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Rubén Aguilar Valenzuela
En México no existe un político que haya reconocido y elogiado tantas veces y de manera tan abierta el trabajo de la periodista Anabel Hernández García (Ciudad de México, 1971), como el presidente López Obrador (2018-2024).
Hernández, especialista en grupos del crimen organizado, en la Introducción de su libro más reciente, La Historia Secreta. AMLO y el Cártel de Sinaloa (Grijalbo, México, 2024) transcribe las veces que el presidente alabó su valentía y trabajo en sus comparecencias mañaneras. Acá lo dicho por él:
- "Esta periodista Anabel Hernández, ha hecho trabajos muy buenos de investigación arriesgando su vida y ha sido ninguneada, hasta mal vista, porque ese periodismo no se hacía o se hacía como algo marginal". (11.12.2019).
- "Esta periodista Anabel Hernández, ha hecho trabajos de investigación de primer orden, es una mujer profesional en el periodismo y valiente, es una mujer excepcional". (05.05.2020).
- "Es muy importante la colaboración de Anabel Hernández, de periodista, y es muy importante para que se siga denunciando y se siga haciendo público, si no se actúa y si se ve que hay desviaciones, si se observa que no se está aplicando la ley". (10.08.2020).
- Y en esa ocasión añadió: "En el caso especial de Anabel, que ha arriesgado hasta su vida, sigue ayudando, sigue informando, sigue denunciando; y ojalá otros periodistas (...) porque hablando en plata (...) son muy pocos los que denuncian, la mayoría se queda callado porque conocieron a estos personajes, tuvieron incluso hasta relación con ellos, hay periodistas famosos actualmente que defienden, y no es el caso de Anabel (...)".
López Obrador en todas las ocasiones elogió el trabajo de Hernández cuando esta ofreció información o acusó a políticos de la oposición de estar relacionados con los grupos del crimen organizado, y el presidente usó lo dicho por la periodista para atacar a sus adversarios y hacer política a partir del trabajo de ella.
Ahora que esta ha revelado información de la supuesta relación de López Obrador con el Cártel de Sinaloa, la antes valiente y honesta periodista ha pasado a ser para él y el actual gobierno una mentirosa y una deshonesta. Ella, en la Introducción del libro dice que sigue siendo la periodista de siempre y que "por eso revelo La historia secreta".
Hernández es una periodista controvertida y polémica, que despierta respeto y admiración en uno y en otros rechazo y descalificación a su manera de hacer periodismo. Desde 2005 a la fecha ha publicado doce libros con los temas de sus investigaciones en torno a los grupos del crimen organizado. Ha recibido el Premio Nacional de Periodismo y reconocimientos internacionales por su trabajo.
En artículos que próximamente aparecerán en esta columna se hará un análisis de lo que Hernández plantea sobre López Obrador y su relación con el crimen organizado en particular el Cártel de Sinaloa y también las reacciones de él y el gobierno sobre la periodista.
La que fue un ejemplo de una valiente periodista, que denunciaba lo que otros no se atrevían, siempre que fueran adversarios de López Obrador y su gobierno, merecían todo tipo de elogios, pero ahora que él es el acusado, todo tipo de insultos y descalificaciones. Ella, en todo caso, como lo ha dicho, sigue siendo la misma.
Rubén Aguilar Valenzuela
En la antigua tradición de la comunidad judía está la celebración de los años jubilares, práctica que la lglesia Católica retoma y celebra desde el siglo XIV, son ya 700 años. Jubileo es el nombre que recibe un año particular en el calendario litúrgico, y, en su momento, la Iglesia elige un tema para celebrar.
Jubileo deriva de la palabra hebrea yobel, que se utiliza para identificar a un instrumento musical elaborado a partir del cuerno de un carnero, que era utilizado por los judíos para marcar el inicio de esta festividad. El papa Francisco, con la Bula de convocación del Jubileo, ha elegido para el año Jubilar 2025, el tema "Peregrinos de la esperanza", que va del 24 de diciembre de 2024 al 6 de enero de 2026. A partir de 1475, el año Jubilar se celebra cada 25 años, pero un papa puede convocar a un Jubileo cuando lo considera conveniente.
Giovanni Cucci (La Civiltá Cattolica, 20.12.24) plantea que el concepto de esperanza está ausente en los diccionarios de psicología y añade que tampoco la teología está muy interesada en ella; al buscar publicaciones sobre el tema, se observa una preocupante escasez. La obra más conocida, Teología de la esperanza de Jürgen Moltmann, publicada en 1964, considerada un clásico, surge como respuesta al texto de Ernst Bloch, El principio esperanza, que intentaba trazar una posible realización de la esperanza en el ámbito solo de la mera perspectiva terrenal.
Y se pregunta ¿a qué podría deberse esta carencia? Plantea dos hipótesis: La primera es que el cristianismo, especialmente en Occidente, se ha secularizado en gran medida. La predicación parece evitar este tema y prefiere concentrarse en cuestiones "políticamente correctas": la ecología, la contaminación, la ayuda material, problemas ciertamente importantes, pero que ya son abordadas por otros, quizás de manera más competente.
La segunda hipótesis es que en el rechazo de la esperanza está, no pocas veces, porque ha sido mal entendida y contrapuesta a la realidad presente, como una suerte de "opio del pueblo", según afirmaba Marx, para justificar la inacción, adormecer la conciencia y no enfrentar la miseria actual. Nietzsche, con su habitual mordacidad, considera la esperanza "el peor de los males, porque prolonga los sufrimientos del hombre" (Humano, demasiado humano, n. 71).
En el marco de esta realidad, surge la propuesta del papa Francisco del año Jubilar de "Peregrinos de la esperanza". La esperanza cristiana nada tiene que ver con la ilusión o la resignación ante la dureza de la vida. La esperanza, de hecho, antes que una virtud, es una pasión agresiva, y con ella se sostiene o cae. Y la agresividad, a su vez, para no sucumbir ante el mal y la injusticia, necesita de la esperanza.
La convocatoria del Jubileo es un llamado a renovar la esperanza, dimensión fundamental de la vida cristiana, en un clima cultural marcado por una progresiva y preocupante ausencia de esperanza. Ahora, la esperanza encuentra mucha resistencia para ser acogida porque remite a aquello que no está bajo nuestro control. La crisis de la esperanza tiene repercusiones profundas a nivel existencial. El vacío que deja su ausencia pone de manifiesto aún más la necesidad de su presencia para continuar viviendo, ya que la esperanza otorga un significado por el que vale la pena esforzarse.
Rubén Aguilar Valenzuela
El pasado 15 de diciembre en Ajaccio, Córcega, Francia, el papa Francisco dirigió un mensaje en el Congreso de la Piedad Popular en el Mediterráneo, que contó con la participación de estudiosos del tema, obispos y sacerdotes de Francia y otros países.
San Pablo VI fue quien cambió el concepto de "religiosidad popular" por el de "piedad popular", mismo que no ha tenido éxito y en la Iglesia se sigue utilizando "religiosidad popular", para describir una particular manera de expresar la fe.
La fe cristiana, dice el papa, "se manifiesta siempre en la cultura, la historia y los lenguajes de un pueblo, y se transmite por medio de los símbolos, las costumbres, los ritos y las tradiciones de una comunidad viva".
Y añade que "la piedad popular, que expresa la fe con gestos simples y lenguajes simbólicos arraigados en la cultura del pueblo, revela la presencia de Dios en la carne viva de la historia, fortalece la relación con la Iglesia y a menudo se transforma en ocasión de encuentro, de intercambio cultural y de fiesta".
Dice que "entre el Mediterráneo y el Oriente Medio se origina una experiencia religiosa muy particular, vinculada al Dios de Israel, que culmina en la singular presencia de Jesús, el Hijo de Dios. Él es el que dio a conocer de modo definitivo el rostro del Padre".
"En algunos momentos de la historia la fe cristiana ha dado forma a la vida de los pueblos y de sus instituciones políticas, mientras hoy, especialmente en los países europeos, la pregunta sobre Dios parece desvanecerse, encontrándonos cada vez más indiferentes respecto a su presencia y su palabra", asegura el papa.
Algo que no se debe olvidar es que "en la piedad popular puede percibirse el modo en que la fe recibida se encarnó en una cultura y se sigue transmitiendo", y por lo tanto en ella "subyace una fuerza activamente evangelizadora que no podemos menospreciar", afirma san Pablo VI en Evangelii gaudium.
El papa Francisco advierte que "debemos estar alertas para que la piedad popular no sea utilizada o instrumentalizada por grupos que pretenden fortalecer su propia identidad de manera polémica, alimentando particularismos, antagonismos y posturas o actitudes excluyentes", y por eso debe promoverse una atención continua hacia las formas populares de la vida religiosa.
Según el papa, la piedad popular "pone de relieve los valores de la fe y, al mismo tiempo, manifiesta el rostro, la historia y la cultura de los pueblos. En este entrelazamiento, sin confusiones, se configura el diálogo constante entre el mundo religioso y el laico, entre la Iglesia y las instituciones civiles y políticas".
Benedicto XVI sostuvo que una sana laicidad "significa liberar la religión del peso de la política y enriquecer la política con las aportaciones de la religión, manteniendo la distancia necesaria, la clara distinción y la colaboración indispensable entre las dos. [...]".
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