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Rubén Aguilar Valenzuela
En 2023, el total de las personas privadas de su libertad en el sistema penitenciario de México era de 233 277, y en 2022 de 198 805, de un año a otro aumentó en 34 472 personas que es el 17.33%, según el Censo Nacional de Sistemas Penitenciarios en los ámbito federal y estatal (CNSIPEE-F) 2024, elaborado por el Inegi.
Para 2023, del total de las personas privadas de su libertad 94.3% eran hombres y 5.7% mujeres. Y 232 000 eran adultos y 1274 adolescentes. De estas 212 425 se encontraban en prisiones del sistema estatal, que es el 89%, y 20 852 en el federal, que es el 11%.
De 2017 a 2023, las personas privadas de su libertad sumaron: en 2017, 201 903; en 2018, 196 322; en 2019, 198 806; en 2020, 211 154; en 2021, 220 419; en 2022, 226 077 y en 2023, 233 277.
El censo señala que del total de las personas privadas de su libertad, en 2023 las que se encuentran sin sentencia, el 44.3% estaba en prisión preventiva oficiosa; el 32.5% en prisión preventiva justificada; el 19.7% no identificó su estatuto jurídico y el 3.5% en otros supuestos jurídicos.
Sobre el tiempo que transcurre para recibir una sentencia, el 21.1% de los hombres y el 22.2% de las mujeres ha esperado de seis a 12 meses, para que esta se otorgue. El 20.9% de los hombres y el 16.5% de las mujeres llevan de 12 a 24 meses, en espera de su sentencia.
En la actualidad en el país existen 331 centros penitenciarios, de estos 14 son federales, 266 estatales y 51 especializados. Las entidades federativas que más centros tienen son: Estado de México, 23; Puebla, 21; Sonora y Veracruz, 20 cada uno; Chiapas y la Ciudad de México, 17 cada uno; Zacatecas y Jalisco, 14 cada uno; Guerrero, Hidalgo y Michoacán, 13 cada uno.
La capacidad instalada, camas en los centros, son 229 032. En los centros penitenciarios estatales hay 194 261, en los federales 28 520 y en los especializados 6251. La tasa de ocupación en los centros federales es de 73.1% y en los estatales de 105.9%.
Las entidades con más espacios y camas son: Ciudad de México con 29 669; Baja California, 15 154; Estado de México, 14 917; Jalisco, 13 875 y Nuevo León, 9830.
En 2023, el total del presupuesto para el funcionamiento de los centros penitenciaros fue de 43 mil 553 millones 993 mil 790 pesos. Con relación a 2022 hubo una reducción del 8.1%.
El 37.5% del presupuesto se ejerció en los penales federales y el 62.5% en los penales estatales. El Estado de México concentró el 28.85 del total del presupuesto que ejercieron los centros estatales.
Esta encuesta del Inegi solo registra las partes numéricas del sistema penitenciario, pero no las condiciones de vida a la que se enfrentan las personas privadas de su libertad. Eso será tema de otro artículo.
Rubén Aguilar Valenzuela
Ahora la mayoría de la sociedad, cruzada por diversos sectores sociales, simpatiza y se identifica con la narrativa política creada por López Obrador, primero como candidato y luego como presidente, misma que repite la actual mandataria Claudia Sheinbaum.
Ese sector mayoritario es refractario a toda crítica que se haga al oficialismo, en todos sus niveles y expresiones, y tiende mecánicamente a solidarizarse y a defenderlo. Las y los integrantes del gobierno califican los reclamos y críticas de la oposición como expresión de quienes pretenden regresar al pasado e impedir los cambios que ahora se realizan. Y le sirven, para alimentar su narrativa.
Los simpatizantes del oficialismo no están dispuestos a oír la verdad y a reconocer la regresión democrática que ahora vive el país y los desastres de la administración pasada, que continúan en la actual. Quieren escuchar el discurso de que todo está bien y vivimos en el mejor de los mundos. Se aferran a esa visión aunque, no se corresponda con la realidad.
Ahora ese es el ánimo social de la mayoría de la población, a la que se tiene que dirigir el PRI y el PAN, es evidente que su crítica al oficialismo, la materia para hacerlo es abundante y creciente, no permea en los sectores más amplios de la sociedad y no solo eso, sino que termina por apoyar la gestión del oficialismo. ¿Qué hacer ante esta realidad?
Se debe seguir una estrategia con dos grandes frentes de acción. De un lado no criticar las constantes barbaridades que comete el oficialismo en todos sus niveles y frentes. Hay que dejar que la sociedad por su propia cuenta vea lo que ocurre. Va a pasar tiempo, pero ese es el camino. Y no hay que dar elementos, para que quienes están en el poder utilicen la crítica a su favor.
Hay que dar tiempo para que se constituya una masa crítica ciudadana, que nazca y se articule desde la base. Hay que dar espacio para el surgimiento de nuevos liderazgos sociales como ocurrió, por ejemplo, con el personal del Poder Judicial, que salió a la calle a protestar, por el desastre de la reforma.
Las organizaciones de la sociedad civil y redes de las mismas, cada una desde los temas que trabajan, deben ser quienes asuman la crítica ante el desastre del oficialismo como lo han hecho las madres buscadoras y los padres de niños con cáncer y también ahora los padres y madres de los 43 normalistas de Ayotzinapa.
El otro frente de acción es la construcción y difusión de una narrativa, que articule razón y emoción, con una propuesta alternativa, mejor y con mayor contenido social, a la que ahora ofrece el oficialismo, que se reduce a dar cheques personales a diversos sectores de la población. Es claro que el oficialismo se sostiene en programas clientelares para comprar la simpatía y el voto. A esa realidad hay que enfrentarse.
La nueva narrativa debe empezar a propagarse desde la profundidad del territorio y no a nivel nacional. Hay que construir de abajo arriba. Comenzar por los espacios donde el PRI y el PAN tienen mayor presencia y desde ahí iniciar la difusión de los nuevos mensajes, mismos que requieren, es parte de los mismos, presencia en el territorio. Hay que construir una nueva base social. Buena parte de la que tenían ya la perdieron y necesitan recuperarla.
El horizonte que enfrentan el PRI y el PAN es complejo y muy difícil, de eso no hay duda, y también lo es que si siguen con sus actuales estrategias político-comunicacionales, no se van a conectar con los sectores mayoritarios de la sociedad, y lo más probable es que su relevancia y presencia será cada vez menos importante e incluso en el futuro puedan desaparecer.
Rubén Aguilar Valenzuela
El general y doctor Carlos Demetrio Gaytán Ochoa (Ciudad de México, 1949), me dice, en esta conversación, que cada nación tiene su propia versión de qué es Seguridad nacional, en razón de sus objetivos como nación y expresión de su contrato social vigente.
Y sostiene que los objetivos de los países hegemónicos no sólo son distintos, sino que también pueden ser contrapuestos a los que sostienen los países emergentes. "De ahí la necesidad de armonizarlos, respetando particularidades, en búsqueda de una convivencia equilibrada, o por lo menos no violenta en el mundo".
"Los países hegemónicos, consideran como objetivos nacionales, incrementar su poder nacional para mantener dicha preponderancia y fortalecer e incrementar su dominio territorial (...) en tanto que los emergentes o subdesarrollados, reinen como objetivos nacionales prioritarios, entre otros: mantener su independencia, garantizar su soberanía y conservar su integridad territorial", afirma Gaytán Ochoa.
Es una realidad, que "el concepto de Seguridad nacional no se encuentra unificado entre los diferentes países o Estados nación, por diferencias sustantivas en la concepción de sus objetivos nacionales". Para el caso de México, señala el general y doctor, en el Artículo 3 de la Ley de Seguridad Nacional se plantea: "(...) por Seguridad nacional se entienden las acciones destinadas de manera inmediata y directa de mantener la integridad, estabilidad y permanencia del Estado mexicanismo (...)".
Para Gaytán Ochoa de la formulación de esta definición se puede entender que "la seguridad nacional es un medio para alcanzar fines diversos, y no el fin último, consecuencia de dichas acciones" y por lo mismo "es fundamental considerar a la Seguridad nacional como un fin supremo y no como un medio. Se refiere a un estado de gracia en el que la seguridad y el desarrollo son reales y sustentables".
Y abunda en las diferencias que existen en los casos de México y Estados Unidos de América que "son claros ejemplos de la existencia de conceptos no solo diferentes, sino opuestos, en cuanto a Seguridad nacional. Ello se refleja en sus políticas de defensa, de Seguridad interior y de Seguridad pública".
Añade que "es grave, si consideramos la vecindad inmediata, una muy extensa y porosa frontera, así como la gama de problemas compartidos por dicha fatal situación. Digo fatal en el sentido de que no podemos modificarla. A decir, no podemos mudarnos a otro vecindario. Tampoco ellos. Luego, entonces, es indispensable reducir nuestras diferencias y armonizar nuestra concepción sobre el multicitado concepto".
Para quien fuera subsecretario de la Secretaría de la Defensa (2006-2008) es una prioridad nacional y de nuestra política exterior llegar a un acuerdo con Estados Unidos sobre cómo entender el concepto de Seguridad nacional o por lo menos que cada país conozca muy bien cuál es el concepto de Seguridad nacional del otro.
En su versión, algunas diferencias y tensiones entre los dos países, en el amplio campo de la seguridad, tienen su origen precisamente en la existencia de dos concepciones claramente distintas. Cada uno analiza la situación desde su propio concepto sin tomar en cuenta el del otro.
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