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Rubén Aguilar Valenzuela
El pasado 9 de marzo, la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo celebró su primer acto de demostración de su fuerza y arraigo con la base social de Morena, que fue acarreada en camiones desde todo el país, para llenar el Zócalo de la Ciudad de México. El evento no resultó como ella esperaba.
La fila de los invitados especiales, siguiendo el protocolo, saludaban de mano a la presidenta, al final de la fila, antes de la subida al templete, estaban los líderes de las cámaras, controlados por Morena, la presidenta del partido y el secretario de Organización, hijo del presidente López Obrador (2018-2024).
Cuando la presidenta se acercaba decidieron voltearse de espaldas para tomarse una fotografía. Pienso, no soy el único, que en este acto no fue un accidente, sino totalmente deliberado, diseñado para mandar un mensaje a la presidenta. Así se ve en los videos.
Se le dijo que en este su primer evento de manifestación de fuerza y poder, le debía quedar claro que hay un poder mayor al suyo, el de López Obrador, aquí representado por su hijo. De inmediato, la presidenta entendió lo que sucedía y cuando se voltearon para darle la mano, ella se siguió de largo. Había recibido el mensaje.
Al día siguiente la prensa solo habló de este hecho y de manera muy marginal recogió las palabras de la presidenta en su primera manifestación de poder a seis meses de haber asumido la presidencia de la República. Para sus propósitos el evento fue un gran fracaso y al tiempo evidenció su debilidad.
Este no es el primer mensaje donde se le dice que no se manda sola. Ya Morena en las cámaras no le han aprobado iniciativas de ley que ella mandó. Eso nunca le ocurrió a López Obrador, dueño del partido, propiedad que ahora controla a través de su hijo.
¿En algún momento la presidenta se atreverá a hacer a un lado a su mentor y líder? ¿Se atreverá a asumir todo el poder o lo seguirá compartiendo con él? ¿Se atreverá a hacerse del control de Morena o se lo dejará hasta el final de su mandato?
En estos primeros seis meses de gobierno, la presidenta en su mañanera, en más de una ocasión, ha intervenido para hacer elogios de su mentor y líder, y en otras ocasiones para defenderlo de las críticas de diversos sectores, que con el tiempo se irán haciendo más evidentes.
¿Los elogios y la defensa que hace de su antecesor nacen de su propia convicción o es algo que le pide u ordena quien la antecedió? Es muy claro que ella está ahí, en la presidencia, porque él la puso. Hay evidencias claras que muestran la existencia del maximato. ¿Este habrá de continuar a lo largo de su mandato o se va a deshacer de él?
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Rubén Aguilar Valenzuela
El jueves 27 de marzo en la Ciudad de México, tuvo lugar la trece entrega del Premio Rubén Aguilar Monteverde, que otorga la Revista Ganar Ganar dedicada a promover y dar a conocer la responsabilidad social de las empresas.
Mi padre nació en Hermosillo, Sonora, en 1924 y murió en la Ciudad de México en 2011. Por 43 años trabajó en el Banco Nacional de México (Banamex), del que llegó a ser su director general. A los 15 años empezó a laborar en la sucursal Navojoa, Sonora, donde vivía con sus padres y hermanos.
A lo largo de su vida como banquero ocupó muchos puestos, entre otras cosas, abrió las sucursales de Banamex en Los Mochis, Sinaloa, y Mexicali, Baja California. Fue presidente de la Asociación de Bancos de México (ABM). Y formador de muchas generaciones de banqueros, que lo siguen recordando.
A partir de 1982, después de la nacionalización de la banca, decidió trabajar, como voluntario, a promover el desarrollo de la sociedad civil organizada, durante los 29 años que se dedicó a esta actividad, participó en la fundación y desarrollo de 50 de estas organizaciones.
Entre ellas, para solo mencionar algunas, Centro Mexicano para la Filantropía (CEMEFI); Fundación Río Arronte; Fundación Mexicana para la Salud (FunSalud); Fundación para la Salud Hepática (FundHepa); Fundación Tarahumara José Llaguno; Fondo Mexicano para la Conservación de la Naturaleza y Fundación Amigos de Teotihuacán.
El Premio Rubén Aguilar Monteverde se otorga a personas y organizaciones de la sociedad civil que trabajan a favor de la construcción de un mundo más justo, equitativo y que promueven el desarrollo social de los sectores marginados.
Este año lo recibió la Fundación del Empresariado en México, A.C. (Fundemex), fundada en 2004, en el seno del Consejo Coordinador Empresarial (CEE). Mi padre fue uno de sus fundadores junto con otras personas como Lorenzo Servitje Sendra, Manuel Arango Arias, Ari Kahan y Pilar Servitje Montull.
Fundemex trabaja en la promoción del desarrollo económico y social sustentable en colaboración con el gobierno y organizaciones de la sociedad civil. Su trabajo lo desarrolla a partir de dos ejes estratégicos: las cadenas de valor inclusivas y las oportunidades laborales a jóvenes.
Su actividad la desarrolla en asociación con empresas sociales, integradas por personas de comunidades en situación de pobreza y/o vulnerabilidad, dedicadas a la producción de café, ajonjolí, maíz, amaranto, artesanías, y el turismo de naturaleza. Estas empresas generan empleo en comunidades rurales donde este es escaso o precario.
En los años anteriores han recibido el Premio Rubén Aguilar Monteverde: Alejandro Ramírez Magaña (2012); Manuel Medina Mora (2013); Carlos Slim Domit (2014); Alfredo Harp Helú (2015); Dr. Guillermo Soberón (2016); Dr. David Kershenobich Stalnikowitz (2017); Mercedes Aragonés (2018); Pilar Servitje Montull (2019); Enrique González Torres, S.J. (2020); Fundación Gonzalo Río Arronte (2021); Fundación Hermanos Rodríguez (2022); Fundación Tarahumara José A. Llaguno (2023) y Bruno Newman (2024).
