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Entre el hombre y el lobo

Rubén Aguilar Valenzuela

 En 1927 se publica la primera edición de El lobo estepario de Herman Hesse (Alemania, 1887 – Suiza, 1962). La novela se articula a partir de la tensión entre la personalidad humana y animal del personaje central, que es Harry Haller.

A lo largo de la obra se va a analizar la vida, pero sobre todo su mentalidad y forma de actuar de Haller. Se hace desde distintas perspectivas.

En el texto el límite entre la ficción y la realidad se vuelve borrosa. No hay una clara línea divisora. Se pasa de los sueños a la realidad.

El lobo estepario es la metáfora de alguien que vive entre dos naturalezas que son contradictorias: la del lobo y la del ser humano.

Al hombre le corresponden el mundo del pensamiento, de las actitudes nobles y la realización de las buenas obras. Al lobo el odio y la violencia. El hombre es lo divino y el lobo lo diabólico.

Haller vive en la periferia y no pertenecen al mundo en que habita. Es inteligente, culto y su mente se dedica solo a la reflexión. Ese es su verdadero mundo.

Sufre profundas depresiones la mayor parte del tiempo y ese estado es, de pronto, interrumpido por momentos de éxtasis en los que siente estar en contacto con la divinidad.

A la depresión sigue la culpa y el deseo de ser castigado. Surge el masoquista. La posibilidad de la muerte es la culminación del dolor. Es lo que merece y quiere.

La libertad y la independencia son los valores más preciados del lobo. No puede ser domado. Es una libertad que no tiene propósito y no aporta a la sociedad.

Haller mantiene una relación de amor y odio con la burguesía. Repudia su mediocridad y conformismo, pero se siente atraído por la seguridad y comodidad.

El burgués es por naturaleza débil y fácil de gobernar. Por eso ha sustituido el poder por el régimen de mayorías, la fuerza por la ley, la responsabilidad por el sistema de votación.

En la novela se plantea que la identidad de la persona como una unidad es una ilusión. Tiene muchas facetas y no solo la del hombre y animal. La divina y la diabólica.

La obra en 1974 fue llevada al cine por el director americano Fred Haines. El protagonista fue el extraordinario actor clásico suizo Max von Sydow.

El lobo estepario
Herman Hesse
Compañía General de Ediciones
México, 1970
pp. 266

 

Versión original: Der Steppenwolf, 1927. Traducción de alemán al español de Manuel Manzanares.  

Descubrir la verdad antes de morir

Rubén Aguilar Valenzuela
En Escritos secretos o La carta secreta (Estados Unidos, 2016) de Jim Sheridan se cuenta la historia de Roseanne McNulty (Vanessa Redgrave), que ya es una anciana.

El guion se basa en la novela Escritos secretos de Sebastian Barry que por esta obra, por segunda vez consecutiva, quedó como finalista del Man Booker Prize.

Roseanne es una anciana que ha vivido recluida en una institución mental desde hace 50 años, acusada de ser una promiscua sexual y de haber matado a su hijo recién nacido.

Con motivo de la construcción de un hotel de lujo, comienza el desalojo de los pacientes, y el director de la institución recurre a un psiquiatra que evalúe a la paciente.

Así, el doctor Grene (Eric Bana) y una enfermera escuchan, por primera vez, la vida y el testimonio de Roseanne, quien siempre ha negado todas las acusaciones contra ella.

A lo largo de las sesiones, el psiquiatra y su paciente establecen una relación de confianza. Lo que ella cuenta nos remite a un pequeño pueblo irlandés, durante la Segunda Guerra Mundial.

Ella de joven (Rooney Mara) choca de frente con los reaccionarios valores de sus vecinos, a causa de su excepcional belleza, su carácter libre y contestatario y su falta de prejuicios.

Roseanne se relaciona con un piloto inglés (Jack Reyner), que se va al frente, y el cura del pueblo (Theo James), también otros hombres, está enamorado de ella y la acosa.

Cuando ella da a luz, al hijo que tiene con el piloto, el cura la acusa de haber dado muerte a su hijo cuando en realidad él lo toma y lo entrega en adopción.

A lo largo de las sesiones se van entrelazando las historias Roseanne y el psiquiatra. En ese diálogo él descubre que ella es su madre.

La película es una crítica a la Irlanda católica conservadora donde la Iglesia tuvo un gran poder y en buena manera moldeó a una sociedad puritana cerrada e intolerante.

Los críticos especializados coinciden en señalar que la película es una adaptación sensiblera, que no tiene lógica y que le falta fuerza. Se elogia el trabajo de fotografía de Mikhail Kirchman.

Escritos secretos
Título original: The Secret Scripture
Producción:  Estados Unidos, 2016

Dirección: Jim Sheridan
Guion: Johny Ferguson en base a un libro de Sebastián Barry
Fotografía: Michael Kriichman
Música: Brian Byrne
Actuación: Rooney Mara, Vanessa Redgrave, Jack Reynor, Theo James, Eric Bana, Aidan Turner, Susan Lynch, Omar Sharif Jr., Tom Vaughan-Lawlor, Pauline McLynn, Elva Trill, John Connors, Nika McGuigan, Laurence O'Fuarain, Antony Acheampong

Paul Biya, el populista camerunés

Rubén Aguilar Valenzuela 
Desde 1982 Paul Barthélemy Biya'a bi Mvondo (1933) es el dictador de la República Federal de Camerún en África, que se independiza de Francia en 1960.

En 1961 el suroeste de Camerún (bajo mandato británico), se unifica y se da paso a la creación de la República Federal, con un solo presidente, pero con dos jefes de gobierno.

Ahora la zona anglófona se considera discriminada y han surgido grupos armados que luchan por la independencia. El Ejército ha reprimido. Se contabilizan más de 500 muertos y 200,000 desplazados.

Biya hizo sus estudios básicos y de bachillerato en escuelas católicas. En Francia estudió en Universidad de la Sorbona y en Sciences Po (Instituto de Ciencias Políticas). En 1961 se graduó en Derecho Público y en Relaciones Internacionales.

En 1962, a su regreso al país, desempeñó distintos cargos públicos. En 1982 el presidente Ahmadou Ahidjo renunció por problemas de salud y Biya fue elegido como su sucesor.

Enfrenta un golpe de Estado liderado por Ahidjo en 1984. Realiza entonces una purga entre sus colaboradores y destituye a los más cercanos al expresidente.​ Se afianza en el poder.

Como único candidato es elegido presidente en 1984 y 1988. En 1992 por presiones externas acepta realizar elecciones pluripartidistas. La oposición dijo que hubo un fraude gigantesco. Ha sido reelecto en 1997, 2004, 2011 y 2018.

En sus 39 años en el gobierno se le ha acusado de corrupción, fraude y delitos de lesa humanidad. Tiene el apoyo de Francia, la antigua metrópoli, que es el principal inversionista extranjero.

El dictador concentra todo el poder militar y civil. En 1996 se reforma la Constitución, para darle todavía más poderes entre ellos que pueda nombrar y cesar al primer ministro en independencia de la Asamblea Nacional.

Al igual que otros populistas minimizó los efectos de la pandemia del Covid-19. Su decisión fue mantenerse en silencio y dejar que el problema siguiera su curso. Por esto se le acusa de irresponsable y ha sido blanco de las críticas nacionales e internacionales.

En el tiempo que lleva como dictador solo tiene tres o cuatro alocuciones al año. Es un político que no busca reflectores.

Está lejos de los grandes eventos y de los discursos grandilocuentes de sus colegas africanos, pero su mano es visible en todas las decisiones.

Algunos analistas consideran que por ahora este populista discreto es el único capaz de garantizar la estabilidad amenazada por diversos conflictos internos y externos. El ferro control del aparato del Estado le ha permitido ganar las elecciones siempre con el apoyo del Ejército y de las élites cameruneses.

El dictador no ha promocionado un delfín que pueda sustituirlo y está convencido de que su presencia en la jefatura del Estado es la única vía que tiene Camerún. Como otros populistas se asume como un Mesías. De cualquier forma su fin se acerca. Ahora tiene 88 años.

Para seguir donde está argumenta siempre que el país requiere "la fuerza de la experiencia" que solo él ofrece. Ese fue su eslogan en la última campaña. Todavía por ahora el sector mayoritario de la sociedad camerunés coincide con esa afirmación.
 

Mi expectativa de la elección

Rubén Aguilar Valenzuela
Para el próximo domingo todas las encuestas plantean escenarios que no se contemplan hace seis meses cuando Morena arrasaba en todos los cargos en disputa. La realidad ha cambiado.

En la pasada elección Trump tuvo el mismo número de votos que cuando ganó. Su derrota se explica por la participación de ocho millones más de electores que votaron en su contra o a favor de Biden.

El propio Trump con su estrategia de un discurso de polarización, odio y en contra de las instituciones de la República conservó su voto duro, eso querían oír, pero produjo el rechazo de amplios sectores de la población.

En la elección de 2018, el ahora presidente López Obrador obtuvo 30 millones de votos, de estos 16 millones fueron suyos y 14 millones en contra del PRI y del PAN.

Al igual que Trump el discurso de López Obrador de polarización, odio y en contra de las instituciones de la República ha provocado el rechazo del sector que votó en contra del PRI y PAN.

Cómo Trump conserva a los suyos, aunque entre sectores de estos haya desilusión (científicos, artistas, activistas sociales), pero ha perdido a buena parte de los votantes que lo eligieron como el mal menor o quisieron darle una oportunidad.

Mi expectativa es que el voto duro del presidente, sus incondicionales por encima de cualquier cosa, voten por todos los candidatos de Morena sin importar quienes son.

Pero que a los opositores se añada un grupo muy importante de quienes en 2018 votaron por López Obrador y Morena, pero ahora están decepcionados del presidente y su gobierno. Se sienten defraudados e incluso traicionados.

Y por eso, como ocurrió en la elección pasada en Estados Unidos, el presidente y su partido van a sufrir una clara derrota entendida como que en la Cámara de Diputados no obtienen la mayoría calificada y pierden diez gubernaturas.

De ser así el espacio de acción del presidente quedará acotado y será el inicio del fracaso de su proyecto conservador de restauración del viejo régimen presidencial autoritario.

Cambiaría la correlación de fuerzas, que hoy favorece al presidente, e iniciaría un proceso lento, pero irreversible, de declive del presidente y su proyecto.

La oposición, pero también la dirección de Morena, que buscaría distanciarse del presidente, empezaría a construir una alternativa de cara a las nuevas circunstancias y la elección del 2024.

¿Por qué y por quién votar?

Rubén Aguilar Valenzuela

El próximo domingo 6 de junio 90 millones de mexicanos tendrán la posibilidad de ejercer su derecho de votar por 22,000 cargos de elección popular.

 

La disputa central y la que tiene mayor significado, sin menospreciar a ninguna otra, es la que se da por la integración de la Cámara de Diputados. Hoy la mayoría calificada la tiene Morena.

 

Con esa composición, el presidente, quien es el verdadero coordinador de la bancada de ese partido, ha hecho pasar, sin cambiar una coma, todas las leyes que ha querido.

 

En esta Legislatura las y los diputados de Morena, como en los peores años del presidencialismo autoritario, solo han votado lo que se les ordena desde Palacio Nacional.

 

Han sacado adelante las leyes que quiere el presidente, para acrecentar su poder y llevar a cabo su proyecto de restauración del viejo régimen centralista y autoritario.

 

El país requiere de la autonomía y el equilibro de los poderes. La pluralidad se debe hacer presente en la Cámara de Diputados y al presidente se le debe arrebatar su control.

 

En las actuales circunstancias solo hay dos posibilidades: avalar el proyecto de restauración del centralismo autoritario o votar para detenerlo.

 

Para eso hay que sufragar por los candidatos de la oposición. No hacerlo implica que siga la lamentable pérdida de conquistas históricas de la frágil e imperfecta democracia mexicana.

 

Están también en juego 15 gubernaturas. El presidente pretende hacerse del control de los estados. En su visión centralista los gobernadores deben estar sujetos a los designios presidenciales. Es un enemigo del federalismo.

 

Para detener la restauración de la República central, aunque formalmente federal, que se ha propuesto el presidente, hay también que votar por los candidatos a las gubernaturas que sean de oposición.

 

Es ahora la manera de defender el federalismo. Se requieren gobernadores que no se dejen avasallar por el presidente, para convertirse en un empleado más del gobierno central.

 

Relacionado directamente con el federalismo están las 1,940 presidencias municipales y las 1,035 diputaciones locales en juego. Si las ganan candidatos de Morena serán fieles al centralismo presidencial.

 

Es por eso importante que se vote por candidatos de la oposición que defiendan su autonomía y no sean sumisos a un posible gobernador de Morena o al presidente.

 

En la elección del próximo 6 de junio no solo están en juego 22,000 cargos de elección popular sino también, es lo más importante, dos proyectos de Nación.

 

El centralista autoritario que promueve el presidente y el de seguir la construcción y consolidación del sistema democrático. Esto sin ignorar las historias lamentables de los partidos de la oposición.

 

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