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China para 2025

Francisco Tobías

La segunda economía más grande del mundo, la china, ha logrado crecer desde 1990 con un promedio de 9 por ciento, ubicándose como la economía que más ha crecido desde la última década del siglo pasado. De hecho, especialistas en el tema aseguran que en la siguiente década el PIB de China será mayor al de los Estados Unidos.

Desde 1990 el gobierno de China había tenido como vertientes principales para el crecimiento económico el impulsado la producción industrial y las exportaciones de manufactura, incluso esa economía asiática hoy es conocida como la fábrica del mundo, además de utilizar el gasto público como un impulsor para incrementar su PIB.  Gracias a las políticas industriales del gobierno “comunista” el consumo interno, es decir las compras que realizan los habitantes de ese país, han aumentado, logrando contribuir al crecimiento de la economía.

El gobierno chino ha anunciado que para el 2025 impulsará el consumo interno, es decir provocará que los chinos compren más mercancías, para así lograr impulsar aún más la economía, con un incremento de su Producto Interno Bruto. La principal herramienta que utilizarán serán la tasa de interés, reduciéndola para así aumentar el financiamiento con ello incrementar el consumo y lograr crecer su economía. 

De acuerdo con la reunión del politburó chino, máximo órgano gubernamental de ese país, se implementarán subsidios al consumo interno dándole preferencia a la industria automotriz y a la tecnología. Para las empresas pequeñas y medianas empresas se propuso y aprobaron reducciones en los impuestos a pagar.

Sin embargo, existen factores económicos, políticos, sociales y hasta ambientales que generan preocupación para la economía de ese país, como lo es el subempleo, la corrupción existente, así como el enorme y exagerado consumo de energías no renovables.

Para México, para la economía de nuestro país se abre la enorme oportunidad acrecentar el comercio, pues hoy es nuestro segundo socio comercial más importante. País al cual exportamos productos del sector primario, principalmente, sin embargo, al aumentar el PIB de ese país asiático y con el nearshoring podremos atraer inversiones y empleos que podrán contribuir a la economía de México y de los mexicanos.

Salarios Mínimos 2025

Francsico Tobías

Hace unos días la Comisión Nacional de Salarios Mínimos, organismo integrado por representantes tanto de trabajadores como de empresarios y del gobierno federal, dio a conocer el acuerdo para un incremento del 12 por ciento en el salario mínimo general para los trabajadores de nuestro país.

A partir del 1 de enero del próximo año el salario mínimo general para la zona fronteriza será de 419 pesos, mientras que para el resto del país será de 278 pesos diarios, lo que se convertirá e ingresos mensuales por 12,596 y 8,364 pesos.

El salario mínimo, en México, tiene su origen en la Constitución de 1917, como resultado de nuestra revolución, el cual se entiende como el ingreso suficiente con el cual un trabajador podrá satisfacer las necesidades normales de un jefe de familia, en el orden material, social,  cultural y para proveer a la educación obligatoria de los hijos.

Es cierto que aún con el incremento que se dará para el 2025, incluso con el aumento de más del 20 por ciento que se dio en los últimos años, el salario mínimo en nuestro país no es suficiente para cubrir las necesidades básicas de una familia pero, debemos de reconocer que aumento del salario mínimo, por lo menos en papel y con datos oficiales, ha sido mayor que la inflación que hemos experimentado, ocasionando así que en términos reales los salarios aumenten más que el precio de las mercancías.

Cuando en una economía los trabajadores, quienes generan el ingreso necesario para el consumo, experimentan aumentos mayores en sus salarios que la inflación se generará mayor actividad económica, ocasionando que el consumo, la inversión y la generación de empleos, haciendo crecer la economía.

A pesar de estar demasiado lejos del salario mínimo más alto del mundo, siendo el de Suiza, el cual es de poco más de 4,200 dólares norteamericanos al mes, los salarios mínimos en México se han incrementado, año tras año, sin ocasionar una presión inflacionaria.

Con los incrementos reales, es decir cuando el salario aumenta más que la inflación, se logra combatir la pobreza con trabajo y productividad, con un mejoramiento en el poder adquisitivo del trabajador, ocasionando que el trabajo formal sea más atractivo e incluso logra incrementar la recaudación de impuestos.

Nobel, nearshoring y Benjamín Button

Francisco Tobías

El ganador del premio nobel de economía 2024, el economista británico, James A. Robinson, aseguró que México tiene una posición geográfica “envidiable” y que permitirá hacer crecer la economía a pesar del proceso de desglobalización que se está configurando en el mundo.

De manera reciente los especialistas del comercio internacional han estado manejando el término de desglobalización, proceso que inició en el 2018 con la guerra comercial entre los Estados Unidos y China, acrecentándose por la invasión de Rusia a Ucrania. En este proceso económico, político y social ha ocasionado que la interconexión mundial, en lo que se refiere el comercio, disminuya.

Los aranceles que Estados Unidos ha impuesto a los productos elaborados en China; las sanciones que la Unión Europea y occidente han aplicado a Rusia; incluso la pandemia del Covid-19, han provocado que el comercio internacional se centre en macro regiones, ocasionando un reajuste en el tablero comercial y económico del mundo. Aunque también ha generado nuevos fenómenos económicos como el “nearshoring”, el cual podemos definir como mover las fábricas de cualquier parte del mundo a una economía donde los insumos, incluyendo la mano de obra, sean más baratos y cerca del mercado final. Así es cómo México.

Por ello el nobel de economía James A. Robinson afirmó que con el “nearshoring” nuestra economía tiene una oportunidad increíble, por la cercanía que tenemos con los Estados Unidos y por contar con mano de obra calificada y mucho más barata que la de ese país.

Las mayorías de las economías, incluso la economía mundial, se verán frenadas por la desglobalización económica, las reglas han cambiado en los últimos años, cuando pensábamos que la globalización “total” fuera posible, nos dimos cuenta de que económicamente no es tan conveniente ni para las economías desarrolladas ni para las que se encuentran en vías de desarrollo.

Existen retos que debemos de afrontar y vencer, el tener miles de kilómetros de frontera con la economía más grande y que más consume en el mundo no es garantía de éxito para nuestra economía, es cierto el “nearshoring” nos facilita el camino, sin embargo, debemos de enfrentar la inseguridad, la corrupción, la falta de infraestructura y hasta el cambio climático.

Bien lo dijo el actor principal de la película Benjamín Button, “Nuestras vidas se definen por las oportunidades, incluso por aquellas que no aprovechamos”, ojala aprovechemos todas las oportunidades lograr desarrollar nuestra economía.

Estados Unidos, el consumo y los aranceles

Francisco Tobías

La economía de los Estados Unidos creció 0.7 por ciento durante el tercer trimestre, para así alcanzar un aumento en su PIB, durante lo que va del 2024, de un 2.8 por ciento. El crecimiento económico de la mayor potencia, valga la redundancia, económica ha sido casi del doble que la experimentada por la Unión Europea, y el gran motor de este aumento en el PIB ha sido el consumo.

Los habitantes de Estados Unidos han logrado adquirir mayor cantidad de bienes y servicios terminados, generando así el aumento en el PIB, o bien el crecimiento económico que a la vez genera mayores inversiones y empleos, para así ocasionar un círculo virtuoso.

Existen varios factores que ocasionan cambios en el consumo: por ejemplo, la generación de empleos ocasiona que existan más personas con ingresos con los cuales realizan sus compras. Por otro lado, el desempleo ocasiona reducción en el consumo ya que los desempleados tendrán que cuidar su dinero hasta conseguir otra fuente de ingresos. Los subsidios ayudan a que el consumo aumente ya que, de manera real, estos apoyos, son una reducción en los precios finales. Por su parte, todos los impuestos ocasionan que el consumo disminuya; el motivo es claro, los consumidores tienen que destinar dinero para pagar los impuestos, los cuales se pueden ver reflejados en el precio final.

En Estados Unidos durante los meses de septiembre a noviembre, los habitantes de ese país gozaron de un incremento en su poder adquisitivo, es decir, que con la misma cantidad de dinero podían incluso comprar un poco más de mercancías, generándose así un aumento en el consumo que ocasionó a la vez un aumento en el PIB, o bien un crecimiento económico.

Aquí es donde no cuadra la idea, del presidente Trump, de cobrar un 25 por ciento de aranceles a los productos mexicanos que se consumen en Estados Unidos, ya que ese 25 por ciento lo pagaran los consumidores norteamericanos en el precio final. Ocasionando una reducción en el consumo y en el PIB, debido a que el consumo representa cerca del 70 por ciento del PIB total de ese país.

Pongamos el ejemplo del aguacate, si un kilo de esa fruta, sí el aguacate es fruta, en Estados Unidos hoy cuesta 10 dólares, con la imposición del arancel, el consumidor final pagaría 12.5 dólares. Y si decidieran no importar, es decir no comprarle a México, aguacate, el precio aumentaría más ya que se generaría una escasez de esa fruta.

Pareciera que el presidente Trump juega al modelo de Halcón – Paloma, donde él intenta ser un halcón y al final, como lo hizo hace 6 años, terminará obteniendo otros beneficios para su país, sin imponer un arancel o bien hasta podría estar blofeando.

Es el bolsillo, estúpido

Francisco Tobías

A pesar de que la macroeconomía norteamericana tuvo un comportamiento muy bueno durante el mandato de Joe Biden, la candidata Kamala Harris del partido demócrata no logró ganar las elecciones presidenciales contra Donald Trump, quien como todos sabemos ocupará por segunda ocasión la oficina oval de la Casa Blanca. Y todo parece indicar que la frase “la economía, estúpido” dicha por Bill Clinton en su campaña presidencial de 1992 sigue vigente.

Durante el mandato de Biden la economía norteamericana alcanzó un mínimo histórico en desempleo, pues se crearon 16 millones de nuevos empleos, los norteamericanos viven un fenómeno inflacionario de tan sólo 2.4 por ciento, además de “sortear” de manera muy aceptable la etapa post pandemia, sin olvidar que se evitó una crisis energética que se pudo desatar por la invasión de Rusia a Ucrania, el PIB durante los 4 años de la actual administración creció en promedio 3.2 por ciento, sin embargo, pareciera que no fue la macroeconomía sino la microeconomía lo que decidió la elección presidencial de los Estados Unidos.

Al realizar un comparativo del incremento salarial y de la inflación entre la administración anterior de Trump y la actual de Biden, podemos darnos cuenta de que el bolsillo de los norteamericanos fueron el factor decisivo en la pasada elección presidencial, pues durante la era Biden la inflación fue mayor y los salarios crecieron menos en comparativa con la administración Trump.

En términos reales los norteamericanos sufrieron en sus bolsillos pues a pesar de que los precios de las mercancías no subían demasiado, sus salarios no se elevaron lo suficiente para poder seguir consumiendo lo mismo.

El consumo norteamericano, es decir, las compras que realizan en aquel país, tiene un efecto tanto en su economía como en la mexicana, pues al ser socios y nosotros exportar gran parte de nuestra producción a los Estados Unidos, cuando el consumo de ellos aumenta, el empleo, la inversión y el PIB de nosotros logra crecer, ocasionando también que nuestro consumo aumente.

Los norteamericanos con menores ingresos votaron, en su mayoría, por el candidato Trump, ¿el motivo?, una vez más ,el bolsillo.

Los politólogos al preguntarse, ¿con qué vota el electorado?, la respuesta ha sido por décadas, con el corazón, pareciera que los norteamericanos fueron más racionales que emocionales al votar por su bolsillo y así buscar un cambio, para bien, en su microeconomía. En fin, podemos afirmar que: “es el bolsillo, estúpido”.

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