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Desapariciones: Discurso y realidad

Rubén Aguilar Valenzuela
En torno a la tragedia de las desapariciones en el actual gobierno está instalado el discurso de que en las anteriores administraciones fueron más, de las que ahora ocurren, pero antes no se era tan riguroso en contabilizarlas.
 
Desde 1964 a la fecha se registran más de 100,000 desapariciones de acuerdo al Registro Nacional de Personas Desaparecidas y No Localizadas.
 
De ese total, el 83.7 % ocurrió de 2006 a mayo de 2022. Son 17 años, que corresponden a los sexenios de Calderón, Peña Nieto y lo que va de López Obrador.
 
En el de Calderón, desparecieron 17,211 personas; en el de Enrique Peña Nieto, 35,039 y en lo que va del de López Obrador ya son 30,897.
 
De seguir la tendencia que se ha tenido en los tres años y medio del actual gobierno, todavía le faltan dos años y medio, el número de las personas desparecidas podría llegar a las 50,000 o todavía más.
 
Con Calderón el registro de personas desparecidas al año fue de 2,818; con Peña Nieto de 5,884 y con López Obrador, hasta ahora, de 9,267.
 
Especialistas como Santiago Corcuera y Eliana García, plantean que el aumento de las personas desparecidas está relacionado, de una u otro forma, con la presencia del Ejército en las calles.
 
La oficina de Michelle Bachelet, Alta Comisionada de Naciones Unidas para los Derechos Humanos, sostiene que en México solo hay 35 sentencias por la desaparición de personas.
 
Y que la "abrumadora tasa de impunidad se atribuye principalmente a la falta de investigaciones efectivas". Esta es prácticamente del 100 %.
 
La incapacidad de las autoridades es la que obliga a las familias de las víctimas a darse a la tarea de la búsqueda y de investigar qué fue lo que pasó.
 
El Comité Contra la Desaparición Forzada (CED), que a finales de noviembre de 2021 realizó trabajo de campo en México, sostiene que: "Las desapariciones continúan ocurriendo a diario en México, reflejando un patrón crónico de impunidad".
 
El presidente y su gobierno intentan cubrir el crecimiento de las desapariciones y su incapacidad absoluta para hacer frente al problema, con el discurso de que en el pasado las cosas eran peores. Eso no es cierto.
 
Lamentablemente la tragedia del pasado continúa, pero se ha hecho todavía más grande. Y todo indica que será peor en los dos años y medio que le quedan a este gobierno.

Museo Capuchinas

Rubén Aguilar Valenzuela
Convento de las Capuchinas 
Antigua, Guatemala

 
Sala de arte colonial
 
Historia
 
El Museo Capuchinas se inaugura en 2008 y se abre al público en mayo de 2019. Surge como una iniciativa del Consejo Nacional para la Protección de Antigua Guatemala. Su propósito es mostrar y conservar piezas del arte colonial. Proceden de distintos conventos e iglesias de la ciudad.
 
Edificio
 
El museo se encuentra en un segundo nivel del convento de las Capuchinas que fue destruido con el terremoto de 1773. Ha sido restaurado una buena parte.
 
Exposición
 
Hay una sala dedicada a la época prehispánica. En la sala más grande se exhiben ochenta piezas de arte colonial de los siglos XVI, XVII, XVIII y XIX. Lo más importante son pinturas y esculturas.
 

 
Esta es la sala dedicada a las piezas prehispánicas. La museografía es buena y también la iluminación. Los objetos se ven muy bien. Resaltan. 


 



 



 
Comentario
 
El museo está bien montado. La iluminación es buena. Hay obras de gran calidad artística. Aquí uno se puede dar cuenta de la importancia que tuvo la pintura y la escultura en Santiago de los Caballeros. Es pequeño, pero vale mucho la pena visitarlo. Es una apretada síntesis del arte colonial de Guatemala.
 
En el caso de la escultura se puede hablar de una escuela de santiagueña o de Antigua a la manera que se habla de una escuela quiteña (Quito, Ecuador) o paceña (La Paz, Bolivia). Son piezas de extraordinaria calidad artística. Hace años me tocó ver una exposición en la Ciudad de México dedicada solo a la producción escultórica que se hizo en esta ciudad.

Convento de Santo Domingo

Rubén Aguilar
Antigua, Guatemala
 

 
Historia
 
La Orden de Predicadores (OP) llega a la Capitanía General en 1529. En 1542, se trasladan al Valle de Panchoy. El convento se empieza a construir en 1544 y se termina en 1551 cuando se convierte en la sede de la Provincia de San Vicente de Chiapas y Guatemala, que se erige por decisión del capítulo general celebrado en Salamanca, España.
 
En ese mismo año se nombra como prior provincial a fray Tomás de la Torre y en 1558 se celebra un capítulo en México que nombra a fray Pedro Angulo, como vicario de la casa de Santo Domingo en Santiago de los Caballeros. En 1556 se instituye la cátedra de Teología en el convento.
 
Francisco Marroquín, quien fuera el primer obispo de la diócesis, en 1562 deja en su testamento recursos para fundar el colegio Santo Tomás de Aquino, en donde se impartirían cátedras de gramática, filosofía y teología. Los beneficiarios debían ser hijos de españoles pobres, ya que no podían trasladarse a ciudades donde ya había universidades, como México.
 
Los dominicos cedieron un área en el atrio de su templo para que se construyeran aulas y la Real Audiencia propuso que los frailes impartieron cátedra en las mismas sin cobrar por algunos años, pero estos se opusieron e inclusive no permitieron que los franciscanos lo hicieran.


 
En 1620, la Real Audiencia autoriza ​el inicio de las lecturas en el colegio Santo Tomás,​ mientras se espera el permiso, para la construcción de un colegio. El rey Felipe IV autoriza al colegio de Santo Tomás dar grados. En 1676 el colegio se convierte en la Real Universidad de San Carlos Borromeo.
 
En 1620, Antonio Vázquez de Espinosa, en su Compendio y descripción de las Indias Occidentales del conjunto dice: "Tiene esta ciudad famosos conventos, el de Santo Domingo es muy suntuoso, de muy buena fábrica con grandiosa iglesia muy adornada y claustros; hay sujetos muy religiosos y doctos, aunque por humildad, y la gran reformación que en hábito y costumbres observan, no se gradúan".
 
En 1638, los dominicos organizan sus doctrinas, pueblos a su cargo, que les representaban ingresos económicos, en torno a seis conventos. En lo que ahora es Guatemala en Santiago de los Caballeros, Amatitlán, Verapaz y Sacapulas. En lo que hoy es El Salvador en San Salvador y Sonsonate.
 
Del convento de Santiago de los Caballeros dependían las doctrinas de: Chimaltenango, Jocotenango, Sumpango, San Juan Sacatepéquez, San Pedro Sacatepéquez, Santiago Sacatepéquez, Rabinal, San Martín Jilotepeque, Escuintla, Milpas Altas, Milpas Bajas, San Lucas Sacatepéquez, y el Barrio de Santo Domingo en la ciudad.
 
En 1635, los dominicos tenían una renta de varias doctrinas, un molino de agua, una hacienda de trigo, otra hacienda con caballos y mulas, un ingenio de azúcar y una mina de plata. Ya en el siglo XVIII tenían cinco ingenios azucareros. En 1754, en virtud de una Real Cédula como parte de las Reformas Borbónicas, todos los curatos de las órdenes regulares fueron traspasados al clero secular.  ​
 

Fuente en el patio.
 
Tomás Ignacio de Arana, oidor de la Real Audiencia, en su Relación de los estragos y ruinas que ha padecido la ciudad de Santiago de Guatemala por los terremotos y fuego de sus volcanes en este año de 1717, dice: "La iglesia y convento de Santo Domingo, fábrica tan perfecta en la arquitectura, tan admirable en sus medidas, tan vistosa en sus adornos que pudiera hacerse lugar entre las más admirables de América y de Europa, padeció tan lastimosamente ruina, que no sé si fuera menos que hubiese quedado del todo por el suelo".
 
En el terremoto de 1773 se afectó la totalidad de la iglesia, la mayor parte de las celdas y el resto de las estructuras conventuales. En 1776 los dominicos se trasladan a la Nueva Guatemala de la Asunción. Con ellos se llevan la imagen de Nuestra Señora del Rosario, las imágenes procesionales del Santo Entierro y otras pertenencias que pudieron salvarse. En la nueva ciudad, les fueron otorgadas varias manzanas al oriente de la misma. En 1778 se calculó que en la construcción del nuevo conjunto conventual se habían invertido 44,218 pesos y eran necesarios otros 92,000 pesos para concluir la obra.​ Se inauguró en 1808.
 

 
El antiguo conjunto se arrendó a Paulino González. Éste sirvió como ​una improvisada cantera. Más adelante se alojaron en ella viviendas privadas y también la Escuela Luis Mena. En este afán por reutilizar los antiguos muros, material del claustro sirvió para completar la obra del Instituto Nacional para Varones Antonio Larrazábal (INVAL), que ocupó el atrio de la iglesia hasta 1976.
 
Gracias a los trabajos de reconstrucción llevados a cabo por el arqueólogo Edwin Shook, Santo Domingo recobró una parte de su antiguo atractivo. El matrimonio Shook habitó en un costado del recinto y ahí fundaron un centro de consulta arqueológica. En 1998 vendieron la propiedad a un consorcio que elaboró un proyecto para la edificación del Hotel Casa Santo Domingo y el Centro Cultural Casa Santo Domingo.
 
Descripción:
 
- Iglesia
 

 
De la iglesia que estaba en pie antes de los terremotos de 1773 no queda nada. En su tiempo junto con la catedral y la iglesia de la Compañía de Jesús era la de mayor riqueza arquitectónica y de obras de arte. Lo que fue el espacio de la iglesia, con lo que queda del presbiterio, que ahora tiene un altar, hay una carpa que sirve, para la celebración de bodas.
 
- Cripta El Calvario
 

 
- Capilla del Rosario


 
Fue muy seriamente dañada por los terremotos de 1773. En la segunda mitad del siglo XVII se amplió, para colocar un nuevo retablo. En 1776 la imagen se trasladó a la nueva capital. La capilla ha sido restaurada y como parte de ese proceso también techada. La arqueóloga Ingui Zeceña y el arquitecto Alberto Garín trabajaron en el proyecto.
 

Última Cena en la Capilla del Rosario 
 
 
- Convento
 

 
Del convento, al igual que la iglesia, no queda nada más que algunos vestigios que se han integrado a las estructuras del hotel y Centro Cultural. La fuente es de 1618 y se le han hecho algunos añadidos.
 
Comentario
 
Los terremotos de 1773 destruyeron la totalidad del conjunto conventual. Solo quedaron ruinas, que fueron saqueadas y utilizadas como material de construcción. La Orden de Predicadores (OP) tenía en esta estructura uno de sus edificios más importantes de toda América.
 
Ya en el siglo XVI, aquí funcionó un centro de estudios superiores que es el antecedente de la Universidad de San Carlos Borromeo, que se en 1676. Es hasta la década de los setenta del siglo pasado que el sitio empieza a ser reconstruido. En 1998, cuando se inicia la remodelación, para instalar el Hotel Casa Santo Domingo y el Centro Cultural Casa Santo Domingo es cuando se trabaja más intensamente en la restauración y el rescate.
 
Hoy lo que fue el conjunto conventual aloja el Paseo de los Museos constituido por: Museo VICAL de Arte Precolombino y Vidrio Moderno; Museo de la Platería; Museo de Arte Colonial; Museo Arqueológico y Museo de Artes y Artesanías Populares de Sacatepéquez.
 
- Visitas
 
2019.
 
- Fuentes consultadas 

  • Notas de la visita.
  • José Joaquín Pardo, Pedro Zamora Castellanos y Luis Luján Muñoz, Guía de la Antigua Guatemala, Sociedad de Geografía e Historia de Guatemala, Editorial José de Pineda Ibarra, Guatemala, 1969.
  • Villalobos, Pablo, Arquitectura de La Antigua Guatemala: Mobiliario y platería, Facultad de Arquitectura, Universidad de San Carlos, Guatemala.

El asesinato del jesuita Manuel Martínez

Rubén Aguilar Valenzuela
El primero de los jesuitas asesinados en la Nueva España fue el padre Gonzalo de Tapia (1561-1594) en la hoy Sinaloa. En 1632, 38 años después, ahí mismo son masacrados los padres Julio Pascual y Manuel Martínez.
 
Martínez nació en Tabira, Alegarve, Portugal, en 1600. Hijo de Jorge Martínez y María Farela. Tenían lazos familiares con san Antonio de Padua, que era italiano.
 
Estudió las primeras letras en Portugal y luego pasó a la Nueva España, al amparo de un tío que vivía en Puebla. Aquí estudió en el colegio de los jesuitas.
 
En 1620 ingresó en el noviciado de Tepotzotlán. Una vez que lo terminó fue enviado al Colegio de México. Después de doce años en la Compañía de Jesús, el provincial lo envía a las misiones de Sinaloa.
 
Ya en las misiones, el superior lo destina, para que acompañe al padre Pascual en su trabajo misional. Tomó camino, para encontrarse con él.
 
En la región de los pueblos de los tehuecos se reunió con algunos jesuitas que trabajaban en la región, para darle la bienvenida.
 
El historiador Atanacio G. Saravia, en Los misioneros muertos en el norte de la Nueva España (1943), sostiene que en esa reunión, el padre Martínez planteó que tenía el presentimiento de que "pronto moriría a manos de los indios".
 
Después siguió su camino a Chínipas, para encontrarse con el padre Pascual. Luego de pasar juntos cuatro días se dirigieron al pueblo de Vorohio.
 
Cuando ya estaban ahí supieron que sus vidas corrían peligro. El padre Pascual pide apoyo a los indígenas de Chínipas que se presentan al lugar, pero los rebeldes, en mayor número, los obligan a retirarse.
 
Al amanecer los indígenas alzados prenden fuego a la casa donde estaban los padres y también a la iglesia. El padre Pascual habla con ellos y logra que detengan el ataque por ese día y la noche.
 
Pasado ese tiempo, los rebeldes saltan la tapia, rompen las puertas y asaltan la casa. Ya ahí arrojan una "lluvia de flechas". Una atraviesa el estómago del padre Pascual.
 
Sarabia dice que el padre, ya herido, dijo: "No muramos como tristes y cobardes; demos la vida por Jesucristo y su santa ley".
 
Al salir de la casa los dos fueron cubiertos de flechas. Mueren de las heridas. Era el 1 de febrero de 1632. Saravia dice que el padre Martínez era "hombre de ánimo esforzado y de carácter ardiente y decidido".
 
Los cuerpos de los padres fueron arrastrados y maltratados de manera brutal. Cuando los vorohios salieron del lugar, los chínipas recogieron los cadáveres y les dieron sepultura en la iglesia el pueblo.
 
Poco después, el padre Marcos Gómez, los trasladó a la iglesia de Comicari, en las riberas del Río Mayo. El 14 de febrero se reunieron los misioneros jesuitas, para celebrar las honras fúnebres.
 
En 1907, sus cadáveres fueron exhumados. La labor estuvo a cargo del padre jesuita Manuel Piñán. No se encontraron los cráneos.
 
El historiador jesuita Antonio Pérez de Ribas en su Historia de los Triunfos de Nuestra Fe (1645) (Libro IV) dice: "Las cabezas golpeadas y heridas de los bárbaros sobre una viga, ha pedido el Colegio de México, donde estudiaron y vivieron, para gozar de tan benditas prendas. Colegio que los tuvo por hijos".
 
En 1695, el padre Eusebio Francisco Kino, 63 años después del asesinato, desde la Pimería Alta en la hoy Sonora, escribe: "El Padre Manuel Martínez, de nación portugués, de la ciudad de Tavira, en Algarve, pariente de San Antonio de Padua. María Santísima defendió su pureza. Sus penitencias fueron muy continuas y rigurosas. Al llegar a las misiones de Sinaloa, pronosticó lo propio; y a los diez días de llegando a sus misiones de Chínipas, murió en los Vorohios, en compañía de su queridísimo Padre Julio Pascual".

Al final del sexenio

Rubén Aguilar Valenzuela
Al terminar el sexenio del presidente López Obrador no se habrá dado ningún cambio que establezca un nuevo régimen económico o político.
 
El sistema económico seguirá siendo el capitalismo caracterizado por altos niveles de concentración del ingreso y una muy injusta distribución del mismo.
 
En una mañanera el presidente, en un acto de sinceridad poco común en él, dijo que durante su gobierno todos los ricos habían ganado más y que nadie de ellos había perdido.
 
Le faltó decir que, si bien esto es cierto, no se puede decir lo mismo de los pobres. Ahora hay más y no menos que en 2018.
 
El T-MEC, que regula nuestra relación comercial con Estados Unidos y Canadá, que algunos califican como un tratado neoliberal, sigue siendo el mismo que negoció el gobierno del presidente Peña Nieto.
 
En la dinámica del propio tratado, más allá de cualquier discurso, en el actual gobierno se ha incrementado de manera considerable, ese proceso habrá de continuar, la integración económica de nuestro país con nuestros vecinos del norte.
 
Expresión del cambio del régimen político en países de América Central y de América del Sur ha sido el cambio de la Constitución. En México sigue siendo la misma. La de 1917 con las más de 600 modificaciones y añadidos que se le han hecho.
 
En lo que queda del sexenio no se va a cambiar. El presidente, si es que lo quisiera, no tiene los votos para hacerlo. El régimen político seguirá, pues, siendo el mismo.
 
No solo eso, sino que a lo largo del sexenio no ha habido ningún cambio legal que tenga las características para considerar que van en camino a un cambio de régimen, de una verdadera transformación del sistema político. No las hay.
 
Las instituciones centrales del funcionamiento de la democracia siguen ahí. Han sido descalificadas, despreciadas e insultadas por el presidente, pero ahí están y gozan de buena salud. La SCJN sigue actuando como contrapeso del poder del Ejecutivo y el INE organiza las elecciones. Lo hará en 2024.
 
No hay ningún cambio de régimen, no hay ninguna 4T. Lo que sí es nuevo y distinto es el discurso. Es realmente la única "transformación" que se podría considerar como relevante. El de ahora promueve el odio y la polarización. La división de la sociedad.
 
Ese discurso va a cesar cuando el presidente termine su mandato. Así sucedió con el presidente Luis Echeverría y José López Portillo, eso es lo que habrá de ocurrir el día que el presidente López Obrador deje el poder en 2024. Faltan dos años y medio.

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