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La llegada de los jesuitas a América

Rubén Aguilar Valenzuela 

En 1568 la Compañía de Jesús funda su primera provincia en América, que es la del virreinato del Perú. El virrey Francisco Álvarez de Toledo (1515-1582), solicita al general de los jesuitas, san Francisco de Borja (1510-1572), su envío al Perú.

 

De Borja y Toledo, fueron miembros del séquito del emperador Felipe II, donde se conocen y traban amistad. De Borja, pariente del papa Alejandro VI, en 1546, a la muerte de su esposa, decide ingresar a la Compañía de Jesús.

 

El duque de Gandía, que renuncia a sus títulos, es el tercer general de los jesuitas después de san Ignacio de Loyola (1491-1556), fundador de la Orden, y Diego Laínez (1512-1565), del grupo inicial que da origen a los jesuitas.

 

San Ignacio ya antes había aprobado el envío de jesuitas al Perú, pero el intento se frustró en dos ocasiones. De Borja decide mandar un grupo inicial de siete jesuitas, cinco sacerdotes y dos hermanos coadjutores. En 1569 llegan otros 20 jesuitas.

 

En un principio establecen las casas de Lima, Cusco y Arequipa y el Colegio Máximo de San Pablo en 1568, que fue seminario y colegio católico. En la provincia del Perú ocurren muchas de las creaciones iniciales de los jesuitas en América.

 

Una de las fundamentales, que tendrá un gran impacto en todo el Continente, es hacerse cargo de misiones de manera permanente entre los indígenas. En 1576, los jesuitas en Perú debaten sobre esta posibilidad.

 

El provincial, en ese momento José de Acosta (1540-1600), un humanista de la Escuela de Salamanca, decide asumir esta nueva tarea. Así, se hacen cargo del pueblo de Juli, en las cercanías de lago Titicaca, habitado por pobladores lupacas. Aquí antes trabajaron los dominicos.

 

Como provincial toma decisiones de carácter antropológico y etnológicos que dan forma al proyecto, cuenta con la notable gestión del jesuita Diego de Torres Bollo, sostén de la misión de Juli y primer provincial en las reducciones de Paraguay.

 

El objetivo es dar inicio a un proyecto misional, propio y original de los jesuitas, que contempla la evangelización, el desarrollo social y cultural y también espacios de autonomía política-administrativa de los indígenas y sus comunidades.

 

La Compañía de Jesús inicia aquí su extraordinario trabajo misional entre los diferentes pueblos indígenas de América, que continuará en forma ininterrumpida hasta su supresión de los territorios de la corona de España en 1767.

 

En la misión de Juli se estructura las bases de la estrategia que después, con variantes, se aplicará en todo el Continente. Aquí, los jesuitas hablan de que trabajan con el "pueblo santo".

 

El nuevo proyecto misional se propone construir una utópica comunidad cristiana, que proponía trabajar sobre una nueva escala de valores donde, entre otras cosas, no existiera la acumulación.

 

Desde un inicio, el proyecto misional se enfrenta a la realidad estructural de la injusticia, y también a problemas políticos y culturales. Los propios jesuitas de la época son autocríticos de la realización de su proyecto, pero también son conscientes de su éxito.

María de Jesús y Alejandra, la novela no escrita

Rubén Aguilar Valenzuela 

La novela no escrita del finado Federico Campbell (1941-2014) contiene tres historias: la saga de las guerrilleras mexicanas María de Jesús Cubas Carlín y Alejandra Bravo Mancera (1955-1989), y la trama de Federico y yo con relación a esta obra (1). No sé cómo Federico se enteró de la existencia de estas dos mexicanas integrantes de las Fuerzas Populares de Liberación (FPL) Farabundo Martí de El Salvador, ni tampoco cómo supo de la relación que yo tuve con ellas. No recuerdo haberle preguntado.

 

Un día me busca y me dice de su intención de escribir una novela sobre ellas. Le respondí que lo celebraba, porque por esa vía muchas personas se iban a enterar de sus vidas. Le dije que tenía cartas y notas de las dos. Había escrito un texto sobre María Jesús y su caída en uno de los frentes guerrilleros, antes de que en 1981 comenzara la ofensiva general, en la revista Centroamérica en la Mira, que editábamos en Salpress, la agencia de prensa de la guerrilla.

 

 

(1) Texto leído el 16.02.24 en la Facultad de Filosofía y Letras, Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), en un homenaje a Federico Campbell a diez años de su muerte.

 

Ilustración: Camacho

 

 

Quedamos de vernos pronto para que le diera esos materiales. El día que se los entregué me dijo: si me los das, ya no me los puede pedir. Le dije que estaba bien, que el uso que daría justificaba el dolor de desprenderme de ellos. Me costó.

 

Yo quería que mucha gente conociera la vida de María de Jesús, su seudónimo en la guerrilla era Guadalupe, y la de Alejandra, de seudónimo Hanna. Una novela de Federico era una buena manera para que eso sucediera.

 

María de Jesús y Alejandra, que no se conocieron, tenían algo en común: ser hijas de familias de clase media de la Ciudad de México, haberse educado en escuelas de religiosas católicas, una gran sensibilidad social y un deseo de que el mundo fuera más justo y fraterno. Su sensibilidad social y su experiencia religiosa, así como la propuesta del Evangelio, las llevaron a optar por el camino de las armas e incorporarse a la guerrilla en El Salvador.

 

De María de Jesús y Alejandra hay muchas cosas que contar. Su vida, su decisión, la situación que vivieron en la guerra, sus tareas y responsabilidades y las circunstancias de su caída. Para esta ocasión hablé con dos personas, una que conoció a Guadalupe y la otra que trató con Hanna.

 

Mauricio, su seudónimo en las FPL, es un periodista salvadoreño que vive en México. Platicamos con frecuencia sobre los años de la guerra en El Salvador y recordamos a las y los caídos. Los dos somos sobrevivientes de esa guerra. Le dije que iba a estar en este evento y hablamos de Guadalupe. Después me escribió:

 

En el campamento del cantón La Escopeta, departamento de Cinquera, frente al volcán Guazapa, Guadalupe y el mando dormíamos en el piso de tierra de una casa campesina en ruinas y sin muebles. Tenía un porche, un comal y un horno de leña, que solo lo prendíamos de noche, para evitar que el humo nos delatara.

 

Cerca del lago Teziutlán, a orillas de un arroyo, había una poza donde vi a Guadalupe bañándose. Aquella escena no se me olvida. Era la primera compañera que se bañó con el torso desnudo como uno más de nosotros. Me sorprendió.

 

En el campamento ella y yo muy pronto establecimos una relación de confianza tal vez porque yo venía de la Universidad Centroamericana José Simeón Cañas, la UCA de los jesuitas. Ella en México conocía a jesuitas y ex-jesuitas. En los primeros días de la guerra fue mi jefa, porque era la responsable de la formación política. Después ella se fue a otras tareas y en el Estado Mayor del Frente Central Felipe Peña me nombraron en el cargo que ella tenía.

 

Me heredó dos libros: El diario del Che en Bolivia y el Libro Rojo de Mao. Con esos textos organizamos nuestro curso de formación política, para los compañeros de las unidades guerrilleras.

 

Años después, Héctor Aguilar Camin, en su novela Un soplo en el río (Ediciones Cal y Arena), desarrolla personajes que se inspiran en Alejandra, en Hanna, en Nacho, su compañero, un historiador, y en mí, amigo de los dos.

 

En noviembre pasado organizamos un homenaje para Alejandra con la presencia de sus amigas del Colegio Merici, entre ellas Carmen Bullosa, de sus compañeros de la Facultad de Medicina de la UNAM y de comandantes de las FPL, que recién han huido de El Salvador y ahora viven en México.

 

Ayer por la noche hablé con Cecilia Escalante, una de las amigas más cercanas de Hanna. La recordamos con mucho cariño. Me dijo: "Siempre pienso en ella". Me parece irreal que se haya ido. Muchas veces tengo la sensación de que me la voy a encontrar en la calle.

 

Cuando Hanna me platicó de su decisión de irse a la guerrilla estaba muy clara en sus motivos. Hablaba con mucha convicción desde su enorme vitalidad. Quería dedicar su vida a que el mundo cambiara y pensaba que la lucha armada era el camino. Decía que era una apuesta por la vida, no por la muerte, para que los más pobres y oprimidos vivieran mejor. En las veces que la pude ver, de paso por México, nunca dudó de su decisión. Me hablaba de la vida en la guerrilla, de los campamentos y de sus tareas en los frentes de guerra con gran entusiasmo.

 

Sabía del riesgo que implicaba su opción, pero no veía la muerte como una real posibilidad, aunque era consciente de que un día podía caer como otras de sus compañeras y compañeros. Su mayor contribución la veía desde lo que podía aportar como médica. Ahí se ubicaba. Se especializó en cirugía de guerra. En sus años en la guerrilla siempre estuvo en esa área. Cuando cayó era la responsable de un hospital de campaña. La recuerdo siempre vital, ocurrente, divertida, riendo, generosa y haciendo mejor la vida con los que convivía.

 

Alguien debe tomar la estafeta y escribir la novela que Federico no terminó. Federico y yo platicamos de la novela en tres o cuatro ocasiones. Recuerdo de manera especial la última de estas conversaciones caminando por el camellón de avenida Mazatlán. Me dijo que la historia no solo era interesante; tenía también muchos ángulos de mirada, sino era algo realmente importante. Era dar cuenta del testimonio de dos mujeres, de dos internacionalistas mexicanas, que habían dado su vida en razón de sus convicciones, se podía estar o no de acuerdo con su opción, pero eran ejemplo de coherencia y compromiso.

 

Pienso que lo que más le impresionaba a Federico sobre María de Jesús y Alejandra, era que su decisión de irse a la guerrilla era radical y profundamente humana. Les costó la vida siendo muy jóvenes.

 

Mercado Abelardo Rodríguez en el Centro Histórico (Alcaldía Cuauhtémoc, Ciudad de México)

 
Rubén Aguilar Valenzuela

Edificio

 

En la colonial el pre­dio del mer­ca­do es­tu­vo ocu­pa­do por el Co­le­gio de In­dios de San Gre­go­rio. A me­dia­dos del si­glo XIX se con­vir­tió en el Co­le­gio Na­cio­nal de Agri­cul­tu­ra y más tar­de en Co­le­gio Mi­li­tar y en es­cue­la pa­ra hi­jos de obre­ros.

 

El diseño del mercado es del arquitecto Antonio Muñoz García y en 1934 fue construido como prototipo de lo que debería ser un mercado moderno. La superficie es de 12 450 metros cuadrados. Como propuesta innovadora incluyó: guardería, auditorio, biblioteca y centro juvenil.

 

El arquitecto utilizó varios estilos como el Art Dé­co, el funcionalismo  y el neo­co­lonial presente en la fachada. Dice Eli­za­beth Fuen­tes Ro­jas, que ha estudiado la obra, que: "El afán de res­pon­der al pro­gra­ma de la Re­vo­lu­ción mar­có el to­no grandilocuente de la cons­truc­ción que fi­nal­men­te con­gre­gó una mez­cla o  emplastamiento de es­ti­los, lo cual ha cons­ti­tui­do una de las con­ti­nuas crí­ticas a es­te edi­fi­cio".

 

Elemento notable en el diseño del edificio fue la decoración de paredes y techos con murales en un proyecto coordinado por Diego Rivera en la que participaron diez artistas.

 

Los murales

Los artistas que se contrataron son: Los mexicanos Mi­guel Tzab,  An­to­nio Pu­jol, Ramón Al­va Gua­da­rra­ma, Án­gel Bra­cho, Raúl Gamboa y Pedro Rendón. Y los estadounidenses Pa­blo O'Hig­gins, las her­ma­nas Gra­ce y Ma­rion Green­wood e Isamu No­gu­chi, de padres japoneses.

 

El proyecto original contemplaba se pintaran 3200 metros cuadrados de murales con el propósito de "acercar el arte al pueblo". Cada artista recibiría 13.50 pesos mexicanos (3.75 dólares en esa época) por cada metro cuadrado pintado. Noguchi no cobró.

 

En la primera parte del proyecto se pintarían 1500 metros cuadrados y los otros en una segunda parte. Cuando se terminó la primera, los artistas solicitaron la renovación del con­tra­to como estaba estipulado para ter­mi­nar la to­ta­li­dad de los murales. El je­fe del De­par­ta­men­to Cen­tral no la au­tori­zó.

 

El secretario de la Liga de Escritores y Artistas Revolucionarios (LEAR), Ju­lio de la Fuen­te, diri­gió una car­ta al pre­si­den­te de la Re­pú­bli­ca donde denunciaba que los tra­ba­jos de los ar­tis­tas habían sido sus­pen­di­dos y pe­día su rea­nu­da­ción. La LEAR se quejó públicamente del incumplimiento y protestaba que se pusiera como pretexto que se ca­recía de re­cur­sos eco­nó­micos pa­ra con­ti­nuar la obra.

 

Así, solo se pintaron 1450 metros cuadrados de espacio, entre paredes y techo. Los murales desarrollan temas sociales que el gobierno quería promover y también dan cuenta de las preocupaciones sociales de los artistas. Está presente la lucha en contra de la discriminación racial, contra del fascismo, el militarismo y la guerra.

 

Los murales se encuentran en paredes y techos de las entradas principales, vestíbulos, patios y pasillos del mercado. A riesgo de alguna imprecisión los títulos y autores son: Los Mercados, Antonio Pujol; Influencia de las vitaminas,  Ángel Bracho; Los Alimentos, Pedro Rendón; Escenas populares, Ramón Alva Guadarrama;  Las Labores del Campo, Grace Greenwood; La Minería, Marion Greenwood; Los Problemas del obrero, Pablo O`Higgins; La Industrialización del campo, Raúl Gamboa; Los mercados, Mi­guel Tzab; Albert Einstein, E = mc² (relieve), Isamu Noguchi

 

Restauración

En 2009, después de 75 años, los murales fueron intervenidos para restaurarlos. En esos años sobre ellos había pasado el tiempo, los terremotos, la humedad, el descuido y el vandalismo. El trabajo duró dos años.

 

Cuando estos iniciaron prácticamente todos los murales mostraban algún grado de daño. Los murales pintados por Pablo O'Higgins, en una de las entradas, estaban en buenas condiciones por encontrase en el techo y en la parte superior de una de las paredes altas.  

 

El mural más dañado era Influencia de las vitaminas de Ángel Bracho, con más de 50 por ciento afectado sobre todo por humedad. La pared con el mural de Marion Greenwood tenía una agrietada debido al terremoto de 1985. El resto de las pinturas presentaban diverso tipo de daños.

 

La asociación de comerciante, que reúne a 300 de estos, instaló pantallas de acrílico sobre varios de los murales para protegerlos, pero el Gobierno de la Ciudad afirmó que estas no dejaban que los murales "respiraran" y podría causar daños, por lo que fueron retiradas.

 

Comentario

En 1934 se construye el mercado Abe­lar­do Ro­drí­guez, como un modelo a seguir de lo que deberían de ser estos espacios públicos. Como parte de su diseño se incluyó la decoración con murales. En la idea de "acercar el arte al pueblo". Diego Rivera fue el coordinador.

 

Es la propuesta más cercana o acabada de hacer realidad la idea de que el pueblo estuviera en contacto con el arte. Impresiona ver los murales en medio de los puestos del mercado. Son grandes obras de arte. La restauración de 2009-2011 los rescató del deterioro. El lugar donde están exige un mantenimiento permanente.

 

Hoy los murales mejor conservados, por  estar en un segundo nivel y no ser zona de venta son: Las Labores del Campo, de Grace Greenwood; La Minería, de Marion Greenwood, y Albert Einstein, E = mc² (relieve), Isamu Noguchi. Este último es un mural valorado en millones de dólares.

La zona céntrica donde se encuentra el mercado, con fama de insegura, hace difícil la visita. Es un sitio desconocido para muchos habitantes de la Ciudad de México, del país y turistas extranjeros.

 

El mercado está en plena actividad lo que no favorece la conservación de los murales y tampoco el poder verlos con cuidado. Algunos están dentro de puestos. Es difícil diseñar una alternativa que permita el funcionamiento del mercado, el mantenimiento de los murales y el poder verlos con cuidado.

 

Una posibilidad es cerrar los puestos donde se encuentran murales. El gobierno de la Ciudad de México y las autoridades federales de cultura deberían promover la visita al mercado para ver los murales. Vale mucho la pena.

 
 

John Golding: De México a Londres en el Museo de Arte Moderno (Ciudad de México)

 
Rubén Aguilar Valenzuela

Exposición

 

La muestra dedicada a John Golding (1929-2012) reúne 120 obras que provienen del John Golding Artistic Trust del Reino Unido, del Museo de Arte Moderno y del Museo de Arte Carrillo Gil.

 

La gran mayoría son obras de Golding, que dialoga con las de autores mexicanos como José Clemente Orozco, Diego Rivera, Rufino Tamayo, Lilia Carrillo, Mathias Goeritz, Wolfgang Paalen y Gunther Gerzso, entre otros.

 

Golding es uno de los grandes pintores abstractos del siglo XX, pero fue más conocido como historiador, crítico y curador de arte. Nació en Inglaterra, fue criado desde la infancia en México y fue en el contexto del arte mexicano donde inició su carrera como artista.

 

La curaduría de la exposición es de las especialistas Dawn Adès y Jenna Lundin y se divide en cinco núcleos temáticos que dan cuenta de la rica y diversa trayectoria de 60 años del artista.

 

El primero es Obra temprana, de 1950 a 1959; Las pinturas negras, de 1959 a 1964, que es muy importante, porque es el preludio al salto de la figuración a la abstracción y del manejo del oscuro al manejo del color; Abstracción hard-edge, de 1964 a 1974; Luz y el color, de 1975 a 1982; Abstracción lírica, de 1983 a 2002, donde se exhibe la última obra realizada por el artista.

 

Es la primera exposición retrospectiva de Golding en México. Reúne algunas de sus obras más importantes y también algunos de sus ejercicios más pequeños y esclarecedores de experimentación para revelar su enfoque único de la abstracción.

 

Brenda Caro, curadora en jefe del Museo de Arte Moderno (MAM), dice que con esta exposición se quiere destacar el trabajo de Golding como pintor.

 

Su trabajo como teórico y crítico del arte fue tan brillante que eclipsó su aporte como artista, uno delos más grandes del arte abstracto.

 

A finales de los años cincuenta y principios de los sesenta Golding realizó exposiciones individuales en galerías de la Ciudad de México y su obra se incluyó en exposiciones colectivas en Perú y Nueva York.

 

Paul Zuckerman, amigo del artista y coleccionista de su obra, y presidente de la John Golding Artistic Trust (JGAT), anunció se donaran a México 25 obras de las que integran la exposición. Con el propósito de que el artista sea reconocido y valorado en el país donde se inicia como pintor.    

 

Antes de la donación la exposición se va a presentar en Puebla, Oaxaca, Monterrey, Guadalajara, y también en Nueva York, Estados Unidos.

 

La exposición quiere subrayar el regreso de Golding a su casa en México país donde se crio, empezó su carrera y tuvo sus referentes primarios en el arte. Los muralistas fueron claves en su formación y tuvo una relación estrecha con Gunther Gerzso.

 

Cuadro de Diego Rivera de 1914.

 

 

Comentario

Para mí, John Golding (1929-2012) fue un gran descubrimiento. No sabía de él. La exposición ofrece un recorrido por toda su vida como artista, que va de 1950 a 2002. Su trayectoria se divide en cinco etapas que están representadas en la muestra.

 

Se hace presente la influencia que los artistas mexicanos tuvieron en su producción artística, entre ellos de manera señalada los muralistas.

 

Me gustó mucho la obra de Golding. La abstracción pura. Me invitó a conocer más sobre su obra artística y también como historiador, teórico y crítico del arte.

 

La exposición ofrece un diálogo entre la obra del inglés y los artistas mexicanos José Clemente Orozco, Diego Rivera, Rufino Tamayo, Lilia Carrillo y los extranjeros radicados en el país como Mathias Goeritz, Wolfgang Paalen y Gunther Gerzso.

 

Es una gran exposición, muy bien curada, que hace un amplio recorrido por las cinco etapas en la vida artística de Goldin. Subraya su importancia en la corriente de la abstracción. La gocé y me dijo mucho. 

 

Va a estar abierta hasta el 28 de julio

 

Antígona de Sófocles

Rubén Aguilar Valenzuela 

Sófocles (Atenas, 495 a.C. – Atenas, 406 a.C.) estrenó Antígona (Editorial Porrúa, México, 1962) en 440 a.C. en su ciudad natal. Es la historia de Antígona, que es hija de Edipo y Yocasta y hermana de Ismene, Eteocles y Polinices.

 

Los dos hermanos combaten constantemente por el trono de Tebas, debido a una maldición que su padre Edipo había lanzado contra ellos. Eteocles y Polinices deberían turnarse en el cargo.

 

Eteocles decide quedarse en el poder después de cumplir su turno, lo que se desencadena una guerra. Polinices busca ayuda en Argos, una ciudad rival, arma un ejército y regresa para reclamar lo suyo. La guerra concluye con la muerte de los dos hermanos cada uno a manos del otro, como decía la maldición.

 

Creonte, hermano de Yocasta y tío de los hijos e hijas de Edipo, se convierte en rey de Tebas y dispone que, por haber traicionado a su patria, Polinices no será enterrado de acuerdo al ceremonial y será abandonado fuera de la ciudad como comida de los cuervos y los perros.

 

De no ser enterrado de acuerdo a los ritos su alma vagará eternamente por la tierra. Ante esta situación Antígona decide enterrar a su hermano desobedeciendo las órdenes de Creonte su tío y suegro, pues está comprometida con Hemón, su hijo.

 

Lo que pretende Antígona llega a los oídos del rey, que la manda capturar, porque es culpable de desafiar las leyes del Estado. Ante el rey confiesa su "delito" y trata de salvar a Ismene, acusada de cómplice.

 

Hemón, hijo de Creonte y prometido de Antígona, intenta por todos los medios obtener el perdón de su padre. Sin embargo, el rey resuelve enterrarla viva con suficiente agua y comida para no ser culpable de su muerte.

 

Tiresias, el vidente, advierte al rey que el cadáver de Polinices ha de ser enterrado, ya que los perros lo están devorando y esto simboliza el malestar de los dioses.

 

Y que debe liberar a Antígona, pero Creonte no le hace caso. El vidente molesto le advierte de la futura pérdida de su hijo.

 

Un mensajero entra en palacio para informar de la muerte de Antígona, cuyo cuerpo cuelga del velo de su boda. También anuncia a la madre de Hemón, la muerte de su hijo, que pierde la vida al intentar apuñalar a su padre tras la muerte de su amada.

 

Finalmente, el rey regresa al palacio cargando con el cuerpo de su hijo. Allí descubre que su esposa también se ha quitado la vida y se lamenta y se culpa a sí mismo por los hechos.

 

En la obra de Sófocles están en disputa las leyes divinas y las leyes del Estado, que no necesariamente coinciden. Antígona representa el respeto a los dioses y el amor a la familia y Creonte, el respeto a las leyes del Estado que debe aplicar como gobernante.

 

Para ella, honrar a los dioses debe estar por encima de todo, incluso si tiene que violentar las leyes escritas. Para Creonte, el que se cumplan las leyes es primordial. Polinices ha traicionado a su pueblo y no merece sepultura.

 

Desde su estreno en el siglo V a.C. hasta la actualidad el tema de la tragedia de Antígona sigue vigente. Es el eterno dilema de la ética que guía a las personas y a la sociedad. Hace relación a las fuentes del derecho, de un lado el derecho natural y del otro, el derecho positivo.

 

De otra manera la tensión entre la ley de los dioses y la ley civil. Entre los derechos del individuo frente a la obediencia de las leyes del Estado.

 

La Antígona de Sófocles decide defender los valores humanos y las leyes de los dioses, aunque tenga que enfrentarse a la muerte. Es la ciudadanía que en cumplimiento de sus deberes familiares y cívicos se enfrenta al Estado.

 

Antígona

Sófocles

Editorial Porrúa

México, 1962

 

Versión original: La traducción directa del griego al español es del padre Ángel María Garibay. Se publica por primera vez en 1962.

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