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Morir de tiricia y carcelazo

Rubén Aguilar Valenzuela
Morir de tiricia y carcelazo (Nitro-Press, 2022) es una obra de Sylvia Arvizu Lucero (Hermosillo, Sonora 1978) que se integra con 19 pequeños relatos.
 
En 2022 con esta obra gana el Concurso del Libro Sonorense en la categoría de crónica, que ya en 2017 había obtenido con Celdas Rosas, cuando todavía estaba en prisión.
 
Los personajes de estas historias, la gran mayoría ha vivido la cárcel, sobreviven a su condición caracterizada por la pérdida y la tragedia.
 
La autora hace visible historias que hubieran pasado inadvertidas, y al rescatarlas nos enfrenta a la condición humana en su más cruda realidad.
 
Los hechos y los sentimientos hablan y lo hacen en una intencional economía del lenguaje. No hay adjetivos, no hay melodrama, está solo la vida tal como es.
 
Arvizu en 2005 fue sentenciada a 19 años y 11 meses de cárcel por lesiones físicas graves a su expareja. En 2006 se inscribe en un taller de escritura que en la prisión imparte la escritora Selene Carolina Ramírez.
 
Así se inicia como escritora y en 12 ocasiones gana el Premio Inter penitenciario José Revueltas. En 2017, el escritor Carlos Sánchez la anima a participar en el Concurso del Libro Sonorense.
 
Las historias que narra Arvizu son reales y las describe con sensibilidad, sin esconder nada, y al mismo tiempo con enorme respeto a la persona.
 
En 2019 recibe el beneficio de su salida anticipada, después de 15 años de cárcel. Ella sobrevivió su condición a través del ejercicio de la creación literaria.
 
Las historias de Morir de tiricia y carcelazo no son de ella, pero la involucran en la condición de quien las conoce y las cuenta. Es la voz de quien no tiene voz.
 
Arvizu en una entrevista con la escritora Selene Carolina Ramírez, quien fuera su maestra, le dice que recibir el premio ya fuera de la cárcel, le sirvió de "legitimación".
 
Ya "de este lado" también era reconocida por su obra y actuaba como la confirmación de que "algo estoy haciendo bien. De que tarde que temprano, todo toma su rumbo".

En esta obra Arvizu dice que "habla de dos temas principales que han marcado mi vida: la cárcel y la muerte. De la cárcel escribo a manera de transición, mi transición hacia la libertad; y de la muerte como un fenómeno con el que me encontré muy de cerca (demasiado cerca) al salir".

Y añade que "es un libro que duele mucho y que también es homenaje para todos los que no alcanzaron a despedirse y trascendieron de forma trágica. Sobre todo, con esta pandemia que a tanta gente nos ha arrebatado algo".

Morir de tiricia y carcelazo (2022) es la cuarta obra de Arvizu, que estudió Ciencias de la Comunicación en la Universidad de Sonora, las otras son Breve azul (2008), Mujeres que matan (2013) y Las celdas rosas (2018).
 
Del más reciente de sus libros dice que la mitad lo escribió todavía en la cárcel y asume que la voz de quienes viven en el espacio penitenciario seguirá presente en su obra y que ahora "es más importante que nunca".

La escritura de Arvizu es precisa y concisa. No sobran las palabras. La fuerza de las historias está en la manera de contarlas. No hay víctimas sino solo seres humanos.

Morir de tiricia y carcelazo
Sylvia Arvizu
Nitro / Press
Hermosillo, Sonora, 2022
pp. 105


La hora del Bacanora

Rubén Aguilar Valenzuela
La Compañía Teatral del Norte (CTN) fundada hace 27 años por Sergio Galindo Hernández (1951), en Hermosillo, Sonora, presenta una de sus obras, La hora del Bacanora, que dirige su hijo Pablo Sergio Galindo.

El autor nos lleva a viajar por los pueblos de la Sierra de Sonora y adentrarnos en su dinámica cotidiana. El texto es una mezcla de realidad y ficción.

Entre las anécdotas de la vida de todos los días están también acontecimientos trágicos como la contaminación del Río Sonora y la historia del compositor de La cárcel de Cananea.

Hay también pasajes de otras obras de Galindo Hernández, siempre referidas a la realidad sonorense, y la adaptación de un cuento del escritor, Gerardo Cornejo.

Siempre, como testigo permanente, la presencia de un perro gris que todo lo ve y oye. Tiene su propia opinión crítica de esa realidad que vive día a día.

Una a una las historias, entrelazadas por el autor, se suceden de manera continua y forman un todo de hechos reales, pero también imaginados e inventados.

El bacanora, el mezcal de Sonora, la bebida regional que día a día se extiende, antes solo era para unos pocos que tenían acceso a la producción artesanal, une a los personajes y anima su espíritu.

Galindo Hernández escribe el texto en versos octosílabos, que da al parlamento de cada uno de los actores un ritmo y una cadencia, que suena como un coro.

El escenario se divide en dos por un muro de ladrillo, con puertas y ventanas, que se cierran y abren, que da una gran movilidad a las escenas.

Las risas, a veces carcajadas, es la manera que el público participa y se involucra en la propuesta del autor y el director. Así, la risa franca y abierta de los asistentes se vuelve parte de la obra.

La Compañía Teatral del Norte tiene un repertorio de obras originales que versan sobre la realidad de Sonora y registran el lenguaje cotidiano de los sonorenses con sus regionalismos.

El pasado diciembre, Instituto Sonorense de Cultura (ISC) entregó el Desierto Ícaro 2022 al maestro Sergio Galindo Sánchez, como reconocimiento a 50 años de su labor incansable a favor de la cultura y el teatro.

Junto al autor, actor y director teatral, el viernes 24 de marzo, disfruté de La hora del Bacanora y pude constatar, una vez más, el extraordinario trabajo que realiza en los confines de la patria por promover las artes escénicas.

En El Mentidero (@mentideromx), un edificio de principios del siglo XX en el centro histórico de Hermosillo, que es la sede de la compañía, la obra se presenta todos los viernes a las 20.00. Habrá funciones en marzo, abril y mayo.



La hora del Bacanora  
Autor: Sergio Galindo Sánchez  
Dirección: Paulo Sergio Galindo Martins
Escenografía: Juan Osuna
Iluminación: Paulo Sergio Galindo Martins
Reparto: Neida García; Fabiola Alday; Rodolfo Nevárez; Felipe Nery; Daniel Molina y Carlos Murgía

Museo de la Literatura Mihal Eminescui

Rubén Aguilar Valenzuela

Casa de la Arcada / Casa Dosoftei

Iasi, Rumania

 

Es una construcción de 1677. Es de piedra con cinco arcos de medio punto que se sostienen en largas columnas. Aquí, en 1679 el metropolita Dosoftei instala la segunda imprenta que hubo en Moldavia. Se conoce como Casa Dosoftei en honor de Dimitrie Barilă, conocido como Dosoftei, que fue metropolita, pero también poeta y traductor.

 

Colección

Desde 1970, el edificio alberga la sección de literatura antigua del Museo de la Literatura Rumana. Entre las piezas importantes que contiene están: un manuscrito eslavo del siglo XIV (1350-1380); un Misal impreso por Macarie en 1508; el primer documento impreso en territorio rumano; El Apóstol, el más antiguo manuscrito rumano (1559 –1560); las más antiguas copias de las crónicas del País de Moldavia escritas por Grigore Ureche y Miron Costin.

Y también: la Homilía del Metropolita Varlaam, el primer documento impreso en rumano en Moldavia (1643); El Salterio en versos (1673) del Metropolita Dosoftei y un Evangelio de 1682 que perteneció al mismo (con apuntes autográficos); una copia realizada por Al. Beldiman de La crónica del País de Moldavia por Ion Neculce; un Cronógrafo del siglo XVIII que perteneció a Mihai Eminescu, con apuntes del poeta, la maqueta de la impresora de Dosoftei e íconos de los siglos XVI-XVIII.

 

Comentario

Museo, iglesia de san Nicolás y escultura de Dosoftei obra del escultor Iftimie Bârleanu, que se instaló en 1975.

El museo tiene dos niveles y su interior es de piedra descubierta con techos de vigas de madera. Se exponen manuscritos, libros e íconos. En vitrinas modernas se exhiben los objetos. La museografía es muy buena.

La construcción, que es un cuadrado de piedra, con un frente de cinco arcos de medio punto de largas columnas y techo de cuatro aguas es muy bella. Da la impresión de ser un edificio todavía más antiguo.

Twitter: @RubenAguilar

Los incendios del territorio en 2022

Rubén Aguilar Valenzuela
En 2022 la superficie de hectáreas que se quemaron en el país alcanzó las 726 000, que es la cantidad más grande desde 2017 cuando fueron 716 000,  según la oficina de Protección Civil.

El área afectada creció en 5.0 % con relación a 2021 cuando fueron 660 735 las hectáreas incendiadas mismas que se concentraron en cinco entidades federativas.

Los estados que tuvieron las mayores superficies de hectáreas quemadas son: Guerrero (108 597), Durango (86 124), Jalisco (82 079), Chiapas (70 107), Chihuahua (60 754), Nayarit (50 424), Oaxaca (37 090), Sonora (34 092), Tamaulipas (28 277) y Coahuila (22 846).

Los incendios sumaron 6 702 y los estados que tuvieron más son: Estado de México (1 045), Jalisco (886), Ciudad de México (785), Michoacán (572), Chiapas (572), Chihuahua (511), Puebla (319), Durango (269), Veracruz (266) y Guerrero (245).

El Centro Nacional de Prevención de Desastres dice que 90 % de los siniestros se deben a descuidos humanos que luego toman proporciones masivas. Por efectos naturales son solo el 2.30 % de los incendios, según Protección Civil.

En 2019 el área afectada fue de 633 602 hectáreas con 7 383 incendios; en 2020, 378 928 hectáreas con 5 913 incendios y en 2021, 660 735 hectáreas con 7 259 incendios.

De acuerdo con el Instituto de Geografía de la UNAM, los desastres forestales tienen mayor incidencia en los bosques templados de pino, ubicados en la zona centro del país y alrededor de la Sierra Madre Occidental, Oriental y del Sur.

Y asegura que en las áreas naturales protegidas, la incidencia es menor porque ahí las comunidades aplican medidas de prevención. Esto es una buena estrategia para conservar bosques y selvas.

La temporada de sequía, en gran parte del país, va de enero a mayo, tiempo en el que realizan quemas de los terrenos para la siembra y el pastoreo de ganado, y con frecuencia el fuego pasa a las áreas forestales aledañas.

En 2022 los incendios que implicaron los mayores esfuerzos para poder contenerlos y apagarlos fueron los de Tepoztlán, Morelos y Santiago, Nuevo León.

El primero exigió 11 días de trabajo y la afectación tuvo lugar en 165 hectáreas y en el segundo se necesitaron 27 días de trabajo y el daño se extendió a ocho mil hectáreas.

El asesinato de los activistas sociales

Ruben Aguilar Valenzuela

En los primeros cuatro años del actual gobierno federal han sido asesinados 79 activistas sociales y defensores de los derechos humanos, según el Comité Cerezo México.
 
En 2019 fueron 17; en 2020, 15; en 2021, 25 y en 2022, 22. En este último año en Oaxaca hubo 10 casos; en Puebla, 3 y en Michoacán dos. Con uno están los estados de Tlaxcala, Sinaloa, Morelos, Hidalgo, Guerrero, Chihuahua y Baja California.
 
De estos activistas asesinados 18 fueron hombres y cuatro mujeres, seis eran indígenas, seis ambientalistas, tres periodistas, una buscadora de desaparecidos, otra normalista y en cinco de los casos no se identifica su origen.   
 
"Las ejecuciones fueron por motivos políticos, como una forma de castigo por la actividad de defensa o ejercicio de algún derecho humano que las personas defensoras de derechos humanos estaban realizando. Los perpetradores fueron agentes del Estado bajo la modalidad de comisión o aquiescencia", asegura el Comité.
 
Y añade que "a nivel estatal y municipal se continúa con la estrategia de represión política como en los dos sexenios anteriores y, segundo, que desde el gobierno federal existe una política de impunidad ya que no hay castigo a los responsables, excusándose el gobierno federal en que no es su competencia el delito de homicidio, que es del fuero común".
 
En todo el sexenio del gobierno del presidente Felipe Calderón (2006-2009) ocurrieron 67 ejecuciones extra judiciales y en el del presidente Enrique Peña Nieto (2012-2018) fueron 189. En el actual gobierno el promedio de activistas asesinados ha sido de 19.75 al año y de continuar el mismo número al fin del sexenio habría 118, el doble que en el gobierno de Calderón y menos que en el de Peña Nieto.
 
El Comité Cerezo plantea, con toda razón, que "la responsabilidad de proteger la vida de las personas defensoras de derechos humanos es del estado mexicano en su conjunto, aunque legalmente la justicia federal tendría la capacidad de atraer todos los casos de ejecución extra judicial".
 
De manera particular la organización afirma que las altas tasas de ejecuciones de activistas sociales en el actual gobierno federal se deben, sobre todo, a la existencia de la impunidad que es de prácticamente en la totalidad de los casos, misma realidad de por lo menos los dos sexenios anteriores.

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