema de la fe, de la ética personal y social, de los valores de la cultura danesa, de la aceptación y la integración de los migrantes islámicos en esa realidad.

En las historias de los personajes, los centrales y los que los acompañan, participamos de sus dudas, de sus angustias, de sus miedos, pero también de sus alegrías y de su felicidad. El dramatismo y la crudeza con los que están expuestos los problemas y los debates internos de los personajes sobrecogen.

La serie es extraordinaria y sin lugar a dudas una de las mejores que he visto. Se apuesta a la profundidad y a la sobriedad en el guion y en la realización de cada uno de los capítulos. La calidad se mantiene a lo largo del desarrollo de los 20 episodios que tiene la serie. Las actuaciones son notables.

El actor que encarna al pastor y cabeza de familia, Lars Mikkelsen, que nace en Dinamarca y es creado en un hogar de padres ateos, decidió bautizarse, a los 54 años, dentro de la Iglesia Nacional Danesa mientras filmaba la segunda temporada.

Algo en que creer
Título original: Herrens Veje
Producción: Dinamarca, 2017

Dirección: Adam Price (creador), Kaspar Munk, Søren Balle, May el-Toukhy y Louis Friedberg.
Guion: Poul Berg, Karina Dam y Adam Price
Fotografía: David Katznelson, Aske Foss, Martin Munch, Jasper Spanning y Linda Wassberg
Música: Kritian Leth y Fridolin T.S. Nordoso
Con: Lars Mikkelsen, Morten Hee Andersen, Simon Sears, Ann Eleonora Jørgensen, Fanny Louise Bernth, Joen Højerslev, Johanne Dal-Lewkovitch, Camilla Lau, Laura Bro, Solbjorg Hojfeldt, Yngvild Støen Grotmol, Mathias Flint, Amira Helene Larsen, Patricia Schumann, Joachim Fjelstrup, Stig Hoffmeyer, Lars Ranthe, Hans Henrik Clemensen, Sara Viktoria Bjerregaard Christensen, Sia Puri, Vibeke Hastrup, Bertil De Lorenzi, Victor Skov Dahl Christiansen, Marie Tourell Søderberg, Niels Ellegaard, Zapp Jørgensen, Amir El-Masry, Manish Gandhi, William Halken, Paw Henriksen, Jens H. Holbech y Michael Karim.

¿Fin del storytelling?

Rubén Aguilar Valenzuela

El ensayista francés Christian Salomon (1951) plantea en La era del enfrentamiento (Península, 2019) que el debate agresivo y los fenómenos virales en redes sociales han sustituido la noción del storytelling (contar una historia).

"La inflación de historias arruinó la confianza en el relato y los narradores. Hoy vivimos rodeados de narradores no fiables", que sufren un descrédito generalizado afirma el ensayista en entrevista con Álex Vicente (El País, 11.11.19)

Esto ha provocado que ahora, para estar presente en los medios se exige la provocación y la transgresión. El debate político se ha "carnavalizado". Entre más agresivo más presencia mediática.

Para Salomon, el discurso de la campaña de Trump de 2016, que no tenía ninguna estructura narrativa, pero que le funcionó muy bien, abre una nueva etapa en la comunicación gubernamental.

"Los acontecimientos ya no se ordenan por secuencias o entregas. Se estructuran por la imprevisiblidad y lo chocante que resultan", asegura el francés.

El abuso del storytelling ha provocado una sobredosis en las audiencias. A esto se añade masas excesivamente crédulas, que saben "un mensaje es falso y, aun así, se concede el placer de creer en él. Fue una suspensión voluntaria de la incredulidad", dice el ensayista.

Vicent, siguiendo a Salomon, plantea que el storytelling "llevó la política al terreno de la teatralización, el entretenimiento y la irracionalidad de los afectos. Una vez ahí resultó imposible volver a cruzar la frontera en el sentido opuesto".

Que la conversación pública se haya trasladado a las redes sociales plantea nuevos tiempos. "En la década pasada, el ciclo informativo de 24 horas fue sustituido por el de 24 minutos. Ahora ya estamos en los 24 segundos. Ese acortamiento de los tiempos favorece el enfrentamiento", sostiene Salomon.

Confía que la aceleración extrema del modelo y el auge de los algoritmos se haga insostenible y eso va a provocar, primero un alto, y luego dar marcha atrás. El cambio que viene no pasa por la regulación del Estado.

Lo que se necesita es llegar al punto que "nos demos cuenta que resulta imposible comunicarnos". En su visión un primer indicador del proceso de involución es cuando se pasó de 140 a 240 caracteres en los tuits.

Vincent plantea una pregunta: "¿Tocará fondo esta tendencia en un mundo en el que, como señala el ensayista, expresarse ya se ha convertido en sinónimo de enfrentarse a los demás?".

El presidente López Obrador es un caso más, no el único, de los políticos que como Trump articulan su comunicación a partir de la provocación y la agresión.

En el caso de México la pregunta es si el presidente se mantendrá así todo el sexenio, a pesar de los costos que ya empieza a pagar, o tomará el camino de una comunicación racional ajena a la violencia y la confrontación. Ya lo veremos.

Primer año de gobierno

Rubén Aguilar Valenzuela
El primer año de gobierno del presidente López Obrador tiene muchas posibles lecturas, una de ellas es la aprobación o desaprobación de su gestión en temas que resultan fundamentales para los ciudadanos.

En los 14 rubros contemplados por la encuesta de El Universal (15.11.19), para medir el desempeño del presidente, hay una caída en la aprobación y un crecimiento en la desaprobación en el primer año de su gobierno.

Los temas con la mayor caída están relacionados con la seguridad. En marzo de 2019, el 53.0 % aprobaba el combate a la delincuencia y en noviembre el 31.1 %. La caída es de 22 puntos. Los términos se han invertido y ahora el 53.9 % la rechaza y solo el 31.1 % la aprueba.

Lo mismo pasa con el tema del combate al narcotráfico y el crimen organizado. En marzo de 2019, el 52.2 % la aprobaba y en noviembre el 32.0%. La caída es 20 puntos. Los términos se han invertido y ahora el 53.2 % la rechaza y solo el 32.0 % la aprueba.

Los dos temas emblemáticos de la gestión del presidente, a los que dedica la mayor parte de sus discursos, que son el combate a la corrupción y el combate a la pobreza, tienen también una caída significativa.

En marzo de 2019 aprobaba el combate a la corrupción 65.8 % y en noviembre solo el 45.66 %. La caída es de 20 puntos. Y en marzo de 2019 el combate a la pobreza la aprobaba el 64.7 % y en noviembre el 52.1 %. La caída es de 12.6 puntos.

Un tema particularmente sensible para la ciudadanía es el acceso a la salud que también tiene una caída importante. En marzo de 2019 lo aprobaba el 62.5 % y en noviembre el 53.0 %. La caída es de 9.5 puntos.

En marzo de 2019, el 50.0 % aprobaba la política económica y en noviembre el 42.2 %. Una caída de 7.8 puntos. Y la política para combatir el desempleo en marzo de 2019 la aprobaba el 56.0 % y en noviembre 46.7 %. Una caída de 9.3 puntos.

El campo es un tema social y económico. En marzo de 2019 aprobaba la política del presidente para resolver el problema del campo el 58.3 % y en noviembre el 43.3 %. Una caída de 15 puntos.

La ciudadanía tampoco está de acuerdo con la manera como se maneja la relación con Estados Unidos. En marzo de 2019 la aprobaba el 46.7 % y en noviembre 36.0 %. La caída es de 10.7 puntos.

Relacionada con el tema anterior está el de la migración. En marzo de 2019 aprobaba la política del gobierno en esta materia el 39.7 % y en 2019 el 32.4 %. La caída es de 7.3 puntos.

El presidente no termina bien evaluado su primer año de gestión en los temas que hacen relación a la acción de gobierno. A nivel personal su valoración también cae, pero se conserva en torno al 60 por ciento.

Twitter: @RubenAguilar

Desaprobación de la gestión presidencial

Rubén Aguilar Valenzuela

 
El próximo 1 de diciembre se cumple el primer año de la gestión del presidente López Obrador. De acuerdo a la ciudadanía el desempeño del presidente no ha sido bueno en relación a los temas que tienen que ver con su vida de todos los días.

Una encuesta de El Universal (15.11.19) en torno a 14 temas de gobierno, no de la valoración personal del presidente, muestra que en todos los casos aumenta el nivel de desaprobación del inicio del gobierno al día de hoy.

En marzo de 2019 la desaprobación en el combate a la delincuencia era del 31.0 % y en noviembre de 53.9 %. El aumento es de 22.9 puntos.

Y en el caso del combate al narcotráfico y el crimen organizado en marzo de 2019, la desaprobación era de 29.2 % y en noviembre de 53.2 %. El aumento es de 24 puntos.

La desaprobación crece también en los temas emblemáticos de la gestión del presidente como son el combate a la corrupción y la pobreza.

El combate a la corrupción en marzo de 2019 tenía una desaprobación del 20.4 % y en noviembre de 30.2 %. El aumento es de 10.2 puntos.

Y el combate a la pobreza en marzo de 2019 tenía una desaprobación del 20.1 % y en noviembre de 30.2 %. El aumento es de 10.1 puntos.

En el acceso a la salud, la desaprobación en marzo de 2019 era del 18.0 % y en noviembre de 28.3 %. El aumento es de 10.3 puntos.

El manejo de la economía del país tenía en marzo de 2019 una desaprobación de 27 % y en noviembre de 38.1 %. El aumento es de 11.1 puntos.

Y lo mismo sucede con el desempleo, en marzo de 2019 el 21.9 % desaprobaba lo que hacía en esta materia y en noviembre el 31.7 %. El aumento es de 10.2 puntos.

En el manejo de la relación con Estados Unidos en marzo de 2019 la desaprobación era de 29.7 % y en noviembre de 39.5 %. El aumento es de 9.8 puntos.

La política migratoria también recibe rechazo y si en marzo de 2019 la desaprobación era de 38.4 %, en noviembre es de 48.1 %. El aumento es de 9.7 %.

A lo largo del primer año de gestión del presidente López Obrador en todas las acciones de gobierno crecieron los niveles de desaprobación.

30 años de un asesinato

Rubén Aguilar Valenzuela
El 16 de noviembre de 1989, el Ejército de El Salvador asesinó a seis jesuitas y a Elba y Celia Ramos, madre e hija, que trabajaban en su casa. Ya han pasado 30 años. En 1977, doce años antes, escuadrones de la muerte habían asesinado al jesuita Rutilo Grande (48).

Ese día los jesuitas Joaquín López (71), Ignacio Ellacuría (59), Segundo Monte (56), Ramón Moreno (56), Amado López (53) e Ignacio-Martín Baró (47) dormían en su casa en los terrenos de la Universidad Centroamericana (UCA) de San Salvador, donde todos eran profesores.

De sus habitaciones fueron sacados al jardín frente a su vivienda, ahora en ese lugar están sembrados unos rosales que los recuerdan, y ahí los masacraron. También a las mujeres.

En versión del Ejército, el pensamiento de estos jesuitas hacía daño a las Fuerzas Armadas, favorecía la idea de la necesidad de cambios en la estructura social y también a la guerrilla. Por eso debían morir.
 
Los jesuitas de la UCA apoyaban el cambio social en un país profundamente injusto y violento. En la revista Estudios Centroamericanos (ECA), publicada por la universidad, daban a conocer su análisis. Nunca se pronunciaron a favor de la lucha armada.

El Ejército quería callar al pensamiento y toda idea crítica. Pensar era una acción subversiva. El país estaba en guerra. En esos días la guerrilla se había tomado zonas de San Salvador, la capital.

La masacre de los jesuitas fue una venganza a su derrota, a su imposibilidad de doblegar al pensamiento y aniquilar a la guerrilla. Asesinaron a los que no podían defenderse.

Se truncó su vida y con ella su tarea y muchos dejaron de recibir lo que ellos podrían haberles aportado. Los asesinados tenían muchos años por delante en su trabajo educativo y de investigación.

Su manera de entender y vivir el Evangelio, de entender y de vivir la vida religiosa, de entender y de vivir el sacerdocio fue inspiración para muchos. Abrieron caminos a seguir y espacios a explorar.

El padre Jon Sobrino, que también vivía en esa comunidad, ese día estaba fuera del país dando cursos de teología y por eso no fue asesinado. Jon, como le dicen sus amigos, sigue con su intensa producción teológica, que ha tenido impacto en toda la Iglesia.

En viajes a San Salvador, alguna vez me quedé en su casa, conocí a todos, pero no tuve un trato cercano con ellos. Con el que más me relacioné fue con el padre Ellacuría. En teología estudiamos algunos de sus textos. A nivel personal siempre los he tenido presentes.

El Salvador, la América Latina y el mundo de hoy son distintos al que vivieron estos jesuitas asesinados hace 30 años. Pese a todos sus problemas y contradicciones es una realidad mejor, pero todavía muy lejos de lo que debería ser, para que todas las personas vivan una vida digna.

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