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Acabar con las organizaciones de la sociedad civil

Rubén Aguilar Valenzuela
Los gobiernos democráticos del mundo apoyan a las Organizaciones de la Sociedad Civil (OSC) de muchas maneras. Reconocen su importancia en la construcción de la gobernanza y también valoran su aporte en la solución de los problemas sociales de la comunidad.

En sentido contrario a lo que ocurre en las sociedades democráticas de otras latitudes, el presidente López Obrador desde el inicio de su mandato se ha propuesto acabar con ellas. Entre otras cosas les ha cortado todo apoyo de recursos públicos.

En sus comparecencias mañaneras las ha descalificado, denostado e insultado y entre otras cosas, sin prueba alguna, las ha acusado de ser instrumentos de proyectos extranjeros que atentan contra el gobierno, representantes de la burguesía y que son partidos políticos. Acusaciones todas falsas. Él lo sabe.

Al presidente, en su anquilosada concepción estatista, le molestan todas las organización autónomas e independientes, porque no las puede controlar. Para él todo lo que no se someta al Ejecutivo que preside debe desaparecer. Para él, por lo mismo, las OSC son enemigas.

Un paso más en su propósito de acabar con las OSC es que en el Paquete Económico 2022 se incluyen cambios en la ley del ISR, para limitar de manera sustantiva la deducibilidad de donativos privados. Esto a pesar de que son muy marginales, para el fisco.

La ley solo permite la deducibilidad de una parte muy pequeña de las ganancias, hasta 7% de la utilidad fiscal y las físicas hasta 7% de los ingresos acumulables. Es una cantidad muy menor como lo reconoce la propia SHCP cuando dice que las deducciones por estos conceptos sólo representan una fracción de las donaciones recibidas por las organizaciones no gubernamentales.

En concreto, indica que "los contribuyentes solo dedujeron en sus declaraciones anuales un monto de poco más de la tercera parte del importe del monto de donativos recibidos por las donatarias". Es decir, solo fue objeto de deducción el 30 % del total de los apoyos que recibieron las OSC, en el apoyo del otro 70 % se pagó impuestos.

Los datos de la propia SHCP revelan que lo que el gobierno deja de percibir por la deducibilidad es una cantidad francamente ridícula y absolutamente marginal. Nada que ver con la deducibilidad en la mayoría de las democracias cuyas leyes promueven la donación. Esto porque reconocen lo rentable que es para los gobiernos el aporte de las OSC.

Para el presidente, lo sabe muy bien, no se trata de un tema fiscal, no lo es, sino estrictamente político. Le molesta la existencia de las OSC autónomas e independientes. Le molesta que tengan un punto de vista, le molesta que coadyuven a resolver problemas sociales y le molesta que defiendan los intereses ciudadanos.

En su concepción del mundo y la política solo debe de existir el gobierno que confunde con el Estado, para él son sinónimos. Lo más seguro es que el Paquete Económico 2022 se apruebe con el voto de Morena, PVEM y PT. Con la medida contra la deducibilidad el incremento de la recaudación será ridícula, no cuenta, será imperceptible, en los números totales.

En cambio el golpe, para algunas OSC puede resultar demoledor. Y entre otras cosas van a dejar de prestar servicios que el gobierno tendrá que ofrecer. Seguro que por lo pronto no lo hará y al final quien va a perder serán los sectores más pobres de la población. Es así y no hay manera de esconderlo.

El presidente con esta medida sí va a lograr su perverso propósito de acabar con las OSC. Todo indica que seguirá en esa tarea. Le quedan tres años. ¿Hasta dónde llegará? Lo que ya es claro, lo ha ganado a pulso, es que pasará a la historia como acérrimo enemigo de la ciudadanía y la sociedad civil organizada.

Acabar con las organizaciones de la sociedad civil

Rubén Aguilar Valenzuela

Los gobiernos democráticos del mundo apoyan a las Organizaciones de la Sociedad Civil (OSC) de muchas maneras. Reconocen su importancia en la construcción de la gobernanza y también valoran su aporte en la solución de los problemas sociales de la comunidad.
 
En sentido contrario a lo que ocurre en las sociedades democráticas de otras latitudes, el presidente López Obrador desde el inicio de su mandato se ha propuesto acabar con ellas. Entre otras cosas les ha cortado todo apoyo de recursos públicos.
 
En sus comparecencias mañaneras las ha descalificado, denostado e insultado y entre otras cosas, sin prueba alguna, las ha acusado de ser instrumentos de proyectos extranjeros que atentan contra el gobierno, representantes de la burguesía y que son partidos políticos. Acusaciones todas falsas. Él lo sabe.
 
Al presidente, en su anquilosada concepción estatista, le molestan todas las organización autónomas e independientes, porque no las puede controlar. Para él todo lo que no se someta al Ejecutivo que preside debe desaparecer. Para él, por lo mismo, las OSC son enemigas.
 
Un paso más en su propósito de acabar con las OSC es que en el Paquete Económico 2022 se incluyen cambios en la ley del ISR, para limitar de manera sustantiva la deducibilidad de donativos privados. Esto a pesar de que son muy marginales, para el fisco.
 
La ley solo permite la deducibilidad de una parte muy pequeña de las ganancias, hasta 7% de la utilidad fiscal y las físicas hasta 7% de los ingresos acumulables. Es una cantidad muy menor como lo reconoce la propia SHCP cuando dice que las deducciones por estos conceptos sólo representan una fracción de las donaciones recibidas por las organizaciones no gubernamentales.
 
En concreto, indica que "los contribuyentes solo dedujeron en sus declaraciones anuales un monto de poco más de la tercera parte del importe del monto de donativos recibidos por las donatarias". Es decir, solo fue objeto de deducción el 30 % del total de los apoyos que recibieron las OSC, en el apoyo del otro 70 % se pagó impuestos.
 
Los datos de la propia SHCP revelan que lo que el gobierno deja de percibir por la deducibilidad es una cantidad francamente ridícula y absolutamente marginal. Nada que ver con la deducibilidad en la mayoría de las democracias cuyas leyes promueven la donación. Esto porque reconocen lo rentable que es para los gobiernos el aporte de las OSC.
 
Para el presidente, lo sabe muy bien, no se trata de un tema fiscal, no lo es, sino estrictamente político. Le molesta la existencia de las OSC autónomas e independientes. Le molesta que tengan un punto de vista, le molesta que coadyuven a resolver problemas sociales y le molesta que defiendan los intereses ciudadanos.
 
En su concepción del mundo y la política solo debe de existir el gobierno que confunde con el Estado, para él son sinónimos. Lo más seguro es que el Paquete Económico 2022 se apruebe con el voto de Morena, PVEM y PT. Con la medida contra la deducibilidad el incremento de la recaudación será ridícula, no cuenta, será imperceptible, en los números totales.
 
En cambio el golpe, para algunas OSC puede resultar demoledor. Y entre otras cosas van a dejar de prestar servicios que el gobierno tendrá que ofrecer. Seguro que por lo pronto no lo hará y al final quien va a perder serán los sectores más pobres de la población. Es así y no hay manera de esconderlo.
 
El presidente con esta medida sí va a lograr su perverso propósito de acabar con las OSC. Todo indica que seguirá en esa tarea. Le quedan tres años. ¿Hasta dónde llegará? Lo que ya es claro, lo ha ganado a pulso, es que pasará a la historia como acérrimo enemigo de la ciudadanía y la sociedad civil organizada.

Una nueva Comisión de la Verdad para investigar los crímenes de la guerra sucia 

Rubén Aguilar Valenzuela
 
El 6 de octubre en el Diario Oficial de la Federación se publicó el decreto que crea la Comisión para el Acceso a la Verdad, el Esclarecimiento Histórico y el Impulso a la Justicia como una dependencia del gobierno federal.

Esta comisión habrá de investigar las violaciones graves a los derechos humanos cometidos entre 1965 y 1990 y va a trabajar también en la reparación del daño.

En el gobierno del presidente Vicente Fox (2000-2006), para investigar los crímenes de la guerra sucia, se dio una intensa disputa al interior del gabinete.

Unos querían que se constituyera una Comisión de la Verdad como la que se había hecho en Sudáfrica y otros que se hiciera una Fiscalía Especial. Ganaron los últimos.

Se creó, entonces, la Fiscalía Especial de Movimientos Sociales y Políticos del Pasado (FEMPOSOPP), que encabezó Ignacio Carrillo Prieto.

El resultado del trabajo de investigación, que abarcó de 1964 a 1982, se recoge en el documento Informe Histórico presentado a la sociedad mexicana dado a conocer en 2006.

Sobre la actual comisión Santiago Corcuera Cabezut, profesor de Derechos Humanos de la Universidad Iberoamericana, dice que en principio ésta "no reúne las garantías orgánicas de independencia e imparcialidad necesarias" (El Universal, 16.10.21).

La comisión se integra por seis funcionarios públicos y cinco expertos elegidos por la SEGOB, pero solo una de éstas, la elegida por ellos mismos para encabezarla, tendrá voto. Eso dice Corcuera, la hace "una institución del gobierno y no de la ciudadanía" como debía serlo.

En su versión, coincido con él, se debió haber constituido una comisión autónoma e independiente, tal como lo habían propuesto diversas organizaciones de la sociedad civil que tienen años trabajando en el tema.

La propuesta ciudadana, desechada por el gobierno, planteaba establecer un mecanismo extraordinario de verdad, justicia y reparación totalmente ciudadano con la colaboración de expertos internacionales y el apoyo de organismos supranacionales en derechos humanos.

Para los cinco expertos ciudadanos y el responsable que presida la comisión será un gran reto avanzar en la investigación de manera autónoma en una dependencia controlada por el gobierno. Es una tarea muy difícil, pero no necesariamente imposible.

El covid-19 ha generado otra pandemia: depresión y ansiedad.

Rubén Aguilar Valenzuela

 

La depresión y la ansiedad creció en México como efecto de la pandemia de covid-19 y del 5 % de la población que las padece aumentó hasta el 30 %, según especialistas del Instituto Nacional de Psiquiatría y la Facultad de Psicología de la UNAM.

 

El número de los suicidios también creció, pero no existe estudios concluyentes que demuestren una relación directa entre el incremento de la tasa de suicidios y la situación social generada por la pandemia.

 

En 2020 la tasa de suicidios que registró el INEGI fue del 6.2 por cada 100 mil habitantes, un total de 7,818 casos, en 2019 llegó a 5.6 por cada 100 mil habitantes y en 2018 a 5.4 por cien mil habitantes.

 

La psicóloga Elena Medina Mora, directora de la Facultad de Psicología de la UNAM, sostiene que antes de la pandemia había una alerta sanitaria porque el 75 % de las personas con algún problema mental no recibían atención médica.

 

Con la pandemia, agrega, se ve un crecimiento significativo de la depresión y que en la realidad de México "se deben realizar esfuerzos mayúsculos para que la sociedad pueda acceder a un diagnóstico temprano y a los tratamientos".

 

Para los especialistas en salud mental el impacto del covid-19 ha generado otra pandemia, las de las afectaciones mentales que no ha recibido la atención que requieren. En este momento es un tema de salud pública prioritario que exige una atención urgente.

 

La pandemia ha mostrado las graves carencias en este campo del sistema de salud pública. Se requiere el acceso universal a estos servicios de salud y la formación de más especialistas en el tema. Y advierten que en México la tasa de profesionales en siquiatría es de solo 10 por 100 mil habitantes y además están concentrados en unas cuantas ciudades del país.

 

Solo el 2.2 % del presupuesto de salud se asigna a las enfermedades mentales. Esto a pesar de la evidencia de que una de cada cuatro personas, entre los 18 y 65 años, ha pasado por algún momento de su vida por trastornos de este tipo.

 

De acuerdo con Luis Daniel Alviso, especialista en neurosiquiatria, el confinamiento provocado por la pandemia y la información diaria del número de contagios y muertes por covid-19 puede incidir en el incremento de la depresión y la ansiedad.

 

Efectos de la pandemia como el desempleo, el aumento de la pobreza, que los niños y los adolescentes no vayan a la escuela y el aumento de la violencia familiar son realidades que constituyen un entorno que acelera el aumento de la depresión y la ansiedad.

 

El crecimiento exponencial de las enfermedades mentales plantea una serie de preguntas a la Iglesia: ¿Cuál es su papel? ¿Qué puede hacer frente a esta realidad? ¿Cómo acompañar a las personas que sufren trastornos mentales?

La diáspora de una generación en Cuba

Rubén Aguilar Valenzuela 
Leonardo Padura (La Habana, 1955) en Como polvo en el viento (Tusquets, 2020), su más reciente novela, narra la historia de una generación de cubanos, la suya, que salen de la isla en busca de una vida mejor. Es un drama coral de un grupo de amigos que por las condiciones económicas, políticas y sociales se ven obligados a salir de Cuba.

El exilio, dice Padura, "nos afecta a casi todos. A los que se fueron, a los que nos quedamos, a la sociedad, a la economía, a la cultura (...) Ha afectado a las personas y a la sociedad, a la nación. Y no sé si es algo ineludible, pero sí es algo tan presente y abarcador que sus experiencias, consecuencias, trascendencias nos han tocado a todos de muchas maneras y constituye una constante de la realidad y la sociedad de la que un escritor que se dedica a observar y pretende reflejar su contexto no podría estar ajeno".

La novela va y viene entre el pasado y el presente que ha sido una constante en las obras de Padura. "La memoria es siempre mejor que el olvido, por dolorosa que pueda ser. Esa convicción la llevo a mi literatura que, siempre lo he dicho, tiene un componente importante de crónica social. Se pueden leer mis novelas como reflejos de una memoria que no siempre es la memoria oficial".

La historia de los personajes que pueblan la novela es la suya, pero también la de Cuba. Es una radiografía de la sociedad cubana de hoy. El "Clan" está integrado por Clara, Elisa, Bernardo, Darío, Irving, Horacio, Liuba, Fabio, Walter, Ramsés, Joel, Fabiola, Guesty, Marissa y Montse. Sus historias se entrecruzan en el ayer, hoy y el mañana. La diáspora los separa. Los mantiene unidos la memoria y la nostalgia.

Las razones para salir de la isla son las mismas y se condensan en la búsqueda de una vida mejor, pero cada quien vive el exilio de manera diferente. En algunos permanece el amor a la patria que han debido dejar, en otros el odio y otros quieren olvidar lo que pasó y de dónde vienen. Padura, a partir del caso cubano, da cuenta del drama y desgarramiento de todos los exilios.
     
Cada integrante del "Clan" tiene un origen social distinto, una formación profesional diversa y un carácter y manera de ser que les son únicas. Son reflejo de la realidad. Es imagen de una generación de cubanos, que es la del novelista. Sus integrantes nacen poco antes del triunfo de la Revolución dirigida por Fidel Castro. En la novela tiene lugar la historia de sus hijos, que también toman el camino de exilio.

Esta obra es una crítica a la realidad dolorosa que se vive en la Cuba de hoy y también testimonio de la experiencia del exilio. Las mujeres y hombres que integran el grupo de amigos, el "Clan", viven la alegría, la fraternidad, la solidaridad, la esperanza, la ternura, el amor y también el dolor, el miedo, la pérdida y la incertidumbre. Son seres humanos de carne y hueso. Existen. No son una construcción fantasiosa.

El abordaje que Padura hace a cada historia y el tejido que realiza entre todas ellas ofrece un gran cuadro impresionista, con múltiples personajes, que dan cuenta de una realidad personal y social en una condición particular, la Cuba de los últimos treinta años. Los de la crisis permanente. En ese espacio los personajes hacen todo lo que está a su alcance, para sobrevivir. Invierten una cantidad extraordinaria de su tiempo, para poder cubrir las necesidades más básicas.

Padura, como en otras de sus novelas, describe con precisión la realidad de la Cuba de hoy, no la juzga. Los hechos hablan. Los personajes comparten las dificultades del presente, el dolor de una realidad que no fue y la ilusión de un porvenir mejor. Y también, a través de esas historias, la realidad del exilio de cientos de miles, de millones de personas, que todos los días dejan sus países en búsqueda de una mejor vida. La que no les dio el lugar en el que nacieron.
   
"Mi generación, dice Padura, creció escuchando que la utopía era posible, que en el futuro viviríamos en esa utopía a la que se llegaría por el desarrollo inexorable de la historia en ascenso (...) sufrimos luego demasiadas frustraciones, enormes desencantos. Conocimos verdades que nos habían ocultado por décadas".

Hoy en Cuba, añade "existen muchos que son creyentes, pero también muchos que no creen en nada (y de esos descreídos hay muchos que se presentan como creyentes). Y por eso la opción de tantos es el exilio. El cansancio histórico es de tales proporciones que agotó ciertas reservas".

Como polvo en el viento
Leonardo Padura
Tusquets Editores
México, 2020
pp.672

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