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La revolución de la Bauhaus

Rubén Aguilar Valenzuela 
Bauhaus: una nueva era (Alemania, 2019) es una serie de seis capítulos sobre la Escuela de la Bauhaus que revolucionó el mundo del diseño, del arte y la arquitectura. La dirección es de Lars Kraume, que también interviene en el guion.

En 2019 se celebraron los cien años de la creación de la escuela fundada y dirigida, en su primera etapa, por el arquitecto Walter Gropius (1883-1969) (August Diehl).

La escuela surge en Alemania en 1919, al fin de la Primera Guerra Mundial, desde el principio es muy cuestionada por los sectores tradicionales que veían en la nueva propuesta educativa, una amenaza para el sistema tradicional de enseñar el arte. Desconfiaban también de sus posiciones políticas, que identificaban con el socialismo.

Para la construcción de la trama, el director recurre a la entrevista que una periodista estadounidense hace a Gropius en su casa, muchos años después de haber dirigido la Bauhaus. Su interés es conocer el papel que las mujeres tuvieron en este gran proyecto, pero también saber de su relación con una de sus alumnas.

La serie se concentra en la etapa que Gropius fue director de la Bauhaus, el periodo que va de 1919 a 1928. La primera etapa de 1919 a 1925 cuando la escuela está en Weimar y de ese año a 1928 ya en Dessau.

El director cuenta dos historias, la de la escuela y el papel que en ella jugó Gropius y la de la relación que tuvo con Dörte Helm (1898-1941) (Anna Maria Mühe), su alumna, que se desarrolla como pintora y diseñadora gráfica.

La serie presenta el aporte de la Bauhaus en el arte, el diseño y la arquitectura. La idea de Gropius se puede sintetizar en su frase: "La forma sigue a la función". Buscaba la unión entre el uso y la estética.

En el manifiesto de la fundación de la escuela, elaborado por Gropius, plantea que el objetivo es: "La recuperación de los métodos artesanales en la actividad constructiva, elevar la potencia artesana al mismo nivel que las Bellas Artes e intentar comercializar los productos que, integrados en la producción industrial, se convertirían en objetos de consumo asequibles para el gran público".

Se da cuenta del curso preliminar impartido por el polémico Johannes Itten (1888-1967) (Seven Schelker). Era fundamental y se proponía liberar de convenciones a los estudiantes, despertar sus dotes personales y orientarlos en la ulterior formación.

En el modelo educativo la Bauhaus, las fiestas eran importantes ya que propiciaban la cooperación y el trabajo en equipo. Servía también de catarsis ante las tensiones y conflictos que se originaban en la institución a consecuencia de la estrecha vinculación entre el trabajo y la vida privada. Cualquier acontecimiento se aprovechaba, para la celebración.

La serie registra el ánimo y el compromiso de los estudiantes con el proyecto. Están dispuestos a realizar cualquier trabajo que se les indique, para aprender y construir una nueva propuesta artística. La escuela disponía de talleres de ebanistería, diseño, teatro, cerámica, tejido, encuadernación, metalurgia, vidriería, pero no de pintura y escultura en el sentido tradicional.

En esa época fueron maestros, a más de Gropius e Itten, entre otros, László Moholy-Nagy (1895-1946); Oskar Schlemmer (1888-1943); Paul Klee (1879-1940); Wassily Kandinsky (1866-1944); Josef Albers (1888-1976); Georg Muche (1895-1987) y Gunta Stölzl (1897-1983).

Y algunos de sus alumnos, destacados en el campo de las artes, la arquitectura y el diseño: Anni Albers (1899-1994); Arieh Sharon (1900-1984); Herbert Bayer (1900-1985); Marcel Breuer (1902-1981); Lotte Beese, (1903-1988); Xanti Schawinsky (1904-1979); Grete Stern (1904-1999); Horacio Cóppola (1906-2012) Marianne Brandt (1893-1983) y Joost Schmidt (1893-1948).

La Bauhaus, en teoría, sostenía la igualdad de los hombres y las mujeres en todas las actividades, pero la serie muestra que en la práctica no era así y siempre tenían que luchar, para abrirse espacio. Dörte Helm encabeza esas batallas.

Gropuis niega en la entrevista a la periodista, que insiste en la pregunta, que haya tenido una relación amorosa con Helm, pero la posición de la serie es que sí la hubo y luego éste, al entablar una nueva relación de pareja, termina con ella. Helm, que quería ser profesora, no es contratada para ir a Dessau.

La serie reconstruye con cuidado la fundación de la Bauhaus y el papel que en ella juega Gropius, para después dar seguimiento al desarrollo de los primeros años de la escuela. Logra transmitir en qué consistía la propuesta y cuál era el ánimo de los profesores y alumnos. Se documenta la propuesta pedagógica y la manera en la que se aplicó. Queda claro que las mujeres no tenían las mismas oportunidades que los hombres a pesar de las posiciones progresistas de la escuela. Es una historia interesante y bien contada. (Se puede ver en Amazon)

Bauhaus: Una nueva era
Título original: Bauhaus: Die neue Zeit 
Producción: Alemania, 2019


Dirección: Lars Kraume
Guion: Lars Kraume, Lena Kiessler y Judith Angerbauer
Fotografía: Jens Harant
Música: Christoph M. Kaiser y Julian Maas
Actuación: August Diehl, Anna Maria Mühe, Trine Dyrholm, Valerie Pachner, Ludwig Trepte, Sven Schelker, Alexander Finkenwirth, Corinna Kirchhoff, Chris Dick, Sebastian Blomberg, Birgit Minichmayr, Ernst Stötzner, Jan Krauter, Nikita Vasilchenko, Julius Feldmeier...  

Los cárteles en el sexenio de AMLO

Rubén Aguilar Valenzuela 
Animal Político (11.05.20) publicó una investigación del periodista Arturo Ángel sobre la presencia y la acción de los cárteles en lo que va del gobierno del presidente López Obrador.

A partir de datos de la Unidad de Inteligencia Financiera (UIF), de la Secretaría de Hacienda, que persigue sus negocios ilícitos, ahora el gobierno identifica a diez grupos del crimen organizado.

Dos con presencia nacional y ocho de carácter regional y local. A sus actividades y disputas entre ellos mismos se atribuyen, al menos, el 60% de los homicidios que se cometen en el país.

Las diez organizaciones delictivas son: Cártel del Pacífico o de Sinaloa; Cártel Jalisco Nueva Generación (CJNG); Cártel de Santa Rosa de Lima; La Unión Tepito; Cártel de Tláhuac; Guerreros Unidos; Los Rojos; Los Viagra; Cártel del Noroeste y células remanentes de Los Zetas.

Los dos primeros de la lista tienen presencia territorial nacional y "naturaleza supranacional", de acuerdo a Santiago Nieto responsable de la UIF. Los demás operan a nivel regional y local.

De los ocho con presencia regional el Cártel de Santa Rosa de Lima centra sus actividades en estado de Guanajuato. La Unión Tepito y Cártel de Tláhuac, operan en la Ciudad de México y el Valle de México.

Los Guerreros Unidos y Los Rojos están activos en los estados de Guerrero y Morelos. En Michoacán actúan Los Viagra y Los Caballeros Templarios. En Tamaulipas el Cártel del Noreste, que se constituye a partir de células de otros cárteles en particular el Cártel del Golfo.

El Cártel de Los Zetas, que entre 2008 y 2012 fue uno de los grupos criminales más importantes de México, se ha visto mermado y ahora solo cuenta con células remanentes del poderoso grupo anterior. Se mueven en el estado de Veracruz.

Los cárteles, en una demostración de fuerza, a propósito de la pandemia del Covid-19, han repartido despensas a la población en por lo menos doce estados entre ellos Jalisco, Michoacán, Tamaulipas y Morelos. Los repartos los han hecho con absoluta inmunidad. Las autoridades en ningún caso se han hecho presentes.

Los diez cárteles son grupos del crimen organizado que ya tienen años de actividad. Algunos son más pequeños o han visto mermada su capacidad y cobertura territorial, pero la violencia no solo sigue, sino que ha crecido, según estadísticas del propio gobierno.

En independencia de su dimensión todas son organizaciones complejas. Tienen como común denominador que se dedican al tráfico de drogas como actividad principal, pero también están implicadas en el robo de combustibles, el secuestro, la piratería, la extorsión, el tráfico de migrantes y la trata de personas.

Los enemigos del presidente

Rubén Aguilar Valenzuela
El presidente López Obrador, como otros mandatarios populistas de izquierda y derecha, tiene como eje central de su discurso la polarización social, la distinción entre los que están con él (pueblo bueno) y los demás (conservadores o neoliberales). Para eso necesita construir enemigos con los cuales confrontarse. De sus distintas intervenciones identifico a ocho:

El pasado. Arranca con el gobierno de Miguel de la Madrid (1982-1988). Con él inicia el neoliberalismo, la causa de todos los males presentes en el país. Todos los gobiernos anteriores fueron buenos incluso el de Gustavo Díaz Ordaz (1964-1970).
Los medios. Todos los que no alaban su gestión son enemigos. Agrede a la prensa nacional e internacional a quienes acusa de falta de ética y de no ser profesionales. Nunca critica a las grandes televisoras y cadenas de radio que asume como sus aliadas.
Los periodistas. Todos los que no aplauden lo que dice y hace son enemigos. Ser buen periodista pasa necesariamente por reconocer y apoyar su gestión. Quien no lo hace es conservador y enemigo del pueblo bueno.
Los empresarios. Si aplauden su gestión son bien vistos y recompensados con contratos, pero en contrario insultados y acusados de conservadores, de que se enriquecen, de que tratan mal a sus trabajadores y de que no pagan impuestos.
La oposición. Los partidos y los políticos que están en la oposición son sus enemigos jurados. Ser de la oposición es sinónimo de neoliberal, corrupto, pero también de maldad.
Las Organizaciones de la Sociedad Civil (OSC). Son inventos del neoliberalismo, para socavar el poder del Ejecutivo. No resiste la independencia y el liderazgo social de las OSC a las que ve como competencia.
Los que quieren le vaya mal. Es un grupo genérico integrado por conservadores que quieren fracase, para regresar al pasado neoliberal que ya quedó eliminado, para siempre, porque él lo decretó.
Los que traman un complot. En ocasiones hace referencia, sin identificar, a quienes asegura, sin dar ningún dato, se propone organizar un complot en su contra. No hay tales.

En las comparecencias de la mañana el presidente ataca sistemáticamente a quienes asume como sus enemigos, que son una creación, un invento necesario, para el discurso centrado en la polarización social. Sabe que su base social quiere oír eso y que también lo quieren ver como un "guerrero justiciero" que combate a quienes se le oponen. Es un escenario épico que les entusiasma y convoca.

Al presidente esta estrategia le funcionó como candidato y también al inicio de su gestión, pero está por verse si a lo largo de su mandato le es suficiente, para mantener su aceptación y liderazgo. Lo que muestran las encuestas es que cada vez le resulta menos rentable y empieza a verse desgastada. Ésta le garantiza seguir con una gran presencia en los medios, pero no necesariamente conservar la imagen positiva que tuvo al arrancar su gobierno. Ya veremos.

La comunicación de los populistas 

Rubén Aguilar Valenzuela   

El esquema del discurso de los gobernantes populistas, que se dicen de izquierda y los que se asumen de derecha, es el mismo. Se articula a partir, entre otros, de los siguientes cinco ejes:

1) Se está en posesión de la verdad. Ellos y sólo ellos tienen la verdad. Los demás viven en el error. Ser los poseedores de la verdad absoluta los sitúa en una posición privilegiada para juzgar a los demás. Ellos siempre tienen la razón y nunca se equivocan. Restablecen la Santa Inquisición y se convierten en el gran sacerdote que la preside.

2) Se apela a Dios. El lenguaje religioso es fundamental en la construcción de sus discursos. Ellos son los intérpretes de lo dicho por Dios. Y en esa condición predican, la palabra del Señor que siempre apoya y justifica todas sus acciones. Es un Dios a la medida de sus intereses.

3) Se polariza a la sociedad. El mundo se divide en dos bandos, los buenos, los que les rinden pleitesía, y los malos, los que no se las dan. En sus discursos de manera constante hacen la contraposición de los buenos contra los malos. Estos últimos deben ser arrancados, para que el mal no se propague.

4) Se construye a los enemigos. La polarización exige de una gama muy amplia de enemigos. Lo son todos los que no los siguen. Los calificativos a utilizar varían: Conservadores o comunistas. La prensa y la oposición son los enemigos principales y después viene una lista de enemigos secundarios. Estos últimos los determina la condición de cada país.

5) Se es nacionalista. Ellos son los únicos que aman y representan a la Nación. Los demás, los que no los siguen, son traidores a la patria y quienes se proponen destruirla. De sus seguidores se exacerban los sentimientos nacionalistas más primitivos.

El presidente López Obrador, un populista que se dice de izquierda, no es la excepción y en la construcción de sus discursos utiliza los ejes ya mencionados. Él sabe, como todos los populistas, que eso es lo que quiere oír su base electoral, sus fieles, y eso se les da.

La evidencia señala que el discurso populista articulado a partir de los ejes ya referidos tiende a desgastarse y pierde su eficacia en la medida que los gobernantes no respondan a las expectativas de sus seguidores con acciones que mejoren su condición de vida.

Al final del 2020, Coneval y la Cepal dicen que no se reducirá la pobreza, como el presidente había prometido, sino habrá en el país diez millones más de pobres. ¿A esa población le servirá de algo los discursos del presidente? ¿Los que votaron por él lo seguirán apoyando?  

Libro del profeta Baruc

Rubén Aguilar Valenzuela 
En el siglo VI a.C. Baruc colaboró con el profeta Jeremías. Era hijo de Neriyías y probablemente hermano de Saraías, principal chambelán del rey Sedecías. En 559 a.C., después de que Nabucodonosor toma Jerusalén y saquea el Templo, Baruc, como consta en el libro de Jeremías, escribió, bajo dictado de éste, el oráculo del profeta, donde predicen el regreso de los babilonios, y, a riesgo de su vida, lo leyó a los judíos. También escribió la segunda y más extensa edición de las profecías de Jeremías después de que éste fue quemado por el enfurecido rey Joaquín.

Estuvo presente cuando Jeremías compra la propiedad heredada de sus antepasados en Anatot. En 588 a.C., después de la caída de Jerusalén y la destrucción del Templo probablemente vivió durante un tiempo con Jeremías en Masfat. Sus enemigos le acusaron de haber influenciado al profeta para que aconsejara a los judíos que permanecieran en Judá en lugar de bajar a Egipto.

El libro fue escrito en el siglo II a.C., cuatrocientos años después de la muerte de Baruc. En la antigüedad era costumbre escribir obras con el nombre de un personaje importante, para dar más fuerza y autoridad al texto. El nombre de Baruc está asociado a otros escritos como el Apocalipsis de Baruc, que sólo se reconoce como libro inspirado por Dios en el canon griego.

La obra inicia con una introducción (Bar 1, 1-4) que establece el marco histórico del mismo. El texto se divide en tres partes: 1) Oración penitencial (Bar 1,15- 3,8), el pueblo reconoce su infidelidad ante Dios; 2) Elogio de la sabiduría (Bar 3,9-4,4), Dios responde a la penitencia del pueblo y señala a la sabiduría como el comino de la salvación; 3) Oración de restauración ( Bar 4,5-5,9), los lamentos y las súplicas del pueblo se dirigen a Dios, para que transforme a Jerusalén en el lugar donde se cumpla la esperanza.

Hay una gran diferencia literaria en cada una de las partes del texto lo que indica que en su origen son materiales diversos y que fueron unidos por un redactor en el siglo II a.C. con una clara finalidad litúrgica.

La Iglesia católica reconoce al libro de Baruc como canónico. Sobre eso hay referencias en Anastacio (367), Cirilo de Jerusalén (350) y Epifanio de Salamina (385 d.C.). El Concilio de Laodicea (364)​, el de Florencia (1442) y el de Trento  (1546) se pronuncian en ese sentido. Las iglesias del Reforma no lo admiten.
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En la versión de la Vulgata hay un capítulo seis del libro de Baruc, pero en la Septuaginta, primera traducción griega del Antiguo Testamento, aparece por separado como "Carta de Jeremías". Es así como se encuentra en muchas ediciones de la Biblia.

Es un texto del siglo II a.C. en época del judaísmo helénico. La obra original, según algunos especialistas, fue escrita en griego.

El tema central es dejar en claro que los ídolos no son Dios. Se advierte que la adoración de ídolos hechos de oro, plata, piedra y madera es faltar al pacto del pueblo con Dios. El estilo es irónico y burlesco.  

Baruc
Biblia de América
PPC Editorial
Madrid, 2013

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