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Desde mi escritorio: Seguridad, movilidad y aeropuertos, una preocupación real en el mundial

Héctor Reyes 

A menos de un mes de que inicie la Copa Mundial de la FIFA 2026, las principales sedes mexicanas viven una mezcla de expectativa, presión y trabajo acelerado. Ciudad de México, Monterrey y Guadalajara saben que el éxito del torneo no solamente dependerá de lo que ocurra dentro de los estadios, sino de la experiencia que tengan millones de visitantes desde el momento en que aterricen en territorio mexicano.

México llegará al Mundial con avances importantes, pero también con asignaturas pendientes. La emoción mundialista también ha dejado al descubierto las debilidades estructurales que México arrastra desde hace años. El principal desafío continúa siendo la seguridad. Aunque las autoridades federales, principalmente, han prometido operativos especiales, coordinación internacional y vigilancia permanente, persiste la preocupación sobre la capacidad real para garantizar tranquilidad tanto a turistas como a ciudadanos.

La presión será enorme. El mundo entero estará observando no solamente los estadios, sino las calles, los aeropuertos, el transporte público, los hoteles, las carreteras y la capacidad de reacción ante cualquier contingencia. Un Mundial ya no se limita al fútbol; es un examen completo sobre gobernabilidad, organización y estabilidad.

Otro punto delicado es la movilidad. En varias de las sedes mundialistas todavía existen problemas de tráfico, saturación vial y transporte insuficiente. Las obras de modernización avanzan, sí, pero en algunos casos el tiempo parece haberse convertido en el principal enemigo. El reto no será únicamente mover aficionados durante los partidos, sino hacerlo de manera eficiente en ciudades que cotidianamente se enfrentan a un caos urbano.

Los aeropuertos -serán la primera impresión del país- muestran inversiones millonarias, remodelaciones y mejoras visibles; sin embargo, en algunos casos las obras todavía continúan a marchas forzadas. Las ciudades sede tendrán que demostrar no solamente capacidad organizativa, sino eficiencia operativa en tiempo real. Y ahí es donde comienzan las diferencias.

En la capital del país, el panorama genera más dudas que certezas. El Aeropuerto Internacional Benito Juárez de la Ciudad de México continúa bajo trabajos de remodelación y modernización, pero especialistas y diversos sectores han señalado retrasos importantes en comparación con otras sedes mundialistas, además de seguir enfrentando problemas históricos de saturación, desgaste y presión operativa.  

A esto se suma el reto de la movilidad. La Ciudad de México intenta acelerar obras de Metro, trolebús, Tren Ligero y vialidades para facilitar el acceso al estadio y zonas turísticas, pero el tráfico cotidiano sigue siendo uno de los mayores temores para el evento. La capital tiene infraestructura, experiencia y conectividad, pero también carga con décadas de saturación urbana.  

En contraste el Aeropuerto de Monterrey muestra una mejor imagen rumbo al Mundial. La terminal regia ha avanzado en ampliaciones, tecnología y conectividad aérea, buscando convertirse en uno de los principales hubs del norte del país. 

Sin embargo, Monterrey tampoco está libre de dificultades. La movilidad continúa siendo uno de sus pendientes más importantes. Las obras de las nuevas líneas del Metro avanzan bajo presión y existe mucha incertidumbre sobre si todas las estaciones prometidas estarán operando al cien por ciento para junio, lo cual se ve muy complicado. 

Mientras tanto, Guadalajara aparece un poco mejor rumbo al Mundial. Aquí han apostado por modernizar infraestructura, ampliar capacidad y fortalecer servicios turísticos para proyectarse como una ciudad ordenada y competitiva internacionalmente.  

La capital jalisciense también ha trabajado en mejorar vialidades, corredores turísticos y conexiones hacia el Estadio Akron llamado Guadalajara en la justa deportiva. Aun así, persisten preocupaciones relacionadas con seguridad y movilidad urbana, especialmente en horas de alta demanda.

El verdadero examen comenzará cuando miles de turistas intenten desplazarse simultáneamente entre aeropuertos, hoteles, estadios y zonas turísticas. Ahí se pondrá a prueba si México realmente estaba listo para recibir al mundo o si, una vez más, la improvisación terminó alcanzando a la organización.

Buen fin de semana y ¡feliz día de las madres!. La frase: No te quedes esperando a que pase algo, levántate y haz que pase. ¡Ánimo!

Desde mi escritorio: Los tiempos complejos de Sheinbaum

Héctor Reyes

La coyuntura que enfrenta actualmente la presidenta Claudia Sheinbaum no es menor. Se trata de una encrucijada política, jurídica y diplomática que pone a prueba no solo su liderazgo, sino también la solidez institucional del Estado mexicano frente a presiones externas e internas.

La orden de aprehensión emitida desde Estados Unidos —a través de instancias vinculadas al Departamento del Tesoro y una jueza en Nueva York— contra el gobernador de Sinaloa, Rubén Rocha Moya, así como otros funcionarios y exfuncionarios de esa entidad, coloca a México en una situación delicada. Más allá de los nombres, lo que está en juego es el equilibrio entre soberanía nacional, legalidad interna y cooperación internacional en materia de seguridad.

El problema se agudiza por el componente político. El mandatario estatal señalado pertenece al mismo movimiento que llevó al poder a Sheinbaum y que tiene como figura central a su antecesor, Andrés Manuel López Obrador, llamado lider moral de la 4T. Esto inevitablemente genera una percepción de conflicto de intereses: cualquier decisión que tome la Presidencia será leída bajo el lente de la lealtad política o la ruptura con su propio grupo.

Desde el ámbito jurídico, la postura del gobierno federal ha sido clara: sin pruebas fehacientes, no puede avanzarse hacia un proceso de desafuero ni, mucho menos, hacia una extradición. La participación de la Fiscalía General de la República y del equipo legal del Ejecutivo busca sostener una narrativa de apego al debido proceso. Sin embargo, esta posición, aunque jurídicamente defendible, puede resultar insuficiente en el terreno diplomático.

Y es ahí donde aparece otro frente de presión: la relación con Donald Trump, cuya retórica en materia de seguridad y combate al narcotráfico ha sido históricamente dura hacia México. La insistencia de Washington en exigir resultados concretos coloca a la administración mexicana en una posición incómoda: actuar con celeridad podría interpretarse como subordinación; no hacerlo, como falta de voluntad.

El riesgo no es menor. Una mala gestión de este episodio podría tensar la relación bilateral en un momento donde la cooperación es clave en temas comerciales, migratorios y de seguridad. Pero también existe un riesgo interno: debilitar la confianza en las instituciones si se percibe que la justicia se administra con criterios políticos.

Ante este escenario, la pregunta es si Sheinbaum camina sobre una cuerda floja. Ella debe demostrar que su gobierno no está condicionado por lealtades partidistas, pero también que no cede ante presiones externas sin sustento legal. 

Es una prueba de fuego para su administración, donde cada paso será observado con lupa tanto dentro como fuera del país.

México ha enfrentado crisis similares en el pasado, pero cada contexto es distinto. Hoy, la diferencia radica en la alta exposición mediática, la polarización política interna y la complejidad de la relación con Estados Unidos. La decisión que se tome —o la forma en que se administre el conflicto— marcará un precedente importante.

Son, sin duda, tiempos complejos. Para la presidenta, para su gobierno y para el país. La esperanza es que prevalezca el Estado de derecho por encima de cualquier interés, y que esta tensión no escale a un punto de quiebre en la relación bilateral, que tanto peso tiene para el presente y el futuro de México.

Que hoy sea un gran día. ¡Ánimo!

Desde mi escritorio: ¡Sarape, Sarape, Sarape!

Héctor Reyes  

Cada primavera, en Saltillo, no solo cambia el clima: también se renueva la esperanza. 

El arranque de la temporada de béisbol vuelve a encender la pasión de una afición que, fiel a su historia, sueña con ver a su equipo en las grandes instancias. No es un anhelo menor; es una expectativa que se ha construido a lo largo de generaciones enteras que han hecho del diamante parte de su identidad.

Pero en Saltillo hay algo más profundo… una identidad que se teje con su gente, con sus calles, con su historia y con sus símbolos. Así como existen personajes que han marcado época como Don Armando Fuentes Aguirre “Catón”, cronista de la vida nacional; el poeta Manuel Acuña, cuya obra sigue resonando en la memoria colectiva; o Fernando Soler, cuyo nombre vive en uno de los recintos culturales más emblemáticos, nuestro Teatro de la Ciudad, pero también hay lugares que cuentan historias y un ambiente que distingue a la capital de Coahuila, y ahí están los Saraperos de Saltillo, inseparables del alma de la ciudad. 

No se puede entender a Saltillo sin su béisbol, ni se puede hablar del orgullo regional sin mencionar a una novena que ha llevado el nombre de la ciudad con dignidad a lo largo del país.

Los Saraperos son, en esencia, un reflejo del carácter del norte: trabajadores, resistentes, apasionados. Son ese punto de encuentro donde coinciden generaciones, donde el abuelo comparte historias, el padre revive emociones y los hijos comienzan a escribir las suyas. En cada juego hay algo más que nueve entradas: hay identidad, pertenencia y una emoción colectiva que no se explica, pero se siente.

Hablar de los Saraperos de Saltillo es hablar de tradición, de arraigo y de una historia que este 2026 alcanza ya 56 años de trayectoria. Más de medio siglo en el que han desfilado peloteros que dejaron huella imborrable en la memoria colectiva: figuras como Miguel Solís, Guadalupe Chávez, Gregorio Luque y Navarrete, entre muchos otros, que con su entrega y talento forjaron el carácter de una institución que hoy sigue siendo orgullo de su gente.

Este nuevo arranque no pasa desapercibido. La temporada 2026 llega marcada por una renovación profunda: cambios en la directiva, ajustes en el plantel y una clara intención de construir un equipo competitivo desde sus cimientos. A ello se suman mejoras sustanciales en el emblemático Estadio Francisco I. Madero, que hoy presenta un nuevo rostro: un campo con pasto sintético de última generación, la renovación total de sus butacas y la incorporación de nuevos espacios de comida que buscan mejorar la experiencia de los aficionados dentro del parque.

Detrás de este nuevo impulso se percibe el compromiso de su propietario, César Cantú García, quien ha apostado por devolverle protagonismo a la novena saltillense. No se trata únicamente de invertir en infraestructura o talento, sino de recuperar la conexión con una afición exigente, conocedora y profundamente leal.

Hoy, más que nunca, el reto es claro: responder en el terreno de juego a la ilusión que se respira en las tribunas. Porque en Saltillo el béisbol no es solo un deporte; es una expresión cultural, un motivo de reunión y una bandera que se levanta con orgullo en cada temporada.

Que ruede la pelota, que suene el bat y que vuelva a vibrar el estadio. La afición ya está lista. Y como cada año, con la voz firme y el corazón encendido, el grito vuelve a hacerse presente: Sarape, Sarape, Sarape… ¡Saraperos al ataque!

Buen fin de semana, la frase: “Los días son largos, pero los años cortos”. ¡Ánimo!

 

X:_hreyes

 

Desde mi escritorio: Las diferentes lecciones que nos da la vida

Héctor Reyes 

Para Alejandro González Farías y su familia, con aprecio.

La vida no sigue guiones ni respeta tiempos. A veces avanza con serenidad, con la rutina amable de los días previsibles; otras, irrumpe con una dureza que descoloca, que rompe certezas y deja preguntas sin respuesta. En ese contraste habitan las lecciones más complejas: aquellas que no elegimos, pero que nos obligan a mirar de frente nuestra fragilidad.

Hay pérdidas que desafían toda lógica. Ninguna explicación alcanza cuando el dolor es tan profundo, cuando la ausencia pesa más que cualquier palabra. En esos momentos, el lenguaje se queda corto y el silencio adquiere un significado distinto: no como vacío, sino como respeto ante lo inexplicable.

No estamos preparados, como seres humanos, para afrontar una situación tan adversa como la pérdida de un hijo. Es, siendo honestos, uno de los momentos más dolorosos que un padre o una madre pueden vivir. No hay aprendizaje previo, no hay fortaleza suficiente que anticipe ese vacío. Y, sin embargo, en medio de ese dolor inmenso, permanece algo que no se apaga: el recuerdo. Los momentos compartidos, las risas, las enseñanzas, siguen presentes. El ejemplo y el espíritu de ese ser que ha partido de esta tierra continúan acompañando, guiando en silencio, dejando huella en cada paso.

Hoy, esa realidad toca de cerca a una familia que enfrenta uno de los golpes más duros que puede presentar la vida.

La partida de un hijo no solo duele: transforma, marca un antes y un después imposible de ignorar. Es un camino que nadie está preparado para recorrer, pero que, aun así, exige ser transitado con entereza, con memoria y con amor.

Mi estimado Alejandro González Farías, amigo, padre y ser humano, se te extiende no solo el pésame, sino algo más profundo: la solidaridad sincera, el acompañamiento permanente y el reconocimiento de que el duelo no es un momento, sino un proceso largo, complejo y profundamente personal. No hay prisa para sanar, porque hay heridas que no se cierran, solo se aprenden a llevar.

En medio de la oscuridad, queda la luz de los recuerdos, de lo vivido, de lo compartido. El amor que no desaparece, se transforma y que, con el tiempo, se vuelve sostén.

Para Diego, su memoria permanecerá viva en cada paso, en cada historia, en cada instante que habitará en el corazón de quienes lo amaron.

Que brille para ti la luz perpetua.

Y para quienes se quedan, que no falte nunca la mano amiga, la palabra oportuna y el abrazo sincero. Porque si algo nos enseña la vida en sus momentos más duros, es que el dolor compartido pesa menos, y que la compañía, aunque no borra la ausencia, ayuda a hacerla más llevadera.

Descansa en paz, Diego.

Buen fin de semana, la frase: “Hay tres cosas en la vida que nunca debes perder: tu sonrisa, tu alegría y tu forma de ser”. Ánimo.

 

X:_hreyes

 

Desde mi escritorio: La Salud en México: entre promesas y carencias estructurales

Héctor Reyes

Hablar del sistema de salud en México es hablar de una deuda histórica que, sexenio tras sexenio, se ha intentado saldar sin éxito. Hoy, bajo el gobierno de la presidenta Claudia Sheinbaum, se vuelve a plantear una solución ambiciosa: el llamado Servicio Universal de Salud. La pregunta es inevitable: ¿estamos frente a una transformación real o ante otro intento condenado a repetir errores del pasado?

El anuncio es, en papel, prometedor. El nuevo modelo busca que cualquier mexicano pueda atenderse en cualquier institución pública —ya sea el IMSS, ISSSTE o IMSS-Bienestar— sin importar su afiliación. Incluso se plantea una credencial única y la compatibilidad  de expedientes clínicos.   Sin embargo, la implementación será gradual, iniciando en 2027 y extendiéndose hasta 2028. 

El discurso oficial habla de eficiencia, cobertura y universalidad. La presidenta ha calificado el proyecto como “un paso histórico”, con la meta de que todos los mexicanos puedan recibir atención médica sin restricciones institucionales.

Pero la realidad del sistema de salud mexicano obliga a poner los pies en la tierra.

Un sistema fragmentado y rebasado

México no parte de cero. En las últimas décadas se han creado múltiples modelos para ampliar la cobertura: desde el IMSS tradicional hasta el extinto Seguro Popular, impulsado por Julio Frank, que logró—con todas sus limitaciones— ampliar el acceso a millones de personas sin seguridad social.

Tras su desaparición, el Insabi fracasó en consolidarse, y el IMSS-Bienestar ha intentado llenar ese vacío sin lograr resolver problemas estructurales. Hoy, la propuesta de universalizar el sistema parece más una reorganización administrativa que una solución de fondo.

Especialistas han advertido que el actual enfoque continúa siendo limitado, centrado en la atención curativa y sin atacar determinantes estructurales de la salud, además de mantener inercias del modelo anterior sin innovaciones profundas.

El principal obstáculo: la realidad hospitalaria

El problema no es la idea de universalizar, sino la capacidad para sostenerla.

Hospitales del IMSS e ISSSTE enfrentan desde hace años:

  • • Falta de medicamentos
  • • Saturación en consultas
  • • Infraestructura deteriorada
  • • Escasez de especialistas

Incluso el propio gobierno federal ha reconocido la necesidad de contratar miles de médicos especialistas para cubrir el déficit nacional, evidencia clara de que el sistema actual está lejos de operar con suficiencia.

Pretender que cualquier mexicano pueda atenderse en cualquier institución, sin haber resuelto antes estas carencias, podría generar un efecto contrario al esperado: mayor saturación, tiempos de espera más largos y una percepción generalizada de deterioro en la calidad del servicio.

El choque con la realidad laboral

Otro punto delicado —y poco discutido— es el impacto en el esquema de financiamiento.

Millones de trabajadores formales y empresas aportan cuotas al IMSS. Este modelo contributivo genera una expectativa legítima: acceso preferencial y servicios diferenciados. Si el sistema se vuelve completamente abierto, surge una pregunta incómoda: ¿qué incentivos quedan para quienes financian el sistema?

Sin una reforma fiscal o financiera clara, el riesgo es evidente: descontento entre contribuyentes, presión presupuestal y un sistema más cargado de lo que ya está.

¿El regreso de una idea sin resolver?

El concepto de cobertura universal no es nuevo. De hecho, fue el espíritu del Seguro Popular: ampliar el acceso sin colapsar las instituciones existentes. La diferencia es que hoy se busca integrar todo el sistema público en uno solo.

El problema es que integrar estructuras débiles no necesariamente genera una estructura fuerte.

Entre la aspiración y la ejecución

El Servicio Universal de Salud representa una aspiración legítima: que nadie en México se quede sin atención médica. Pero también encierra un riesgo: repetir el ciclo de reformas ambiciosas que no logran traducirse en mejoras reales para los pacientes.

Porque al final del día, el éxito de cualquier sistema de salud no se mide en decretos, ni en credenciales digitales, ni en discursos políticos.

Se mide en algo mucho más simple y más urgente: si un paciente encuentra medicamento y si lo atienden a tiempo. Hoy, esa sigue siendo la gran deuda.

Buen fin de semana, la frase: “La nostalgia es uno de los regalos que los años dan a cambio de todo lo que quitan”. ¡Ánimo!

 

X:_hreyes

 

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