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En Bolivia desaparece la izquierda populista

Rubén Aguilar Valenzuela 

 

En Bolivia "se respira democracia luego de 20 años de autocracia", me comenta el boliviano Carlos Toranzo ante el resultado electoral del pasado domingo 17 de agosto en su país, luego de la derrota total del partido Movimiento al Socialismo (MAS), creado por Evo Morales, que fue presidente de 2006 a 2019.

 

Toranzo, profesor de la UNAM en sus años del exilio en México, me dio dos semestres el seminario de El Capital de Carlos Marx, mientras estudiaba la maestría en Sociología, que también me dice que "la gente castigó a MAS, que ya no existe", y que "la gente votó por la renovación, que eso ve en Rodrigo Paz", quien en la primera vuelta obtuvo más votos.

 

El día de la elección el candidato del oficialismo, Eduardo del Castillo, no tenía más del 3% en la intención del voto, el empresario Samuel Doria, de la Alianza Unidad, de derecha, el 21%; Jorge Quiroga, que fue presidente (2001-2002), de Alianza Libre, de derecha, el 20 % y Paz, que fue por la Democracia Cristiana, dentro, el 8.3%.

 

En versión de Toranzo, "la gente consideró que la campaña millonaria de Samuel Doria, fue obscena, el dinero no lo puede todo". Y me dice que el electorado en la zona de Santa Cruz, votó mayoritariamente por Quiroga, y en el occidente del país por Paz. La gente se manifestó en contra del gobierno de MAS, que encabeza el presidente Luis Arce ahora peleado con Evo Morales.

 

La gente culpa a MAS de la crisis económica, de la inflación que este año llega al 25%, del aumento a la externa pobreza que ahora es del 17.8%, de la inestabilidad política y de la corrupción. Después de 20 años se cansó de las promesas incumplidas y de su discurso ideológico y optó por el cambio. Los sectores populares, sobre todo indígenas, dejaron de votar por MAS y apoyaron a Paz, de ahí su crecimiento en el último momento.

 

Eliana Gallardo, alumna boliviana, de la maestría en Planeación para el Desarrollo, que impartió la UAEM, en Santiago de Chile, conocedora de la política de su país, coincide con Toranzo y me dice "es real una derrota definitiva de MAS" y "un crecimiento inusitado de Rodrigo Paz, que captó los votos de los sectores populares decepcionados de MAS". Y como Toranzo piensa que "Tarija y Santa Cruz se fueron con Quiroga, Tuto, que representa a la derecha, y occidente optó por Paz".

 

Para ella otros factores que influyeron en la elección fue el candidato a la vicepresidencia que ve en la fórmula con Paz, Edman Lara, que se ha hecho famoso por denunciar la corrupción en la policía, y que Paz "viajó por todo el país durante un año por pueblos y ciudades hablando con la gente", y también que "muchos votos de Samuel se fueron con Rodrigo", y añade que "Bolivia siempre sorprende, todo el mundo decía que nos iba a pasar lo mismo que a Venezuela, pero mira". La segunda vuelta por la presidencia entre Paz (32.08%) y Quiroga (26.94%)  será el próximo 19 de octubre. 

Exposición de Miguel Covarrubias

Rubén Aguilar Valenzuela

Our Changing Tastes, 1938

 

En el Palacio de Cultura Banamex - Palacio de Iturbide, Centro Histórico, Ciudad de México, se presenta la exposición "Miguel Covarrubias: Una mirada sin fronteras", con curaduría de Sergio Raúl Arroyo y Anahí Luna Velasco.

 

Exposición

 

Se exhiben 453 piezas que provienen de 38 colecciones nacionales y 13 colecciones internacionales. Es la exposición más importante, a nivel mundial, que se haya organizado para mostrar la obra de Miguel Covarrubias (Ciudad de México, 1904-1957) se organiza en 14 núcleos temáticos que recorren distintas etapas de su historia personal y profesional.

 

Se presentan, por primera vez, 20 dibujos inéditos que el artista realizó para ilustrar el libro Historia del pueblo mexicano, de Luis Chávez Orozco, donde aparecen personajes de las distintas etapas de la historia de México, que nunca se publicó.

A continuación, por su valor e importancia, transcribo los textos que se encuentran en paneles de la exposición, que dan una ida acabada de la vida y la obra del artista: 

A cerca de

Miguel Covarrubias (Ciudad de México, 1904-1957) fue el artista mexicano más polifacético del siglo XX. Su enorme talento plástico, el interés por entender el lugar que ocupa el arte en el mundo moderno, el empleo sistemático de medios y materiales industriales en su excepcional obra editorial, su participación central en proyectos antropológicos, arqueológicos, museológicos y de teatro y danza, así como su indeclinable sentido del humor, son los signos de una inteligencia que lo acompañó en cada uno de los capítulos de su vida. En la época posrevolucionaria, en la que un nacionalismo envolvente dominaba la cultura y la educación en México, Covarrubias supo mirar en profundidad a su país, pero también intentó comprender en forma abierta un mundo que se desplegaba más allá de los límites físicos y culturales de su territorio.

Después de un periodo formativo en la prensa nacional —desapegado de todo academicismo—, en 1923 llegó a Nueva York, la metrópoli en la que renovó la morfología de la caricatura-dibujo, por medio del empleo de líneas estilizadas, ondulaciones audaces y combinaciones geométricas, con una gran economía de trazos, y en la que concentró los rasgos de una vasta tipología de personajes que conformaban la sociedad estadounidense de la época. Sus retratos contribuyeron al reconocimiento de la imagen del movimiento New Negro, en el llamado Renacimiento de Harlem (Harlem Renaissance). A partir de 1930, se internó en la geografía del Pacífico y en la isla de Bali y realizó una de las labores etnográficas más luminosas de la época. Es allí donde estudió con afán el sentido ritual de las manifestaciones artísticas y religiosas de las comunidades locales, como testimonios de la condición humana.

A su regreso a México a finales de la década de 1930, convertido en uno de los ilustradores editoriales más notables del mundo, orientó su vitalidad creativa hacia la investigación del arte indígena y la arqueología, así como a la docencia, la museología y las artes escénicas. La agudeza intelectual que lo caracterizó, lo llevó a contribuir al conocimiento del arte prehispánico, con especial énfasis en la cultura olmeca, e hizo aportaciones sobre su origen e influencias en el orbe mesoamericano que han sido el cimiento de numerosas investigaciones. Esta exposición ofrece un panorama general de las diversas facetas creativas en que incursionó, con el propósito de reconocer el lugar central que debe ocupar en la historia del arte mexicano y más allá. Miguel Covarrubias fue un artista cosmopolita que no quiso ver en las fronteras el límite de lo humano.

Orígenes 

Miguel Covarrubias Duclaud (Ciudad de México, 1904-1957) nació hacia el final del Porfiriato, en una familia de clase media alta. Su padre, José Covarrubias Acosta, era un ingeniero civil muy respetado entre científicos e intelectuales de la época. Durante el gobierno de Madero, fue director de Correos y, en 1920, Venustiano Carranza lo nombró director de la Lotería Nacional. Su afición por la pintura lo llevó a enseñarle a dibujar a su hijo Miguel, quien desde temprana edad dio cuenta de una gran destreza. Covarrubias era un alumno rebelde. A los catorce años dio por terminada su educación formal y comenzó a trabajar como delineante de mapas en la Secretaría de Comunicaciones y luego en redacciones periodísticas; de ahí surgió el mote de "Chamaco". Su inclinación por la bohemia en las calles del Centro de la ciudad, lo llevó a vincularse con artistas como Ernesto García Cabral, el Dr. Atl (Gerardo Murillo), José Clemente Orozco y Diego Rivera. Algunas de sus primeras colaboraciones gráficas en la prensa son un ejemplo formidable de la soltura de trazo y de una incisiva agudeza visual. De esa época, destaca su colaboración con Adolfo Best Maugard para ilustrar el Método de dibujo (1923), un libro dedicado a la enseñanza elemental del dibujo a partir del uso de motivos tomados del arte antiguo.

Tipos populares

La denominación tipos populares proviene especialmente de los cronistas y de los viajeros dela última etapa del virreinato, y mantuvo plena vigencia a lo largo del siglo XIX. El contenido de esta sección está determinado por dibujos de personajes—anónimos en su mayor parte— con los que se quiso caracterizar, de manera pintoresca, a los pobladores de distintos lugares del país. De este grupo de obras, sobresale la pintura El hueso, protagonizada por un personaje rural, de cuyo abrigo resalta un broche tricolor que exhibe su adhesión al partido oficial, fundado en 1929, un comentario mordaz relativo a la cultura política mexicana. Covarrubias pintó un hueso sobre el suelo para hacer alusión a un sistema que favorecía las filiaciones políticas por encima de las capacidades individuales.

Harlem Renaissance

Instalado en Nueva York en 1923 y apoyado por José Juan Tablada y Adolfo Best Maugard, Miguel Covarrubias desplegó sus capacidades de dibujante y de ensayista plástico. En 1925 conoció a la bailarina Rosemonde Cowan Ruelas, a la que llamará más tarde Rosa Rolando. En plena ebullición del jazz, el mundo de la cultura afroamericana se convirtió en un laboratorio, donde el joven artista experimentó con materiales como el gouache y el óleo, y logró estilizaciones y retratos que lo vincularon con otros artistas de la época, como Archibald Motley, Palmer Haydeny Hale Woodruff. No es audaz decir que sus primeras incursiones etnográficas ocurrieron en Harlem, donde capturó el ambiente de los bares y los teatros. Negro Drawings (1927), su segundo libro publicado por la editorial Alfred A. Knopf, conforma un bello y singular universo que reúne obras con absoluta unidad estilística y conceptual. En esa atmósfera, cargada de naturalismo y humor, el joven Covarrubias realizó varias de sus obras maestras tempranas.

Destellos metropolitanos

Ya en pleno dominio de sus capacidades dibujísticas y de la aplicación del color en el diseño periodístico, Miguel Covarrubias se convirtió en una figura excepcional de la ilustración de revistas de gran tiraje que apuntalaban la modernidad neoyorquina (Vanity Fair, Vogue, The New Yorker, entre otras). En los albores de la era de la reproductibilidad técnica, su obra se asoció con los materiales que definían la industria editorial más avanzada. La materialidad de los recursos empleados —de manera clave, el gouache sintético y distintos elementos relacionados con la impresión gráfica de revistas— imprimió un fuerte peso a la contemporaneidad de su trabajo, ligada a métodos y vías de difusión de sus obras. Los dibujos-caricaturas-manifiestos que circulaban por el territorio estadounidense alcanzaron una enorme popularidad. Las "Entrevistas imposibles" (realizadas entre 1932 y 1936) muestran a un artista inserto por completo en la metrópoli ya un experimentador que interconectaba temas y caracterizaciones múltiples, que apuntaban hacia distintas latitudes y a un desarrollo intenso del proceso de comprensión de la diversidad cultural como valor fundamental de toda vertiente humanista, en que el humor fue un factor decisivo.

Nace un etnógrafo: Bali

En los primeros años de la década de 1930, Miguel Covarrubias y su esposa, la bailarina Rosa Rolando, viajaron en dos ocasiones a Bali, una pequeña isla volcánica del sureste asiático, en ese entonces bajo dominio colonial holandés. En su primera estancia, de nueve meses, para la celebración de su luna de miel, Covarrubias descubrió en Bali un mundo colorido y sensual habitado por poderosos dioses hinduistas y formas de vida tradicionales, muy distantes del mundo urbano del que provenía. Además delos intelectuales europeos que habitaban la isla, Gusti Alit Oka, un príncipe carpintero, y otros amigos balineses los introdujeron en la vida ritual y en las tradiciones artísticas. En 1933, regresaron a la isla, donde permanecieron doce meses, durante los cuales realizaron un intenso trabajo al documentar actividades en el ámbito del teatro y de la danza, así como las suntuosas ceremonias de cremación. La experiencia de estudiar de cerca una cultura ajena transformó al joven dibujante en etnógrafo. Su libro La isla de Bali (1937) marcó el inicio de una nueva etapa para Covarrubias como estudioso de las artes indígenas al desplegar su enorme capacidad para comunicar, por medio de imágenes y textos, los valores fundacionales de una cultura.

El Pacífico en el centro

En 1939, Covarrubias produjo una serie de seis mapas murales para el pabellón principal de la Golden Gate International Exposition, de San Francisco, California, una feria cultural que celebraba la construcción del emblemático puente y consolidaba a la ciudad costera como puerta de expansión de Estados Unidos hacia el Pacífico. Un aspecto notable de esos mapas fue la ubicación del océano Pacífico en el centro de la composición, lo que permitió situar a la cuenca como un espacio dinámico e históricamente interconectado. En los mapas del Pacífico, Covarrubias concibió una geopolítica alternativa, también asociada afines educativos, que acompañó sus trabajos cartográficos subsecuentes. El proyecto también se relacionó con su participación en la icónica exposición sobre las artes de los Mares del Sur en el Museo de Arte Moderno de Nueva York(1946) y con el intercambio que realizó con el Field Museum de Chicago, entre 1948 y 1952, gestión que permitió a México adquirir la primera colección etnográfica de culturas del Pacífico y de América del Norte.

El rojo y la seda

Miguel Covarrubias visitó China en dos ocasiones, ambas como escala hacia su destino final: Bali. La primera ocasión, en 1930, fue breve pero significativa y le permitió reunir material para ilustrar el libro de Marc Chadourne, Chine (1931). Durante su segunda visita, en 1933, estableció amistad con artistas e intelectuales chinos, que conocían su trabajo gracias alas obras presentadas en Vanity Fair, las cuales gozaban de gran popularidad, hasta el punto de ser frecuentemente imitadas. Su interés por China persistió, lo que se manifestó en su compromiso político con la nueva China de Mao Zedong, así como en su filiación a la Sociedad Mexicana de Amistad con la China Popular, en 1953. De esa época, destaca su excepcional uso de la caligrafía de pincel para ilustrar la gran novela de la dinastía Ming, Shuihu zhuan, publicada bajo el título All Men Are Brothers, en 1948.

El mapa como herramienta

La cartografía pedagógica de Covarrubias concebía los mapas como un instrumento visual para comprender las dinámicas culturales de distintos territorios. La exitosa fórmula que desarrolló para los mapas del Pacífico fue aplicada posteriormente en las representaciones geográficas de México y Estados Unidos. En las décadas de 1940 y 1950, Covarrubias atendió varias comisiones para hacer mapas murales sobre su país, los cuales abordaban distintas temáticas. De esa época, destaca la obra Geografía del arte popular en México, de 1951, un mapa-mural desmontable, creado para el recién inaugurado Museo Nacional de Artes e Industrias Populares y destinado a ofrecer una perspectiva relativa a la riqueza y la diversidad de las artes indígenas de la época, de la mano de sus creadores.

Tierra del sol

Entre 1926 y 1942, Covarrubias realizó más de una decena de viajes al istmo de Tehuantepec, con el interés de profundizar en la etnología, arqueología e historia de la región, y llegó a considerarla como el origen de las culturas mesoamericanas. Con enorme acuciosidad etnográfica, hizo acopio de información sobre los pueblos huaves, zapotecos y mixe-zoques. El resultado de esa larga investigación fue Mexico South: The Isthmus of Tehuantepec (1946), un libro profusamente ilustrado, con dibujos, mapas, y pinturas, que fue complementado con fotografías de Rosa Rolando. En el texto sobre la cultura zapoteca, Covarrubias esbozó una sociedad igualitaria, en cuyo orden social las mujeres mantenían un papel predominante. La suntuosidad y el cromatismo de los vestidos de las tehuanas son presentados como un componente fundamental de una cultura que continúa siendo fuente de afirmación identitaria.

Juchitecas bailando el son, 1942

 

 

El águila, el jaguar y la serpiente

 

Este núcleo refiere uno de los más ambiciosos proyectos intelectuales de Covarrubias: una historia alternativa del arte americano en tres volúmenes, que presentaría un panorama general del arte indígena en el continente. Covarrubias empleó una división de tres grandes áreas: América del Norte (el águila), México y Centroamérica (el jaguar) y América del Sur (la serpiente). Su muerte prematura en 1957 sólo le permitió completar los primeros dos tomos, ilustrados con rigurosas y detalladas pinturas, numerosos dibujos a tinta, diagramas y mapas, que nos permiten vislumbrar, en una dimensión continental, la perspectiva histórica y la riqueza plástica del mundo indígena americano. En sus páginas abordó la posibilidad de contactos transpacíficos, un tema por el que nunca perdió el interés. El análisis de la forma y sus dibujos arqueológicos, creados con precisión milimétrica, nos permiten acercarnos a estas obras con la mirada de un polímata, alguien capaz de atender las preguntas que nos plantea el estudio de las culturas del pasado.

 

 

Otras formas, otros mundos

 

Hacia la década de 1940, las prioridades de Covarrubias se volcaron en el estudio de las artes indígenas de las Américas. La arqueología y el coleccionismo fueron los medios para aproximarse a la morfología y al pasado de las culturas indígenas. Covarrubias reunió una refinada colección de arte prehispánico, que utilizó principalmente como material de estudio. Su pasión se centró en el arte del periodo Preclásico, cuyos valores plásticos —de acuerdo con él— se caracterizaban por la "simplicidad y realismo sensual en las formas" (1946). Su tratado, una obra pionera sobre la estilización del arte olmeca, en el que observó "una enorme fuerza plástica", contribuyó a determinar la antigüedad de esta cultura en Mesoamérica muchos años antes del empleo del radiocarbono. Su colección, en la que destacan piezas de las culturas del Mezcala y de Tlatilco, a su muerte, fue donada por su familia al Museo Nacional de Antropología.

La letra y la línea

El trabajo de Covarrubias como ilustrador de libros no debe verse de ningún modo como una labor de orden secundario. Se trata de una actividad peculiar, en la que sus imágenes no representan un complemento visual, sino una rigurosa labor que agrega valor interpretativo y conceptual a cada obra; entre otras cosas, a su potencial educativo. La imaginación de Covarrubias encontró en estas ediciones uno de los sitios más luminosos de su profesión. El horizonte narrativo y geográfico en el que se desplazaba el "Chamaco" resume un extenso panorama cultural donde se entrecruzan distintas regiones del planeta. Deja ver su idea de la unidad humana, así como las múltiples manifestaciones que enriquecen la existencia y la historia de los pueblos. Las ilustraciones son una prueba más de un cosmopolitismo ilimitado.

 

El relato y el cuerpo: teatro y danza

Miguel Covarrubias estuvo ligado de manera permanente al teatro y a la danza. Desde su participación en el espectáculo Noche mexicana (1921), planeado por Adolfo Best Maugard, y durante su larga estancia en Nueva York, mantuvo una vertiginosa actividad teatral y dancística —a la que le siguió su sistemático interés por documentar las celebraciones rituales balinesas—, que continuó en los proyectos de la última etapa de su vida como funcionario gubernamental. En 1953 fue nombrado coordinador de Danza del Instituto Nacional de Bellas Artes. Covarrubias trazó un largo arco de búsqueda en estas disciplinas, en las que también cobraron presencia Rosa Rolando y Rocío Sagaón (su primera y segunda esposa, bailarinas de profesión), con quienes participó en diversos proyectos. Fue diseñador de varias escenografías, entre las que destacan Antígona, Los cuatro soles Tonantzintla, con coreografías de José Limón, y el ballet Zapata, encabezado por Guillermo Arriaga.

Retratos y humor: revelaciones

Uno de los géneros más frecuentados por Covarrubias fue el retrato, una línea que lo conecta con las tradiciones clásicas de la representación. Las aportaciones en este extenso segmento de su obra son de enorme importancia, ya que forman parte de una franja de artistas cuyo trabajo diluye las fronteras existentes entre el dibujo-caricatura, concebido por algunos como un arte menor, frente al arte consagrado. En este territorio creativo pone en juego un humor que adquiere diferentes matices y que se expande en la estilización de los dibujos al subrayar el carácter de los representados, pero sin recurrir a la degradación o a la burla descarnada, y al apelar siempre a recursos asociativos ligados al carácter y a la identidad social de los retratados. Mediante una amplia tipología de personajes, Covarrubias desarrolló un inquietante inventario de imágenes, en el que despliega una imaginación visual a toda prueba, así como un virtuosismo plástico que da cuenta de la voluntad de profundizar en el sentido de su trabajo como detonador de la comprensión del presente.

Comentario

La exposición es extraordinaria y los son también la cantidad y la calidad de las obras. Es un gran trabajo la curaduría de Sergio Raúl Arroyo y Anahí Luna, que han podido reunir obras de 51 colecciones públicas y privadas de México y Estados Unidos. Para hacer posible esta muestra se une a Fomento Cultural Banamex A.C., la Fundación Diez Morodo.

Esta exposición, la más importante a nivel mundial que se ha montado de Covarrubias, es, se puede decir, total. Están todas sus épocas y los temas sobre los que trabajó. Podemos ver su obra como caricaturista, ilustrador, pintor, antropólogo, etnólogo, arqueólogo, historiador y diseñador de escenarios teatrales. 

La muestra deja constancia del lugar central que ocupa en la historia del arte mexicano y más allá. Covarrubias fue un artista cosmopolita que quiso ver el mundo sin los límites de las fronteras.

 

El título de la exposición "Miguel Covarrubias. Una mirada sin fronteras", subraya esa vocación del artista, al tiempo que explora la vida y obra de este creador mexicano que rompió moldes y cruzó fronteras entre disciplinas: del arte a la antropología, del teatro al diseño editorial, de la ilustración a la arqueología.

La exposición, con una muy buena museografía, permite asomarse a la mente inquieta y brillante de Covarrubias, un artista que supo observar el mundo con agudeza y empatía. El y la curadora proponen una mirada fresca y multidisciplinar que invita a descubrir a Covarrubias no solo como un gran artista, sino como un puente entre distintos mundos.

 

Sergio Raúl Arroyo, curador de la muestra, dice de Covarrubias que "un personaje excepcional que se movió con una gran independencia en un mundo en el que dominaban las presiones del nacionalismo", por lo que consiguió "nunca insertarse en la Escuela Mexicana de Pintura".

 

Y agrega que "hay una palabra que (define a Covarrubias) no sé si la usó Adriana Williams o Silvia Navarrete: es un artista chocarrero que es justamente la idea de alguien que no va a aceptarlo dado, alguien que, a pesar de que las cosas están puestas en la mesa para que se despliegue un cierto tipo de arte, las rechaza".

Gocé mucho la exposición y también aprendí mucho sobre la vida y la obra de Covarrubias. Los textos de los paneles son muy buenos y dan mucha idea, y son una muy buena guía para recorre la exposición. Esta es una de las grandes muestras que ha montado Fomento Cultural Banamex, en este su palacio del arte.

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Uno de los seis mapas murales de Covarrubias, titulado Mural de las Artes, se perdió desde 1940 y hasta la fecha se desconoce su paradero. Anahí Luna dice que: "Fue robado en algún momento de 1940, cuando cerró su exposición en el Museo Nacional de Historia Natural (...) en el trayecto de Nueva York a San Francisco".

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Dos colecciones, por razones diversas, no prestaron sus obras para esta muestra: Harry Ransom Center, Universidad de Texas, Austin, y la Universidad de las Américas Puebla (UDLAP).

Estrategia de Seguridad Nacional (ESN)

Rubén Aguilar Valenzuela

Aquí menciono, lo que considero, requiere una real Estrategia de Seguridad Nacional (ESN) en el marco de una República federal, donde la lucha en contra de los grupos del crimen organizado exige la participación de todos los órganos del Estado, los tres órdenes del Ejecutivo, y también de la sociedad civil.

Esto requiere, de otra manera no es posible tener éxito, un Acuerdo Nacional donde la solución de los grandes problemas nacionales se vea como responsabilidad compartida, entre el gobierno federal, las entidades federativas y las organizaciones de la sociedad civil.

El acuerdo implica un nuevo Sistema Nacional de Seguridad (SNS) en el cual se discute y analizan las estrategias, se aprueben y se evalúen. En un diálogo permanente entre la federación, los estados, los municipios y la sociedad. El gobierno federal solo no puede y su acción va a terminar una vez más, en el fracaso.

Esto exige un nuevo federalismo presupuestal en materia de seguridad. Los estados y los municipios requieren recursos para mejorar sus instituciones de seguridad. El federalismo es un principio fundamental en el diseño de un nuevo sistema de seguridad. Para aplicar el federalismo se consideran las siguientes estrategias:

- Coordinación Nacional: Es necesario una coordinación efectiva entre las instituciones federales y las estatales, que garanticen la participación de todos los niveles de gobierno en la toma de decisiones y en la implementación de las estrategias. Esto se logra a través de mecanismos como el Gabinete de Seguridad, que es encabezado por la presidenta de la República. No solo es tarea una reunión cerrada, por la mañana, entre integrantes del gobierno federal.

- Descentralización: Es necesario la descentralización de la toma de decisiones y de la implementación de las estrategias de seguridad. Se exige la autonomía a las entidades federativas y los municipios para adaptar las estrategias a sus necesidades específicas.

- Respeto a la soberanía: Se debe respetar la soberanía de las entidades federativas y los municipios, y hay que evitar la sustitución de las policías locales por la Guardia Nacional (GN), que actúa de manera subsidiaria y de apoyo a estas instituciones. No es ella la protagonista.

- Involucramiento de la sociedad civil: Se debe involucrar a la sociedad civil en la prevención de la delincuencia y la promoción de la seguridad, a través de sus iniciativas, que se integran al sistema general.

- Tecnología y recursos: Se deben aprovechar todas las tecnologías a la mano, para fortalecer la seguridad. El uso de la IA es fundamental.

El Acuerdo Nacional contempla una serie de objetivos de gestión: Rediseño del federalismo: que la seguridad comienza en lo local; nuevo modelo policial y de justicia; garantizar el financiamiento de la seguridad y justicia; construir una Guardia Nacional Civil y fortalecer a las instituciones: policías, procuración de justicia, sistema penitenciario, poderes judiciales.

Y una serie de objetivos de impacto: Reducir violencia homicida; reducir delitos contra las empresas: cobro de piso, robo transporte y fraude; reducirlos delitos patrimoniales de las familias: robos, secuestros y extorsión; garantizar el Estado de derecho; reducir la impunidad; reducir violencia familiar y de género; reconstruir el tejido social de las comunidades y zonas de violencia.

Museo Minero, Real de Asientos, Aguascalientes

Rubén Aguilar Valenzuela

El Museo Minero, en la población de Real de Asientos, Aguascalientes, se aloja en parte de un edifico del siglo XIX de buena arquitectura.

 

Colección

 

La colección se ubica en dos salas que tiene subdivisiones temáticas: Fundación de Real de Asientos; Iglesias de Real de Asientos; Piedras de Extracción de las Minas; Artefactos y Procesos de la Minería y Etnias y Castas.

Piezas prehispánicas.

 

Las temáticas están bien desarrolladas. Se muestran piezas paleontológicas (restos de mamut); objetos prehispánicos; objetos coloniales y muestras de diversos minerales que se encuentran en las minas dela región.

 

Comentario

 

Es un museo pequeño que está bien puesto y tiene buena museografía, la información que se ofrece de los diversos temas, en los paneles ubicados en las salas del museo, es relevante y da buena idea de los mismos. 

 

La Misión Jesuita de la Tarahumara

Rubén Aguilar Valenzuela

La Misión Jesuita de la Tarahumara (México - Argentina, 2024) es un documental en tres partes del argentino Sergio Raczko que trabaja en los Estudios Roque González de Santa Cruz, Colegio El Salvador, Provincia Argentino - Uruguaya de la Compañía de Jesús, Buenos Aires, Argentina.

 

- Primera parte

 

El documental, que dura 33 minutos, inicia con los preparativos de la celebración de la Semana Santa, fiesta fundamental de la cultura rarámuri, en las comunidades de San José del Pinal, Guaguachiki y Samachiki, en la Sierra Tarahumara, estado de Chihuahua, en México. De estos lugares presenta a los rezanderos y a la gobernadora indígena de Samachiki, Rebeca González Moreno.

 

Se puede ver, como parte de los preparativos, que implican, entre otras cosas, el acondicionamiento del lugar y la elaboración de arcos de ramas de pino, algunos bailes tradicionales, en particular de matachines, y oír la música propia de los rarámuris que se toca con violín, flauta y un tambor especial propio de esta cultura.

 

Luego, el documentalista, hace que jesuitas y otras personas, se presenten, y estas después van a intervenir, para dar cuenta del mundo rarámuri con su historia, su cultura, su cosmovisión, su teología, su religiosidad, sus festividades, y otros elementos que ayuden a entender a este pueblo originario y el trabajo de los jesuitas con ellos, que ya tiene más de 400 años.

 

De los jesuitas que trabajaron en la misión, pero ya no están, se presentan: Pedro de Velasco Rivero; Sergio Nicolás de la Rosa Dávila; Alejando Cancino y José Martín del Campo.

 

Y de los jesuitas que ahora trabajan en la misión se presentan: Enrique Mireles, el superior; Javier Ávila; Jesús Reyes Muñoz; Luis Gilberto Alvarado; Esteban Cornejo; Félix Velasco; Sebastián Salamanca y Alberto Murguía.

 

Se presentan también Carlos Vallejo, que fue jesuitas, salió de la Compañía de Jesús, y con su familia se quedó a vivir en la sierra; a Guillermo Torres Laombe, historiador de la diócesis de la Tarahumara, y al historiador jesuita Arturo Reynoso, que trabaja en el Iteso de Guadalajara, Jalisco, universidad de los jesuitas.

 

Después de esta introducción se empieza a contar la historia de los jesuitas en la Sierra Tarahumara y su primer contacto con los rarámuris, a partir de las intervenciones de los jesuitas y otras personas que ya fueron presentadas y de otros historiadores y especialistas que participan en el documental.

 

San Francisco de Borja (1510-1572), tercer padre general de la Compañía de Jesús, en 1572 envía a los jesuitas al virreinato de la Nueva España, ya antes, en 1568, los había mandado al virreinato del Perú. Siendo general publica unas primeras  normas e indicaciones, que los jesuitas deben seguir en el trabajo misional, y en ellas insiste en la importancia de que aprendan las lenguas de los pueblos originarios donde van a misionar. Los historiadores Miguel León Portilla y Alfonso Alfaro, y Carlos Vallejo, especialista en la cultura y lengua rarámuri, subrayan la importancia que los jesuitas, desde un principio, daban al aprendizaje de las lenguas de los pueblos originarios para realizar su trabajo misional.

 

En 1592, el padre jesuita Gonzalo de Tapia, funda en el hoy estado de Sinaloa, las que va a ser las primeras misiones permanentes de los jesuitas en el norte de la Nueva España, para después avanzar hacia los hoy estados de Sonora y Durango. En 1601, el padre Pedro Méndez (1579-1543), desde Chínipas, en el hoy estado de Chihuahua, es el primer jesuita que entra a la Sierra Tarahumara y establece contacto con los rarámuris, y en 1608, el padre Juan Fonte (1574-1616) recorre la región. Las rutas de entrada de los primeros misioneros a la Tarahumara van a ser desde las misiones de Sinaloa, Durango y Parras, en el hoy estado de Coahuila.

 

En la parte final de este primer documental se explica, a través de los jesuitas que entrevista el documentalista, la importancia del bautismo, para los rarámuris. La palabra rarámuri "pagoma", significa lavado. Y los rarámuris utilizan esa palabra para nombrar al bautismo. Ellos, pues, son el "pueblo lavado", los "pagotuam". En su concepción ser rarámuri es ser un "pagotuam", un bautizado. Hay escenas de padres jesuitas en la Tarahumara bautizando a niños y niñas.

 

- Segunda parte

 

Al inicio del documental, que dura 46 minutos, se habla de la existencia de las misiones de la Alta y Baja Tarahumara, la división se origina a partir de la existencia de barrancas muy profundas que dividen el territorio al que se accede por entradas muy distintas. Las misiones de la Baja Tarahumara se fundan entre 1604 y 1753 y la de la Alta Tarahumara inician en 1673 y continúan hasta la supresión de la Compañía de Jesús en los territorios de la Corona española en 1767. En total, en la época de la Colonia, se establecieron 24 Centros de Atención Indígena, desde los que se prestaba servicio a 79 pueblos de visita. Un total de 103 sitios.

 

El documental da cuenta de las primeras rebeliones de indígenas tepehuanes y rarámuris en la Tarahumara. En su origen hay dos grandes causas: el mal trato que los indígenas recibían de los españoles en las minas, y los intentos de "reducirlos" en pueblos. Se comenta el libro del jesuita bohemio, Joseph Neumann (1648-1732), que documenta las rebeliones, rarámuris en un texto escrito en latín: Historia de las sublevaciones que contra los misioneros de la Compañía de Jesús y sus auxiliares promovieron las naciones indias ante todo la Tarahumara en América Septentrional en el reino de Viscaya (1626-1724).

 

Frente a la primera rebelión, los jesuitas cambian su estrategia y ya no intentan concentrar en pueblos a los rarámuri, hacer "reducciones", que habían resultado tan exitosas en Paraguay, y optan por establecer Centros de Atención Indígena, con una iglesia y la casa de los padres, sitios a los cuales, para las celebraciones, bajan los rarámuris, desde las montañas donde viven aislados y dispersos.

 

Se explica con amplitud, la importancia de la celebración de la Semana Santa para los rarámuris, fiesta sincrética que incorpora elementos de esta ancestral cultura, que se asienta en la Sierra Tarahumara hace 2000 años, y otros que fueron traídos por los jesuitas europeos. Se habla de la religiosidad y de la teología rarámuri, que asume que hay un Dios Padre y Madre, que al mismo tiempo es solo uno. El sentido de esta fiesta en particular es para recordar - celebrar la pasión, muerte y resurrección de Jesús. Las danzas que representan la lucha entre el bien y el mal. La música y el sonido de los tambores.

 

En el calendario litúrgico de los rarámuris hay tres ciclos: El Ciclo de invierno. Es la época del baile de los matachines con vestidos coloridos. La música de violín y guitarra. De acuerdo a las entrevistas que hace el documentalista existen rituales y celebraciones milenarias que son anteriores a la llegada de los jesuitas, como el "Yúmari" y el "Tutuguri". Según Carlos Vallejo, especialista en la cultura rarámuri, son celebraciones que deben ubicarse como parte de una tradición que tiene su origen en los grupos que migraron de Asia al continente de América por el estrecho de Bering.

 

El Ciclo de Cuaresma y Semana Santa. Que se celebra con procesiones, el Vía Crucis, y diverso tipo de danzas y música, ahora, a la guitarra, el violín y los tambores, se añade la sonaja. El Viernes y el Sábado Santo, los hombres, también los niños, se pintan la cara y las manos de blanco, con puntos rojos. La bebida en común del tesgüino, batari en lengua rarámuri, una cerveza de maíz fermentado. El batari, presente en todas las fiestas comunitarias, se ofrece, antes que a nadie, a Dios. El fin de este ciclo litúrgico termina con la quema del Judas, que simboliza que se quema al mal. El tercer Ciclo es el de la Navidad.

 

De las fiestas, el documentalista, registra con su cámara el conjunto de las celebraciones, que incluye la preparación, la celebración propiamente tal, con la misa y la homilía del sacerdote, y luego las danzas con la música, propia de los rarámuri. Hay escenas de las celebraciones en el exterior de las iglesias, y también al interior delas mismas. Y tomas de día y de noche. El registro documental de las fiestas es en las comunidades de San José del Pinal, Guaguachiki y Sanachiki.

 

Esta segunda parte del documental termina con presentar como en la escuela primaria de la comunidad de Rejogochi, se enseña a las niñas y a los niños, las celebraciones tradicionales de la comunidad rarámuri, el profesor Ramiro Chávez Ramírez, habla de la importancia de que se mantengan las tradiciones y su contenido espiritual. Hay escenas de una lucha tradicional entre niñas, por un lado, y niños, por otro. En la parte final del documental se registra el cambio de gobernador en la comunidad de Guaguachiki, lo que ocurre cada tres años. Sale una gobernadora y entra un gobernador. Las intervenciones de estas personas son en rarámuri.

 

- Tercera parte

En este la tercera y última parte, que dura 17 minutos, se da cuenta del regreso de los jesuitas, en 1900, a la Sierra Tarahumara. En 1767, a la expulsión de los jesuitas de los territorios gobernados por la corona de España, es la Orden de Frailes Menores (OFM), los franciscanos, quienes se hacen cargo de las misiones de la Tarahumara. Se establecen en doce de ellas y no en la totalidad de los centros misionales que habían fundado los jesuitas. Les suceden los misioneros de San José o padres Josefinos, una congregación mexicana fundada en 1872.

 

El jesuita belga Aquiles Gerste (1854-1920), que ya trabajaba en México, a petición del presidente Porfirio Díaz, hace un recorrido por lo que fueron las misiones de los jesuitas en la Sierra Tarahumara en 1892. Los indígenas rarámuri, con los que se entrevistan, le dicen que ojalá regresen los "ropa negras", que seguían, después de 125 años, estando muy presentes en la memoria de ese pueblo originario.

 

En 1900, a invitación del obispo de Chihuahua, José de Jesús Ortiz (1849-1912), los jesuitas regresan a la Sierra Tarahumara, después de 133 años de haber salido de ella, y se instalan en Sisoguichi. El grupo inicial está integrado por los padres Antonio Arocena, José María Vargas, Pablo Louvet (1865-1939), como superior, y el hermano coadjutor Nicasio Gorgorza. Se encuentran que los rarámuris que siguen siendo cristianos y todavía celebran las fiestas y ceremonias a las que dieron forma junto con los antiguos jesuitas.

Es en 1950 que se crea la misión suijuris de la Tarahumara, ya esperada de la Diócesis de Chihuahua. En 1958 se establece el Vicariato Apostólico de la Tarahumara y su primer obispo es el jesuita Salvador Martínez Aguirre (1897-1987), al que sucede el también jesuita José Llaguno Farías (1925-1992). En 1993 se crea la Diócesis de la Tarahumara, a cargo de un obispo diocesano, José Luis Dibildox Martínez (1943-2018). Ahora los jesuitas siguen ahí presentes, como responsables de algunas parroquias, y realizan distintas actividades pastorales y sociales, y hay otras que están a cargo de sacerdotes diocesanos.

 

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El documentalista argentino Sergio Raczko, desde 1989, ha realizado documentales, en el proyecto "Las Misiones Jesuíticas en América", son ya 36 años de trabajo. En esta ocasión nos presenta "La Misión Jesuita de la Tarahumara", en tres partes, con una duración total de una hora y 36 minutos. Con muy pocos elementos, él hace todo, cosa que también ocurre con otros documentalistas, nos presenta una panorámica general, sobre la historia de 400 años de trabajo de los jesuitas en medio de los rarámuris en la Sierra Tarahumara, y también nos ofrece una mirada sobre la cultura rarámuri, su teología, su religiosidad, y la manera de celebrar su liturgia sincrética, a partir de sus propios elementos y los que introducen los jesuitas en el siglo XVII.

La cámara, en manos de Raczko, y también el sonido que graba, nos permiten presenciar las ceremonias religiosas de los rarámuris, dentro y fuera de las iglesias, en el día, pero también en la noche. Se centra, sobre todo, en la manera que celebran la Semana Santa. Las entrevistas, que el documentalista realiza a los jesuitas que han vivido en la Tarahumara, que ahora tienen otras tareas, y los que viven en ella, ofrecen una mirada profunda sobre la cosmovisión y la teología rarámuri.

El de Raczko, es un gran trabajo, hecho con sensibilidad, agudeza e inteligencia. Con respeto y también admiración frente a lo que ve, registra las escenas que deben de estar, para dar una idea acabada de lo que se propone, que se conozca la cultura rarámuri y el acompañamiento de la Compañía de Jesús, entre ellos, por ya más de cuatro siglos. Su trabajo deja ver, que hay una relación cercana, que podría calificarse como especial, entre los rarámuris y los "ropa negras", los jesuitas.

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En el documental hay grabaciones de las misiones de: Nombre de Jesús Carachi; Dulce Nombre de María de Sisoguichi; San Francisco Javier de Cerocahui; Nuestra Señora del Pilar de Norogachi; San Miguel Arcángel de Churo; San José de Pamachi; Santa María de Populo de Guaguachiki; Nuestro Padre San Ignacio de Papajichi; Santos Cinco Señores de Cusárare; Nuestra Señora de Dolores de Sauachiki; San Ignacio de Arareko; San José del Pinal y la Escuela - Albergue Rejogochi.    


La Misión Jesuita de la Tarahumara  

Título original: La Misión Jesuita de la Tarahumara

Producción: México- Argentina, 2024  

Dirección: Sergio Raczcko

Guion: Sergio Raczcko

Fotografía: Sergio Raczcko

Musicalización: Sergio Raczcko

Locución: Mara Gallegos

Actuación: Personas involucradas en los hechos

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