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El discurso político que nunca voy a oír

Ilustración: Jonathan Rosas
Rubén Aguilar Valenzuela

Escribo con la certeza de lo que aquí planteo no tiene ninguna posibilidad de que se escuche por los políticos del México de hoy. Menos por los que están en el poder.

A continuación, propongo un modelo de discurso político que pienso es el que necesita una sociedad como la nuestra sobre todo en este momento de su historia.

El nuevo discurso político debe asumir que se tiene como receptores a personas inteligentes capaces de construir su propia visión de lo que sucede en su entorno y en el mundo.

Lo anterior destierra el discurso que trata como niños o tontos a las audiencias y se articula en la lógica de engañar y manipular a quien escucha. 

La persuasión, que persigue todo discurso político, ocurre por la vía de los argumentos, los datos y por decir bien lo que se expone. No a partir de explotar las emociones más primitivas. Se apela a la razón.

El esfuerzo de quien pronuncia el discurso es que la audiencia eleve sus niveles de conocimiento y conciencia. Asume su condición de pedagogo. No de demagogo manipulador.

Y también se propone que quien escucha se haga de nueva información y comprenda la complejidad de la realidad. Que entienda conceptualmente los problemas a los que se hace referencia.

Que la audiencia avance en su pensamiento y en sus posiciones, pero sin recurrir a falsas simplificaciones. La complejidad debe ser explicada de manera didáctica.  


El político debe hacer evidentes sus posiciones conceptuales e ideológicas. Y puede, hay que analizar cada situación, plantear sus críticas a la oposición, pero sin descalificar e insultar.

Se gana el debate con ideas y argumentos y no con insultos, que siempre esconden la capacidad de razonar y la carencia de recurso, para debatir.

En el marco de las ideas anteriores el discurso político que se necesita tendría la siguiente estructura:

1. Referencia a la historia del tema que se trata. Esto, para ubicar lo que ha sucedido antes y así hacer la conexión con el presente. El mundo no inicio ahora y la realidad que se vive siempre tiene antecedentes.

2. Desarrollo del problema al que se hace referencia. Explicar en qué consiste, cuál es su dimensión, qué implicaciones tiene para la sociedad si no se resuelve.

3. Fundamentar lo que se está hablando. Razonar conceptualmente en qué se sustenta la decisión y el camino que se ha tomado. Dar cuenta de la racionalidad política de la acción.

4. De los hechos de los que se habla ofrecer datos duros. Proporcionar información precisa y veraz. Nunca recurrir a la mentira o la manipulación de los datos. Las audiencias merecen la verdad.

5. Compromiso personal. Quien dice el discurso se compromete con lo que expone. Ofrecer su valoración sobre la problemática o las situaciones a las que se enfrenta. Argumenta sus razones para actuar de esa y no otra manera.

6. Propuesta de solución al problema. Una vez que se han desarrollado los puntos anteriores se ofrece la propuesta de solución a la problemática. Es la conclusión de la argumentación constituida con los elementos a los que se ha hecho referencia.

Esta estructura de seis partes debe articularse en una redacción fresca y atractiva. No es un texto académico sino uno que está dirigido a las distintas audiencias según sea el caso. Tiene que emocionar. Su propósito es persuadir en el marco y cumplimiento de una ética pública que informa con transparencia y veracidad.

Sé que esta propuesta será calificada, en el mejor de los casos, de idealista. Soy consciente que ahora los manuales de construcción del discurso dicen otra cosa. Estos parten de una caracterización de las audiencias que pueden tener razón pero que me niego a aceptar.

La propuesta que aquí hago surge en buena medida del análisis de los discursos del primer ministro sueco Olof Palme (Estocolmo, 30 de enero de 1927 – Estocolmo, 28 de febrero de 1986).

Durante 10 años fue primer ministro de Suecia en dos etapas: de 1969 a 1976, y de nuevo de 1982 hasta su asesinato en una calle de Estocolmo. En esos años construyó y dijo discursos propios de un gran estadista.

En los discursos, a más de los elementos a los que hecho referencia, siempre dijo abiertamente cuál era su opción política, para el caso la socialdemocracia, y expuso la concepción y propuestas de su partido, pero sin ideologizar.

La estructura y la forma de la narrativa de los discursos políticos de Palme considero que siguen siendo vigentes en la era de las redes sociales.

Siempre asume que las audiencias son inteligentes y pueden razonar. Nunca está presente el intento de manipulación. Para persuadir ofrece datos e información y siempre apela a la razón. La forma de su discurso es atractiva e inteligente.

En medio del conflicto entre los padres

Rubén Aguilar Valenzuela    
Las lealtades (Editorial Anagrama, 2019) es una novela de Delphine de Vigan. El personaje central es Theo, un niño de 12 años. Sus padres se han separado y en el acuerdo de divorcio está que viva unos días con su madre y otros con su padre.

Su madre, Cécile, guarda un gran odio a su exmarido que la abandonó, para irse a vivir con otra mujer. El padre, que hace tiempo también se separó de ella, vive una depresión profunda que lo mantiene encerrado en un departamento caótico y desaseado.

Theo vive la tensión permanente de permanecer leal a su madre y a su padre. Entre ellos no hay ningún tipo de relación.

Viene y va de una casa a otra sin que los padres intervengan. Ninguno de ellos sabe lo que él experimenta en el otro espacio.

A esa edad, el niño vive una tensión e insatisfacción permanente que lo lleva al alcohol como una vía, para evadir la realidad en la que vive y que por sí mismo no puede resolver.

Mathis es el único amigo de Theo y con él se inicia en la bebida. Los dos se esconden en una covacha de la escuela, para tomar. Cada día aumentan la dosis de alcohol y cada vez lo hacen con más frecuencia.

La profesora de Theo, Helena, percibe que algo no anda bien y se preocupa por él. Ella de niña vivió una situación muy difícil y se identifica con su alumno. Piensa que es objeto de maltrato, por parte de los padres.

Delphine de Vigan sin contemplación, sin sentimentalismo y sin ningún moralismo enfrenta al lector a una historia que duele.  El relato es preciso, directo y austero.

La autora se introduce e interroga el mundo que nos rodea y penetra en la intimidad, en la vida de sus personajes, la propia de los adultos y la de los adolescentes.

El texto describe las situaciones, de por si duras y desgarradoras, pero no califica ni juzga la actuación de cada uno de los personajes.

Las lealtades
Delphine de Vigan
Editorial Anagrama
Barcelona, 2019
pp. 200


Versión original. Les loyautés, JC Latrès, París, 2018. Traducción del francés al español de Javier Arturo Quintana.
 
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Delphine de Vigan (Boulogne-Billancourt, Francia, 1966). Su primer trabajo publicado es Días sin hambre (2001), salió a la venta bajo el seudónimo de Lou Delvig. Su primer éxito fue No y yo (2007) que ganó el premio francés Prix des libraires. La novela fue traducida a veinte idiomas y en 2010 se realizó una adaptación cinematográfica dirigida por Zabou Breitman. A partir de entonces se dedica de tiempo competo a la literatura. De 2011 es su novela Nada se opone a la noche, en la que narra la historia de su propia familia y con ella gana una serie de premios literarios franceses, incluyendo el Prix du Roman Fnac, el Prix Roman France Télévisions y el Prix Renaudot des Lycéens.​

La salud y la economía en la percepción ciudadana

Rubén Aguilar Valenzuela   
En Errores de la actual administración (02.11.20), publicado en estas mismas páginas, hice referencia a una organización a la que tengo mucho respeto me había permitido utilizar la información de un estudio cualitativo realizado a finales de octubre a condición de no dar su nombre y el de la empresa que realizó la investigación.

Ahora expongo otra parte del mismo documento que recoge la percepción ciudadana en el tema de la salud y la economía. La información surge de 28 grupos de enfoque on line que se realizaron en la Ciudad de México, Monterrey, Guadalajara, Tijuana, Puebla, Veracruz y Tuxtla Gutiérrez.

La aparición del Covid-19, para la ciudadanía trajo consigo la visibilidad de los problemas del sistema de salud. Se reconoce que en el pasado hubo avances, pero también carencias y vicios. Para las y los participantes en los grupos el Seguro Popular, a pesar de todas sus deficiencias, garantizaba por lo menos el acceso a la salud.

La sensación generalizada es que eliminar el Seguro Popular ha sido un retroceso en los servicios de salud y todos, los que están a favor o en contra del presidente, desconocen lo que hace el INSABI y también cómo funciona. La valoración es que no ofrece los mismos beneficios que el Seguro Popular, que era una mejor opción.

Piensan que en las administraciones anteriores había corrupción, pero el abasto de medicamentos era relativamente constante. Ahora no es así. Saben que el desabasto de medicamentos se explica por una decisión de este gobierno, sin embargo, no logran entender a qué se debe. La percepción general en materia de salud es que las decisiones que ha tomado el actual gobierno contradicen la promesa del presidente de que iba a generar mejores condiciones de bienestar para los más pobres. No ha sido así.

La percepción entre simpatizantes del presidente y de quienes lo rechazan es que los estragos económicos del confinamiento, a pesar de que se ha relajado, ya se sienten en muchos hogares y el gobierno sigue sin tomar acciones de la dimensión que requiere el problema. Asumen que hay una crisis económica que se refleja, entre otras cosas, en que no hay empleo, los ingresos bajaron sustancialmente y el alza de los precios de la canasta básica es notable.
 
Piensan, lo dicen, que el gobierno federal no ha desarrollado una estrategia más agresiva para apoyar a los pequeños negocios y familias que viven del comercio informal. No dudan de la buena voluntad del presidente, pero piensan que ha sido rebasado y "no sabe qué hacer". Afirman que la crisis económica va a ser todavía más aguda si pronto el gobierno no diseña un programa económico que ayude a los más vulnerables a enfrentar su situación.
 
Los participantes en los grupos valoran ampliamente los recortes presupuestales cuando es evidente que se eliminan privilegios de los políticos, pero se rechaza, también ampliamente, las reducciones al gasto social y se preguntan ¿dónde están los ahorros? Consideran que frente a la crisis económica ha faltado creatividad, pero sobre todo capacidad de los funcionarios públicos.
 
Piensan que el actual gobierno, incluido el presidente, no atiende a los problemas urgentes, prioritarios y tampoco resuelve los coyunturales. Toda la energía y los recursos se destinan, para terminar las grandes obras que son el legado del presidente. Citan el tren maya, la refinería y el aeropuerto. Aseguran que está bien que el presidente ponga orden a lo que encontró, pero piensan que tiene una visión negativa, vengativa, frente a los anteriores gobiernos lo que lo lleva a destruir. Esto, dicen, cuesta al país y los ciudadanos son los que pierden.

Incapaz de superar sus traumas

Rubén Aguilar Valenzuela  
Per el afortunado (Dinamarca, 2018) del director Bill August se basa en la novela homónima del danés Hen­rik Pontoppidan pre­mio Nobel de literatura en 1917.

Es una saga de ocho volúmenes publicada entre 1898 y 1904, que no ha dejado de reeditarse en su tie­rra. Es una de las más importantes novelas de la literatura danesa.

La historia se sitúa en la Dinamarca de finales del siglo XIX y principios del siglo XX. Per (Esben Smed), hijo de un pastor luterano, recibe una beca para estudiar ingeniería.

Es la oportunidad de salir huyendo de la opresión de su padre. Éste no quiere que su hijo deje la casa porque considera que se volverá un pecador y dejará su fe.

Se inscribe en la Universidad Tecnológica de Copenhague. Pronto se revela como un estudiante especialmente dotado. Tiene ideas originales, para producir energía barata a partir del uso de la naturaleza. Y también un proyecto, para drenar los pan­tanos del norte del país.

Per estructura proyectos muy innovadores y en la búsqueda de quién los pueda financiar logra entusiasmar al hijo de una familia judía muy rica.

A través de su nueva amistad ingresa al seno de la familia Salomón. Lo invitan a comer a la casa y a días de campo. Reconocen su genialidad.

Establece una relación con la hija menor, pero luego con la mayor, Jakobe (Katrine Greis-Rosenthal), que le resulta una mujer más interesante. Ella es la heredera principal de la familia.

La aprobación de sus proyectos debe pasar por el visto bueno de un funcionario del gobierno, pero Per se revela. No acepta el principio de autoridad.

A través de la familia Salomón consigue un trabajo en la construcción de una presa. Lo hace bajo la orientación de un famoso ingeniero.

Ahí lo visita su novia. En esa estancia, de solo días, Per reniega de Dios y de la formación religiosa que ha recibido de su padre.

Al término de la construcción regresa a Copenhague con experiencia y reconocimiento a su trabajo. Per y Jakobe se comprometen de manera oficial.

Todo indica que su relación camina bien y que serán una buena pareja, pero un día él decide romper su relación. Su argumento es que vienen de mundos distintos y por eso son muy diferentes.

Ella espera un hijo de él, pero no se lo dice y ante la ruptura del compromiso decide abortar. Jakobe en la relación con Per ha descubierto un nuevo mundo, el de la pobreza y la marginación social.

Ahora que no va a casarse pide a sus padres le adelanten su herencia y con ella construye una obra social, para ayudar a los niños sin hogar. Se dedica de tiempo completo a esa actividad.

La familia Salomón constituye una sociedad, para impulsar los proyectos de Per. Han hecho cálculos financieros y ven que  será un buen negocio.

Lo único que éste debe de hacer es pedir una disculpa pública al funcionario que debe de autorizar la obra, que tiempo antes había insultado.

Él se niega y su reacción es todavía más agresiva. En ese momento la sociedad se disuelve. No puede aceptar sujetarse a la autoridad.

La influencia negativa del padre está presente y Per reacciona haciéndose daño a sí mismo. Se comporta como una persona orgullosa y soberbia.

Lo tiene todo, lo ha conquistado, pero en el momento final no pude asumirlo y se impone el hombre que no termina por encontrarse.

No actúa como dueño de sí, de manera consciente y libre, sino presa de sus traumas no superados y de sus desequilibrios psicológicos no manejados.

La novela de Pontoppidan, también lo hace la película, describe la Dinamarca de la última parte del siglo XIX. La desigualdad social, la riqueza y la pobreza, la diferencia abismal entre el campo y la ciudad.

En 1988, August con Pelle el conquistador ganó el Oscar como mejor película extranjera y también el Festival de Cannes y el Globo de Oro. En 1992 volvió a ganar Cannes con Las mejores intenciones, que recrea aspectos de la vida de Ingmar Bergman.

Per el afortunado
Título original: Lykke-Per
Producción: Dinamarca, 2018

Dirección: Bill August
Guion: Bill August y Anders Frithiof
Fotografía: Dirk Brüel
Música: Lorenz Dangel
Actuación: Esben Smed, Katrine Rosenthal, Benjamin Kitter, Tommy Kenter, Julie Christiansen, Tommy Kenter, Tammi Øst, Rasmus Bjerg ... 

 

¿Cómo será el gobierno de Bolivia?

Rubén Aguilar Valenzuela 
El 18 de octubre pasado en Bolivia se celebró la elección presidencial que ganó Luis Arce (La Paz, 57 años), el candidato del Movimiento Al Socialismo (MAS) que en declaraciones ha dejado en claro que habrá de continuar el proyecto que impulsó el presidente Evo Morales.

Arce va a gobernar el quinquenio 2021-2026. A él se atribuye el éxito económico de los distintos gobiernos a cargo de Morales también del MAS. En ellos se hizo cargo del Ministerio de Economía y Finanzas.

El ahora presidente electo nació en una familia de profesores, estudió economía en su país y luego hizo una maestría en la Universidad de Warwick, en la Gran Bretaña. Inició su carrera profesional en el Banco Central de Bolivia. Impartió cursos en distintas universidades.

En 2005 se integró a MAS cuando Morales gana su primera elección a la presidencia. Arce impulsó un proyecto económico que se basó en la nacionalización de los recursos naturales, una elevada inversión pública y la redistribución de los ingresos.

Ahora Bolivia está sumida en una crisis política, económica y social, la más grave del último medio siglo que se agrava ante la pandemia del Covid-19. Ese es el país que tiene que gobernar.

Arce concedió una entrevista a Fernando Molina de El País (22.10.20) donde señala cuales van a ser las grandes líneas de su gestión. Anuncia que el modelo económico seguirá siendo el mismo que impulsó Morales.

Éste, en su versión, "ataca la demanda y ataca la producción, buscando incrementarlas, mientras que el modelo neoliberal solo ataca la producción; no le interesa el mercado interno. Este modelo se adapta perfectamente a la crisis que está viviendo el país, que es de demanda y de producción".

La prioridad es buscar "el bienestar de la gente más humilde, permitirle lograr más ingresos y mejorar su calidad de vida". Asegura que en los 14 años de los gobiernos de Morales salieron de pobreza extrema dos millones de personas.

Ya en la presidencia va a mandar a la Asamblea Legislativa un proyecto de impuesto a las grandes fortunas como ya existe en Uruguay y Colombia. Afecta solo al  0.01% de la población. No aplica al patrimonio empresarial sino al personal.

Va a negociar la deuda con los organismos financieros internacionales porque el peso del problema ante las actuales circunstancias también lo tienen que compartir.

Asegura que "vamos a conversar con todos los sectores" inclusive con la derecha que en su valoración mantiene posiciones racistas y de odio. Y afirma que "ha habido mucho odio contra el MAS y eso no es bueno. No se debe cultivar el odio; más bien hay que cultivar amor para cosechar cosas positivas".

Arce sostiene que durante su gobierno no habrá venganza y que quienes hayan cometido delitos "que respondan ante la justicia, pero no queremos revancha. Hay muchas cosas por hacer. Tenemos que resolver el zafarrancho económico que nos están dejando".

Se compromete a una reforma judicial que es una deuda pendiente y también a que los procesos judiciales en curso los jueces y fiscales no van a tener la presión y podrán "actuar de forma imparcial, cumpliendo la norma", para él la mayoría de las acusaciones son eminentemente políticas.

Sobre el presidente Morales dice que no tendrá cargo alguno en el gobierno, pero seguirá como presidente de MAS y como "líder indiscutible e histórico del proceso de cambio, es un líder internacional".

"Él puede, dice Arce, contribuir en las relaciones [del Gobierno] con las organizaciones sociales. Y también va a estar bastante ocupado tratando de resolver los juicios que tiene. No vemos que lo que pueda hacer o decir el compañero Evo vaya a afectarnos. Lo que hagamos y no hagamos, los errores que cometamos nosotros, eso es lo que nos puede afectar. La pelota está en nuestra cancha".

El electorado de Bolivia decidió dar continuidad al proyecto del presidente Morales, pero hay amplios sectores de la población que ven con preocupación que con el nuevo gobierno se repita el discurso de la confrontación y la polarización de la sociedad que caracterizó al gobierno que éste encabezó. Ya se verá.

 
 

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