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El buen fin

Francisco Tobías

Del jueves 13 a domingo 17 de este mes tendremos la XV edición del Buen Fin, un proyecto comercial y por lo tanto económico que ha logrado posesionarse cada año de una manera más fuerte tanto entre los vendedores como entre los compradores.

En alguna ocasión me comentó el Ing. Jorge Dávila, Saltillense él quien fue presidente de la FECANACO e impulsor principal de esta gran idea, que al inicio del Buen Fin había mucha incertidumbre hacia el éxito de este proyecto y vaya que ha tenido éxito.

Como “tip” quiero compartirles que para esta edición “el fin de semana más barato del año”, cuenta con una app, la cual nos permite conocer y acceder a las ofertas, precios especiales y promociones, así como los negocios participantes.

En el primer “Buen Fin” logró ventas por un monto de 39 mil 800 millones de pesos, participando 40 mil empresas a lo largo y ancho de nuestro país. Para este año se estima que el monto sea más de 5 veces para alcanzar los 200 mil millones pesos en derrama económica, con la participación de más de 200 mil negocios participantes.

El éxito ha sido tal, de este proyecto comercial que, hasta el sistema tributario, SAT, ha decidido participar con un sorteo de 500 millones de pesos que ser repartirán a la suerte entre consumidores y vendedores. Incluso la Lotería Nacional emitirá un billete conmemorativo.

El consumo es el factor más importante del PIB, definiéndolo como el gasto total que realizamos todas las familias en la compra de bienes y servicios, de hecho, en el 2024 el consumo privado representó alrededor del 70 por ciento del total del PIB mexicano.

Con estas acciones en las cuales participamos una gran parte de la sociedad y del sistema económico, a iniciativa de un Saltillense, hoy en México tenemos un “Buen Fin” en el cual se busca y se ha logrado apoyar a la economía familiar, impulsar tanto el consumo como el comercio formal.

Como bien lo dijo el orador, político e intelectual romano Séneca: “Compra sólo lo necesario, no lo conveniente. Lo innecesario aunque cueste sólo un céntimo, es caro”.

Por favor antes de realizar una compra revise las letras chiquitas y evite comprar algo sólo por el descuento, es decir compre de manera responsable.

Los precios de la Serie Mundial

Francisco Tobías

La serie mundial terminó, el último juego fue en Toronto, se fue a extra innings y el triunfo se los llevaron los Dodgers. Pero más allá de lo emocionante que se ha desarrollado este clásico de otoño es importante analizar los cambios, aumentos, del precio por butaca.

La ocasión anterior en la que los Blue Jays de Toronto ganaron la final de las ligas mayores fue en 1993, un asiento para asistir a alguno de los juegos 3 juegos que se jugaron en Canadá tenía un costo de 65 dólares canadienses en la zona 100, es decir en el primer bloque de asientos de estadio. Después de 32 años el Clásico de Otoño regresó al país del maple, incluso al mismo estadio el “Skydome” y un boleto en la zona 100 tiene este año un precio de 4,165 dólares canadienses.

Podríamos pensar en primer instante que el aumento del precio se debe a la inflación, sin embargo, al calcular la inflación acumulada que sufrió Canadá desde 1993 a la fecha, nos da un porcentaje de 233.8 por ciento, con este dato el precio del boleto en la zona A costaría 151.97 dólares canadienses, entonces, ¿de donde sale la diferencia de precios si no es de la inflación?

En el mercado actúan dos fuerzas, cada una independiente de la otra, la oferta y la demanda, sin embargo, ambas tienen que interactuar para llegar a un “acuerdo” y así establecer el precio y la cantidad de la compra-venta a este punto los economistas lo llamamos el punto de equilibrio.

La demanda, es decir la cantidad de mercancías que los consumidores están dispuestos a adquirir, se encuentra en función de otros factores además del precio. Sucediendo lo mismo con la cantidad que los vendedores están dispuestos a vender, a lo que le llamamos la oferta.

El precio de otros bienes, la moda, las expectativas, incluso los impuestos, la tecnología y hasta el ingreso de las personas afectan tanto a la demanda, mientras que otros factores como el costo de producción, la cantidad de vendedores, el precios de otros productos y hasta las legislaturas afectan a la oferta; afectando a la vez al equilibrio. Es decir, los compradores y vendedores consideran otros factores para llegar a un nuevo acuerdo y así poder realizar la compra-venta.

¿De 1993 al 2025 que ha sucedido además de la inflación? Pues otros factores han cambiado, por ejemplo, hoy se ha “democratizado”, yo le digo “masificado”, la oportunidad de viajar, no sólo dentro de Canadá, sino que hoy hay más personas con posibilidades económicas de todo el mundo que, a finales del siglo pasado, que pueden ir a ver un juego a Toronto. Ocasionando un aumento en la demanda provocando así una escasez que a su vez estimula el aumento de los precios.

De alguna manera en estos días hay más personas interesadas en el juego de béisbol o por lo menos en “shows” deportivos como este la serie mundial, la copa FIFA o el superbowl, ocasionando un cambio en la demanda y generando que el precio aumente.

Hoy la tecnología además juega un papel importante en el mercado, de manera indirecta, este factor a colaborado también en el aumento del precio, ya que es un detonante para el aumento de seguidores de este deporte o bien de la serie mundial.

Parece que el béisbol en la economía en ocasiones se comporta como lo dice Alex Lora y el Tri en la canción “Pobre soñador” cuando dice: Tú me haces sentir como en un juego de béisbol me ponchas o me haces batear de homerun.

Premio Nobel de economía

Francisco Tobías

La semana pasada la Real Academia Sueca de Ciencias le otorgó el Premio Nobel de economía a Joel Mokyr, Philippe Aghion y Peter Howitt, gracias a sus investigaciones sobre cómo la innovación ha contribuido al crecimiento económico.

Quiero realizar algunas precisiones no económicas, pero si referentes al premio, cuyo nombre correcto es el Premio del Banco de Suecia en Ciencias Económicas en la Memoria de Alfred Nobel, la segunda precisión es económica sólo para los tres ganadores, ya que el millón 200 mil dólares que comprende en premio, la mitad, es decir 600 mil dólares fueron para Joel Mokyr, mientras que el resto fue divido entre los economistas Philippe Aghion y Peter Howitt.

Los tres se han dedicado a realizar investigaciones sobre los efectos, positivos, de la innovación en el crecimiento económico. El historiador económico estadounidense e israelí, Joel Mokyr, analizó los datos históricos para así identificar que las innovaciones se van autogenerando y     señalar que es importante la explicación científica del funcionamiento de la misma innovación. El comité señaló y cito textual: “por haber identificado los prerrequisitos para el crecimiento sostenido a través del progreso tecnológico”.

Por su parte el matemático francés Philippe Aghion junto al economista canadiense Peter Howitt, estudiaron, desde 1992, la manera de cómo la “destrucción creativa” era capaz de generar crecimiento económico sostenido, llegando a desarrollar un modelo matemático.

La destrucción creativa, por increíble e insólito que parezca, tiene su origen en la obra “El Capital” de Karl Marx, al señalar que en el sistema capitalista existe la tendencia de “destruir y crear”, pero fue en 1942 cuando se popularizó con los estudios del economista austriaco Joseph Schumpeter, quien desarrollo la teoría al afirmar que las innovaciones tecnológicas generan un cambio en la estructura económica y a la vez crecimiento económico. En palabras llanas la “destrucción creativa” es cuando se presenta la destrucción de las estructuras económicas debido a innovaciones que por supuesto generan cambio y eficiencia.

Bien lo dijo el maestro Pablo Picasso: “Todo acto de creación comienza con un acto de destrucción”, y eso que no era economista ni matemático. Por cierto, ¿usted sabe el motivo por el cuál no existe el Premio Nobel de matemáticas?

Ley de Gresham

Francisco Tobías

En economía existen muchas leyes, tal vez las más famosas son la ley de la demanda y de la oferta, sin embargo, hay muchas leyes más, las cuales son resultado de investigaciones científicas que describen patrones constantes y universales que son el resultado de la experimentación y la observación repetida. De aquí que los economistas seamos científicos sociales.

Existen teorías con fórmulas matemáticas, principalmente de cálculo diferencial o integral, que son tan complicadas que se requiere gran destreza matemática, algunas otras teorías son más sencillas de entender, incluso sin el uso de la ciencia exacta, pero hay otras teorías, sí científicas, que parecieran producto de alguna caricatura o de una broma, una estas teorías es la Ley de Gresham, que debe su nombre a Tudor Thomas Gresham, financiero inglés quien encontró esta ley, dos siglos antes de que la ciencia económica sugiera oficialmente.

La ley de Gresham sostiene que el dinero malo desplaza al dinero bueno, es decir que el dinero de mejor calidad es preferido para ser resguardado que el de mala calidad. Entendamos que hay dinero, principalmente monedas, que tienen valor intrínseco, es decir que valen por sí mismas, por el material con el cual están elaboradas. Supongamos en manera de ejemplo que hay dos tipos de monedas de 20 pesos circulando, una de ellas totalmente de cobre y la segunda con plata, por supuesto que de manera racional cada vez que llegue a nuestras manos una moneda de las que tiene plata la resguardaremos, dejando en circulación las de cobre.

Existen casos aún más “llamativos” como el de los billetes de 50 pesos que tienen la imagen del ajolote, el cual es un anfibio endémico de nuestro país, pues bien se tiene calculado que hay 12 millones pesos en esos billetes, que están fuera de circulación resguardados por particulares quienes no lo utilizan para la compra de alguna mercancía por considerar que esos billetes son “bonitos”.

Pareciera que hay cosas en la economía que funcionan al revés que el resto de las ciencias, actividades o quehaceres, como el caso de que en lugar de que las cosas buenas saquen a las malas, los billetes malos sacan a los buenos a pesar de que sirven para lo mismo y en ocasiones hasta valen lo mismo. ¿Acaso cuando tiene en la cartera dos billetes de la misma denominación y necesita hacer un pago, no utiliza el más maltratado?

El estanquillo de Don Félix y el PIB

Francisco Tobías

En México, la economía no solo se mide en cifras del INEGI. También se mide en el estanquillo de la esquina, en la que te fían, te preguntan por tu familia y siempre hay cambio para el camión, sí esos estanquillos de los cuales cada vez encontramos menos, como el que tenía Don Félix en la esquina de mi casa, estanquillo el cual por cierto era de color verde, ubicado en el céntrico crucero de Saltillo, de las calle de Victoria y Acuña, ahí frente a lo que era el cine Palacio.

Lo que pasa en esa tiendita dice mucho de la economía del barrio, de la ciudad y hasta del país. Si los vecinos compran fiado, la economía anda apretada; en cambio si la caja suena más seguido, hay dinero circulando. Podriamos decir que la tiendita o el estanquillo de la esquina es como un termómetro económico.

El Producto Interno Bruto (PIB) es la suma de todo lo que producimos y vendemos en México. Cada refresco que Don Félix vende, cada bolsa de frituras o dulce, cuenta —aunque sea un poquito— en esa gran suma nacional.

Si Don Félix vende más, su proveedor también gana más, la fábrica produce más y el transportista trabaja más, generando empleos también, ya que tanto la fábrica como el transportista necesitarán de más trabajadores. Así se mueve el país, de mostrador en mostrador, de tiendita en tiendita, de estanquillo en estanquillo.

Cuando compras en la tiendita, ayudas a que el dinero se quede en tu colonia, en tu ciudad. Y así colaboras para mentener y generar empleos además del pago de los nada queridos impuestos.

Por eso, consumir local no es solo un acto de costumbre: es una forma de fortalecer la economía desde abajo.

La próxima vez que vayas por un refresco o por las papitas, recuerda que también estás participando en la economía nacional.

Suena exagerado, pero es muy real, el país crece o se frena desde esos pequeños mostradores donde decimos:

“¿Me fía, Don Félix?

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