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Las dos vidas de Verónica

Rubén Aguilar Valenzuela
La doble vida de Verónica (Polonia - Francia, 1991) es una película dirigida por Krzysztof Kieślowski (1941-1996) que junto con Krzysztof Piesiewicz (1945) hace también el guion.
 
Weronika (Irène Jacob) vive en Polonia y tiene una gran carrera como cantante, pero padece una grave enfermedad cardíaca.
 
En Francia vive Véronique, una joven que guarda muchas similitudes vitales con ella, como su enfermedad y su gran pasión por la música.
 
Son almas gemelas nacidas el mismo día en lugares distintos. A pesar de la distancia y de no tener ninguna relación, son capaces de sentir que no están solas. Una a otra se perciben.
 
Entre ellas existe una inexplicable e intuitiva conexión sin que medien las palabras. Su único contacto es solo una mirada fugaz en la plaza de Cracovia.
 
La joven polaca muere y es cuando inicia un nuevo el viaje de Véronique, ahora acompañada por el espíritu de Weronika. En Polonia visita a su padre.
 
Esta obra maestra de Kieślowski es una película bisagra entre su etapa en Polonia y lo que va a iniciar en Francia. Habla de la empatía de los espíritus. Se adentra en las más profundas inquietudes de las personas.
 
La vida y la muerte están conectadas y con ellas también el amor. La película invita a reflexionar sobre la condición humana.  Sobre el misterio y el milagro de la vida, que busca trascender.
 
A Kieślowski le interesa la vida interior de la persona y su anhelo de libertad. La profundidad de la vida más íntima.
 
Plantea que la vida es resultado de la libertad y del azar, que se entiende como la confluencia de los múltiples factores que contribuyen a que el individuo se sienta inclinado por uno u otro camino en la compleja encrucijada de posibilidades que se le presentan.
 
El director polaco se propuso realizar una versión de la película para cada país, y darle un final distinto, según la cultura e idiosincrasia del lugar.
 
Era algo imposible, pero sí pudo realizar dos versiones, una para Europa y otra para América. Ésta con un final más explícito.
 
En su momento la película obtuvo numerosas nominaciones y premios. En el Festival de Cannes 1991 (Francia) ganó: Premio a mejor actriz (Irène Jacob); Premio FIPRESCI (Krzysztof Kieslowski) y Premio del jurado (Krzysztof Kieslowski).
 
Ese año en los Premios LAFCA (Estados Unidos) ganó: Mejor música original (Zbigniew Preisner). En el National Society of Film Critics Awards (Estados Unidos) ganó: Premio a mejor película de idioma extranjero.
 
La doble vida de Verónica
Título original: Podwójne życie Weroniki / La double vie de Véronique
Producción: Polonia - Francia, 1991

Dirección: Krzysztof Kieślowski
Guion: Krzysztof Kieślowski y Krzysztof Piesiewicz.
Fotografía: Slawomir Idziak
Música: Zbigniew Preisner.
Actuación: Irène Jacob; Halina Gryglaszewska; Kalina Jędrusik; Aleksander Bardini; Władysław Kowalski; Guillaume De Tonquédec; Jerzy Gudejko; Philippe Volter; Alexandre Fabbri; Bruce Schwartz (...)

En torno a la mañanera

Rubén Aguilar Valenzuela
Un corresponsal extranjero, al que quiero mucho, somos amigos desde la guerra en El Salvador, esos años trabajamos juntos, cubrió para su agencia los años en los que gobernó el presidente Hugo Chávez en Venezuela.

Conoce muy bien América Latina y el Caribe, ha estado en muchos de sus países en coberturas noticiosas, sobre todo en procesos electorales. Me comparte unas notas sobre cómo operaba un programa noticioso del régimen. Es un testimonio que vale la pena se conozca:

"Cada vez más las conferencias mañaneras se parecen al programa nocturno La Hojilla de Venezuela (2004-2014), donde el conductor, Mario Silva, un paramilitar del partido gobernante, divulgaba en lenguaje soez información de espionaje que le filtraba el propio presidente Chávez. Hojilla en Venezuela se le llama a las famosas hojas de afeitar Gillette, y el logo del programa era una navaja con los colores de la bandera venezolana.

Con el tiempo, el propio presidente llamaba al programa cerca de la medianoche para hacer anuncios inesperados, entre plática informal y carcajadas. Por ejemplo, en una llamada se le ocurrió que tenía que "enviar a descansar" al vicepresidente José Vicente Rangel, y que lo mejor era reemplazarlo, todo en un tono informal, como una ocurrencia en ese momento, pero quien hablaba era el presidente.

En otra ocasión llamó para anunciar que desplegaba 20 batallones blindados a la frontera con Colombia, sin explicar cuántas tropas eran, ni cuántos vehículos militares, pura faramalla. A esa hora de la noche yo tenía que lidiar con mis colegas traductores en Washington y París que no entendían nada y pensaban que estaban a punto de una guerra entre los dos países. Pura payasada y falta de respeto, como hoy, que el presidente puso a todo el país a escuchar música norteña de migrantes.

La Hojilla tenía a la prensa bajo acoso. Cualquier investigación periodística ponía el foco en el periodista y no en la información, los ataques eran personales, nunca daban sus fuentes. Cuando recién llegué a Caracas en 2004 era una novedad. Me llamó la atención el programa, que había comentado una de mis notas por la noche. A la mañana siguiente, cuando pregunté a los colegas venezolanos veteranos, me dijeron: "Ten cuidado con ese tipo (Mario Silva), es un policía, un agente de inteligencia".

Un día este supuesto periodista, que era un policía, llegó al restaurante donde yo comía, a dos cuadras de mi oficina. Allí llegaban líderes de la oposición, y el dueño, un viejo muy noble, me tomó cariño y me los presentaba. "Coño tu trabajo es muy arrecho (difícil)", me decía y me daban tips y novedades.

Para entrar había que tocar una ventanilla y si eras cliente te abrían, si no, no. Silva llegó con sus guardaespaldas. Pidió un whisky 18 años. No había. "Coño, ¿y que toman estos escuálidos aquí?", fanfarroneó. Todos guardaron silencio, era muy temido. "Entonces dame esa gasolina de 12 años", alardeó.  La Guacamaya era un restaurante español pequeño, de unas ocho mesas. El dueño era un gallego que había sido chef del Palacio Miraflores y había atendido al presidente francés  Charles de Gaulle".

Mi amigo termina su nota en referencia a la mañanera del presidente López Obrador: "Lamentable. Condolencias. Abrazo".

¿Quién controla a quién?

Rubén Aguilar Valenzuela
En marzo de 2007, el presidente Vicente Fox me dijo una frase que se me quedó grabada: "Si tus ojos los pones hasta el frente ya nunca más volverás a ver".
 
Hacía poco más de tres meses que había terminado su presidencia. La frase se refería a que sí un presidente mandaba al Ejército a la calle ya no verías lo que éste iba a hacer.
 
Pero tampoco sabrías lo que hacían los demás. En la vía de los hechos el mejor sistema de información lo tiene el Ejército que está distribuido en todo el territorio.
 
El Ejército sabe qué hace el presidente, los secretarios del gabinete, los gobernadores y muchos más actores de la vida económica, política y social del país.
 
Si se le saca a las calles y se le dan tareas operativas que deberían realizar civiles u otras instancias deja de observar lo que hacen los demás.
 
El presidente, el comandante en Jefe, ya no se va a enterar de lo que hace el Ejército, pero tampoco de los otros actores en la medida que éste era quien le proveía de información.
 
¿Ahora quién depende de quién? ¿Qué tanto informa el Ejército de sus operaciones financieras? Por cierto, para hacer más opaca su gestión, todas las obras que realiza se han convertido en tema de seguridad nacional y no rinde cuentas de nada a nadie.
 
No las rinde a la sociedad, pero tampoco al presidente. El Ejército se maneja como un ente autónomo. Cuando López Obrador asumió su cargo cambió su idea del Ejército y en razón de esto también modificó su relación con él.
 
Asumió que para hacer sus proyectos (aeropuerto, bancos, trenes ...) la única institución del Estado en la que podía confiar, para realizar lo que se había propuesto, era el Ejército.
 
El presidente para sus proyectos depende del Ejército. Éste ha sido retirado de tareas sustantivas, como el combate al crimen organizado, para centrase en las actividades que a él le importan.
 
Pero el Ejército depende del presidente porque éste es quien les da los recursos multimillonarios que ahora administra. ¿Le informará con transparencia del uso que hace de estos?
 
Se ha establecido una relación de mutua dependencia. En ese intercambio el poder del presidente es ser el dueño del dinero y el Ejército de realizar las obras que éste quiere. Los dos se necesitan.
 
Por esta relación de dependencia, con base en el poder de cada uno, pienso que el presidente López Obrador, es el que menos sabe lo que realmente hace el Ejército, aunque cree saber.
 
Cuando puso a las Fuerzas Armadas hasta adelante de todo dejó de ver. Estas no le dicen nada de su actividad o le dicen solo lo que quieren.  Con el tiempo se sabrán muchas cosas que ahora permanecen ocultas.

Prólogo de Jaque Mate al Crimen Organizado

Rubén Aguilar Valenzuela 
Jorge G. Castañeda, profesor en la Universidad de Nueva York, escribe el prólogo de Jaque Mate al Crimen Organizado. Coahuila: Una estrategia multidimensional para la paz (Planeta, 2022) de Rubén Moreira Valdez, gobernador de Coahuila (2011-2017), y de quien redacta este artículo.
 
A continuación comparto algunas de las afirmaciones de Castañeda. Su lectura del libro, que se deja ver en su escrito, me parece que es una buena guía de lectura, para quien se acerca a él. Estas son algunas de sus afirmaciones:
 
"No existen muchas experiencias exitosas en la fallida guerra contra el crimen organizado, que fue iniciada por el presidente Felipe Calderón en diciembre del 2006, y tuvo continuidad en los gobiernos de Enrique Peña Nieto y Andrés Manuel López Obrador".
 
"Coahuila es una historia de éxito (...) Este libro explica cómo y por qué el estado norteño logró una reducción significativa de la violencia en seis años y cómo ha podido mantener dichos avances incluso con un cambio de gobierno, aunque no de partido en el mando".
 
"Los autores tocayos describen esta historia con sobriedad, perspicacia y, sobre todo, pensando en el interés del lector desde dentro (...) Aguilar y Moreira nos entregan una mirada interna, cercana, documentada, no carente de autocrítica, de lo que sucedió en Coahuila".
 
"Nos ofrecen también un escrutinio factual, con cifras y tendencias, que se agradecen. De allí los fundamentos para hablar de una historia de éxito".
 
"Sin duda, con excepciones y tropiezos, esto se logró con un correcto respeto por los derechos humanos y, sobre todo, con un esfuerzo notable en materia de desaparecidos".
 
"La gran pregunta que surge de este libro es, justamente, la que atañe al resto del país. Huelga decir que los Rubenes no aspiran explícitamente a presentar el caso de Coahuila como un ejemplo para todo México. Sin embargo, es evidente que parte de la lógica del texto yace en ese propósito".
 
"Nos hallamos ante un libro interesante, aleccionador, y que debiera constituirse en una invitación a otros gobernadores a emular tanto la acción de gobierno en Coahuila como la entrega posterior de una rendición de cuentas ante los lectores".
 
Espero que el Prólogo de Castañeda, las y los invite a la lectura del libro. En él con detalle se da cuenta de los quince elementos que integran la estrategia multidimensional y se ofrece el resultado de cada uno de ellos. La tesis central es que si el gobernador no se hace cargo del problema nunca se habrá de resolver.
 
 

Francisco Tario, autor de culto

Rubén Aguilar Valenzuela 
Algunas noches, algunos fantasmas (Centzontle – FCE, 2004) reúne seis relatos de Francisco Tario (1911-1977) escritor que nunca formó parte de un grupo literario y tampoco optó por alguna corriente.

En estos cuentos - La noche del féretro; La noche del buque náufrago; La noche de la gallina; La noche de Margaret Rose; La noche del traje gris y La noche del loco - están presentes dos de sus obsesiones: los fantasmas y la noche.

Los féretros, las gallinas y los trajes de casimir hablan y dialogan con sus pares y los fantasmas se hacen presentes de una manera natural, como si estuvieran vivos.

En la obra de Tario es común que los objetos inanimados cobren vida y ofrezcan su visión de ellos mismos y del mundo en el que viven.

Francisco Peláez Vega, utilizó el apellido Tario ("lugar de ídolos" en purépecha) para firmar sus escritos. En su infancia, por la Revolución mexicana, su familia decide residir en España.

Ya adulto regresa a México y como futbolista profesional juega de portero en el Club Asturias. Una lesión lo retira del deporte.

En las décadas de los cuarenta y cincuenta del siglo pasado fue dueño de tres cines en Acapulco. En 1960 decide vivir en Madrid con su familia.

Por no participar en los círculos literarios fue un autor marginal que apenas en los años recientes ha sido recuperado y sus obras publicadas.

Estas no encajan en el entorno literario de su época. Sus narraciones mantienen distancia con el realismo y el costumbrismo.

Sus personajes y tramas se sitúan en el campo de lo fantástico y fantasmal. Son relatos íntimos que describen situaciones inverosímiles.

Ahora se le considera como uno de los mejores cuentistas mexicanos junto a Juan Rulfo y Juan José Arreola. Hay quienes lo comparan al argentino Jorge Luis Borges.

El cuentista, hermano del pintor Antonio Peláez, fue pianista y aficionado a los toros. Tuvo una amistad cercana con Manolete y con Dominguín. Fue amigo de Octavio Paz, José Luis Martínez, Alí Chumaceron y Lola Álvarez Bravo. 

En la Introducción del libro, para describir a Tario se dice: "Hablamos entonces de un fantasma por voluntad propia más interesado en la rica diversidad de la vida privada que en la exposición insensata de la vida pública; más propenso a preocuparse por concluir la lectura de un libro que los rituales acostumbrados de las presentaciones, reseñas o multiplicaciones de ventas de sus propias obras".
    
Para mí ha sido un descubrimiento este hombre multifacético y también su obra literaria. Los temas y personajes, que le son muy propios, resultan únicos en la literatura mexicana. Su prosa es elegante. La construcción de las historias es inteligente, atractiva y novedosa.

Algunas noches, algunos fantasmas 
Francisco Tario
Centzontle - Fondo de Cultura Económica (FCE)
México, 2004
pp. 91

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