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El discurso del presidente Biden

Rubén Aguilar Valenzuela
A lo largo de la campaña el discurso del candidato demócrata Joe Biden (78) se caracterizó por dos grandes componentes: Nunca entrar al juego del discurso agresivo del presidente Trump y construir su propia narrativa.

El tema central fue "recuperar el alma del país". Y las líneas fuerza de los discursos de campaña estuvieron presentes en el que dio en la toma de posesión. Identifico las diez siguientes:

- La necesidad de que todos los ciudadanos estén unidos sin importar preferencias partidarias. "Escuchémonos unos a otros".

- La invitación a que toda la sociedad, sin distingos, haga frente a un momento particularmente difícil en la historia del país.

- El aprendizaje de que la "la democracia es un bien precioso y frágil".

- La democracia "ha ganado" y se ha impuesto. Queda atrás una etapa que estuvo en peligro.

- El llamado al pueblo a "empezar de nuevo". La "pesadilla nacional ha terminado".

- La conciencia de que en la sociedad de su país hay mucho que reparar, curar y construir. Hay que "reconciliar".

- La recuperación de los valores y el espíritu americano que estuvieron en peligro. El alma del país.

- La defensa de la verdad. "Hay verdad y hay mentiras, mentiras que se cuentan en busca de poder y provecho".

- La realidad puede cambiar y ser mejor. Esa es la tarea. "Es un nuevo día en América".

- El compromiso de "liderar con el ejemplo". Un caso, entre muchos, es el uso riguroso de la mascarilla, para hacer frente a la pandemia.

La narrativa de Biden y su manera de presentarla supone un cambio radical con el discurso de odio y polarización de Trump.

Ofrece una nueva manera de hacer política y de cómo comunicarla. En eso se basó el éxito de su campaña. Le toca gobernar en un tiempo muy difícil.

La sociedad estadounidense está dividida y crispada. La crisis económica y de salud alcanza dimensiones históricas. Exigen de la conducción de un líder excepcional. ¿Lo será?

El libro del profeta Malaquías       

Rubén Aguilar Valenzuela
Es el libro que cierra los escritos proféticos. De la primera mitad del siglo V a.C. son la colección de oráculos que integran el texto atribuido a Malaquías que en hebreo significa "mi mensajero". No se conoce nada del autor.

Poco antes del 445 a.C. Nehemías llega a Jerusalén para llevar a cabo la reforma política y religiosa de la comunidad judía. El texto ofrece datos valiosos sobre las condiciones de vida del judaísmo a mitad del siglo V a.C.

Los exiliados en Babilonia regresan a Jerusalén y después de ciertas dificultades terminan de reconstruir la ciudad y el Templo. Sin embargo, no se ha cumplido lo que los profetas Ageo y Zacarías habían anunciado una vez que finalizaran estas obras.

La desilusión renace y también la desconfianza en Dios. Aparecen de nuevo las infidelidades ante la ley. La conducta de los sacerdotes deja mucho que desear (2, 1-9); los ricos oprimen a los pobres (3, 5); muchos repudian a sus esposas para casarse con extranjeras (2, 14) y otros sostienen que es inútil servir al Señor, ya que a los malos les va mejor que a los buenos (2, 17; 3, 13-14). Estos pecados son condenados por el profeta.

Frente a la indiferencia y al escepticismo generalizado, Malaquías reafirma decididamente el amor de Dios hacia su pueblo (1, 2-5). Con la misma energía condena los abusos cometidos en el Templo (1, 13-14), reprueba los matrimonios con mujeres paganas (2, 11) y exhorta a la fidelidad matrimonial (2, 15-16), que encuentra su prototipo en la fidelidad del Señor hacia Israel.

El Señor, con todo, ama a su pueblo y lo trata con justicia. El profeta propone una serie de recomendaciones, para guiar la vida: cómo comportarse cuando se hacen ofrendas, en el matrimonio con extranjeras, en el divorcio y en el pago de los diezmos.

Por último, el profeta anuncia el "Día del Señor", que purificará a los sacerdotes, destruirá toda injusticia y dará el triunfo a los justos. Esta restauración del orden moral (3, 5) y cultual (3, 4) culmina en el sacrificio perfecto ofrecido al Señor por todas las naciones (1, 11).

Malaquías en el más célebre de sus oráculos proféticos describe la llegada del Señor, que es preparada por un misterioso mensajero (3, 1). Que luego en el Nuevo Testamento se va a identificar con Juan el Bautista, el precursor de Jesús (Mt, 11. 10).

Malaquías                
Biblia de América
PPC Editorial
Madrid, 2013

El papa Francisco y la migración

Rubén Aguilar Valenzuela 

La marcha de la caravana de migrantes hondureños que detuvo el Ejército guatemalteco, la iniciativa de Biden, para legalizar a 11 millones de migrantes, la mitad de ellos mexicanos subraya la realidad siempre presente de la importancia que tiene la migración en nuestros días.

En Fratelli Tutti, la tercer encíclica del papa Francisco, que se dio a conocer en octubre de 2020, se aborda de manera amplia el tema de la migración y en ella se fija la actual posición de la Iglesia católica sobre el tema.

El papa plantea que "tanto desde algunos regímenes políticos populistas como desde planteamientos económicos liberales, se sostiene que hay que evitar a toda costa la llegada de personas migrantes".

Señala que muchos de los migrantes "escapan de la guerra, de persecuciones, de catástrofes naturales. Otros, con todo derecho, buscan oportunidades para ellos y para sus familias. Sueñan con un futuro mejor y desean crear las condiciones para que se haga realidad".

Asegura que "traficantes sin escrúpulos, a menudo vinculados a los cárteles de la droga y de las armas, explotan la situación de debilidad de los inmigrantes, que a lo largo de su viaje con demasiada frecuencia experimentan la violencia, la trata de personas, el abuso psicológico y físico, y sufrimientos indescriptibles".

"Los que emigran, añade, tienen que separarse de su propio contexto de origen y con frecuencia viven un desarraigo cultural y religioso. La fractura también concierne a las comunidades de origen, que pierden a los elementos más vigorosos y emprendedores, y a las familias, en particular cuando emigra uno de los padres o ambos, dejando a los hijos en el país de origen".

El papa denuncia que, "para colmo en algunos países de llegada, los fenómenos migratorios suscitan alarma y miedo, a menudo fomentados y explotados con fines políticos. Se difunde así una mentalidad xenófoba, de gente cerrada y replegada sobre sí misma".

"Los migrantes, dice, no son considerados suficientemente dignos para participar en la vida social como cualquier otro, y se olvida que tienen la misma dignidad intrínseca de cualquier persona. Por lo tanto, deben ser protagonistas de su propio rescate".

Y sostiene que ahora "nunca se dirá que no son humanos pero, en la práctica, con las decisiones y el modo de tratarlos, se expresa que se los considera menos valiosos, menos importantes, menos humanos".

"Es inaceptable que los cristianos compartan esta mentalidad y estas actitudes, haciendo prevalecer a veces ciertas preferencias políticas por encima de hondas convicciones de la propia fe: la inalienable dignidad de cada persona humana más allá de su origen, color o religión, y la ley suprema del amor fraterno", afirma el papa.

El papa advierte que, "las migraciones constituirán un elemento determinante del futuro del mundo. Pero hoy están afectadas por una pérdida de ese "sentido de la responsabilidad fraterna", sobre el que se basa toda sociedad civil".

"Comprendo que ante las personas migrantes algunos tengan dudas y sientan temores. Lo entiendo como parte del instinto natural de autodefensa. Pero también es verdad que una persona y un pueblo sólo son fecundos si saben integrar creativamente en su interior la apertura a los otros", reconoce el papa.

Y termina su reflexión sobre la migración haciendo una invitación para "ir más allá de esas reacciones primarias, porque el problema es cuando esas dudas y esos miedos condicionan nuestra forma de pensar y de actuar hasta el punto de convertirnos en seres intolerantes, cerrados y quizás, sin darnos cuenta, incluso racistas. El miedo nos priva así del deseo y de la capacidad de encuentro con el otro".

El estilo Trump permanece en México

Rubén Aguilar Valenzuela

En los dos años que coincidieron en el gobierno el presidente López Obrador y el presidente Trump, tuvieron muchas semejanzas, la más evidentes la manera de gobernar y de comunicarse.

La forma de gestionar el poder y de construir el discurso de los gobernantes populistas, que se dicen de izquierda o de derecha, tiene muchos rasgos en común.

Entre ellos está que promueven la polarización, descalifican a los que no están de acuerdo con ellos, insultan a los periodistas y medios que no los alaban y descalifican a las instituciones del Estado y la sociedad civil.

En estos dos años esos cuatro puntos, hay más, han dado forma al gobierno y estructurado la narrativa del discurso de ambos presidentes.

Se pude afirmar, está ahí la evidencia, que han sido idénticas con una gran diferencia, en un caso tienen repercusiones a nivel internacional y en el otro solo a nivel local.

Trump, al no reconocer su derrota llevó al extremo su populismo al desconocer a las instituciones democráticas y radicalizar la polarización de la sociedad.

Los populistas, que se dicen de izquierda y de derecha, ante el fracaso reaccionan de la misma manera y nunca lo reconocen. Trump no es la excepción.

Al perder la elección, en su intento de reelegirse, en Estados Unidos se pone fin a un gobierno y a un discurso populista con claros rasgos fascistas.

Hay un alto nivel de posibilidad que el proceso que ahora el Congreso sigue a Trump termine por imposibilitar que en el futuro pueda competir por un cargo de elección popular.
 
Estados Unidos se libra de un gobierno y un discurso populista, pero ese estilo, el propio de Trump, el común a los populistas, permanece en México.

López Obrador va a continuar con su manera de hacer política y de construir la narrativa propia de los populistas. No tiene nada de original. El esquema lo sigue al pie de la letra.

En estos pasados dos años no hubo un contraste entre la manera de gobernar y comunicarse de López Obrador y Trump. Fue muy semejante. Uno al otro se elogiaba.

La llegada de Joe Biden al gobierno de Estados Unidos deja en claro, desde el primer día, que su manera de gobernar y comunicarse es radicalmente distinta a la de su antecesor.

Ahora todos los días será muy evidente que la manera de gobernar y de comunicarse de Biden será muy diferente a la del populista López Obrador. El contraste será enorme.

El blindaje de AMLO  

Rubén Aguilar Valenzuela

 
El presidente López Obrador, después de ganar la votación con 30 millones de votos, el 54 % de quienes participaron, a más de dos años de gobierno sigue blindado a todo tipo de crítica.

En este tiempo de su gobierno ha habido pocos o nulos resultados e incluso grandes fracasos, como el manejo de la pandemia en términos económicos y de salud, pero esto no afecta la imagen del presidente.

Los suyos le justifican y aplauden todo, incluso los fracasos que son indefendibles. Necesariamente surge la pregunta ¿hasta cuándo seguirá ese blindaje?

El nivel de aprobación del presidente no baja y se mantiene en torno al 60 por ciento. A pesar de sus múltiples errores en la conducción del gobierno y sus sistemáticas mentiras su imagen no se "desgasta".

En estos pocos más de dos años el presidente sigue manteniendo el control de la narrativa y de la agenda mediática. La impone todos los días.

Los medios y también la oposición la replican. No se salen de los términos de la discusión que todos los días, con gran habilidad, establece el presidente. No lo quieren, pero en los hechos le siguen el juego.

En los seguidores del presidente, es parte de su característica, está el cerrar filas cada vez que alguien lo critique, no importa si tiene o no razón. Los argumentos no valen solo cuenta el sentimiento.

Su blindaje seguirá operando, en independencia de los resultados de su gestión, en la medida que sea capaz de mantener el vínculo afectivo que ahora tiene con sus seguidores.

La estrategia de comunicación, con base en las comparecencias mañaneras, es la que le permite renovar día con día esa relación afectiva.

Mañana con mañana, con gran destreza, construye la narrativa épica que los suyos quieren oír. Eso mantiene el vínculo afectivo, que el presidente sabe muy bien alimentar.

El espacio de la comparecencia diaria, que no cumple con los estándares de una conferencia de prensa, es para el presidente como el agua para el pez. Sin ella no podría vivir.

Sabe muy bien que sin este instrumento no sería capaz de mantener y alimentar su relación afectiva con sus seguidores. Es un medio fundamental para él y los suyos. Es el lazo de unión que opera todos los días.

El impacto que las mañaneras tienen en el blindaje del presidente solo se puede reducir si los medios dejan de seguir actuando como una correa de transmisión acrítica entre el presidente y los suyos.

Y también si la oposición, partidos, organizaciones y personas que tienen espacio para hacer oír su voz, construyen una narrativa propia y no solo reaccionan a la agenda y al discurso que les impone el presidente.

La oposición y los que quieren un cambio de gobierno deben asumir que el presidente está blindado y que muy seguramente, a pesar de sus fracasos, lo seguirá estando en el futuro próximo.

Morena y sus integrantes no gozan de tal blindaje. La crítica de la oposición, en el sentido más amplio, no debe centrarse en el presidente, no le hace ningún daño e incluso lo favorece, sino en el partido que creó.

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