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CAPITALES: Como se logrará en Asia la transición energética en la era del covid 19

Francisco Treviño Aguirre

Muchos países de Asia han sido recientemente golpeados por la pandemia de COVID-19 y su variante Delta más contagiosa. Es claro como las grandes desigualdades en la región han dificultado que los frágiles sistemas de atención médica respondan a la pandemia y que nuestras economías se recuperen. Las economías asiáticas no son ajenas a las crisis y los golpes económicos. Sin embargo, el COVID-19 provocó que 32 de las 45 economías de la región sufrieran un crecimiento negativo en 2020. Además, no se prevé que las economías emergentes como Indonesia, Filipinas, Malasia y Tailandia recuperen sus tasas de crecimiento pre-pandémicas hasta el 2022 o más allá.

El desempleo está aumentando, ya que solo en 2020 se perdieron 81 millones de puestos de trabajo en la región de Asia y el Pacífico debido a la pandemia.  Pero no todo el mundo se ve afectado por igual; algunos pueden recuperarse mientras que otros se quedan atrás. La Organización Internacional del Trabajo (OIT) observó que la pérdida de puestos de trabajo provocada por el COVID afectaba de manera más grave a las mujeres y los trabajadores jóvenes. El sector de viajes y turismo de Asia-Pacífico, donde la mayoría de la fuerza laboral es femenina, fue el más afectado del mundo con una caída del 53.7 por ciento por ciento del PIB.

Adicionalmente, Seis de los 10 países más vulnerables a los fenómenos meteorológicos extremos se encuentran en Asia, y el riesgo y los impactos solo van a empeorar, advirtieron los principales científicos climáticos. Como región de rápido crecimiento, la demanda de energía en Asia se triplicará en la próxima década, pero a pesar de una caída drástica en el costo de la energía limpia y de la amplia disponibilidad de tecnología, el carbón continúa aumentando. Más del 80 por ciento del crecimiento proveniente de Asia está impulsado por el rápido aumento de los proyectos de generación a carbón.

La transición a la energía limpia es imperativa no solo para lograr los objetivos climáticos, sino también porque preparará a las economías en crecimiento para el futuro y brindará amplias oportunidades que pueden sacar de la pobreza a millones de personas en Asia. La transición energética permitirá que las economías emergentes reduzcan su dependencia de los combustibles fósiles contaminantes, costosos y volátiles, pero aún más que eso, una transición limpia y equitativa permite alejarse del modelo tradicional de crecimiento económico y seguir un camino de empleo verde. generando crecimiento y desarrollo sustentable.

Un cambio a la energía renovable en Asia-Pacífico podría generar hasta 14.2 millones de nuevos empleos verdes en la próxima década, pero es necesario que esta transición sea justa, equitativa e inclusiva. ¿Cómo podemos asegurarnos de que los afectados por la eliminación gradual de los combustibles fósiles también puedan beneficiarse de este crecimiento verde?

El concepto de una transición justa se originó en Europa, cuando los trabajadores del carbón pidieron compensación e inclusión cuando sus economías comenzaron a reducir su dependencia de los combustibles fósiles y comenzaron a cambiar a las energías renovables. Desde entonces, ha evolucionado para convertirse en un enfoque más integral para centrar la justicia social no solo en la forma de empleo para los trabajadores de combustibles fósiles desplazados, sino también para aquellos afectados por las transiciones en una variedad de industrias de altas emisiones. El enfoque se ha ampliado para garantizar que la nueva economía energética no repita muchos de los impactos negativos de la economía basada en el carbono, considerando sus implicaciones en los sectores de bajas emisiones como la salud, la educación y la agricultura, con énfasis en la protección social y la participación de las partes interesadas, justicia de género y equidad.

Una transición justa no solo es buena para el medio ambiente, también es excelente para la economía. La transición a la energía limpia dará como resultado una variedad de beneficios económicos para las poblaciones locales, al tiempo que reducirá los costos ambientales y de salud asociados con la quema de combustibles fósiles. La tecnología ya está disponible: es rentable y se basa en recursos que abundan en Asia. Es necesaria la voluntad política y el compromiso de los gobernantes para enviar una señal clara mediante la promulgación de políticas que aceleren la energía limpia para hacer realidad la visión de una transición justa y una recuperación económica sostenible y equitativa.

 Twitter: @pacotrevinoa

CAPITALES: ¿Soberanía o autocracia energética?

Francisco Treviño Aguirre

De acuerdo con Daniel Yergin, uno de los principales consultores en el sector energético a nivel mundial, la soberanía energética de un país se define en un entorno donde se proporcionan suministros y servicios básicos de energía suficientes, fiables y asequibles de una manera que no entra en conflicto con los valores, intereses u objetivos de política exterior de un país ni los pone en peligro. Por lo tanto, la soberanía energética no es sinónimo de seguridad del suministro, sino que requiere un sistema técnicamente robusto, formando así la base de la autonomía estratégica y la capacidad del estado para actuar en asuntos energéticos. No obstante, si bien es necesaria, esa soberanía es en sí misma es insuficiente para garantizar la seguridad energética sostenible de un país a lo largo del tiempo.

Las capacidades de implementar acciones estratégicas deberán de ser determinadas por las formas en que se garantiza la seguridad y suministro energético de forma continua. Esto requiere flexibilidad, diversificación y la capacidad de seleccionar entre tantas opciones para su generación como sea posible. Los generadores de energía existentes y futuros tanto del estado como los privados deberán crear condiciones de beneficio colectivo y no para impedir que los actores relevantes lleven a cabo e implementen sus propias prioridades de seguridad y de política energética, esto le restaría competitividad al país.

Sin embargo, la soberanía no debe confundirse de ninguna manera con la autocracia, y dejar que una sola entidad opere el sistema eléctrico nacional sin contar con regulares externos, Por el contrario, las asociaciones estratégicas y las relaciones mutuas pueden ayudar a ampliar la gama y el alcance de las acciones disponibles. La soberanía energética también tiene una dimensión interna, ya que los objetivos, intereses y principios rectores deben definirse claramente. Se requiere un consenso básico dentro de la sociedad para crear un balance adecuado en el sistema eléctrico, donde todos tengas las mismas oportunidades, pero favoreciendo aquellos generadores menos contaminantes.

En este sentido, la transición energética implica un doble cambio sistémico: la eliminación progresiva del sistema energético convencional en base al uso de carbón y combustóleos y la creación de un sistema basado en la energía sostenible. Los desafíos que este proceso transformador plantea para la gobernanza son considerables. Paralelamente, debe garantizarse la seguridad del suministro, al mismo tiempo que se logra el equilibrio adecuado entre eficiencia y seguridad energética. Desde una perspectiva climática y medioambiental, la transición energética es urgente, como ya se ha mencionado en los acuerdos internacionales: el Protocolo de Kyoto y el Acuerdo de Paris. Una vez implementado, ofrecerá más margen político de maniobra porque los recursos renovables, que están disponibles en todas partes, pueden proporcionar energía localmente y de manera descentralizada, garantizando mejores precios al consumidor y una generación de energía menos contaminante.

Frente a las graves consecuencias de la pandemia de Covid-19, se debe enfatizar al final que la soberanía energética es, por supuesto, solo un principio rector que debe equilibrarse con la competitividad y el desarrollo sustentable dentro de los objetivos estratégicos de una política energética. Después de todo, es imperativo analizar que la generación y distribución de la energía sean de acuerdo a la demanda de los usuarios para evitar congestionamiento en las redes de transmisión y así garantizar un suministro energético correlacionado con las políticas ambientales, impulsarr la inversión extranjera y proporcionar una verdadera soberanía energética.

 Twitter: @pacotrevinoa

CAPITALES: De la revolución industrial a la revolución sustentable

Francisco Treviño Aguirre

La revolución industrial que dio inicio hace más de 260 años liberó a la sociedad de las limitaciones de la bioenergía y trajo un enorme crecimiento, pero también enormes problemas ambientales. Ahora, una nueva generación de tecnologías modulares basadas en materiales avanzados permite la conversión eficiente de la energía solar y lleva las semillas de una nueva revolución industrial.

Hasta ese momento, los seres humanos habían dependido principalmente de los flujos de energía alimentados por el sol: luz solar directa, viento, agua corriente y bioenergía. La bioenergía para alimentar a humanos y animales y proporcionar calor y luz fue de crucial importancia desde los albores de la humanidad. La revolución agrícola, o la primera gran transición, aumentó la producción de bioenergía por metro cuadrado, pero a medida que crecía la población, la demanda de alimentos y madera siguió aumentando. El carbón, y más tarde el petróleo y el gas natural, hicieron posible eludir la restricción de área.

Desde los albores de la revolución industrial, los recursos energéticos han sido la piedra angular de la economía mundial y el punto de inflexión de muchos conflictos. Casi todos los aspectos de nuestra vida moderna requieren que busquemos más y más recursos para mantener nuestro nivel de vida. Si bien algunos países han visto esta búsqueda de recursos como una gran ayuda para su economía y sus respectivas formas de vida, muchos otros se han quedado muy atrás.

Hoy por hoy, estamos al comienzo de una nueva era en la historia de la humanidad. Si la revolución industrial marcó el comienzo de una nueva era de producción en masa y riqueza, la revolución sustentable traerá consigo una nueva era de igualdad. Si bien no parece que en este momento se estén produciendo cambios en el mercado energético que darán la vuelta al mundo, los recursos renovables representan un futuro en el que la energía ya no es un producto costoso, tanto financiero como ambiental, sino que puede costar casi nada producir y almacenar.

Al comenzar a construir este nuevo futuro, no podemos olvidar que aún nos queda un largo camino por recorrer. Más notablemente en el reciclaje de baterías. Si bien el viento y la luz solar son gratuitos, el litio no lo es y vamos a necesitar una gran cantidad de materiales de tierras raras para garantizar que sea posible un futuro con baterías. Si bien seguimos avanzando, no estamos ni cerca de la etapa en la que debemos estar para tener energía 100 por ciento renovable. Aunque nos estamos acercando mucho.

Esa es la verdadera clave de la energía renovable, que gran parte de ella es completamente renovable hasta las baterías que se utilizan para el almacenamiento. Es por esto por lo que muchos proveedores de energía han comenzado a avanzar hacia las energías renovables. No están haciendo el cambio porque sea mejor para el medio ambiente, están haciendo el cambio porque los combustibles fósiles simplemente no pueden competir.

La energía renovable tendrá un efecto completamente transformador en las economías de todo el mundo. Los países que alguna vez dependieron de las exportaciones de petróleo pueden ir pensando en invertir ese dinero en otros proyectos, en carreteras, escuelas, transporte público, viviendas y una gran cantidad de otros esquemas sociales. Al hacer esto, el desequilibrio que hemos visto durante gran parte del siglo XX comenzará a corregirse por sí solo. Seguro que todavía habrá ricos y pobres, pero cuando la energía sea casi gratis, esa brecha no parecerá tan insuperable como antes.

 Twitter: @pacotrevinoa

COLUMNA: La oligarquía de CFE en el sistema eléctrico del País

Francisco Treviño Aguirre

La iniciativa de reforma a la ley eléctrica que presentó el presidente López Obrador a principios de este año pretendía acabar con el despacho de energía como se lleva a cabo actualmente y favorecer a las generadoras de CFE mismas que son mas contaminantes y sus costos de generación ampliamente mas caros que aquellas empresas que generan energía limpia. Como era de esperarse, al contar Morena y sus partidos aliados con la mayoría de Los diputados Federales y Senadores, esta iniciativa fue aprobada casi de inmediato. Sin embargo, dicha Ley fue suspendida por un Juez 24 horas después de haber entrado el vigor, al considerar que los amparos interpuestos por 2 empresas eran de aplicación general para toda la industria.

Como principio para determinar dicha suspensión se consideró también que se pueden afectar los derechos fundamentales a la libre competencia y en lo que se refiera a los Acuerdos y Tratados internacionales, se mencionaron afectaciones a la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre Cambio Climático, al Acuerdo de París y al Protocolo de Kyoto,  los cuales determinan que México deberá tomar medidas para mitigar las emisiones de gases de efecto invernadero en el sector eléctrico y otorgar máxima transparencia a estos esfuerzos. Por tanto, al considerarla anticonstitucional, fue suspendida de forma definitiva.

Pero con toda la intención de seguir promoviendo una reforma energética que fortalezca a la CFE, el titular de ejecutivo federal envió el 30 de septiembre una iniciativa de decreto, por la que se modifican los artículos 25, 27 y 28 de la Constitución y nueve transitorios. Bajo este estas modificaciones, se otorgaría a CFE un poder absoluto y total sobre la industria energética del país.

Actualmente nuestro sistema energético está regulado por diferentes organismos: la Secretaría de Energía, que está a cargo de diseñar y operar la política energética de nuestro país y de analizar el desempeño de todo el sistema energético, es decir se dedica a diseñar políticas energéticas. La Comisión Reguladora de Energía (CRE) administra y regula el resto del sector energético, es quien aprueba contratos y permisos y regula la participación de empresas públicas y privadas en los diferentes procesos de generación de energía, así como regular las tarifas del sector eléctrico. Y finalmente el Centro Nacional de Control de Energía (CENACE) quien opera el sistema eléctrico nacional y el mercado eléctrico mayorista. Aquí se decide quién va a despachar la electricidad, que nuevos generadores se pueden conectar a la red eléctrica y son quienes proponen mejoras y cambios a la red de transmisión y distribución.

Por lo tanto, CFE no es un órgano regulador, sino una empresa productiva del Estado y un participante más en el mercado eléctrico, al contar con generación y suministro de servicios básicos. En este contexto, el ejecutivo pretende que CFE sea no solo un participante en el mercado, sino también el organismo responsable de la planeación y control de la electricidad, lo que convertiría a CFE no solo en un participante del mercado, sino que sería el árbitro y jugador al conservar su actividad como generador y suministrador de energía.

Regresando a la iniciativa propuesta por el presidente López Obrador,  se condiciona a que la CFE genere el 54 por ciento del requerimiento nacional, pretendiendo ceder menos de la mitad a los generadores privados, quienes actualmente entregan parte de su generación a CFE, otro parte directo a las empresas consumidoras y por último participan en el Mercado Eléctrico Mayorista (MEM), donde compiten ofertando el costo más bajo. Ahora todos estos generadores tendrán que competir por ese 46 por ciento. Adicionalmente, la incorporación de nuevos generadores de energía se ve difícil, al contar con un mercado donde su participación se limita a menos de la mitad del requerimiento nacional.

Es claro que la reforma energética requiere de marcar reglas más objetivas para que los participantes tengan piso parejo en el sistema eléctrico, pero no solo otorgarle poderes absolutos a CFE. Una adecuación en los costos de porteo donde se paguen montos más justos, reconfiguración de las plantas generadoras bajo esquemas de asociación púbico-privadas, subastas de energía y, sobre todo, invertir en modernizar y ampliar las redes de transmisión y distribución, permitiendo también las inversiones privadas, deberían ser los puntos donde se podría hablar, ahora sí, de una verdadera transición energética.

 Twitter: @pacotrevinoa

“Si yo te debo una libra tengo un problema; pero si te debo un millón, el problema es tuyo”

Francisco Tobías

Las ocho columnas financieras, en el mundo entero, durante los últimos días se han dedicado a una empresa china, de nombre Evergrande, quien ha declarado que no cuenta con el efectivo para saldar sus compromisos financieros, es decir sus deudas.

Este gigante asiático cuyo principal sector empresarial es la construcción de viviendas, tiene una deuda de 300 mil millones de dólares, para dimensionar el tamaño inmenso del adeudo sólo es necesario señalar que en junio de este año México tenía una deuda externa por un monto de 211 mil millones de dólares, es decir que Evergrande, quien por cierto esta construyendo el estadio de futbol más grande del mundo, debe casi un 50% más de lo que adeuda el gobierno mexicano a instituciones financieras del extranjero o bien su deuda equivale a 24 veces la que tiene PEMEX.

Hace algunos días, me preguntaban si esta situación podría desatar una crisis económica en México, otra, como la que sufrimos en el 2008 con el colapso de la burbuja inmobiliaria en Estado Unidos. Para nuestra fortuna el impacto negativo, en caso de que la empresa china, quien por cierto esta construyendo en una isla un parque temático, tipo Disney, que ocasionaría no fuera de grandes repercusiones para México y los mexicanos, aunque si tendríamos secuelas “mínimas”.

Los efectos negativos de la situación financiera de Evergrande para México serían; periódicamente la SHCP busca reestructurar sus deudas con el exterior, con tasas de interés cada vez más bajas, ante la situación de “no pago” por parte de la empresa asiática, que tiene mil 300 proyectos de vivienda en China, las tasas de interés se incrementarán un poco, por lo que no sería conveniente algún tipo de reestructuración de la deuda externa mexicana, es decir será más caro colocar deuda.

En un sistema económico globalizado, podríamos decir que no hay rincón de la economía que se encuentre libre de los efectos que ocasionaría el no pago de sus compromisos financieros por parte de Evergrande, empresa que cuenta con 200 mil empleados directos, y genera casi 4 millones de manera indirecta.

Y el gobierno chino, ¿qué esta haciendo? La autoridad china está aplicando una política muy interesante, por lo menos hasta el momento en que escribo estas líneas pues, ha inyectado recurso, flujo a su mercado financiero, sin salvar a la empresa morosa. Dejando en claro que su preocupación y ocupación es el mercado financiero y no las empresas, bancos, a quienes les adeuda Evergrande. Pareciera que bien aplican la frase de Lord Keynes quien aseguró: “sí yo te debo una libra tengo un problema; pero si te debo un millón, el problema es tuyo”.

Lo que si afectaría de manera amplia y con consecuencias nada halagüeñas, no sólo a la economía mexicana y a todo el mundo, sería el cierre de esta empresa, lo que provocaría un colapso en el sistema financiero de China, arrastrando al sistema financiero mundial.

Si pregunta inicial es: ¿esta situación de Evergrande afectaría a la economía de México, como lo hizo la burbuja inmobiliaria del 2008? La respuesta es que a pesar de que la crisis del 2008 fue también ocasionada por una empresa, Lehman Brothers, es NO.

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