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La migración crece y también los operativos, para detenerla

Rubén Aguilar Valenzuela
En febrero de 2019 fueron detenidos 36,687 migrantes, en el mismo mes de 2020, 100,441 y en marzo de 2021, 171,000, según las autoridades migratorias de Estados Unidos.

La migración se dispara por el incremento de la pobreza y la violencia en México, Guatemala, El Salvador, pero sobre todo Honduras. Y también por la expectativa que despierta la llegada del gobierno de Biden.

El presidente, para hacer frente a esta nueva crisis migratoria nombró a la vicepresidenta, Kamala Harris, para hacerse cargo de ella. Esta tarea implica trabajar de manera estrecha con las autoridades mexicanas y de los países centroamericanos que integran el Triángulo del Norte (Guatemala, El Salvador y Honduras).

El gobierno de México en apoyo al estadounidense, como ocurre desde la presidencia de Trump, ha intensificado la detención de migrantes centroamericanos en la frontera sur y norte del país y también en las carreteras y aeropuertos.

Entre el 1 de enero y el 21 de marzo de 2021, las autoridades mexicanas detuvieron a 31,492 centroamericanos un 18% más con respecto al mismo periodo del año anterior.

Del total de estos arrestos en enero se realizaron 9,737, en febrero 12,148 y en los primeros 21 días de marzo 9,607, de acuerdo al INM.

Los hondureños suman 17,589, los guatemaltecos 9,422 y los salvadoreños 2,249. Las autoridades mexicanas en los primeros meses del año también han detenido a 2,124 migrantes de Bangladesh, Senegal, Mauritania, Nepal, Burkina Faso, Federación Rusa, Israel, Egipto, Sir Lanka, Turquía y Palestina.

De los arrestados en México 23,525 son hombres, 4,529 mujeres y 3,438 menores de edad, de ellos 2,141 acompañados y 1,297 que viajan solos.

La política migratoria de México cambió de manera dramática en el gobierno del presidente López Obrador que cedió a las amenazas del presidente Trump de imponer aranceles a las exportaciones mexicanas sino se detenía a los migrantes centroamericanos.

Expresión de esta política es que después de la llamada de la vicepresidenta de Estados Unidos, el presidente López Obrador dio instrucciones para reforzar con 10 mil elementos de la Guardia Nacional a los 27 mil que ya están en las fronteras del país, para detener a los migrantes.

De ser México un país de libre tránsito para los centroamericanos, política que se mantuvo por décadas, se pasó a una que impide su entrada y se les persigue, se les caza, ya dentro del territorio nacional.

La mayor migración de la historia

Rubén Aguilar Valenzuela
En el año fiscal 2021-2022, el gobierno de Estados Unidos estima detener a 2 millones 128,000 migrantes sin papeles que van a ingresar por su frontera sur.

Se estima serán 1 millón 100 mil de adultos solteros (51.6%) 825 mil personas en unidades familiares (39%) y 200 mil menores no acompañados (9.4%).

En el año fiscal de 2019 se detuvieron a 900 mil migrantes y en 2020, ya con la pandemia, a 400 mil. En 2021, de cumplirse las proyecciones implicaría un aumento de 400 por ciento.

Para dimensionar el problema cabe señalar que 2006 fue el último año que superó el millón de migrantes sin papeles. Antes, en 1986 se detuvo a 1 millón 690 mil migrantes y en 2000 a 1 millón 670 mil.

El aumento de los migrantes que cruzan hacia Estados Unidos, tiene lugar a pesar de la militarización de las fronteras sur y norte de México.

El número de las detenciones ha crecido conforme avanza el año fiscal. En enero fueron 78,442 las detenciones, en febrero 100,441 y en marzo 171 mil.

Un reporte de The Washington Post calcula que ingresan diariamente a Estados Unidos mil migrantes que "escapan" a la Patrulla Fronteriza.

De ser así al año ingresarían al territorio estadounidense 365 mil migrantes sin papeles. No se ofrece el número de cuántos de estos después son arrestados y deportados y cuántos se quedan.

El aumento de los migrantes se explica por la crisis económica estructural en la región centroamericana y México y también por el crecimiento en los niveles de violencia.

A estas crisis se agrega los efectos de la pandemia en las economías de la región que ha elevado, de manera dramática, el número de los pobres y desempleados.

Mientras permanezcan estas condiciones o se agraven, la migración seguirá creciendo. La administración del presidente Biden ha entendido esta situación.

Y ha planteado un proyecto con el propósito de modificar las causas de la migración en Honduras, Guatemala y El Salvador. Se contempla la inversión de 4 mil millones de dólares.

En el gobierno del presidente Vicente Fox se diseñó el Plan Puebla-Panamá con el mismo propósito, que estuvo a cargo de Florencio Salazar. La propuesta era buena, pero fracasó porque no se le inyectaron recursos.

Boris Johnson, el populista inglés

Rubén Aguilar Valenzuela
El primer ministro de la Gran Bretaña, Boris Johnson (Nueva York, 1964), ocupa el cargo desde 2019. Periodista influyente y luego alcalde de Londres (2008-2014) es un político conservador polémico e imprevisible.

Antes de ser primer ministro fue integrante de la Cámara de los Comunes por el Partido Conservador. Su comunicación política se caracteriza por ser espontánea, llena de humor y también de salidas extravagantes.

Boris, como familiarmente le llaman sus paisanos, en ocasiones deja que aflore su talante elitista de ex alumno de Eton College y en otra muestra apertura hacia los migrantes y la comunidad LGBT.

Encabezó el movimiento conservador para que el Reino Unido saliera de la Unión Europea (UE) cosa que sucedió en el histórico referéndum del Brexit en 2016. Lo hizo con un discurso nacionalista a ultranza con el que se identificó un sector amplió de la sociedad británica.

Con ese objetivo desplegó una retórica chovinista en contra de lo que planteó como la "colonización" y la "absorción" del Reino Unido por una UE a la que llegó a comparar con el imperio nazi de Hitler. El discurso que articuló a propósito del Brexit se mantiene en lo esencial como primer ministro.

Habla de un "glorioso" futuro, para la Gran Bretaña fuera de la UE, por ahora lo que se ven son solo problemas que vende como oportunidades. Estudió en la Universidad de Oxford la carrera Literae Humaniores centrada en el estudio de los Clásicos de Grecia y Roma.

Alguno de sus críticos dice que su verdadera filosofía es la de "estos son mis principios y si no te gustan... bueno, tengo otros". Todo le ha valido para alcanzar el poder. A lo largo de su vida, desde estudiante, ha acomodado sus posiciones a lo que es conducente, para obtener lo que quiere.

Johnson es un populista pragmático que como primer ministro, también lo hizo como alcalde, se ha rodeado de un potente equipo de asesores. Los que lo conocen dicen que le gusta discutir con aquellos que discrepan de su argumento y que sabe escuchar, pero es finalmente quien decide.

Él siempre pone la cara al público y se encarga de la comunicación. Es quien de manera directa se relaciona con sus simpatizantes, para plantear sus ideas y argumentos. Es consciente del impacto que causa en ellos.

Se ha propuesto reformar la política británica, de pies a cabeza. Quiere cambiar por completo las reglas y se ha propuesto remodelar el cuerpo de funcionarios públicos de carrera.

El primer ministro antes de la pandemia mostró poco interés en ayudar a quienes dependen de las ayudas sociales y se negó a descongelar el subsidio de vivienda local, lo que ha llevado a muchas familias a quedarse sin hogar ni alojamiento temporal.

Bajo su liderazgo el Partido Conservador se ha convertido en un partido nacionalista inglés. Fue electo con un mandato de derecha por los simpatizantes del Brexit. En su pragmatismo pasa de posiciones liberales a otras conservadoras. Eso en ocasiones desconcierta a sus simpatizantes.

Johnson, con su gran carisma y capacidad de comunicación, pretende construir una nueva hegemonía política que mantenga a los conservadores en el poder por muchos años más. Y se ha propuesto que sectores tradicionales del  laborismo transiten a sus propuestas.

Alguien que lo conoce de cerca dice sobre el primer ministro inglés: "¿Populista? Yo diría que es popular y sabe cómo jugar ante el público. Tan simple como eso". Johnson, con su figura y estilo desparpajado e irreverente, tiene una habilidad extraordinaria, para despertar simpatía y adhesión entre los suyos.

Ecuador tiene nuevo gobierno

Rubén Aguilar Valenzuela
En el Ecuador la primera vuelta, para elegir al presidente de la República, la ganó Andrés Arauz (1985) con 10 puntos de ventaja sobre Guillermo Lasso (1955), un empresario que ya había participado en otras elecciones.

En la segunda vuelta Lasso obtuvo la victoria con diferencia de cinco puntos sobre Arauz un ecuatoriano que vive en la Ciudad de México y se desempeñó como ministro en el gobierno de Rafael Correa (1963).

Correa gobernó por 10 años (2007-2017) en forma ininterrumpida. Lenin Moreno (1953), que dos veces fue su vicepresidente, le siguió en el cargo. Al arranque de su mandato (2017-2021) rompió con su antiguo compañero.

En la elección el gran derrotado es Correa y lo que él representa. Los analistas políticos consideran que hubo un claro voto en contra del ex presidente. La mayoría de los electores no quisieron que volviera al poder a través Arauz.

Lasso conectó con los electores desencantados con el correísmo y la política. La sociedad ecuatoriana decidió que gobernara un político con un proyecto de derecha frente al que planteaba uno de izquierda.

Decidió también tuviera contrapeso en el Poder Legislativo. El partido de Lasso, Creando Oportunidades, es minoría frente al partido de Correa, Unión por la Esperanza, y el partido Packakutic, que encabeza el líder indígena Yaku Pérez, que estuvo a punto de vencer a Lasso en la primera vuelta.

El nuevo presidente asume su cargo el próximo 24 de mayo en medio de una de las crisis más severas en la historia ecuatoriana. La pandemia y el mal manejo que se hizo de ella ha provocado desempleo y crecimiento de los índices de pobreza.

El lema de campaña de Lasso fue: "Emprendimiento, innovación y futuro". Hasta ahora solo han sido vacunadas 183,000 personas y se ha comprometido a vacunar a nueve millones en los primeros 100 días de su gobierno.

Y a reactivar la economía y la generación de empleos a través del impulso al libre mercado y la inversión privada nacional y extranjera. Anuncia que va a buscar lo más pronto posible la firma de un tratado de libre comercio con Estados Unidos.

Se propone dotar de plena autonomía al Poder Judicial y recapitalizar las finanzas públicas a través de una reforma fiscal. En el Ecuador hay un cambio de ruta a lo que se hizo en los últimos 15 años, sobre todo en los diez de Correa.

En 2020, la deuda pública representa el 63 % del PIB que cayó en 7.8 %. Los retos de Lasso son enormes, pero también las oportunidades de hacer las cosas mejor que los gobiernos anteriores. Y se verá.

La opacidad de presidencia y el gobierno

Rubén Aguilar Valenzuela
"¿Qué papel del baño usa el presidente y cuánto cuesta?", preguntó un ciudadano en agosto de 2020. La respuesta de Presidencia de la República, recuerda los memorándum burocráticos de Pantaleón y las visitadoras de Mario Vargas Llosa.

Esta dice: "A la fecha no se localizó evidencia documental que atienda al requerimiento del solicitante, enfatizando que se realizó una búsqueda exhaustiva, amplia y razonable en los archivos que obran en poder de esta unidad administrativa, sin encontrar elemento alguno que permita advertir o suponer qué se generó en dichos archivos".

De la respuesta de presidencia se pueden derivar tres grandes conclusiones: en Palacio Nacional no se lleva registro de los gastos que se hacen; no se compra papel del baño o por alguna razón desconocida no se quiere dar la información requerida. La opacidad está a la base de estas tres posibilidades.

Entre diciembre de 2018 y febrero de 2021, la Oficina de Presidencia ha desechado 563 solicitudes de información. En 386 ocasiones diciendo que no existen los documentos, para dar una respuesta. Y en 177 con el argumento de que la demanda no corresponde a la ley.

Queda claro que la política es la opacidad y no la transparencia. Del gobierno federal presidencia ocupa el tercer sitio de negar la información con el argumento de que no corresponde a la ley y el octavo con el de que no existe la información requerida.

El no dar información por parte de la Oficina de Presidencia en los poco más de dos años supera con creces la no respuesta de los gobiernos del presidente Peña Nieto y Calderón. Es evidente que este gobierno es distinto a los anteriores; los supera en opacidad.

De acuerdo al Inai, otras dependencias del gobierno federal tienen el mismo nivel de opacidad que Presidencia de la República: Secretaría de Hacienda y Crédito Público, el IMSS, las comisiones Nacional del Agua, la Nacional de Acuacultura y Pesca, la Nacional Bancaria y de Valores.

A estas se añaden el Banco Nacional de Obras y Servicios (Banobras), la Comisión Federal para la Protección contra Riesgos Sanitarios (Cofepris), la Agencia Nacional de Seguridad Industrial y la Agencia de Protección del Medio Ambiente.

El gobierno del presidente López Obrador supera a los anteriores en quejas ante el Inai por negarse a dar la información. Y con relación a los gobiernos anteriores el instituto ha aumentado en 63 % sus intervenciones, para defender el derecho constitucional que los ciudadanos tienen a que se les de la información que solicitan.

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