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Los olvidados de la tierra

Rubén Aguilar Valenzuela 
Cafarnaúm (Líbano-Francia-Estados Unidos, 2018) es la tercera película de la directora libanesa Nadine Labaki que antes había filmado Caramel (2007) y ¿Y ahora dónde vamos? (2011)

La película recae sobre Zain Al Rafeea que hasta la filmación no sabía leer ni escribir. En 2004 nació en Siria y con su familia, al estallar la guerra, se trasladó al Líbano como refugiado en espera de obtener un pasaporte, para viajar a Europa.

Él de 13 años y sin ninguna experiencia actoral hace el papel de Zain, un niño de doce años que vive en un barrio miserable en la periferia de Beirut, la capital del Líbano.

Siguiendo la tradición, sus padres entregan a su hermana Sahar, menor de edad, a un hombre varias décadas mayor. Ella pronto queda esperando y por eso muere. Zain intenta asesinar al marido y huye de la casa.

En la calle se encuentra con una indocumentada etíope que tiene un hijo. Él se encarga del niño mientras ella va al trabajo. Un día migración la detiene y no vuelve a casa. Zain no entiende lo que pasa y se hace cargo del niño.

La directora construye la película con una narrativa sólida que funciona muy bien y donde el contexto juega un papel fundamental. De ella también es el guion con base en una historia de Jihad Hojeily.

En la película Labaki apuesta a actores no profesionales y Zain Al Rafeea realiza una actuación extraordinaria. La película me impresionó mucho. Me dijo mucho.

El trabajo de la directora recibió el Premio del Jurado en el Festival de Cannes y en su momento la película tuvo nominaciones en los premios BAFTA, en los Globo de Oro y en los Oscar. Y también en otros muchos festivales de cine.
 
Para un sector de la crítica, que no comparto, la película funciona como un lavado de conciencia, para que después todo siga igual. Esos críticos ven que el retrato de la miseria que ofrece la directora no aporta nada a que las cosas cambien.

En lo personal el retrato de la miseria al límite que ofrece la directora es un llamado a la conciencia de que esa realidad existe y no se puede ignorar. No es posible desatenderse de ella. Labaki quiere transmitir ese mensaje.

Cafarnaúm
Título original: Capharnaüm o Kfar Nahum
Producción: Líbano-Francia-Estados Unidos, 2018

Dirección: Nadine Labaki
Guion: Nadine Labaki con base a una historia de Jihad Hojeily.
Fotografía: Christopher Aoun
Música: Khaled Mouzanar
Actuación: Zain Al Rafeea, Yordanos Shiferaw y Boluwatife Treasure Bankole. 

Rechazo a la estrategia de seguridad

Rubén Aguilar Valenzuela
Hoy el 65.6 % de las personas desaprueban la manera como el gobierno combate a la delincuencia, según encuesta de El Universal (07.03.20) que coincide con el resultado de otras publicadas recientemente.
 
Los datos dan cuenta que a medida que pasa el tiempo el rechazo ciudadano se acrecienta. Al inicio del gobierno el 47 % no aprobaba la política de seguridad. En poco más de un año el desacuerdo ha crecido en 18.6 puntos.

Al dato anterior se añade que en todos los niveles de la población crece la percepción de inseguridad según datos de la Encuesta Nacional de Seguridad Pública Urbana (ENSU) que realiza el INEGI.

El 57 % de la población tiene la percepción de que año con año han aumentado los niveles de violencia en el país. En junio de 2019, con 48.7 %, es cuando la percepción estuvo más baja, pero a partir de entonces todos los meses ha crecido.

Quien más se siente inseguro es la población, hombres y mujeres, entre los 30 y 39 años donde el 64.9 % percibe que ha crecido la inseguridad y aumentado la violencia.

La inseguridad, la violencia y la delincuencia es un tema que está presente en la conversación de todos los días. El 53.8 % de los encuestados asegura que habla sobre esos tópicos diariamente.

El 16.4 % de dos a tres veces por semana, el 9.0 % una vez a la semana y el 4.9 % dos o tres veces al mes. Solo el 14.5 % dice que lo hace de manera ocasional a lo largo del año.

En la percepción ciudadana los delitos que más han crecido en los 15 meses que lleva el gobierno son: homicidios (24.5 %), feminicidios (18.4 %), asaltos en la vía pública (18.1 %) y secuestros (15.7 %).

Le siguen, con porcentajes de entre 3.6 % y 0.7 %, asaltos a casa habitación, narcotráfico, drogadicción, asaltos en el transporte público, corrupción, agresiones sexuales, robo de autos y autopartes, extorsión telefónica y robo a comercios.

El tiempo que la ciudadanía da al presidente López Obrador, para que ofrezca resultados en materia de seguridad se acorta. En febrero de 2020, el 33.8 % le da un año.

En noviembre de 2019 el 26.4 % decía que era necesario ser pacientes, pero tres meses después, solo el 18.4 % piensa lo mismo. Es una diferencia de ocho puntos en 90 días.

El presidente en diversas ocasiones ha reconocido que en materia de seguridad su gobierno se ha quedado corto, pero siempre sostiene, pese a los resultados, que se seguirá implementando la misma estrategia.

A partir de esa estrategia, que todavía no queda muy claro cuál es, el 2019 resultó ser el año más violento de los últimos sesenta años. Todo indica que 2020 será peor que el año anterior.

En ese horizonte lo que se puede esperar es que crezca el rechazo de la ciudadanía a la política de seguridad del presidente. Para eso habrá que ver cómo se comportan las encuestas en los próximos meses.

Valoración de las instituciones   

Rubén Aguilar Valenzuela 
La familia es la institución en la que más confían los mexicanos: El 82 % confía mucho en ella, el 9.2 % algo, el 4.6 % poco y el 3.0 % nada, según encuesta realizada por El Universal (06.03.20).

En este nivel de confianza no está ninguna otra institución. Es un dato que no puede ignorarse. Cincuenta puntos más abajo se encuentran las que le siguen, que son la Iglesia y el Ejército.

El 35.6 % confía mucho en la iglesia, el 20.1 % algo, el 21.4 % poco y el 21.9 % nada. Este nivel de confianza se mantiene a pesar de los casos de pederastia de sacerdotes diocesanos y en particular de los Legionarios de Cristo.

En el Ejército confía mucho el 28.8 %, algo el 29.1 %, poco el 23.5 % y nada el 16.8 %. Esto pese a los altos niveles de violencia que se vive en país y en los casos de violación de derechos humanos en los que ha participado la institución.

El gobierno es la cuarta institución más confiable. El 21.0 % confía mucho, el 25.6 % algo, el 27.4 % poco y el 25.5 % nada. Habrá que ver si con el desarrollo de los próximos meses se mantiene esta valoración o tiende a caer.

De cara al proceso electoral de 2021, el índice de confianza del Instituto Nacional Electoral (INE) es alto. Es la quinta institución más confiable. El 13.5 % confía mucho, el 24.2 % algo, el 33.1 % poco y el 27.9 % nada.

Le sigue, es la sexta, la Comisión Nacional de Derechos Humanos (CNDH) y esto a pesar de la ilegalidad del nombramiento de su nueva titular.  El 12.5 % confía mucho, el 25.1 % algo, el 32.9 % poco y el 24.6 % nada.

Sorprende que ante el ataque sistemático del presidente contra la sociedad civil ésta mantenga altos niveles de confianza. Ocupa el lugar siete. El 10.3 % confía mucho, el 26.0 algo, el 34.8 % poco y el 22.2 % nada.

Con niveles de entre el 7.6 % y el 6.5 % de mucha confianza están los gobiernos locales, los medios de comunicación, los congresos locales y los gobiernos municipales. Ocupan del lugar ocho al once.

Las instituciones de los jueces y los policías están en los últimos lugares de confianza. Las dos tienen relación directa con la debilidad del Estado de Derecho, la impunidad y la casi nula impartición de la justicia.

Solo el 4.9 % otorga mucha confianza a los policías, el 17.0 % algo, el 33.9 % poco y el 43.3 % nada. Debajo de los policías están los jueces. Solo el 3.8 % les otorga mucha confianza, el 1.7 % algo, el 28.8 % poco y el 48.0 % nada.

La institución más mal valorada de las 14 que contempla la encuesta son los partidos políticos. Solo el 2.9 % les tiene mucha confianza, el 11.9 % algo, el 28.4 % poco y el 56.1 % nada. En 2021, con partidos en esos niveles de confianza, el país va a enfrentar la elección más grande de su historia

Remesas centroamericanas

Rubén Aguilar Valenzuela 
A pesar de la agresiva política migratoria de México, para no dejar pasar a los migrantes centroamericanos y también de las masivas expulsiones del presidente Trump, en 2019 los centroamericanos enviaron a sus países más remesas que el año anterior.

En el caso de Guatemala en 2018, las remesas fueron 9,287 millones de dólares y en 2019 alcanzaron 10,508 millones de dólares. El monto total de las remesas en los últimos 20 años ha sido de 91,720 millones de dólares, según el Banco de Guatemala.

De acuerdo al Banco Central de Reserva de El Salvador las remesas pasaron de 5,390 millones de 2018 a 5,650 millones en 2019. Y el monto total de las remesas en los últimos 20 años asciende a 72,074 millones de dólares.

Las remesas en Honduras pasaron de 4,884 millones de dólares en 2018 a 5,523 millones en 2019. El monto total en los últimos 20 años fue de 52,135 millones de dólares, de acuerdo al Banco Central de Honduras.

Para los tres países las remesas son muy importantes en la estructuración del PIB. En el caso de Guatemala representan el 11.8 % de éste, el 20.3 % en Honduras y el 22.2 % en El Salvador.

En los últimos 25 años (1994-2019), Guatemala, Honduras y El Salvador, han obtenido remesas, a través de los circuitos financieros formales, por 226,373 millones de dólares, en datos de la CEPAL.

Esta cifra no contempla las remesas que pudieron llegar por otras vías (correo, entregas personales ...). Sumado lo que ingresó por canales informales la cantidad sería todavía mayor.

La gran mayoría de las remesas que ingresan a esos países se destina al consumo. Es una cantidad marginal la que se ocupa en el ahorro. Y año con año ocurre lo mismo.

Los receptores de las remesas resuelven sus problemas inmediatos de vivienda, alimentación y salud, pero en las condiciones de sus países están siempre dependientes del siguiente envío. ¿Hasta cuándo?

Un solo amor

Rubén Aguilar Valenzuela
Julian Barnes (Gran Bretaña, 1946) escribe La única historia (Anagrama, 2019). En la Inglaterra de los sesenta, Paul, que tiene 19 años, regresa de la universidad a su casa para pasar vacaciones.

En el club de tenis conoce a Susan Macleod, de 48 años. Está casada y tiene dos hijas mayores que el propio Paul.

Entre el joven inexperto, que antes no ha tenido ninguna relación sexual, y la mujer madura, que le lleva 29 años, se inicia una intensa relación amorosa que involucra a los dos.

Ella es una mujer ingeniosa e inteligente que tiene una mala relación de pareja. Desde hace 20 años no tiene relaciones sexuales con su marido. El joven Paul está abierto a todo lo que pueda venir.

Paul y Susan deciden vivir a fondo su amor. Es una relación de iguales. Ella no es la mujer con experiencia que enseña al joven los secretos del sexo. Luego de un tiempo se van a vivir juntos.

Susan, después de algunos años en la relación, empieza cada vez a tomar más. El alcohol interfiere en la relación. Él la protege y la quiere ayudar, pero ella no se deja.

Después de diez años de vivir con Susan, diez años de un amor constante, la salud de ésta se complica y su dependencia del alcohol se agrava. Paul ahora tiene 29 años y decide "entregar" a Susan a sus hijas. Él ya no se puede hacer cargo de ella.

Las hijas discuten y Martha, la mayor, acepta cuidar de su madre. A Susan la interna en una clínica donde vive sola sus últimos años. En ocasiones Paul la visita, pero ella no lo reconoce.

En la novela, Paul muchos años después reflexiona sobre su relación y lo que vivió. A la distancia se confronta con una experiencia de vida y de amor, que fueron fundamentales. Lo marcaron, para toda la vida.

Desde su memoria reconstruye lo que pasó. ¿Así fue? ¿Eso es realmente lo que vivió? Para Barnes el papel de la memoria es fundamental. De ella dice:
 

"La memoria es la identidad; al hacernos mayores la memoria se degrada y la que queda
se hace más maleable y eso me preocupa como escritor; y es peor con los recuerdos
preferidos e importantes: cuanto más hemos hablado de ellos menos confiables
son en la medida de que los vamos modificando imperceptiblemente;
la memoria, me temo, tiene que ver más con la imaginación que con la observación".


Barnes a partir de la relación de Susan y Paul, pero sobre todo de los recuerdos de este último hace una reflexión sobre el encuentro de la pareja, sobre el amor, sobre la fidelidad, el desamor y el olvido.

Lo hace a través de una narrativa que penetra en los más íntimos sentimientos y en una prosa que teje la historia, con delicadeza y cuidado, a través de los recuerdos de la misma. Hay una profunda nostalgia de lo que ya no fue, pero puedo haber sido.

La novela inicia con una pregunta: "¿prefieres amar más y sufrir más o amar menos y sufrir menos?". Creo, que, en definitiva, esa es la única cuestión".

Barnes dice que es una pregunta tramposa porque "no hay opción, en realidad: si al querer escoges, optas y ya no hablas de amor; con el amor no se puede ir con cuidado: hay que ir por todas".

La única historia
Julian Barnes
Editorial Anagrama
Barcelona, 2019
pp. 231

 
Versión original: The Only Story, Josnathan Cape, Londres, 2018. Traducción del inglés al español de Jaime Zulaika. Primera edición en español 2019

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