Rubén Aguilar ValenzuelaEl jesuita Dario Mollé Llácer, S.J. (Alicante, 1949) escribe Horizontes de vida. Vivir a la ignaciana (Cristianisme i Justicia, 2009) donde de manera sintética ofrece las claves de la espiritualidad de san Ignacio de Loyola (Azpeitia, 1491-Roma, 1556), para el mundo de hoy.
Los Ejercicios, escrito por el fundador de la Compañía de Jesús en 1540, es el libro donde propone su espiritualidad. El primer texto, ya definitivo, es una versión tardía redactada entre 1536 y 1539.
Mollé Llácer sintetiza en cinco grandes apartados la espiritualidad ignaciana:
1) "Ayudar". Es el elemento integrador de la persona y de la vida. En el "ayudar" se dan la mano el amor a Dios y el amor a la persona humana, la experiencia interior y la acción cotidiana. "Ayudar" nos remite a una espiritualidad activa, pero que no consiste meramente en "hacer", ni se conforma con cualquier forma de hacer.
2) "Agradecer". Hay que vivir desde agradecidamente. Alabar no ha de ser sólo una acción de boca hacia fuera, sino algo vivido en el corazón, y ese alabar en el corazón, como actitud habitual y no sólo como hecho puntual, es agradecer. La propuesta ignaciana invita a hacer del agradecimiento la actitud básica de nuestra existencia de criaturas amadas y regaladas por Dios.
3) "Contemplar". Una de las propuestas más significativas y sugerentes de la espiritualidad ignaciana es que seamos "contemplativos". Quizá sea una propuesta que, de entrada, nos resulte sorprendente. Contemplar como forma de orar; contemplar como forma de aproximarse a la realidad. Ser contemplativos en la acción.
4) "Elegir". Al inicio de los Ejercicios san Ignacio recuerda que la vocación cristiana y el seguimiento de Jesús piden "elegir". No hay vida cristiana sin "elegir", sin tomar las decisiones que van concretando en el día a día nuestro deseo de responder al seguimiento de Jesús.
5) "Resistir". Es un verbo que san Ignacio emplea con fuerza cuando habla de la "desolación". No es un verbo utilizado por él en muchas ocasiones, pero sí con una fuerza grande y lo que ese verbo sugiere está muy presente en el conjunto de la obra ignaciana.
Para Mollé Llácer hablar de espiritualidad "es hablar de vida, vida según el Espíritu, vida bajo la guía y el impulso del Espíritu. Es en la vida donde se concretan los impulsos, las llamadas y las orientaciones del Espíritu, y es en la vida donde se valida si una espiritualidad posibilita vivir con sentido, con alegría, con capacidad de servicio y gratuidad: vivir desde la hondura de Dios y en comunión con la persona humana".
Y dice de este texto sintético que "es una apuesta con sus riesgos, e incluso expuesta a malas interpretaciones. Buen precio a pagar si consigo de alguna manera "ayudar" a poner de manifiesto las enormes posibilidades y sugerencias de la espiritualidad ignaciana para quienes hoy quieren vivir en las situaciones y problemas de su vida concreta y cotidiana el evangelio de Jesús. Vivirlo quizá sin abundancia de palabras, ni menos aún con formulaciones o jerga de "iniciados", pero con toda la verdad de los hechos".
El texto me pareció iluminador y sugerente y a mi y un grupo de amigos nos sirvió como guía, para días atrás hacer un retiro espiritual.
Horizontes de vida
(Vivir a la ignaciana)
Dario Mollé Llácer, S.J.
Cristianisme i Justicia
Barcelona, 2009
pp. 36


