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El grito de angustia de la realidad cotidiana

Rubén Aguilar Valenzuela

Con autorización de quien la escribe comparto esta nota que angustia e indigna. Expresa la realidad de inseguridad que vive el país. Este es el México de ahora, no en el que habitan algunos que viven en la ilusión de un país en paz donde todos los días se reducen los niveles de violencia. Ellos, ante su fracaso en la estrategia de seguridad, construyen una realidad alterna y falsa quieren hacer pasar como verdad. Los hechos se imponen a los perversos discursos.  

Queridos amigos,

Ayer, en la mañana, José, Guadalupe y sus hijos pequeños salieron hacia Acapulco. Pasando Topilejo pararon para sacar unos kleenex de la cajuela, llegaron unos tipos y los secuestraron a punta de pistola. Se los llevaron con las cabezas cubiertas en mi vieja camioneta. Les quitaron celulares, laps, tarjetas de crédito y los obligaron, bajo amenaza de muerte, a entregarles los códigos bancarios para hacer todo tipo de transacciones, hasta pudieron pedir préstamos.

Durante casi 12 horas los tuvieron retenidos con todo tipo de amenazas. En ese lapso pudieron oír pláticas de los secuestradores con sus compinches sobre otros grupos que también tenían secuestrados simultáneamente y que “no se estaban portando bien”, incluso llegaron a escuchar balazos cerca.  Finalmente, casi a las 10 de la noche, los abandonaron en una zanja, en el campo, cerca de Topilejo, con la amenaza de que no hicieran la denuncia esa noche, “recuerden, que sabemos dónde encontrarlos tenemos todos sus datos”.

Caminaron hasta encontrar alguien que les prestara un celular; me avisaron lo que les había pasado y llamaron al 911, una patrulla fue por ellos y los trajo a la casa. Las personas que les prestaron el celular estaban reticentes a ayudarlos porque no querían que la policía los pudiera involucrar con lo sucedido. Antes de subirse a la camioneta de la policía tomaron una foto de las placas y me las mandaron, mi familia tenía dudas hasta de la policía. Marta, mi nuera, habló con seguridad de la Miguel Hidalgo y de inmediato llegaron tres patrullas, una se quedó toda la noche.

Doy infinitas gracias a Dios de que los cuatro pudieron regresar a salvo, pero mi indignación por lo que pasa en este país creció de manera exponencial. No es posible que sigamos viviendo en un país de salvajes. Yolanda

Este hecho no es único y ocurre en el contexto de un país con 110 000 desparecidos, de los cuales casi 40 000 han sido en lo que va de este gobierno. En un país que en los años que tiene esta administración han ocurrido 172 000 asesinatos. Más de 35 000 cada año con una tasa de 28 homicidios por 100 000 habitantes.

En un país donde todos los días 10 mujeres no regresan a su casa y nunca más habrán de aparecer. En un país donde el 98 por ciento de los delitos quedan impunes y en muchos de ellos participan las autoridades. Los delincuentes que atacaron a José y Guadalupe lo saben. Seguirán, lo han hecho por años, asaltando en esa zona de la autopista México-Cuernavaca.

@RubenAguilar

El presidente Arévalo, la esperanza de Guatemala

Rubén Aguilar Valenzuela

César Bernardo Arévalo de León (1958), quien el pasado domingo ganó en segunda vuelta la elección presidencial de Guatemala, con el 58 por ciento de los votos, es hijo de Juan José Arévalo Bermejo (1909-1990), que fue presidente de su país en el período 1945-1951.

El padre del ahora presidente electo era doctor en filosofía y en Argentina, donde estudió, fue profesor en la Universidad de Buenos Aires y en la Universidad de Tucumán y ocupó cargos académicos y administrativos en otras universidades de ese país.

Electo presidente después de la Revolución de 1944 y se considera que en el siglo XX fue el primero en realmente ser electo libremente por los guatemaltecos. Durante su gobierno se produjeron 30 intentos de golpe de Estado.

Lo sucede el presidente Jacobo Árbenz y en ese gobierno ocupa el cargo de embajador itinerante. Árbenz, elegido para el período 1951-1954, es derrocado en junio de 1954 por un golpe de Estado organizado por la United Fruit Company y la CIA, porque lo consideraban progresista, como lo era Arévalo.

El ahora presidente vivió en carne propia esa historia y con sus padres conoció del exilio, donde nació. A Guatemala solo pudo regresar cuando tenía 15 años, en 1974. Aquí hizo su bachillerato y luego se graduó en sociología en la Universidad Hebrea de Jerusalén y como doctor en filosofía y antropología social en la Universidad de Utrecht, Países Bajos.

A su regreso de su doctorado, en la década de 1980, ingresa al Ministerio de Relaciones Exteriores. Como diplomático estuvo en la embajada de Israel (1984-1988), y de regreso a su país ocupa distintas posiciones en el Ministerio del que llega a ser viceministro (1995-1996) y embajador en España (1995-1996).

En 1996 deja el gobierno e ingresa al Centro de Investigaciones Regionales de Mesoamérica (CIRMA). En 1999, a Interpeace como asesor para la consolidación de procesos de paz en conflictos internacionales en África, Asia y América Latina y se desempeña como asesor de organismos de Naciones Unidas.

Es en 2015, que Arévalo de León junto a varios intelectuales conformaron un grupo de análisis que posteriormente se transforma en el partido Movimiento Semilla, de corte socialdemócrata. Es el que lo lleva como candidato en la pasada elección.

El nuevo presidente sabe bien que hay sectores de la vieja oligarquía, de los viejos políticos y de los viejos militares que no están de acuerdo con que haya ganado. Hicieron todo lo posible, para sacarlo de la contienda.

Arévalo de León, como su padre y Árbenz, es un político progresista con una amplia y sólida formación intelectual y conocimiento del mundo, habla además del español otros cuatro idiomas. Asume el poder hasta enero de 2024. Faltan todavía cuatro largos meses.

Una mujer entrevistada después de votar expresa lo que sienten hoy la gran mayoría de los guatemaltecos: “Nos sentimos como que es la primera vez en la que estamos votando por convicción porque creemos y queremos un cambio. Venimos con mucha ilusión y mucha esperanza en que haya un cambio de Gobierno y que empiece a cambiar todo el sistema”. De ese tamaño son las expectativas.

@RubenAguilar

Ejército distorsionado

Rubén Aguilar Valenzuela

Días atrás pude platicar con un militar de alto rango, en condición de retiro, que en su tiempo de activo ocupó posiciones relevantes en la Secretaría de la Defensa Nacional (Sedena).

Me dijo que tanto en los militares en activo como entre los que están en retiro crece el número de quienes piensan que, en la actual gestión de la Sedena, el “Ejército se ha distorsionado”.

En el Diccionario de la lengua de la Real Academia Española (RAE) se ofrecen tres maneras de entender el término distorsión, pero hacen relación a lo mismo que es una “deformación” de lo que antes era.

El militar me dijo que en una acción conjunta el presidente, comandante en jefe del Ejército, y el secretario de la Defensa, han “distorsionado” a la institución. Ya no es lo que antes era.

Y ya no lo es, me insistió, tanto desde su concepción como desde su accionar. El Ejército ya no es la institución del Estado con una misión y responsabilidad única, sino una dependencia administrativa más dentro de otras muchas.

El Ejército, por lo mismo, ha perdido el centro de su misión histórica, la razón para lo que fue creado, que es la garantía de la seguridad nacional, la defensa de la Constitución y la democracia. Su concepción se ha “distorsionado”.

A partir de esa “distorsión”, la institución asume una serie de responsabilidades y actividades, que antes no tenía, que la convierten en una instancia “mil usos”, para uso discrecional del comandante en jefe.

La Sedena es ahora una oficina de la presidencia, una súper secretaría, al mando directo del comandante en jefe, no del secretario, que la utiliza como más le conviene en el marco de su proyecto personal y de sus planes.

La institución armada ha perdido identidad y con ello, rumbo. Se ha desdibujado. Ahora hace de todo, tiene asignada más de 250 tareas.

Su nueva concepción e identidad es la de una secretaría “mil usos”, a disposición del comandante en jefe. Ahora, el secretario de la Sedena es solo un operador de su superior jerárquico, el general de cinco estrellas.

En opinión del militar en retiro con el que me entrevisté, solo podrá haber un cambio en el proceso degradante de “distorsión” de la concepción y práctica del Ejercito, con la llegada de un nuevo comandante en jefe y secretario de la Defensa.

La dictadura de Nicaragua persigue a los jesuitas

Rubén Aguilar Valenzuela

Son ya años que la dictadura de Nicaragua, que encabezan Daniel Ortega y su esposa Rosario Murillo, la “pareja imperial”, como le decía el sacerdote y poeta Ernesto Cardenal, persigue a la Iglesia.

Ahora su acción ha ido en contra la Compañía de Jesús. El pasado 19 de agosto, la policía invadió y después desalojó de su casa a los jesuitas que trabajaban en la Universidad Centroamericana (UCA). No les dejó llevar ninguna de sus pertenencias.

Día antes, el 16 de agosto, las fuerzas de seguridad del régimen arrebataron a los jesuitas la UCA con todos su bienes materiales y económicos, bajo la acusación de que la universidad era un “centro terrorista”.

La UCA, desde su fundación en 1960, durante los años de la dictadura somocista, ha sido la mejor universidad del país como se reconoce a nivel nacional e internacional. Nicaragua pierde ese centro de estudios.

El único, como se reconoce, que todavía mantenía la producción de pensamiento libre y crítico e impulsaba una formación universitaria que pudiera ser calificada como tal.

Los centros educativos, también las universidades, gestionados por el gobierno son ahora espacios de adoctrinamiento ideológico de muy bajo nivel académico.

El pensamiento independiente y libre, como el que impulsaba la UCA, en la Nicaragua de la dictadura fascista de Ortega y Murillo, se convierte en acto “terrorista” y la universidad, por lo mismo, en un “centro terrorista”.

El futuro de toda la educación en Nicaragua, la universitaria en particular, se ve como un absoluto desastre. El país se queda sin la formación de profesionales capacitados que requiere la sociedad.

La persecución a Iglesia implica la violación de los derechos humanos fundamentales signado en la Carta de Naciones Unidas, como la libertad religiosa y la libertad de expresión.

El golpe a los jesuitas, a la UCA, el mayor centro de pensamiento del país, es avanzar por el camino de la barbarie y volver a la época de las cavernas.

La dictadura fascista está dispuesta a todo, al más absoluto de los oscurantismos, por mantenerse en el poder. De eso se trata. ¿Hasta cuándo?

Fuerzas Armadas, Estado de sitio

Rubén Aguilar

Como si México estuviera en riesgo extremo la seguridad nacional o a punto de ser invadido, las Fuerzas Armadas, el Ejército y la Marina se “toman” y hacen cargo de los aeropuertos del país. Ya están bajo su control 14 de ellos.

La administración del presidente Andrés Manuel López Obrador argumenta la “seguridad” como la más importante razón para entregar a las Fuerzas Armadas el control de los aeropuertos civiles.

El más importante que tiene el país, el Aeropuerto Internacional Benito Juárez, de la Ciudad de México, está ahora a cargo de la Secretaría de la Marina Armada de México (SEMAR). Por él pasan al año cerca de 50 millones de pasajeros.

Los marinos, que deberían estar vigilando las aguas territoriales de México, ya tienen bajo su control siete aeropuertos: Ciudad de México; Ciudad del Carmen, Campeche; Ciudad Obregón y Guaymas, en Sonora; Matamoros, Tamaulipas; Loreto, Baja California Sur; Acapulco, Guerrero, y Toluca, Estado de México.

La Secretaría de la Defensa Nacional (Sedena) administra, en algunos casos es propietaria, los aeropuertos Felipe Ángeles, Estado de México; Chetumal, Quintana Roo; Campeche, Campeche; Puebla, Puebla y Nuevo Laredo, Tamaulipas.

Ahora está en construcción un nuevo aeropuerto en Tulum, Quintana Roo, que estará a cargo del Ejército y que entrará en operaciones en 2024. Se estima que podrá recibir 5 millones 500 mil pasajeros al año.

En tiempos de paz no debe haber un país en el mundo donde el Ejército y la Marina tengan a su cargo tantos aeropuertos civiles en lugares estratégicos.

Al parecer, en el análisis que hace el actual gobierno, los problemas de seguridad nacional son de tal magnitud, que es necesario entregar a las Fuerzas Armadas el control de los aeropuertos y también, por cierto, de los puertos.

Que soldados y marinos se hagan cargo de estructuras civiles estratégicas hace relación, se quiera o no, al Estado de sitio. Son las Fuerzas Armadas en directo quienes gestionan esos espacios públicos.

La idea del actual gobierno es que las Fuerzas Armadas sigan siendo las responsables de estas estructuras civiles y para eso en 2022 se creó el grupo aeroportuario, ferroviario y de servicios auxiliares Olmeca–Maya–Mexica, a cargo de la Sedena.

Desde ya los soldados y marinos añaden a sus tareas de seguridad nacional, ahora es parte de ella, la administración de estructuras que el actual gobierno considera no deben ser gestionadas por civiles sino solo por militares. En los hechos vivimos en un Estado de sitio.

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