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Miller en el París de los años treinta

Rubén Aguilar Valenzuela
En 1934 Henry Miller (1891-1980) publica Trópico de Cáncer (RBA Editores, 1992) en París, la novela es censurada en Estados Unidos y es hasta 1961 que sale al público.

De inmediato se vuelve un éxito al vender un millón seiscientos mil ejemplares. Esto después de enfrentar decenas de resoluciones en los tribunales que calificaban la obra de obscena.

Es la primera novela de Miller y tiene claros rasgos autobiográficos. Da cuenta de su vida en París a principios de la década de los años treinta del siglo pasado.

El escritor cuenta abiertamente sus experiencias sexuales y ofrece sus juicios, profundamente críticos, sobre las personas y la sociedad que le tocó vivir.

En París, Miller trabajaba como editor y vive en una situación de penuria económica permanente lo que no le impide llevar una existencia dedicada a la bohemia.

La obra se escribe en el recuerdo vigente del desastre y el dolor de la Primera Guerra Mundial y los efectos de la crisis económica y social de 1929.

En respuesta a esa dramática realidad lo único que queda es vivir intensamente cada día y gozar de todo tipo de placeres. El mañana es incierto. No se sabe lo que pueda ocurrir.

Miller plasma en su novela lo que experimenta él y su generación. Da cuenta, a partir de su propia historia, de lo que piensan los hombre y mujeres de la sociedad en la que viven.

Los convencionalismos decadentes de la sociedad burguesa deben ser abolidos. No tienen ningún sentido. Son solo hipocresía. Hay que romper con ellos en búsqueda de otros mundos.

El novelista describe con precisión el París de aquellos años de una pobreza extendida por toda la ciudad, de viviendas maltrechas y calles sucias. De prostíbulos miserables.

Lo único que tiene valor y sentido es el mundo marginal en el que Miller y sus amigos viven. Ese sí es auténtico. Más allá todo es falsedad y mentira.

El lenguaje es directo y son explícitas las descripciones de las borracheras, del consumo de las drogas y las experiencias sexuales.

Desde un inicio el texto fue considerado por la crítica como una obra maestra de la literatura en inglés. En su momento a favor de ella se pronunciaron ST.S. Eliot, George Orwell, Gore Vidal, Norman Mailer y Lawrence Durrell.

Han pasado 86 años de la primera publicación de esta novela. Para algunos la mejor de Miller. Hoy día las descripciones de sexo y la crudeza con la que se describen ciertas situaciones no escandalizan a nadie.

Lo que sigue siendo válido y va a permanecer es la introspección del ser humano, sus preguntas, la angustia de vivir y de encontrar un sentido a la existencia.

Trópico de cáncer      
Henry Miller
RBA Editores
Barcelona, 1992
pp. 318         
 
Versión original. Tropic of Cancer, 1934. Traducción del inglés al español de Carlos Manzo.

El caso Paulette

Rubén Aguilar Valenzuela 
Historia de un crimen: La búsqueda (México, 2020) es una serie de seis capítulos dirigidos por Santiago Limón, Catalina Aguilar Mastretta y Katina Medina Mora.

Se inspira en la desaparición y búsqueda de la niña Paulette Gebara Farah, de 4 años, en marzo 2010. En la construcción de la historia se recurre a personajes que son reales y otros ficticios.

La niña vivía en un departamento en Interlomas, Huixquilucan, Estado de México, con su padre Mauricio Gebara (Daniel Haddad), su madre Lisette Farah (Verónica Bravo), su hermana mayor y las trabajadoras del hogar Érika y Martha Casimiro.

Cuando suceden los hechos, el gobernador del Estado de México era Enrique Peña Nieto, que después será presidente de la República, y el procurador del estado Alberto Bazbaz (Dario Yazbek), que se hace responsable del caso.

La investigación la lleva a cabo Alfredo Castillo (Adrián Ladrón), entonces subprocurador de justicia. La Procuraduría primero habla de secuestro, después, a partir de datos banales, considera sospechosa a la madre y luego a las trabajadoras del hogar. No se encuentra nada que las incrimine.

El caso tuvo una cobertura mediática muy grande por declaraciones de la madre, animada por su amiga Amanda de la Rosa (Diana Bovio), y las que hacía el procurador Bazbaz.

En la madrugada del 31 de marzo, nueve días después de la desaparición, peritos de la Procuraduría encontraron el cuerpo de Paulette debajo de su cama.

Ese mismo día el Procurador Bazbaz, en conferencia de prensa, anuncia que se encontró el cadáver "en la habitación de la propia Paulette, al pie de su cama, precisamente entre el colchón y la estructura del mueble que lo sostiene y cubierta por las sábanas y colchas de la misma".

Y añadió que "reconozco que el procedimiento inicial realizado por la institución (PGJEM) tuvo deficiencias, al no haber revisado pericialmente, en forma plena, la cama y la habitación de la menor desde un inicio".

En esa ocasión admitió que la comunicación del caso había sido apresurada y que eso había contribuido a la desinformación y a las especulaciones.

La serie es una crítica a la actuación de los políticos, de la justicia y de los aparatos de seguridad en el país a partir de este caso particular en el Estado de México.

Deja ver las múltiples contradicciones que hubo desde el inicio de la investigación, de la falta de seriedad de todas las autoridades y también del protagonismo y del uso político que se dio al caso.

La serie está bien producida y hay una buena reconstrucción de los espacios. Las actuaciones son buenas, pero algo no termina por funcionar. La falta profundidad y sentido dramático. Es una historia muy plana.

Historia de un crimen: La búsqueda
Título original:  Historia de un crimen: La búsqueda
Producción: México, 2020

Dirección: Santiago Limón, Catalina Aguilar Maestretta y Katina Medina Mora.
Guion: Silvia Jiménez, Fabián Anchondo y Santiago Limón.
Fotografía: Daniel Ludlow
Música: Amado López
Actuación: Regina Blandón, Darío Yazbek, Memo Villegas, Verónica Bravo, Adriana Llabrés, Diana Bovio, Daniel Hadaad, Mariana Aura, Adrián Ladrón, ​Alejandro Calva, Ernesto Laguardia, Nahuel Escobar, ​Damayanti Quintanar, Enrique Singer y Alfonso Borbolla.

Rodrigo Duterte, el populista filipino

Rubén Aguilar Valenzuela

Al presidente de Filipinas Rodrigo Duterte (1945), por su manera de gobernar y comunicarse, se le compara con políticos populistas como Viktor Órban (Hungría), Recep Tayyip Erdogan (Turquía), Jair Bolsonaro (Brasil) y Andrés Manuel López Obrador (México).

Es hijo de un político que gobernó la provincia de Davao. Estudió Ciencias Políticas y Derecho. Fue fiscal de Davao y alcalde de la capital provincial. En sus siete mandatos, no consecutivos, estuvo al frente de la alcaldía 22 años.

Como gobernante de la ciudad más violenta de Filipinas, impuso el toque de queda para menores no acompañados y prohibió la venta y el consumo de alcohol en ciertas horas. Hubo mejora en los niveles de seguridad.

Pero estudiosos de la política Filipina sostienen que esa mejoría se explica, en gran parte, por los asesinatos extrajudiciales de sospechosos de crímenes y de drogadictos, por parte de la autoridad.

En 2016 fue elegido presidente de su país con una cifra récord de 16,6 millones de votos. Para celebrar su victoria, alentó a civiles armados a matar a traficantes. "Siéntanse libres de llamarnos o hágalo usted mismo, si tiene un arma (...) Abátanlos y les daré una medalla."

Los organismos internacionales de derechos humanos tienen registrado que, pocas semanas después de asumir el cargo, 2,000 individuos, supuestamente vinculados al narcotráfico, fueron asesinados por policías o grupos de vigilancia ciudadana.

Al ser elegido sus niveles de popularidad alcanzaron el 88 % y cuatro años después, al inicio del 2020, tenía  82 % de aceptación, un récord en su presidencia, un nivel de inédito para un presidente filipino e incluso para la mayoría de líderes mundiales. En el marco de la pandemia no se han hecho valoraciones. 

Se asemeja a otros populistas en que no acepta la más mínima crítica y con facilidad fabrica acusaciones para que sus adversarios vayan a la cárcel. Violenta sistemáticamente el orden jurídico, deprecia a las instituciones democráticas y se propone someter a los otros poderes del Estado al suyo de manera directa.

En sus discursos promete soluciones simples e ineficientes a problemas complejos. Se propone como el hombre fuerte que puede resolver todos los problemas. Juega con el sentimiento colectivo y promete que con él todo será diferente. Su tendencia al autoritarismo es muy evidente. Está sobre la ley.

Construye enemigos imaginarios y señala que su proyecto, para combatir la corrupción y la inseguridad está siendo amenazado. Así activa y motiva a sus simpatizantes. Es la manera de controlar a su base. Se hace pasar como un hombre del pueblo, que habla su mismo lenguaje. Dice lo que antes otros no se atrevieron.

Algo que lo hace diferente, dentro de los populistas, es su elogio de la violencia. De manera abierta predica el asesinato de traficantes y drogadictos como política de Estado, además de alentar abiertamente a policías y civiles a cometer esos homicidios.

La manera de gobernar y de comunicarse del presidente Duterte, es vista por la comunidad internacional como algo que no se puede aceptar, pero en el interior de Filipinas se le ve como un héroe y salvador del pueblo frente a los criminales. La sociedad le aplaude sus dichos y también sus hechos.

Los temas relevantes del INE, para la elección de 2021

Rubén Aguilar Valenzuela
De cara a la organización de la elección del seis de junio, el Instituto Nacional Electoral (INE) advierte cinco temas que le resultan particularmente relevantes.

1) Recorte presupuestal en el proceso electoral más grande de la historia. Por tercer año consecutivo, la Cámara de Diputados aplicó un recorte presupuestal. En 2019 aprobó un presupuesto de 10,396 mil millones de pesos; en 2020 de 11 mil 421 millones de pesos y en 2021 de 19 mil millones de pesos. En el primer año son 950 millones de pesos menos a lo solicitado por el INE, en el segundo 1,071 millones de pesos menos y en el tercero 869.9 millones de pesos menos.

2) Omisión presupuestal para la Consulta Popular 2021. Se solicitó a la Cámara de Diputados 1,499 millones de pesos, para la organización de la Consulta promovida por el Ejecutivo y aprobada por el Congreso. Esto en adición a los 20,463 millones requeridos para la elección de 2021. El presupuesto aprobado no contempla este rubro. El INE no tiene recursos para organizar la Consulta.

3) En las elecciones de 2021 habrá nuevos actores políticos. En la boleta electoral estarán diez partidos. Hay dos coaliciones parciales: Juntos Haremos Historia (Morena-PT-PVEM) que van juntos en 151 distritos y Va por México (PRI-PAN-PRD) que van juntos en 219 distritos. Compiten solos: Movimiento Ciudadano y los tres partidos nuevos: Redes Sociales Progresistas (RSP) Partido Encuentro Solidario (PES) y Fuerza Social por México (FSM).

4) Credencialización en tiempos de pandemia. Las medidas de distanciamiento social limitaron el trabajo de los 900 módulos de atención ciudadana, que cerraron entre marzo y julio de 2020, abrieron parcialmente entre agosto y diciembre, y ya totalmente desde diciembre de 2020. Se han tomado medidas, como la ampliación de la vigencia de las credenciales vencidas en 2019 y 2020, para poder votar en 2021. La demanda que mantienen saturados los módulos y el sistema de citas por Internet. La fecha límite para inscribirse en el padrón electoral venció el 10 de febrero.

5) Equidad en la contienda. El INE tiene que garantizar, condiciones de equidad y legalidad en el proceso electoral. Debe hacer cumplir lo que establece la Constitución en los  artículos 41 (propaganda política y gubernamental) y 134 (imparcialidad de los servidores públicos). En 2020 el Consejo General del INE aprobó tres acuerdos de "cancha pareja" aplicables en 2021, que son básicamente los mismos de 2018, para evitar el uso de programas sociales con fines políticos y garantizar la imparcialidad de los servidores públicos. Se trabaja en estrategias de blindaje electoral de los programas, y en la forma de un convenio con la Secretaría del Bienestar. Se aplicará la Constitución y los criterios del TEPJF en lo que respecta a las conferencias mañaneras durante el período de campaña. (Fuente: La democracia mexicana en el 2021, INE, enero de 2021).

El INE está obligado a organizar una elección con más partidos y con menos recursos económicos de los que solicitó y esto en medio de la pandemia del Covid-19 que impone restricciones a la movilización y exige espacios seguros, para la salud. Debe también hacerse cargo de la Consulta Popular sin tener recursos. ¿De dónde los va a sacar? Es también su responsabilidad hacer valer los artículos 41 y 134 de la Constitución aunque el TEPJF puede decidir que se viole a petición de la presidencia de la República.
 

Mi experiencia con la vacuna

Rubén Aguilar Valenzuela 
Soy uno de los primeros mexicanos en recibir la vacuna contra el Covid-19. Me siento afortunado y más porque también le tocó a mi compañera.

Los dos mandamos nuestros datos dos días después de que se abrió la plataforma electrónica, para el registro de las personas de la tercera edad.

El pasado domingo hacia el mediodía ella y yo recibimos en nuestros celulares el aviso de que nos presentáramos el lunes, entre 9.00 y 20.00, al centro que nos tocaba en la Magdalena Contreras, donde vivimos.

A las 8.45 llegamos a la escuela primaria Maestros Mexicanos, en la colonia santa Teresa, donde ya había una fila de cuatro cuadras, que muy pronto se hizo de ocho. Las primeras personas estaban desde las cuatro o cinco de la mañana.

En la fila había hombres y mujeres en sillas de ruedas, con bastones y algunas rebasaban los ochenta años. Todas con tapabocas y un buen número también con caretas.

La fila no se movía. A las 9.25 nos enteramos que las vacunas todavía no llegaban. A las 10.00, después de una hora de esperar, empezó la vacunación y la fila se movió algunos metros.

El sol pegaba fuerte. Las personas se salían de la fila en busca de la sombra. Algunos llevaban sillas, pero en la medida que el proceso se prolongaba empezaron a aparecer más.

A las 11.30 un trabajador del gobierno de la Ciudad de México empezó a poner un número, con plumón, en la mano o brazo de los que estábamos en la fila. Para impedir que alguien se metiera y saber cuándo te tocaba la vacuna.

Eran las 11.45 cuando me marcó con el número 213, a mi compañera el 214. A pregunta expresa me dijo que diera por seguro que me iba a vacunar, porque había 500 vacunas.

Para ese momento ya llevaba casi tres horas en la fila. Hice cálculos que me decían todavía me faltaban ente tres o cuatro horas, para llegar a ser vacunado. A lo largo de las horas nadie informó de lo que pasaba.

La fila avanzaba, pero lo hacía muy lentamente. No había quien se quejara y tampoco que expresara alguna crítica. Todos aguantaban con resignación la lentitud del proceso. Esperaban ser vacunados.

A las 15.00, después de seis horas en la fila, mi compañera y yo llegamos a la puerta de la escuela y con otros veinte ingresamos a la misma. Nos colocaron en un espacio, con toldo y sillas muy pegadas.

Después de unos minutos de espera, al grupo nos pasaron a unos metros adelante, en otro toldo, donde un Servidor de la Nación y un trabajador del gobierno de la Ciudad de México (CDMX), nos solicitaron la credencial de elector, para tomar los datos. Nos pidieron dos teléfonos. Así lo hicieron con cada uno. Todo lo llenaron a mano.

Luego nos pasaron a otro espacio con sillas más espaciadas, donde esperamos unos minutos. Después nos pidieron pasar a otro espacio, con sillas muy juntas, donde un Siervo de la Nación y un empleado del gobierno de la CDMX volvieron a pedir la credencial de elector, para tomar los datos e hicieron algunas preguntas de salud. Si se tenía o no diabetes, hipertensión, obesidad ... Todo lo llenaron a mano.

Con esa hoja pasamos a unas mesas, había cuatro, donde quienes estaban en ellas en unas hojas dobles, volvieron a poner los datos de la credencial de elector, nos tomaron una foto y también a la credencial. Nos dieron dos hojas donde ya venía que nos habían puesto la vacuna AstraZeneca. Todo a mano. Habían pasado 1.15 horas.

De ahí al aula donde tres personas ponían la vacuna. Ese proceso duró tres minutos. De ahí a un espacio abierto con las sillas muy separadas, dos personas tomaban una de las hojas, la otra era para uno, y en un pedazo de papel anotaba la media hora que debía pasar en ese lugar, para ver si no había efectos secundarios. El mío decía 16.30. Lo tenía que entregar al salir.

Aquí nos dijeron que, para la segunda vacuna nos volverían a enviar un mensaje al celular o llamar al teléfono, pero también había la posibilidad de que un Siervo de la Nación, como ya lo habían hecho para avisar de esta vacunación, los volvería a visitar en su casa. El nuevo aviso podría ser entre dos y doce semanas.

En total, en el afortunado proceso de haber sido vacunado, pasaron 7.45 horas. No hubo excepciones. Cada hora pasaban 40 personas. A ese ritmo a las 20.00 horas, cuando se cerraba el centro, se habrían puesto 400 vacunas. Sobraban 100.

El personal que ponía la vacuna eran tres y todos los demás, que se movían en el operativo, eran 25 (Guardia Nacional, Servidores de la Nación, trabajadores del gobierno de la CDMX ...) Todos muy amables. Pienso se avanzaría más rápido si hubiera más personal vacunando y menos en la estructura de apoyo.

De mi experiencia, pero también de todos los que la vivimos, en el primer día de vacunación, por lo menos en este centro, queda claro que debe cambiar el proceso, para hacerlo más ágil y racional. Hay muchas maneras de evitar las muchas horas en las largas filas, de no repetir procesos y de utilizar tecnología digital.

De no hacerse estos cambios pasarán muchos meses, para poder vacunar a los 15 millones de adultos mayores y luego al resto de la población. A este relato quiero añadir que la gran mayoría de los adultos mayores que se encontraban en la fila eran acompañados por algún familiar, en el mayor de los casos hombres, el hijo o el nieto.

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