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En un barrio de la Ciudad de México

Rubén Aguilar Valenzuela
Chicuarotes (México, 2019) es la segunda película dirigida por Gael García Bernal. El guion es de  Augusto Mendoza. El ​Cagalera (Benny Emmanuel) y El Moloteco (Gabriel Carbajal) son dos jóvenes que como payasos, haciendo rutinas cómicas en los camiones urbanos de la Ciudad de México, pretenden obtener los recursos, para vivir.

No les va bien cuando piden la colaboración voluntaria a los pasajeros y deciden, entonces, asaltarlos. Después empiezan a realizar pequeños robos y recurren también al secuestro, para que El Cagalera se haga de los recursos que necesita, para comprar una plaza en el sindicato de electricistas e irse del pueblo con su novia Sugehili (Leidi Gutiérrez).

Viven en San Gregorio Atlapulco, Xochimilco, donde la pobreza está extendida. El gentilicio de los habitantes del lugar es chicuarotes que viene del nombre de un chile endémico de la zona que es muy duro y muy picante. Dicen que eso caracteriza a sus habitantes.

La película aborda al tema de la pobreza, la violencia y el crimen de forma maniquea, no ofrece matices y la estructura compleja que exige el tratamiento de estas problemáticas presentes en nuestra realidad. El desarrollo es plano y está  lleno de lugares comunes.

Desarrolla al mismo tiempo muchas líneas temáticas - violencia contra las mujeres, corrupción, homosexualidad, secuestros, asesinatos - que no aportan, más bien confunden, a la historia central.

Lo mejor de la película es la actuación de Benny Emmanuel, Pedro Joaquín y Leidi Gutiérrez, los tres trasmiten naturalidad y frescura en sus interpretaciones.

Chicuarotes
Título original: Chicuarotes
Producción: México, 2019
 
Dirección: Gael García Bernal
Guion: Augusto Mendoza
Fotografía: Juan Pablo Ramírez Ibáñez
Música: Leonardo Heiblum y Jacobo Lieberman
Actuación: Benny Emmanuel, Gabriel Carbajal, Leidi Gutiérrez, Dolores Heredia, Enoc Leaño, Daniel Giménez Cacho, Ricardo Abarca, Pedro Joaquín, Esmeralda Ortiz, Silverio Palacios
 

Feminicidios

Rubén Aguilar Valenzuela
En los primeros ocho meses de 2020 hubo 645 feminicidios y en el mismo periodo en 2015 fueron 263, lo que supone un aumento de 145% en los últimos seis años de acuerdo al Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública (SESNSP).

Desde años atrás se incrementa el nivel de los feminicidios y en los dos primeros de este gobierno la tendencia ha seguido para convertirse en los años con el mayor número en la historia reciente del país.

De enero a agosto de 2019 hubo 631, contra 581 en 2018, y 645 en 2020 como ya se dijo. El presidente López Obrador a pesar de la contundencia de los datos niega esta realidad e incluso ha llegado a decir que no existe este problema.

La gran mayoría de las víctimas son mujeres entre los 16 y los 31 años que estudiaban o ya habían concluido sus estudios, algunas la universidad, tenían un trabajo o eran amas de casa.

En el marco de la pandemia ha crecido la violencia contra las mujeres al interior de los hogares y también el feminicidio como lo señalan distintas investigaciones que el gobierno relativiza o niega.

Ante la dimensión del problema a lo largo de 2020, pese al Covid-19, han aumentado las movilizaciones de las mujeres que reclaman a las autoridades el diseño y la aplicación de políticas públicas, para prevenir la violencia de género, los feminicidios y la aplicación de la justicia.

Las y los especialistas plantean que el actual gobierno no ha sido capaz de diseñar y operar una estrategia, para hacer frente al problema. Y sostienen que los feminicidios, las desapariciones y la violencia familiar van en aumento.

Esto por la falta de voluntad política de las autoridades que se traduce, entre otras cosas, en reducción de presupuestos y de personal especializado para hacer frente al problema.

Las y los especialistas ven no solo descuido de las actuales autoridades sino claros retrocesos y deterioro en las acciones destinadas a erradicar la violencia contra las mujeres y las niñas.

En su versión el presidente "banaliza la violencia contra las mujeres, trata de minimizar las situaciones relacionadas con esta agresividad, así como los datos de feminicidio".

Y añaden que es evidente que "la violencia de género no está dentro de las prioridades del gobierno federal y eso es muy preocupante".

No hay nada que señale habrá de darse un cambio en la manera como el gobierno, de manera particular es presidente, enfrentan los muy graves problemas del feminicidio, las desapariciones y la violencia de género.

Ante esta realidad lo que se debe esperar es que el número de los casos aumente en 2021 y los años que le quedan a la actual administración. Se requiere, es urgente, un cambio de la política en esta materia.

Déficit en las finanzas del Vaticano

Rubén Aguilar Valenzuela  
La Santa Sede acaba de publicar un informe con el estado de las cuentas de la curia, que arrojan un déficit de 11 millones de euros en 2019.

En 2019, el Vaticano ingresó 307 millones de euros y gastó 318 millones de euros. El déficit es menor al de 2018 que fue de 78 millones de euros.

El Vaticano genera el 68 % de sus recursos y el otro 32 % lo obtiene de donaciones externas voluntarias y también obligadas.

La fuente principal e ingresos es su patrimonio inmobiliario, 4,400 propiedades evaluadas en 2,700 millones de euros, que aportan el 32 % de sus recursos. El ingreso financiero representa el 21 %.

Del gasto la mayor parte es el rubro de difusión del mensaje con 22 %, el sostenimiento de las nunciaturas apostólicas con 21 % y apoyo a iglesias con dificultades el 16 %.

El Vaticano sostiene que "los fieles tienen derecho a saber cómo usamos los recursos" y es un paso adelante en el proceso de transparencia y rendición de cuentas que impulsa el papa Francisco en el manejo de las finanzas.

En el informe se plantea que la Santa Sede en algunos casos no solo pudo haber sido mal aconsejada sino también estafada. Un funcionario de la curia plantea que "estamos aprendiendo de los errores del pasado o la imprudencia".

Ahora en el Vaticano se muestra un cambio de rumbo en la gestión de las finanzas. Semanas atrás el papa aprobó un nuevo código para las contrataciones externas y también se publicaron las líneas de un proceso de centralización de todas las operaciones.

La centralización busca un mayor control y transparencia en el manejo de los recursos financieros y también poder garantizar que las inversiones se hagan de acuerdo con los principios del pensamiento social de la Iglesia.

En el mandato del papa Francisco se ha avanzado en poner orden a las finanzas del Vaticano, pero a pesar de esos esfuerzos siguen presentes los escándalos.

Semanas atrás el papa destituyó al poderoso cardenal italiano Angelo Becciu acusado de haber favorecido a su familia y participado en una compraventa de un inmueble en Londres que resultó una estafa.

El anterior director de la APSA, la empresa que controla todo el patrimonio inmobiliario del Vaticano, monseñor Nunzio Scarano, fue cesado de su cargo por blanqueo de dinero.

La iglesia tiene todavía mucho por hacer en el camino de poner orden en sus finanzas, en la transparencia y la rendición de cuentas y también en saber elegir a quienes pone como responsables en esa área. (Con información de Daniel Verdu, El País, 02.10.20)

Construir reputación a través de movilizar las emociones

Rubén Aguilar Valenzuela
"El mundo de la apariencia es lo que atrae las voluntades, el que persuade o disuade, mientras que el de lo que realmente alguien se queda en el misterio de la conciencia", afirma la filósofa española Adela Cortina (1947).

En su artículo "Conciencia y reputación" (El País, 12.08.15) desarrolla como en el hoy se construye la reputación de los personajes públicos, de manera particular de los políticos y cómo se relega la conciencia.

Es un propósito legítimo el tratar de labrarse una buena reputación a través de una vida y un trabajo que se rigen a partir de una ética personal y social.

"Los medios de comunicación sacan a la luz constantemente las valoraciones que la ciudadanía hace de los líderes sociales de los partidos políticos, con el sobrentendido de que su reputación influirá en los votos que recibirá su partido", afirma Cortina.
 
Esto, dice, siempre ha sido así, pero ahora, en la Era de las Redes Sociales, lo es más que nunca. "La visibilidad de las actuaciones aumenta de forma exponencial y la reputación se gana en votaciones de "me gusta" o "no me gusta" refiriéndose a hoteles (...) y un larguísimo etcétera", que incluye a los políticos.

De aquí se sigue, plantea la filósofa, "que crear buena reputación o destruirla no es difícil siempre que se cuente con la inteligencia suficiente como para movilizar las emociones de las gentes en una dirección, a poder ser con mensajes simples y esquemáticos que den en la diana de los sentimientos de la mayoría".

Nuestro tiempo, continúa, es "el de las reputaciones, y no el de las conciencias. Saber movilizar las emociones es la clave del éxito".

De una u otra manera "nos las arreglamos mal con nuestra mala reputación" porque la imagen pública afecta, para bien o para mal, la realidad del propósito de vivir feliz.

"La buena o mala conciencia se queda en el fuero interno. Parece la conciencia una cosa demasiado olvidada, como decía el principito de Saint-Exupéry. Nuestro tiempo es el de las reputaciones, no el de las conciencias", asegura Cortina.

Lo lógico, afirma la catedrática de la Universidad de Valencia, debería ser "confiar en que crea en su conciencia y en que la valore hasta tal punto que no está dispuesto a traicionarla a ningún precio". Así tendrían que comportarse las y los hombres públicos.

En la conciencia de que la apelación a la conciencia "no exime a una sociedad de elaborar leyes, a poder ser claras y precisas, referidas a la trasparencia, la rendición de cuentas y la responsabilidad. Dar cuenta ante la ciudadanía es lo propio de una sociedad democrática, en la que se supone debería gobernar el pueblo".

Para la filósofa de la ética "los iluminados que no quieren aceptar para sus actuaciones más juez que su propia conciencia son un auténtico peligro, y todavía más lo son los grupos de fanáticos que asesinan sin compasión por una fe grupal, del tipo que sea".

Y añade de que por eso "es esencial formar la conciencia personal a través del diálogo, nunca a través del monólogo, ni siquiera solo a través del diálogo con el grupo cercano, sea familiar, étnico o nacional. Somos humanos y nada de lo humano nos puede resultar ajenos, el diálogo ha de tener en cuenta a cercanos y lejanos en el espacio y en el tiempo".

"Cada persona ha de formarse su juicio y tomar sus decisiones, no puede depender solo de mensajes ajenos, si es que sigue teniendo un sentido el ideal de la libertad, entendida como autonomía personal" plantea Cortina.

Y concluye con un tema que hoy resulta fundamental y es dónde se forma la conciencia, la respuesta es difícil, pero "sin embargo, es preciso encontrarla si no queremos dejar de ser, junto con otros, los protagonistas de nuestra propia historia. Los artesanos de nuestra existencia, como aconsejaba Séneca".

Golpes a la libertad de expresión

Rubén Aguilar Valenzuela 
La democracia y con ella la libertad de expresión siempre están amenazadas. No son conquistas, para siempre. Lo es así desde la antigua Grecia, lugar donde surge el sistema democrático. La historia señala que la regresión a los gobiernos autoritarios e incluso dictatoriales es siempre una posibilidad. Por esos todos los días hay que cuidar, proteger y ensanchar la democracia y la libertad de expresión.
 
En sus dos años de gobierno el presidente López Obrador ha dado duros golpes a la débil e imperfecta democracia que se vive en el país. En su concepción autoritaria, el poder político debe concentrarse en solo un hombre, para llevar adelante su proyecto. Por eso los otros poderes del Estado deben estar bajo control del Poder Ejecutivo.
   
Ahora tiene el control del Poder Legislativo, que en 1997 se había podido quitar ese yugo, y recientemente ha sometido al Poder Judicial, para regresar 25 años atrás cuando así eran las cosas. En esa misma dirección cierra, vacía de contenido, o agrede sistemáticamente a los órganos autónomos, para no tener ningún tipo de contrapeso y elimina los fideicomisos de ciencia, cultura y salud, para manejar los recursos de manera centralizada y discrecional.
 

Ilustración: Belén García Monroy


Semanas atrás un grupo de 650 mujeres y hombres de la ciencia, la academia, la cultura y el periodismo publicaron el manifiesto En defensa de la libertad de expresión donde afirman que: "La libertad de expresión está bajo asedio en México. Con ello está amenazada la democracia. El presidente López Obrador utiliza un discurso permanente de estigmatización y difamación contra lo que él llama sus adversarios. Al hacerlo, agrede a la sociedad, degrada el leguaje de la política y rebaja la tribuna presidencial de la que debería emanar un discurso tolerante".
 
Y también sostienen que "el presidente profiere juicios y propala falsedades que siembran odio y división en la sociedad mexicana. Sus palabras son órdenes: tras ellas ha llegado la censura, las sanciones administrativas y los amagos judiciales a los medios y publicaciones independientes que han criticado a su gobierno. Y la advertencia de que la opción para los críticos es callarse o dejar el país".
 
El texto advierte "que no se estigmatiza a personas físicas o morales desde el poder presidencial sin ponerlas en riesgo. No se alimenta el rencor desde esa tribuna, sin que el odio llegue al río alguna vez". La actitud del presidente ante la prensa independiente y crítica es irresponsable en un país donde el ejercicio del periodismo es una actividad peligrosa y de alto riesgo.
 
En este tema, para el caso de México, están en juego tres problemas: El primero es que somos el país más violento para el ejercicio del periodismo y donde más se han asesinado a periodistas. Que el máximo poder de la nación descalifique a los medios y a los periodistas, con nombre y apellido, es una invitación a que se vale golpearlos e incluso asesinarlos.
 
El segundo es que se trata de un claro y evidente atentado contra la libertad de expresión y la vida democrática del país y el tercero que necesariamente implica una involución de lo alcanzado por la sociedad mexicana en este campo que tantas vidas de periodistas y activistas ha costado en la lucha por la libertad del ejercicio periodístico y la democracia.
 
Para el presidente no existe un principio básico de toda sociedad democrática que es el respeto a cualquier tipo de crítica de los medios y los periodistas. Ésa es su misión. La expresión más acabada de la libertad de expresión es aguantar la crítica, no reaccionar ni utilizar los instrumentos que el poder tiene en sus manos, para denostar a la prensa en su ejercicio crítico, porque eso, sin más, es violentar la libertad de expresión.
 
La comparecencia mañanera del presidente se ha convertido en la guillotina de la Revolución Francesa o el quemadero de la Santa Inquisición ahora instalado en Palacio Nacional. Ahí el presidente decide a qué medio o periodista debe pasar a cuchillo o ser quemado vivo porque no dijo lo que quería oír. Es la actitud autoritaria del gobernante de un país bananero como tantos se ha dado en la región y que se pensaba habían desparecido. Con él resucitan.
 
El presidente miente cuando afirma que su gobierno respeta la libertad de expresión y que se ha eliminado la censura. Todos los días con su actitud y discurso violenta el libre ejercicio del periodismo independiente y crítico. He vivido en carne propia la censura. Meses atrás fui expulsado de un periódico a petición de un secretario de Estado que se sentía agredido por mis artículos de análisis y opinión relacionados con el tema de su dependencia.
 
La garantía de la libertad de expresión se reduce a los medios y periodistas afines al gobierno, que solo dice lo que el presidente quiere oír sobre sí y su gestión. En su concepción bananera los buenos medios y periodista son los que nunca lo critican y los malos medios y periodistas son los que realizan un trabajo profesional independiente y crítico.   

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