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¿Por qué negarse a ver lo que es evidente?

Rubén Aguilar Valenzuela
La historia que cuenta No mires arriba (Estados Unidos, 2021) dirigida por Adam McKay, es la de Kate Dibiasky (Jennifer Lawrence), que es doctora en Astronomía, que descubre un cometa de nueve kilómetros de largo que se dirige directamente hacia la Tierra.
 
Ella y su profesor, el doctor Randall Midney (Leonardo DiCaprio), dan aviso del hecho a la NASA, y esta comunica la noticia a la presidenta de Estados Unidos (Meryl Streep). El aparato político minimiza la información. Ella y los políticos están enfrascados en las elecciones de medio término, donde está en disputa la mayoría del Congreso y del Senado.
 
De acuerdo a los cálculos de la estudiante y su mentor solo quedan seis meses para el impacto del cometa. Nadie dimensiona la gravedad de lo que está en puertas. ¿Cómo ganarse la atención de la ciudadanía obsesionado con las redes sociales? ¿Qué hacer para que el mundo mire hacia arriba?
 
El director, para construir la historia contó con la asesoría de la astrónoma Amy Mainzer, especialista en cometas. El director ha dicho que el propósito de la película es mostrar la indiferencia y la incapacidad que tienen los políticos y la sociedad de escuchar las verdades científicas como las consecuencias del calentamiento global.
 
En 2021, la película fue una de las más taquilleras. Lo más notable de la película, es la principal razón por lo que la gente la fue a ver, es la cantidad de grandes estrellas que participan en ella. La crítica especializada se divide. Para algunos es una película fallida sin ninguna importancia y para otros es una "metáfora alucinante de nuestro tiempo".
 
Se inscribe en la serie ya muy larga de películas catastróficas y apocalípticas que suelen tener muchos seguidores. El tono de comedia es lo que la hace un tanto distinta a las otras del mismo género. Coincido con los críticos que dicen es una obra con un gran reparto que resulta divertida, entretenida diría, y nada más.
 
En 2021 estuvo nominada como Mejor película, Mejor guion original, Mejor Música y Mejor Montaje en los Premio Oscar. En los Premio BAFTA como Mejor película y Mejor actor (DiCarpio). En los Premios Globos de Oro como Mejor película comedia, Mejor guion original, Mejor actor y Mejor actriz. En los Premio Critics Choice Awards tuvo seis nominaciones entre ellas como Mejor película y Mejor guion original.
 
No mires arriba
Título original: Don´t Look Up
Producción: Estados Unidos, 2021

Dirección: Adam McKay
Guion: Adam McKay y David Sirota
Fotografía: Linus Sandgren
Música: Nicholas Britell
Actuación: Leonardo DiCaprio, Jennifer Lawrence, Meryl Streep, Cate Blanchett, Jonah Hill, Rob Morgan, Mark Rylance, Tyler Perry, Timothée Chalamet, Ron Perlman, Ariana Grande, Kid Cudi, Tomer Sisley (...)

Nuestro espejo en un bosque

Sarah Aguilar Flaschka
En nuestra relación con la naturaleza, la dominación y el extractivismo son hábitos complementarios que atraviesan la agricultura convencional y ocupan el centro de la medicina moderna. Ambas prácticas se caracterizan por una profunda incomprensión de cómo funciona la red de la vida en toda su complejidad. La agroindustria se encarga de las plagas y las malas hierbas por medio de pesticidas, la medicina lo hace a través de las cirugías y los fármacos.
 
​ Al destruir nuestras relaciones tradicionales con la tierra y las de unas formas de vida con otras, la agricultura industrial también ha diezmado nuestras ecologías internas. Los pueblos originarios, que siguen conectados a su territorio, han sabido durante miles de años lo que la ciencia moderna apenas empieza a entender: la buena salud tiene que ver con sostener relaciones recíprocas de hospitalidad. No es una metáfora que los seres humanos seamos holobiontes: un ensamble de plantas, animales, microbios, virus y hongos. Las cosmovisiones tradicionales comprenden las plantas no solo como alimento, sino también como medicina y como material de construcción de la vida. Desde su perspectiva, ellas encarnan un conocimiento ecológico vivo que, por desgracia, se está perdiendo.

(Imagen: Paul Klee, Flor blanca en el jardín, 1920)

México, dos veces semillero
 
Este país le ha dado al mundo muchas de sus especies hoy predilectas —maíz, jitomate, cacao o aguacate, por nombrar solo algunas—, pero lo que se cuenta menos es que también fuimos el semillero de la transformación industrial agrícola que se conoce como la Revolución Verde. El Programa de Agricultura Mexicana de la Fundación Rockefeller (FR) operó de 1943 a 1965 en colaboración con el gobierno, para acreditar que un paquete tecnológico estandarizado —semillas mejoradas, fertilizantes y pesticidas, prácticas de irrigación y capacitación técnica— podía elevar la productividad milagrosamente. El modelo era replicable globalmente y acabaría de una vez y para siempre con el hambre, liberando a los pueblos del yugo de la economía de subsistencia.
 
Una evaluación global de los impactos deja claro que para la gente del campo la promesa no se cumplió. Cayeron los precios de lo que producían; subieron los de los insumos; los grandes terratenientes encarecieron las rentas y compraron a los pequeños productores, que no resistieron las condiciones del mercado; se marginó al campesinado sin tierra que ha tenido que emplearse en las ciudades con salarios muy precarios. El agronegocio transnacional se apropió las pretensiones filantrópicas originales, así como la narrativa de erradicar el hambre como estrategia publicitaria. Sin embargo, el problema de fondo está lejos de resolverse: en 2018, el 49.7 por ciento de la población mexicana padecía inseguridad alimentaria.

 
Hoy sabemos que la Revolución Verde ha tenido además graves consecuencias ambientales, entre ellas la pérdida de la agrobiodiversidad. En la actualidad mil 386 millones de hectáreas (casi la totalidad de las tierras cultivadas en el mundo) están reservadas para tan solo 52 cultivos. El criterio para su selección tiene que ver con su rendimiento, no con su valor nutricional ni cultural, y se engarza con otra faceta del sistema agroindustrial: los alimentos ultraprocesados. Aproximadamente el treinta por ciento de la ingesta diaria de energía de los mexicanos viene de estos productos. En los preescolares representan casi el cuarenta por ciento de las calorías. Paralelamente, la obesidad infantil aumentó del 7.5 por ciento en 1996 al 17.5 por ciento en 2018 y se asocia con más de catorce causas de mortalidad. Se estima que las enfermedades relacionadas con el sobrepeso reducirán más de cuatro años la esperanza de vida en México durante las próximas tres décadas.
 
El metaeslabón invisible
 
En esta historia una de las grandes batallas la estamos librando de manera invisible. Se trata del ataque a la microbiota.
 
La microbiota humana —la comunidad de microbios que hace hogar dentro y sobre nosotros— está compuesta por casi dos mil organismos distintos. Toda esa vida contiene al menos doscientos millones de genes que juegan un rol aún muy desconocido en la regulación de nuestra propia condición biológica humana.
 
Nuestros ecosistemas internos pueden resistir muchos embates, pero hay un umbral de destrucción a partir del cual se precipita el colapso. La *disbiosis *—la destrucción de una ecología microbiana sana— ha llegado con los agrotóxicos, los aditivos en los alimentos, el uso de antibióticos, la exposición reiterada a contaminantes, el estrés y algunas enfermedades. Este deterioro ha provocado la extinción de especies de microbios que coevolucionaron con nosotros desde nuestro origen y nos mantuvieron vivos.
 
Las consecuencias biológicas de un planeta cada vez más estéril son patentes en el mundo y en nuestros cuerpos. A nivel colectivo, la deforestación y la agricultura industrial están mermando una rica diversidad microbiana en el suelo, la clave para la retención del agua y el carbono.
 
La microbiota del suelo se conecta con nuestro microbioma, por lo que vemos la misma tendencia en el intestino y en el suelo: la biodiversidad microbiana en los sitios con actividad humana moderna está desapareciendo. Y como parte de esta retícula de interdependencias vivas, también ha declinado el conocimiento tradicional, in situ, de estas correlaciones.
 
La que sigue es una entrevista a tres voces con las mujeres de Remedios del Bosque, un proyecto de regeneración de la tierra y las comunidades en la sierra y la costa de Oaxaca, que ha respondido al llamado de alerta y está buscando nuevas formas para revitalizar la cultura, el lenguaje y el conocimiento etnobotánico en un contexto contemporáneo. Ellas son María Violante, fundadora de la marca y herborista por la Universidad Autónoma Chapingo, Alicia Hernández Cortés, aprendiz de las plantas medicinales y productora de la Sierra Sur de Oaxaca, y Erika Guadalupe Martínez Maldonado, agricultora orgánica autodidacta.
 
¿Cómo y cuándo las alcanzó el llamado del bosque?
 
María Violante: Estudiaba artes escénicas y me invitaron a organizar un encuentro de parteras en el altiplano potosino. Ahí me fui dando cuenta de esa energía mágica que está alrededor de las plantas y de la gente que tiene una conexión con ellas. Yo me preguntaba: ¿qué realidad es esta?
 
A mi regreso empecé a aprender de las parteras de mi zona y me metí a estudiar herbolaria mexicana, luego hice un diplomado de agricultura regenerativa y vi cómo el problema se vinculaba con el cambio climático, la salud del suelo, de la tierra, del agua y de nuestro cuerpo y con los microrganismos que viven dentro de ellos; lo que en la antroposofía llaman salutogénesis.
 
Cuando llegué con mi esposo, embarazada, a vivir en la sierra, seguimos ese modelo. Empezamos a sembrar y a entender qué especies debíamos reintroducir para que ocurriera la regeneración de ese bosque de coníferas devastado por la exportación de pino, principalmente a Japón. La gente de la comunidad empezó a decirnos "este árbol estaba aquí hace mucho tiempo y estoy viendo que tienen un guajolotillo que antes no venía". Se generó algo impresionante, un terreno muy biodiverso.
 
Entonces, las mujeres de la zona empezaron a querer sembrar sus terrenos y a preguntar por la señora de los remedios. Con mis conocimientos básicos de partería recibí a algunas mujeres en casa. Las primeras formulaciones para Remedios del Bosque nacieron de las necesidades de la comunidad: un aceite para el dolor, porque los mayores habían trabajado muchos años con hacha y motosierra y ellas tejiendo y torteando; un jarabe para la tos; las tinturas para la gripa y la indigestión. Hasta el día de hoy, ya crecidas como empresa, seguimos haciendo el aceite para la artritis que está en las tienditas de la sierra.
 
Erika Guadalupe Martínez Maldonado: Mi esposo Yoni y yo pasamos un tiempo en Estados Unidos y volvimos para que naciera nuestro hijo acá, al rancho de mi papá, donde yo nací también. Yo era ama de casa y mi marido manejaba un taxi. Al pueblo llegó un proyecto de un huerto comunitario que no tuvo mucho éxito porque la forma de vida en la costa ya no te permite trabajar en algo que no dé ingresos diarios. Pero igual decidimos rescatar el proyecto en familia. Nunca usamos agroquímicos. Empezamos a ver que sí es algo viable y nos cambió la vida.
 
Alicia Hernández Cortés: No está de moda pasar tiempo en el campo, eso ha modificado la estabilidad de la naturaleza. Pero yo decidí quedarme porque me gusta la tierra, el aire, observar el bosque, habitar en un lugar tranquilo. Y la idea de ir a cuidar una planta medicinal me ayuda a ver que no es solo una planta para mí, es una planta para todos los que la necesitan.


©Naandeyé García Villegas, de la serie El bosque y yo, 2021. Cortesía de la artista
 
¿Ustedes sienten un cambio en su salud desde que trabajan amablemente con la naturaleza?
 
Erika: Cuando empezamos, nuestra hija tenía dos años y mi hijo seis. La niña desde los nueve meses tuvo asma y el niño, problemas de alergias. Gastamos mucho en alergólogos y pediatras, pero luego fuimos sembrando y comiendo lo que producíamos, y nuestra mentalidad cambió. Poco a poco fuimos viendo que la salud de los niños mejoraba. Hace tres años que la niña ya no tiene ninguna crisis y los dos están súper grandes para su edad.
 
Alicia: Sembrar plantas medicinales ha influido en nuestra alimentación, porque siempre hemos sembrado maíz y frijol, pero ahora nos concentramos en la salud. Es algo que lleva tiempo y dedicación, pero al final una ve los resultados y pues es bonito decir: estoy cuidando esta tierra pero también me estoy cuidando a mí.
 
Quizás es difícil sentir el vínculo con nuestro paisaje alimentario porque lo han convertido en un monocultivo, inabarcable a pie, estéril, que quema y huele tóxico. Si otro campo es posible, ¿ustedes cómo creen que se impuso esta versión?
 
María: El otro día me enseñaron un libro de la Secretaría de Educación Pública de cuarto grado y ahí se explica cómo aplicar pesticidas a los cultivos. Los niños vierten pesticidas en comunidades según el modelo educativo del Estado, en coordinación con la agroindustria. No hay filtro en la alimentación, llegan Coca Cola y las cerveceras a las comunidades y son la mejor alternativa porque su acuífero ya está contaminado. Eso ya lo sabemos, pero no sé cuánto más podemos obviar que tiene implicaciones negativas para la salud física, mental y emocional. Es muy difícil trabajar con agricultores mayores, ya no quieren, les robaron la ilusión y su sentido más profundo de agencia. Es muy difícil sembrar vitalidad cuando te alimenta un sistema que se beneficia con tu dependencia, la cual es promovida por los programas de gobierno. Los agricultores han ido perdiendo la posibilidad real de disfrutar sus tierras. Allí ya no hay sentido de pertenencia. Lo que queda es mucho miedo.
 
Erika: Era muy niña cuando las empresas transnacionales trajeron un programa que se llamaba Kilo por Kilo mediante el cual nos cambiaban un kilo de semilla mejorada por lo que tuviéramos de semillas criollas; de esa manera fuimos entregando las semillas nativas. Les decían a nuestros papás que iban a tener mejor rendimiento y todas esas cosas que ya sabemos que no son ciertas porque dependen de determinadas condiciones e insumos. Y al año siguiente ya tenían que comprar semillas porque las suyas no se podían reproducir. Así se fueron decepcionando los campesinos y decidieron dejar de producir.
 
¿Cómo se pueden alumbrar los caminos de la resistencia desde el gozo y la salud?
 
Alicia: Yo veo que están viniendo personas más grandes a preguntarme por plantas, a mí que soy más joven. Y eso me hace sentir muy bien porque veo que quizás van a dejar que mi generación los ayude.
 
Erika: En la costa estamos cambiando nuestra finalidad; queremos convertirnos en un centro de educación ambiental con una vocación productiva. Mi hijo va al bachillerato y lleva un módulo que es técnico-agropecuario en donde aprende otras formas de trabajar el campo. Nosotros pensamos que lo más importante vendrá con otro tipo de educación sobre nuestra relación con la tierra.
 

Museo del Arzobispado

Rubén Aguilar Valenzuela
Lima, Perú

 

 
Edificio
 
El museo está en el Palacio del Arzobispado construido en 1924 que es el primer edificio de estilo neocolonial en Lima. Es una obra que intencionalmente se propone como emblemática y se convierte en algo a imitar. A un lado está el sagrario y la catedral.
 
Colección

En el primer piso está expuesta la colección y en el segundo se ven los espacios de lo que fue la casa arzobispal, como el comedor, la capilla y la oficina del arzobispo.

- Primer piso
 

 
Las obras que se exponen en su gran mayoría son de los siglos XVII y XVIII. Hay algunas de los siglos XVI y XIX. Me impresionaron algunos cuadros del siglo XVI. Me llamaron la atención siete paneles de madera labrados y policromados con escenas de la vida de la Virgen María. Los inicia Martín Alonso de Mesa y a su muerte las terminó Juan García Salguero. Las obras se realizaron entre 1617 y 1627. Originalmente fueron elaborados para la Iglesia de la Concepción.


 
Hay una sala dedicada a santo Toribio de Magravejo, que fue obispo de Lima al principio del siglo XVII. Quiero saber más de este personaje. Me gustaron algunos cuadros de gran formato de autores anónimos. Hay cuadros de pequeños formatos con marcos dorados muy originales. En la última de las salas está La coronación de la Virgen, un cuadro de gran formato, obra de Cristóbal Lozano (1705-1776) de la escuela barroca de Lima que trabajó de 1730 a 1771.
 
Obra importante es el cuadro la Virgen de la "O" del siglo XVI. Es una virgen embarazada. Hay una Inmaculada Concepción del siglo XVIII de la escuela quzqueña de buena calidad. Una serie sobre la vida de la Virgen María de la escuela quzqueña. Muebles del siglo XVII y XVIII.
 
- Segundo piso
 

 
En el segundo piso están lo que fue el comedor, la sala, el estudio, la oficina y salones de espera de la casa arzobispal. En estos espacios se exhiben mobiliario, cuadros y esculturas.
 
Comentario
 
El museo está muy bien montado y la museografía es buena. La casa es la de un gran señor y está amueblada y decorada con el propósito que se vea el poder principesco de los jerarcas de la Iglesia. Refleja a cabalidad una época de la Iglesia en algunos países de América Latina. Hay muy buenas obras de los siglos XVII-XVIII. En su época de esplendor las artes en Cuzco alcanzaron un gran nivel.

Tere Jiménez: Tres lecciones para la oposición

Rubén Aguilar Valenzuela
De los procesos electorales que se celebran el próximo 5 de junio, Aguascalientes es el único estado donde nunca ha estado en duda la continuidad del partido en el poder. Desde que iniciaron las mediciones públicas el año pasado, la candidata Tere Jiménez se ha mantenido a la cabeza. Detrás de esta situación hay tres grandes lecciones que la oposición debe aprender de Aguascalientes.
 
  1. Trayectoria
 Las encuestas no se han movido, las campañas no parecen haber cambiado la opinión ni la intención de voto de la gente. Desde diciembre, cuando quedó claro quién sería la candidata, Jiménez, de la Alianza Va por Aguascalientes, ha mantenido más o menos la misma ventaja hasta ahora.
 
Su posicionamiento viene de cinco años de trabajo en la alcaldía, desde donde proyectó una imagen cercana a la gente, de manos a la obra y atendiendo de manera especial a los sectores populares, los que normalmente no favorecen al PAN.
 
Esta imagen la posicionó de arranque como la favorita para ganar la gubernatura, incluso mucho antes de que iniciara el proceso electoral. Es evidente, que la trayectoria cuenta y suma.
 
  1. Correrse al centro
A pesar de ser la candidata del PAN, el partido en el gobierno, junto con el PRI y el PRD, en la alianza Va por Aguascalientes, el discurso de Jiménez no gusta mucho entre las élites hidrocálidas, por considerarlo demasiado orientado a lo social. Sin embargo, esa precisamente es la fortaleza de la candidata.
 
Jiménez ha entendido que para ganarle a Morena tiene que acercarse al centro ideológico. En su campaña ha privilegiado un mensaje con claro contenido social, hablando siempre sobre la importancia de garantizar oportunidades para los sectores menos favorecidos.
 
La oferta que ha presentado en campaña es otra muestra de su visión social, ya que complementa el discurso, con propuestas encaminadas a emparejar el piso e igualar tanto oportunidades como los servicios que reciben las y los hidrocálidos, sin importar nivel de ingreso ni en que colonia vivan.
 
El ejemplo más contundente de su acercamiento al centro es una innovadora línea de campaña, realizada en territorios y con sectores que favorecen a Morena. La campaña es muy simple: "Las propuestas de Jiménez más los programas del presidente son lo mejor para la gente".
 
Esta sencilla frase engloba la visión de la candidata de Va por Aguascalientes. Su posición, lejos de polarizar, se ha corrido al centro para atraer a un sector más amplio de electores. En el México de hoy es lo que debe hacer todo candidato de la oposición. 
 
  1. Gente nueva con ideas nuevas
La esperanza de Morena para ganar esta elección en Aguascalientes, al igual que sucedió en Chihuahua, eran la desaprobación del gobernador y el distanciamiento entre éste y la candidata de su partido. En contrario de lo que se esperaba, tanto a Tere Jiménez como a Maru Campos, les benefició estar distanciadas del gobierno en funciones. Esto les permitió hacer una campaña capaz de responder a un creciente ánimo de cambio.
 
El cambio, en el caso de Jiménez, no está fundado en representar una oposición al gobierno, pero sí en tomar claramente una sana distancia y, sobre todo, en una imagen fresca, con un equipo de trabajo nuevo y nuevas ideas para gobernar.
 
De este modo, Jiménez ha podido mantenerse en una posición favorable, independientemente de caídas en la aprobación del gobernador, misma que ha tenido movimientos tanto positivos como negativos a lo largo de su gestión y especialmente durante los últimos meses.
 
Bajo estos criterios, Jiménez ha logrado lo que muy pocos candidatos y candidatas de oposición a Morena. No solo se perfila para ganar fácilmente la gubernatura de Aguascalientes, sino que lo hará ganándole a Morena en sus propios espacios.
 
Jiménez, su campaña y su trayectoria, deben ser estudiadas por las y los candidatos de lo oposición que pretendan llegar a cargos de elección popular en los siguientes procesos electorales, donde tengan que vencer a las y los candidatos de Morena. Deben de asumir, ahora más que nunca, que toda elección es local.

Colegio Imperial de Santa Cruz de Santiago Tlatelolco

Rubén Aguilar
Colonia Nonoalco - Tlatelolco
Alcaldía Cuauhtémoc, Ciudad de México


 
Edificio
 
El colegio es una fundación de la Orden de los Frailes Menores (OFM) de la Provincia del Santo Evangelio y tiene su sede en el mismo edificio del convento de Santiago Apóstol de Tlatelolco. Los alumnos compartían el espacio con los frailes.
 
Fundación  
 
El 6 de enero de 1536 se inauguró formalmente el Colegio de Santa Cruz de Tlatelolco. Hubo una procesión desde el convento de San Francisco hasta el nuevo colegio. La encabezó el virrey Antonio de Mendoza, el obispo de México fray Juan Zumárraga, y el obispo de Santo Domingo Sebastián Ramírez, que había sido presidente de la Real Audiencia de México, y que todavía no se había ido a su nuevo destino.
  
Ese día hubo tres predicaciones: La primera del doctor Cervantes frailes del convento de San Francisco, antes que saliera la procesión. La segunda de fray Alonso de Herrera, durante la misa en el colegio, y la tercera de fray Pedro de Rivera en el refectorio del convento sede. La fundación ocurre a los quince años de la caída de Tenochtitlán.
 
El colegio se hace una realidad con el apoyo entusiasta del virrey Antonio de Velasco, del obispo Fray Juan de Zumárraga, para algunos el verdadero credor del colegio, del presidente de la Real Audiencia, Sebastián Ramírez de Fuenleal, de fray Jacobo de Testera, guardián del convento de San Francisco, y del provinicial de los franciscanos, fray García de Cisneros.
 
Proyecto / Propósito  
 
Se crea para educar a los descendientes de las principales familias nobles indígenas de la Nueva España. Los franciscanos sostenían que el indígena era una persona en toda la extensión de la palabra y, por tanto, capaz de realizar estudios universitarios y de ejercer cualquier cargo público y también el sacerdocio.
 
Los objetivos del colegio eran fundamentalmente tres de acuerdo a Kobayashi: "Primero, formar elementos seglares poseedores de una fe cristiana firme y arraigada; segundo, preparar agentes de catequismo para instruir a los que no tuviesen acceso al Colegio, propósito que con el tiempo acabaría por ser el de formar sacerdotes indígenas; tercero, proveer de ayudantes e intérpretes a los religiosos no peritos en las lenguas vernáculas".
 
Algún especialista plantea que: El franciscanismo novohispano de la tercera década del siglo XVI consideró viable el intento de incorporar al indígena, recién conquistado y sometido militarmente, a una labor directiva en la consolidación del cristianismo, a través de una organización que lo incluyese y que le permitiera su reproducción.
 
El colegio no estaban abierto a todos los indígenas nobles. Para ser admitidos se requería cumplir ciertos requisitos como la inteligencia y ciertas cualidades humanas. Sus primeros estudiantes fueron examinados y escogidos por el propio Zumárraga entre los estudiantes del convento de San Francisco de México y otras escuelas ligadas a los conventos cercanas a la capital de la Nueva España. El colegio arrancó con 100 niños entre los 10 y los 12 años en condición de internos.
     
Otro especialista plantea que: Los franciscanos buscaban formar una élite indígena que no perdiera el comportamiento virtuoso que, en la política, había sido propio de sus antepasados y que, al mismo tiempo, se educara y comportara de acuerdo con las virtudes cristianas; de manera que, conjugadas, ambas formas de virtud terminaran por construir, en las personas de los indios, perfectos cristianos. Una élite así́ formada podía dedicarse al sacerdocio, a la traducción de obras de doctrina, a gobernar sus pueblos o a impartir justicia. La educación recibida en Tlatelolco sería, en cualquier caso, la garantía de comportamiento virtuoso que los frailes buscaban.

Oposición al proyecto

 

Al proyecto se opusieron la Orden de Predicadores (OP) y en menor medida la Orden de San Agustín (OSA) y otras personalidades de la vida pública. La discusión en la Nueva España, también en España, se dio en torno a dos puntos: a) La conveniencia de ordenar a indígenas como sacerdotes católicos. Un grupo juzgaba al indígena como incapacitado para cursar humanidades y hacer la carrera sacerdotal; b) La enseñanza del latín. Se decía que si los indígenas aprendían latín podían caer en herejías y errores y con ello perturbar el orden establecido.
 
En 1541, el conquistador Jerónimo López escribió una carta a Carlos I en la que exponía que los indígenas solo debían conocer la doctrina cristiana, pero no las ciencias, aún menos leer y escribir latín; más peligroso era, según este personaje, darles la Biblia para que la interpretasen a su modo.
 
En 1544 volvió a atacar al colegio en una segunda carta al rey. En ella acusó a los indígenas de bulliciosos e insolentes, echando la culpa de esto a los frailes. La oposición al colegio siguió a lo largo de toda su vida institucional, pero fue más fuerte y evidente al inicio de su fundación.
 
Régimen de internado
 
Entre 1536 y 1540, la vida de los estudiantes fue muy similar a la monástica. Los alumnos comían junto con los frailes en el refectorio. Dormían en una habitación con camas en ambos lados del cuarto, separadas por un pasillo. Las camas estaban sobre unas tarimas de madera. Cada alumno contaba con una caja con cerradura para guardar sus pertenencias. Tenían también lumbre y celadores toda la noche.
 
Los internos compartían con los frailes el officium divinum, un conjunto de oraciones que debían ser pronunciadas de acuerdo con el Breviario, que tenía nueve oficios al día. Los estudiantes participaban en todos. Con seguridad sí en el maitines, que se celebraba al levantarse y era en honor a la Virgen María.
 
Luego, frailes y estudiantes iban en procesión hacia la iglesia, cantaban en coro a la Virgen y oían misa. Entonces, regresaban a las instalaciones del colegio para desayunar, mientras escuchaban lecturas en el refectorio. Luego, comenzaban las clases. A éstas seguían estudios en privado y un tiempo de descanso.
 
Plan de estudios  
 
De 1536 a 1540 en el colegio se enseñaron las siete artes liberales, disciplinas que eran parte del currículo de las universidades medievales. Los internos ya hablaban español. El plan de estudios giró en torno a dos ejes. Primero, el formativo que permitía el aprendizaje del latín, el trívium: gramática, retórica, y lógica. Segundo, el complementario, el cuadrivium: aritmética, geometría, astronomía y música.
 
Al trivium se agregaron cursos de teología, para la formación de sacerdotes. Al cuadrivium se le añadieron clases de medicina, dibujo y pintura. Era el currículo de un centro de estudios superiores. Hay registros de que en los primeros años los estudiantes carecieron de libros de texto para las clases del cuadrivium. Las clases del trívium eran en latín y las otras en español. 

 
Las finanzas
 
A lo largo de los primeros diez años del colegio, de 1536 a 1546, el guardián del convento de Santiago Apóstol fue el encargado de su administración por decisión del virrey Antonio de Mendoza. El colegio estaba subvencionado por la Corona.
 
En 1550, Antonio de Mendoza deja el cargo de virrey de la Nueva España, después de 15 años de gobernar, para desempeñar el puesto de virrey de Perú. Antes de partir, él y su hijo Francisco le traspasan al colegio dos ranchos, 2,000 ovejas, 1,000 vacas y 100 yeguas.
 
La Real Audiencia autorizó la venta de estos bienes, en 1565, para que lo recaudado se diera al colegio en forma de renta anual. Antonio de Mendoza escribió a su sucesor, Luis de Velasco, donde le expresa la importancia de la educación superior de los indios. Pide al nuevo virrey que los siga favoreciendo.
 
El nuevo virrey siguió dotando al colegio, como su antecesor, con 800 pesos anuales. Carlos I también siguió apoyándolo. En la Real Cédula del 18 de mayo de 1553 ordena a Velasco que lo faltante de los 1,000 ducados fuesen pagados hasta 1554. Le pide también que se sigan dando abonos por cuatro años más, de 1554 a 1558. Carlos V abdicó a la Corona en 1556. En 1558 lo sucede su hijo Felipe II.
 
Su llegada al trono no supone cambios evidentes, para la Nueva España. En 1564 muere el virrey Luis de Velasco después de haber gobernado por ocho años. Uno de los acontecimientos más importantes de su gobierno fue la fundación de la Real y Pontificia Universidad de México en 1553. En 1568, Martín Enríquez de Almansa es nombrado virrey, el tercero de la Nueva España.
 
A partir de entonces el colegio deja de ser apoyado como antes. La renta ya no era suficiente, para mantener el colegio. Los franciscanos solicitan el apoyo del rey, pero no hay respuesta. El colegio a pesar de sus dificultades económicas se mantiene.



La realidad se impone / Cambio de objetivos

 

Hacia 1540, los franciscanos se dan cuenta que el objetivo de formar futuros sacerdotes era poco factible. En carta de fray Juan de Zumárraga a Carlos I, escrita el 17 de abril de 1540, ya se señala ese hecho. Y el obispo, entonces, plantea sus dudas sobre la permanencia del colegio.
 
La duda no es la falta de resultados académicos, ya que los reconoce como "los mejores gramáticos" sino porque se constata que los alumnos no son tan propicios al celibato y por lo tanto no se inclinan por el sacerdocio.
 
Los franciscanos asumen que en los términos que se planteó el colegio ya no tiene futuro y está en peligro. Deciden, entonces, cambiar los objetivos. Ya no se piensa en la ordenación de sacerdotes. Ahora se enfocan a solo preparar a indígenas para que ocupen puestos políticos y administrativos significativos.
 
Se decide también permitir la entrada de nuevos alumnos que no necesariamente tenían que internarse. Hacia 1537 había 70 colegiales; cuatro años más tarde, en 1541, aumentaron a 2000, un crecimiento del 185 %. Esto entre internos y externos.
 

Parte de las paredes del convento y colegio.

La administración indígena

 

En 1546, a diez años de su fundación, el colegio, por decisión de los francisanos dejó de estar bajo su responsabilidad y pasó a mano de los indígenas. Los que se hacen cargo son exalumnos graduados con excelencia académica. Estos llegaron a ser profesores, miembros del consejo y también rectores.
 
Dos puestos quedaron en manos de los franciscanos: el de presidente y el de mayordomo. Este último nombrado por el virrey siguió a cargo de las finanzas.
 
La decisión de los franciscanos asumía que los indígenas eran capaces y estaban preparados para la tarea. Era también una manera de hacer ver el aporte del colegio. Formaba a gente, para ocupar cargos relevantes.

Los franciscanos retoman la administración

 
En 1569 a causa de la crítica situación económica, los franciscanos toman de nuevo el control de la institución después de 23 años en manos de los indígenas exalumnos del colegio.

Los esfuerzos de Sahagún

 
Al inicio del colegio fray Bernardino de Sahagún fue uno de sus profesores. En 1558 se traslada al convento de Tepepulco junto con varios alumnos indígenas para trabajar en una investigación muy ambiciosa sobre la cultura de los antiguos mexicas. En 1561 vuelve al colegio y permanece hasta 1565 cuando se le envía al convento de San Francisco.
 
En 1570 regresa definitivamente al colegio donde permanece hasta su muerte, el 5 de febrero de 1590. Hacia finales del siglo XVI el colegio dejó de ser un centro de educación superior y ya es solo una escuela de enseñanza básica. Él y otros frailes como Gerónimo de Mendieta y Juan Bautista se dan a la tarea de luchar por la supervivencia del colegio a pesar de la falta de apoyo por parte de las autoridades políticas y eclesiásticas.

Decadencia


La creación de la Universidad en 1556, es uno de los factores, no el único, que influyó en que no acaba de tomar forma y madurar el colegio como un centro de estudios superiores. Según García Icazbalceta: "Don Antonio de Mendoza, al solicitar la creación de la Universidad, quería que sirviese para los naturales y los hijos de los españoles. Así es que la necesidad de colegios especiales para los indios era menor cada día". El ser exclusivo, solo admitir a la nobleza indígena, es otro elemento que influyó en que el colegio no prosperara.
 

 
En 1576 surgió un nuevo brote de huey cocoliztli, que fue un duro golpe, para el colegio. No se clausura. Sahagún enferma y según su testimonio la mayoría de los alumnos abandona el colegio por enfermedad o muere. Señala que ya no había indígenas con conocimientos de medicina, lo que ocasionó la muerte de un mayor número de personas en Tlatelolco que la epidemia de 1545 a 1548.
 
En 1595, cinco años después de la muerte de Sahagún, el colegio era ya solo de formación básica. Es cuando entra en un prolongado proceso de decadencia. Ya nunca más volvió a ser lo que antes había sido. En 1728, un siglo y medio después, Juan Manuel de Oliván, juez de hospitales y colegios de Nueva España, lo visitó. Lo describe en condiciones ruinosas donde solo funciona una escuela de primeras letras con crecido número de niños indígenas.
 
Resultados
 
El colegio fue un proyecto innovador y para su tiempo revolucionario. En los primeros 50 años de su existencia logra impulsar una corriente a favor de la enseñanza superior y la investigación científica con base a la integración de conocimientos indígenas y europeos. Algunos de los frutos del colegio fueron:
 
- La influencia y el estímulo directo que ejerció para el establecimiento de otros centros de enseñanza superior en la Nueva España.
 
- La preparación de los caciques en el arte de gobernar. A su tradición incorporaron nuevos elementos.
 
- La incorporación de los remedios y la terapéutica indígena a la medicina novohispana.
 
- La investigación y la publicación de obras fundamentales en los primeros años de la Colonia.
 

 
Comentario
 
En su origen el colegio tuvo un carácter precursor. Era una propuesta ambiciosa e innovadora. Se trataba de un proyecto sin precedentes. Se propuso como un centro de educación universitaria para indígenas de familias nobles. Los franciscanos asumieron un papel de vanguardia en su comprensión del mundo indígena y en su proyecto de incorporarlos a las estructuras de gobierno y el sacerdocio.
 
Al momento de su fundación, el colegio se sitúa en la avanzada con una propuesta civilizatoria dirigida a la nobleza indígena, parte del reconocimiento de que son iguales a los europeos. Sus primeros objetivos resultaron un planteamiento utópico, que no pudo hacerse realidad. Sus fundadores no tomaron en cuenta elementos de la cultura indígena que hacían inviable el proyecto.
 
En su propuesta utópica es donde el colegio cobra sentido. En los años que van de 1536 a 1590, son 54, ocurren muchas cosas. Entre ellas las investigaciones de Bernardino de Sahagún con el apoyo de sus estudiantes, que dan lugar a la Historia General de las cosas de la Nueva España (1580), y a la investigación que deriva en la elaboración del Códice De la Cruz - Badiano (1552) escrito por dos alumnos del colegio.
 
Más allá de esos resultados está la poderosa iniciativa de que los indígenas nobles se formaran como gobernantes, para gestionar el territorio, junto con los españoles, y que se ordenaran sacerdotes, para que un clero nativo se hiciera responsable de la evangelización y en su momento, también de la administración, de la Iglesia.    
 
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- Fuentes consultadas

  • Notas personales. 
  • Segura, Tapia, Carlo, "El Colegio de Santa Cruz de Tlatelolco. Representación histórica de un proyecto fallido", Contribuciones desde Coatepec, 2021, núm. 34, Enero-Junio, UAEM.  
  • Escalante Gonzalbo, Pablo, "El Colegio de Santa Cruz de Tlatelolco", Arqueología Mexicana núm. 89.
  • https://www.academia.edu/38615447/Colegio_de_Santa_Cruz_Tlatelolco

 

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