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El Banco Mundial, el Covid-19 y América Latina

Rubén Aguilar Valenzuela 
El Banco Mundial (BM) acaba de dar a conocer el Informe Semestral de la Región de América Latina y el Caribe, abril 2020, donde plantea que, al mal desempeño de la economía de la región, en 2019, se añade el shock producido por el Covid-19.

Para el BM, la región se enfrenta a "un gran shock de oferta" ya que "la demanda de China y de los países del G7 disminuirá drásticamente" con implicaciones para los exportadores de productos primarios de América del Sur y de bienes manufacturados y servicios de América Central y el Caribe. A esto se añade la caída de los precios del petróleo, que afecta a los exportadores, y el colapso del turismo en los países de la cuenca del Caribe.

Los esfuerzos por contener la epidemia han producido el descenso en la actividad económica en países que no tienen el espacio fiscal de las economías avanzadas y sí tienen altos niveles de informalidad que hace "mucho más difícil llegar hasta sus empresas y hogares por medio de mecanismos como el aplazamiento del pago de impuestos y las subvenciones salariales", plantea el BM.

Y advierte que, "las dificultades de la crisis serán enormes para grandes segmentos de la población" que viven al día y no tienen recursos para afrontar el confinamiento necesario, para contener la propagación de la epidemia". Muchos de estos hogares dependen de las remesas "que están colapsando" ante la parálisis de la actividad económica en los países de acogida, donde los trabajadores migrantes se encuentran entre los más afectados.

La respuesta de política debe abordar la dimensión social de la crisis y el "consejo estándar", que da el BM, "es proteger a los trabajadores en lugar de los trabajos" porque "el capital humano específico de la actividad podría perderse, y aumentar la producción más adelante podría ser más difícil" lo que afecta el crecimiento de la economía.

Para el BM las empresas deben recibir el apoyo del gobierno "a cambio del compromiso de mantener a sus trabajadores" y las más pequeñas deben ser asistidas por bancos y éstos "recibir incentivos" y garantías, para mantener "la disponibilidad de liquidez en un contexto de crecientes necesidades de capital de trabajo".

En esta crisis las pérdidas deben centralizarse en los gobiernos, considera el BM, en el entendido que para algunos esto no es posible y habría, entonces, que "comunicar con claridad cómo se gestionarán las pérdidas" esto regularía las expectativas y "ayudaría a los agentes económicos a adaptarse al nuevo entorno".

La gestión de la crisis requiere un pacto social que va más allá de "abordar las necesidades inmediatas y trazar el camino hacia una recuperación fuerte y sostenible. Las medidas de emergencia bien definidas son un paso en esta dirección", pero "es necesaria una visión de largo plazo. Los países deben tratar de recuperar su agenda de desarrollo, con el empleo y la transformación económica como pilares fundamentales", afirma el BM.

Juan, el que bautizaba en el Jordán

Rubén Aguilar Valenzuela 
 
En 1991 fue la primera vez que se publicó El Bautista (DEBOLS!LLO, 2014) del escritor y poeta Javier Sicilia. Vicente Leñero, todavía en vida, escribió que a su juicio, para ese entonces, era el mejor de sus libros. Con esta obra inicia su trabajo como novelista y con ella obtiene el Premio Juan José Fuentes Mares en 1993.

En el Prólogo el autor plantea: "¿Cuánto podemos saber de un hombre? ¿Qué derecho tenemos de inmiscuirnos en la intimidad de un ser al que no conocimos y del que por lo demás sabemos muy poco? Estas preguntas
que con toda seguridad se hará el lector de esta obra, sobre todo si es cristiano, me devoraban antes de escribir El Bautista".

Y añade "sin embargo, una profunda curiosidad me poseía delante de ese hombre cuyos rasgos, apenas delineados por los Evangelios, provocaban mi fascinación, una fascinación que terminó por imponerse a la gravedad de las preguntas y a mi pudor".

"¿Por qué escribí El Bautista?" se pregunta Sicilia y se responde: "no me propuse escribir una novela biográfica y mucho menos histórica, sino escribir una meditación espiritual de mi propio drama y, porque todo aquello que es interior es universal, del drama interior del hombre. Las figuras evangélicas, como las de los santos, son figuras históricas. Pero también, en el íntimo y brutal misterio de sus vidas, expresiones de nuestro propio drama interior".
 
Y es precisamente por eso es "que nos conmuevan y nos interpelen de una manera profunda. Esos seres, como me lo decía Álvaro Mutis, son los únicos que poseen un mapa del mal. Son también, agregaría, los únicos que poseen, a la luz de Cristo, un mapa del sentido y del destino del hombre. Sus mapas, que trazaron a tientas, extraviados en la invisible geografía del alma, son fundamentales en el proceso de nuestras propias experiencias interiores. Siguiéndolos, a través de las nuestras, nos reconocemos, nos interrogamos, blasfemamos y nos respondemos. Meditar en sus vidas es meditar en las nuestras".

En el Prefacio Ignacio Solares dice: "El Bautista de Javier Sicilia es de una actualidad abrumadora, precisamente por el mundo fatal -el del siglo XXI y las terribles violencias que nos azotan- en que Juan nace, re-nace. Su actualidad es tal, precisamente, porque va a contracorriente de nuestro tiempo. ¿No es éste, de alguna manera, la primera misión del profeta? Me gusta pensar que el poeta trabaja en "otro" tiempo, con fuerzas que desconoce, que parece por momentos que le van a destruir, pero que finalmente la escritura templa y tempera y las vuelve materia visible, comunicable".

La novela de Sicilia es distinta a las otras, es original y única, a propósito de Juan, El Bautista, como él mismo dice, escribe una meditación espiritual de su propio drama interior, que como todo drama interior es universal. El de Juan, y también el de todos los creyentes, es el drama de la búsqueda de Dios y de lo que éste les pide.

Es el drama, desde la fe, de vivir la obscuridad y la no repuesta de Dios, aunque se le pida a gritos que se manifieste. Es el drama personal de no perder la fe, que es don de Dios, a pesar de todas las dudas y calamidades. Es el grito desesperado que pregunta ¿eso es lo que quieres de mí?.

Es también, y de manera contradictoria, la paz interior que llega al saber que se ha hecho la voluntad de Dios. El drama de Juan es el de todo creyente que se toma en serio la fe. Es la búsqueda, nunca acabada, de Dios y su voluntad. Es la tensión permanente y la duda metódica entre creer y no creer. Toda fe verdadera siempre, como en Juan, es duda, pero también certeza.

El Bautista
Javier Sicilia
DEBOLS!LLO
México, 2014
pp. 248

 

Golpe mortal al patrimonio arqueológico

Rubén Aguilar Valenzuela 

El presidente López Obrador ha dado un golpe demoledor al patrimonio arqueológico del país con su decisión de desaparecer el Fideicomiso para el Fomento y la Conservación del Patrimonio Cultural, Antropológico y Arqueológico de México (Fideinah).
 

Esta medida, por decreto presidencial, es un acto de barbarie y un crimen de lesa humanidad en contra de la cultura y la arqueología.
 

De parte del presidente hay muchas evidencias en el discurso, pero sobre todo en el monto de los recursos destinados a la cultura que ésta no le merece ninguna importancia.
 

Ahora da una muestra más de ese desprecio al extinguir el Fideinah, que desde su fundación ha aportado recursos complementarios al muy pobre presupuesto del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH).
 

Con la extinción de este fideicomiso, que en 2019 tenía 601 millones 125 mil, se da un golpe mortal al patrimonio monumental y arqueológico de México.
 

En los últimos cinco años el INAH con recursos del Fideinah ha adquirido lotes, para salvar zonas arqueológicas, restaurado sitios y monumentos del patrimonio nacional y apoyado el funcionamiento de museos del ámbito federal, estatal y en los sitios arqueológicos.
 

Los argumentos del INAH no lograron convencer al presidente que diera marcha atrás al decreto de extinción del Fideinah, que se creó en 2008 con el objeto del "desarrollo de proyectos de investigación, protección, conservación, restauración, preservación y difusión en las materias de antropología, arqueología e historia".
 

La aplicación de los recursos del fideicomiso ha estado en manos de un comité técnico que encabeza el director del INAH, tres altos funcionarios de la institución y representantes de las dependencias involucradas.
 

Su manejo se ha hecho siempre con honradez. El presidente ha dicho de éste y otros fideicomisos de la cultura que se manejaban de manera corrupta. Es una mentira más del presidente.
 

Desde su creación el Fideinah ha servido como un fondo para atender asuntos emergentes producto de terremotos e inundaciones y también para hacer frente a gastos no previstos.
 

Un funcionario del INAH, a motu proprio, plantea que con esta decisión presidencial "caemos otra vez en un golpe al sector, caemos en actitudes autoritarias, caemos en actitudes centralitas, porque (el presidente) está centralizando recursos, porque está eliminando órganos y cuerpos colegiados (...)".
 

Al presidente, con la firma del decreto de extinción del Fideinah, el patrimonio arqueológico parece no importarle y tampoco las tares sustantivas que el fideicomiso ha realizado por conservarlo y protegerlo. Las consecuencias van a ser muy graves. Y las veremos.

Los jesuitas en el Perú (III)

Rubén Aguilar Valenzuela  
Peruviana. La Provincia Jesuítica del Perú (Argentina, 2020) es la parte tres y, la última del trabajo del documentalista argentino Sergio Raczko sobre los jesuitas en Perú a propósito de los 450 años de su llegada a esta región de América.

El documental inicia con la preparación del Aada de Pascua de Resurrección en la catedral de Ayacucho. La familia Salvatierra, que tiene una cerería ya de muchos años, es la encargada de proporcionar las velas que adornan el anda.

El arzobispo de Ayacucho, Salvador Piñeiro, y el jesuita Aníbal Oyola, párroco de la iglesia de la Compañía de Jesús, hablan sobre el significado y la importancia de esa fiesta, para la comunidad.

El anda se introduce a la catedral donde se termina de preparar con la imagen de Jesús resucitado y luego, al terminar la misa de Pascua de media noche, se saca de la catedral y se lleva en procesión alrededor de la plaza. Todas las personas llevan velas encendidas. Al terminar el recorrido, ya de mañana, el anda vuelve a la catedral, para la misa del domingo de Resurrección.

Los pisos de las calles se adornan con imágenes elaboradas con flores. Son cuadros gigantescos. La cámara registra la procesión y también la devoción de los fieles a través de tomas muy cercanas que nos hacen ver los rostros conmovidos de personas del pueblo que rezan.

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El padre y antropólogo jesuita Polinario Tanta Ramírez habla sobre la Cultura Wari, que floreció en la región de Ayacucho antes de que fueran conquistados por los incas. Hay tomas del impresionante Complejo Arqueológico de Wari. La palabra ayacucho se traduce como "la morada del alma".

En 1605, los jesuitas llegan a Ayacucho y fundan casa, iglesia y colegio. En 1609 se establece el obispado. La iglesia que ahora vemos se construye entre 1645 y 1649. La fachada es de piedra y está adornada con hileras de flores. A ambos lados de la iglesia había capillas laterales. La capilla de indios dedicada a la Virgen de Loreto y otra que ahora es una escuela de música.

El interior es de una nave y tiene un altar barroco con pan de oro, obra de José de Alvarado. Al centro la Virgen de Cocharcas y a los lados santos de la Compañía de Jesús. Había unos confesionarios en madera de mitad del siglo XVIII que ahora están en la catedral, que siguen en uso. Se encuentra una Sagrada Familia pintada por el hermano jesuita Bernardo Bitti. Es de su última época.

La casa profesa, donde vivían los jesuitas, hoy es el arzobispado. Del colegio se conserva el claustro central, ahora restaurado, que es de dos niveles. El de la parte baja de piedra y el de la parte alta con columnas, balaustrada y techo de madera cubierto con tejas.

En el segundo patio estaba el refectorio que ahora es el archivo histórico del arzobispado. En él hay libros que pertenecieron a los jesuitas. En el arco de entrada y en las paredes hay murales pintados al temple. En la pared del fondo una Última Cena de autor desconocido.

A la expulsión de los jesuitas de los reinos de España, por orden del rey Carlos III, la residencia, la iglesia y el colegio que ellos tenían pasa a ser propiedad del obispado. En 1767 el colegio se convierte en el seminario de la diócesis.

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El arzobispo Piñeiro y el jesuita Oyola dan cuenta de la costumbre, que todavía subsiste, de al terminar la construcción de una casa poner en la parte más alta del techo una pieza de cerámica con la figura de una iglesia y en algunos casos también una cruz. Esto se conoce como "safa casa".

En Quinua, una comunidad a 35 kilómetros de Ayacucho, se produce el tipo de cerámica que se pone en las casas. El arzobispo habla de la Tabla de Sarhua una imagen que trata el tema de la vida del hogar. Réplicas de ésta se ponen a la entrada de las casas.

En Santa Ana, el barrio de artesanos de Ayacucho, a pocas cuadras de la Plaza de Armas, vive José de la Cruz, que tiene 95 años y sigue trabajando en la elaboración de telas artesanales trabajo al que ha dedicado toda su vida. Inició en una época donde solo los hombres podían realizar esta labor. Su hija, Gina Cruz de Huamán, asiste a su padre en el teñido y preparando las lanas.

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El documentalista, en un ir y venir, registra la celebración de la misa de media noche en la catedral y en la iglesia de los jesuitas. Y lo mismo hace con la celebración de la misa de Resurrección del domingo. Llama la atención la devoción de los fieles. Es una grabación de 2018.

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El documental se traslada a Nasca. Hay imágenes de los acueductos subterráneos, entre ellos el de Achaco y el de Cantoyoc, que son obras notables de la ingeniería de la Cultura Nasca.

Una hacienda del siglo XVI, que en 1549 estuvo dedicada al cultivo de la caña de azúcar, y tuvo diversos propietarios es adquirida por los jesuitas en 1619. Es la hacienda de san José de Nasca. Aquí construyen una casa y entre 1740 y 1744 una capilla. El producto de la propiedad estaba destinado al sostenimiento del Colegio de la Transfiguración del Cusco.

La arquitecta e historiadora del arte, Sandra Negro Tua, explica las características de la capilla de san José que ahora está en mal estado. Es de una sola nave y ahora no conserva el techo. Las paredes son arcos de piedra rellenos de ladillos de adobe como se hizo en la Doctrina de Juli.

En el interior restos de murales al temple. A la entrada, del lado derecho, la capilla de la Misericordia dedicada a velar a los difuntos. Una cripta grande, para el entierro de los jesuitas. En 1950, el dueño de la hacienda donó el altar mayor a los padres pasionistas para su iglesia de Lima donde ahora se puede ver.

La fachada de 1744 es barroca con columnas salomónicas. Es de mampostería. Las torres son de madera cubiertas de mampostería.

En esta región está también la hacienda de san Francisco de Nasca que se dona en 1619 a los jesuitas, para que sus ingresos se utilicen, para sortear los gastos del Colegio Máximo de san Pablo en Lima.

La hacienda, y otras propiedades adyacentes que después compraron los jesuitas, estaba dedicada al cultivo de la vid y ellos continuaron esa labor. En 1745 se construye una casa y la capilla. Sobrevive la portada de acceso a la hacienda.

Los jesuitas aquí producían importantes cantidades de vino y aguardiente, que a lomo de mulas se transportaba a Puerto Caballos donde los jesuitas tenían bodegas y luego al Puerto del Callao, en Lima, donde también contaban con almacenes de su propiedad.

El camino de la hacienda a Puerto Caballos estaba en medio de bosques de algarrobo. Todavía se conservan tinajas y botijas que se usaron en aquel tiempo. Por las distancias y el tiempo del traslado el vino solía amargarse, pero no así el aguardiente de uva.

La arquitecta e historiadora del arte, Sandra Negro Tua, explica las características arquitectónicas de la capilla de san Francisco Xavier. La fachada es barroca elaborada con mampostería. Hay 24 mascarones distintos con elementos particulares. Hay también decoración de vegetales. Un terremoto en el siglo XX tiró el segundo nivel de las torres.

El interior es de una sola nave y el techo, que se ha caído, era una bóveda de medio cañón corrido. Las paredes y el techo se construyeron con ladrillos cocidos. En las paredes todavía sobreviven elementos de yesería de una gran calidad. Las pinturas de las pechinas son del siglo XIX. Hay una cripta.

La sacristía tiene una cúpula de ladrillo y hay vestigios de pintura mural. El edificio, dice Negro Tua, fue construido por alguien que conocía el oficio de arquitecto.

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Ahora estamos en la ciudad de Trujillo. Hay tomas de la Zona Arqueológica de Chan Chan que es el sitio arqueológico de construcciones de barro más grande del mundo. Teófilo Eduardo Álvarez, investigador de la música sitúa la importancia de la Cultura Mochica que aquí se desarrolló.

Él mismo explica la importancia de la Casa Garci Holguin y doña Beatriz. Él participó con Hernán Cortés en la toma de México- Tenochtitlan, pero después viajó a Perú y aquí hizo su vida.

En 1617, los jesuitas llegan a Trujillo y se da un conflicto entre el obispo y el virrey por lo que éste concede a los jesuitas. Ellos establecen casa, colegio e iglesia. En el terremoto de 1619 la ciudad queda en ruinas.

El obispo, por decisión propia, decide trasladar la sede episcopal a Lambayeque. El virrey le ordena que regrese a Trujillo y en 1622 vuelve a la ciudad.

En 1623, los jesuitas reciben las primeras donaciones de haciendas, para con su producto financiar el colegio y otras obras.

Al Colegio del Salvador, que empieza a funcionar en 1627, asisten los seminaristas de la diócesis y también los criollos de las distintas ciudades y pueblos de esta región del Perú. Del colegio se conserva el claustro principal recientemente restaurado.

La iglesia y la fachada se empiezan a construir en 1631 y son obra del arquitecto portugués Alonso de las Nieves, que construyó mucho en la región. La arquitectura de la iglesia se convierte en un prototipo que influye en toda esta región de Perú.

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El documentalista ofrece una mirada del personaje y la obra del obispo de Trujillo, Baltasar Jaime Martínez Compañón (Cabredo, España, 1737 - Bogotá, Colombia, 1797).  Estudió Derecho canónico en las universidades de Huesca y Zaragoza. Y en 1763 obtuvo su doctorado en la Universidad de Oñate.

En 1761 se ordena como sacerdote. En 1768 llega a Perú y es nombrado canónigo de la catedral de Lima y en 1778 obispo de Trujillo. En 1791 es nombrado arzobispo de Bogotá y tiene que dejar la ciudad.

Al llegar a la diócesis, por tres años continuos, hace un recorrido por la jurisdicción a él encomendada que abarcaban los actuales departamentos de Amazonas, Cajamarca, La Libertad, Lambayque, Loreto, Piura y san Martín.

En el recorrido lleva con él a dibujantes, músicos, arquitectos y personas que hablan las lenguas indígenas, para que registren todo lo que ven.

Producto de ese viaje se elabora lo que ahora se conoce como el Códice Martínez Compañón que consta de nueve volúmenes que ahora se encuentran en la biblioteca del Palacio Real de Madrid. Contiene 1,411 acuarelas que registran a los grupos étnicos, su manera de vestir, sus construcciones, sus alimentos y también sus diversas expresiones culturales.

El códice da cuenta de la historia de los pueblos originarios y también contiene los planos de las ciudades y de los edificios más significativos. Es de especial importancia 20 partituras musicales que registran piezas tocadas por los pueblos indígenas. Las piezas que se oyen y se bailan en el documental son: Tonada El Tuppamaro de Caxamarcatu; Tonada del Chimo de la Cultura Chimú, la única canción que ha llegado a nuestros días en el extinto idioma mochica; Cachua a dúo y a quatro,  Al Nacimiento de Nuestro Señor; Tonada El Congo, canción de esclavo negro de 1660.

El códice también contiene una lista de 43 términos de las nueve lenguas que se hablaban en la diócesis junto a su traducción en quechua y español. Las lenguas: yunga, sechura, colán, catacaos, culli, hivito y cholón. Este listado es prácticamente todo lo que se tiene de algunas de estas lenguas que han desaparecido.

Raczko me comenta: "Desarrollé bastante la vida del obispo Martínez Compañón, aunque ya no sea del período jesuítico, por pocos años, pero es el testimonio cultural más cercano a la época jesuítica. Por eso la música, las plantas de las iglesias y los inventarios de bibliotecas de sus colegios, son realizados por el equipo de gente dirigido por el obispo" Y añade que "además que siempre disfruté de la música del Codex de Trujillo, y lo he usado en otros documentales, son piezas muy americanas con matices indígenas, europeos y africanos".

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La coreógrafa argentina, Teresita Campana, que es investigadora de la danza y especialista en la danza barroca, a partir de esas tonadas ha hecho coreografías que en el documental ejecuta la compañía Danza Barroca de Buenos Aires.

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Esta tercera y última parte de Peruviana. La Provincia Jesuítica del Perú termina con escenas de la celebración de la fiesta de Pascua en Ayacucho. La procesión con velas y el anda de Pascua que sale y entra a la catedral. El Jesús resucitado y triunfante está en la parte alta del anda.

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Los tres documentales tienen cuatro horas y media de duración. En ese tiempo Sergio Raczko ofrece una amplia y detallada panorámica de la historia de los jesuitas en Perú desde su llegada en 1568 hasta la expulsión de la Compañía de Jesús de los reinos de España en 1767 por decisión del rey borbón Carlos III.

La cámara del documentalista registra las iglesias y los colegios de los jesuitas en las distintas ciudades del Perú donde éstos se asentaron que hoy forman parte del patrimonio monumental de ese país. Muestra también algunas de las haciendas de los jesuitas destinadas a sostener los colegios y otras de sus obras. Destacan las capillas.

Con la cámara señala y documenta las obras de arte producidas por jesuitas o mandadas a hacer por estos. Los cuadros del hermano italiano Bernardo Bitti y sus alumnos, los murales al temple en sus iglesias y colegios, las fachadas barrocas de sus iglesias y los altares de un barroco elaborado cubiertos de pan de oro que brillan a la luz de las velas.

Los documentales también dan cuenta de las tradiciones y las costumbres que los jesuitas introdujeron en las comunidades donde misionaron que hoy en día siguen vivas y son parte de la identidad de los pueblos y de su interculturalidad. Los jesuitas de manera consciente promovieron el sincretismo religioso y reconocieron la cultura y los valores de los pueblos originarios.

Ofrece también, pienso es lo más relevante, un retrato de los jesuitas emblemáticos de la Provincia del Perú en el período colonial. Hombres extraordinarios que innovaron y crearon nuevas maneras de evangelización donde el dominio de las lenguas originarias era condición de la nueva propuesta.

Entre los miles de jesuitas que vivieron y trabajaron en Perú, de 1569 a 1767, muchos de ellos hombres de excepción, destaca la figura del padre Alonso de Barzana (1530-1597) que en su celo misional llegó a hablar once lenguas de los pueblos originarios. Hoy en el Vaticano avanza su proceso de beatificación.

Raczko, para dar forma a los documentales da la palabra a los especialistas entre ellos a historiadores, historiadores del arte, arquitectos, antropólogos, lingüistas, pero también a gente del pueblo que habla de sus tradiciones y de su fe. Entrevista también a los jesuitas de la provincia y autoridades religiosas.

El trabajo del documentalista es notable. Con muy pocos recursos, al mismo tiempo es investigador, director, camarógrafo, guionista y también quien musicaliza los videos, logra obras atractivas e interesantes, que aportan al conocimiento del trabajo y de las obras de los jesuitas en América.

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Razcko me comparte que: "siempre diseñó una línea de tiempo, para armar el guion de acuerdo a los años cronológicos de fundación o llegada de los jesuitas" y  "uno no toma dimensión cuando está inmerso en esas procesiones, mezclado entre la gente con la cámara en mano y luego entrevistando gente, de como va a acabar ese producto de manera artística".

Peruviana. La Provincia Jesuítica del Perú (III)
Producción:  Argentina, 2019

Dirección: Sergio Raczko
Guion: Sergio Raczko
Fotografía: Sergio Raczko
Musicalización: Sergio Raczko
Locución: Julio Rodríguez
Paso a comentar algunas correcciones o datos para ampliar algunos temas.

El discurso del cinco de abril

Rubén Aguilar Valenzuela 
El informe del presidente del domingo cinco de abril va a pasar a la historia de los discursos presidenciales. Ante la crisis de salud y económica que vive el mundo y el país se generaron grandes expectativas sobre lo que diría. La sociedad esperaba el anuncio de un plan nacional de emergencia, para enfrentar la crisis económica derivada del Covid-19. Eso no sucedió.
 
En lugar de eso el presidente, solo y en medio de un gran escenario en uno de los patios de Palacio Nacional, que lo hacían ver muy pequeño y aislado, pronunció el quinto informe en los 16 meses que lleva de gestión. En un discurso anticlimático dijo lo mismo de siempre que ahora sonó más hueco e irrelevante.
 
El discurso establece un antes y un después de su gestión a la que todavía le faltan cuatro años y medio. Ese día, de cara a amplios sectores de la población, se vio como un presidente incapaz de reconocer la gravedad del momento y actuar en consecuencia. Se le vio poca cosa ante la dimensión de la tarea.
 
La actitud del presidente contrastó con la de otros mandatarios de América Latina y del mundo que asumieron programas extraordinarios con objeto de hacer frente a la pandemia, conservar el trabajo y ayudar a quienes lo perdieron. En el comparativo el presidente se vio todavía más desubicado de la realidad y también insensible ante las necesidades de la población.
 
En su discurso - intrascendente, aburrido y lleno de datos menores -, el presidente planteó que para hacer frente a la crisis estaban los programas sociales contemplados en el Plan Nacional de Desarrollo. En la medida que avanzaba en la lectura de su informe confirmaba la idea de vivir en otro mundo. Hablaba a otro país y en otro momento.
 
Mencionó en varias ocasiones que se trataba de una "crisis transitoria", pero nunca mencionó cuáles eran las medidas extraordinarias, para hacerle frente. Con su texto, leído de manera plana y sin ningún énfasis, trató, sin lograrlo, de minimizar la dimensión la crisis de salud y la económica.
 
Con datos falsos afirmó que en México había menos infectados con Covid-19 y también menos muertos que en otros países. La estadística oficial sobre la pandemia ha sido por lo menos confusa. En su intento de restar importancia a la gravedad del problema y politizarlo, que es el espacio donde se mueve, sostuvo que "la corrupción era la peor de las pandemias".
 
El presidente tuvo una oportunidad, que muy pocas veces se presentan, de pasar a la historia y plantarse como un hombre de Estado a la altura de las circunstancias. No lo hizo. Proyecto a un personaje menor insensible, ajeno a la realidad e incapaz de asumir su responsabilidad. La historia de México va a registrar este momento. Es, al final, lo que va a definir su mandato presidencial.

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