El pasado 20 de marzo me tocó escuchar el concierto de Pauli Camou (Hermosillo, Sonora, 1988), en el que presentó Lava y miel, su primer disco que se integra de ocho canciones con letras y música de su autoría.
El evento tuvo lugar en el Foro del Tejedor en la Ciudad de México, que por su dimensión ofreció la posibilidad de experimentar la cercanía con la artista y producir un ambiente de intimidad, que invita a estar atento y escuchar.
La cantautora, que estudió licenciatura en el Centro Universitario de Música Fermatta, en la Ciudad de México, dice que canta "desde mi constante necesidad de entender que hago aquí, y a veces desde el pedacito de paz que se crea cuando baja la marea. Normalmente soy las olas, y rugen, y tosen sal y sale el sol y se refleja".
Las letras de las canciones que integran el disco son poesía, que hacen patente el lugar desde donde ella compone, que es su propia realidad y vivencia, y también desde donde canta, que es una forma de decir la poesía como lo han hecho Patti Smith, Leonard Cohen y Bob Dylan.
En el concierto cantó las poesías – canciones que tiene el disco: Vuelve a caer: Canción a medias; Ojos bailarines; Lava y miel; Mujer desierto; Cerquita; En pausa y Sueño de colibrí (Eterno).
Estas las acompaña de una música, también compuesta por ella, que busca ser un sonido propio, que es una fusión de influencias, dice, con sonidos de la música mexicana, latinoamericana, en particular cubana, y también sonidos del pop y la música electrónica.
Su música es una evidente y clara fusión de elementos tradicionales, de enorme riqueza y calidad, y las propuestas propias de lo contemporáneo, que son muchas y diversas.
Pauli Camou, que hizo un diplomado en Berklee College of Music en Boston, Estados Unidos, es parte de una nueva generación de cantautores que se han propuesto ser fieles a sí mismos y a su arte, que son sus letras y su música.
En la red había oído cantar a Pauli Camou, pero nunca la había visto en directo y tampoco la había escuchado interpretando sus propias poesías – canciones. Me impresionó.
Forma parte de una generación de mujeres y hombres jóvenes que con honestidad enfrentan la creación artística. No ceden a la tentación de la música comercial fácil e intrascendente.
Se saben y saben que aportan algo distinto y nuevo, y que el camino es difícil y largo, pero vale la pena recorrerlo. Hay que picar piedra y no cejar. Su trabajo va en contra de muchas convenciones sociales y artísticas.
Las y los invito a escuchar las poesías – canciones y también la música de Pauli Camou y vivir la experiencia de lo nuevo y distinto. De disfrutar de la ceración artística de calidad, que trasciende con mucho lo convencional.