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El asesinato del jesuita Hernando de Tovar

Rubén Aguilar Valenzuela
 
El misionero Hernando de Tovar (1581-1616) es el primero de los ocho jesuitas asesinados en la rebelión de los tepehuanes liderada por el indígena Quatlatas, en el hoy Durango, entre el 16 y 20 de noviembre de 1616.
 
Su muerte ocurre, el 16 de noviembre, en la comunidad de Santa Catarina de Tepehuanes de regreso de Culiacán, su ciudad natal, a donde había ido, por orden de su superior, a conseguir apoyos, para la construcción de la iglesia de los jesuitas en Guadiana (Durango).
 
Los tepehuanes sublevados habían decidido atacar el 21 de noviembre. Ese día se preparaba una fiesta en la iglesia de la Misión del Zape, para celebrar la colocación de una imagen que habían traído de México. La ocasión era oportuna, para el asalto. Santa Catarina iba estar indefensa.
 
En esos días a la población había llegado un arriero que vendía ropas y otros productos en los Reales de Minas de la comarca. Los levantados vieron la posibilidad de quedarse con toda la mercancía.
 
El 15 de septiembre de Tovar arriba al pueblo. Los tepehuanes deciden adelantarse a la fecha programada y el 16 de noviembre inician las hostilidades con el robo al comerciante. Ese día dejan que el jesuita siga su viaje a Guadiana.
 
Ya en el camino, fuera del pueblo, lo apresan y le dan con una macana en la cabeza que lo tira de la mula y luego lo alancearon en el pecho y ahí mismo muere. Juan Francisco, un indio mexicano, preso de los tepehuanes, fue testigo de su muerte. Él, que pudo escapar, dijo que el jesuita, despojado de sus vestidos, antes de expirar pronunciaba el nombre de Jesús y palabras en latín. A partir de su asesinato fue considerado mártir.
 
El padre de Tovar nació en 1581 en San Miguel de Culiacán, Nueva Galicia. Fue hijo de Isabel de Tovar, reconocida en su tiempo por su inteligencia y belleza, y Luis de los Ríos Proaño.
 
No se le identifica por sus apellidos originales sino por los de su abuelo materno. La familia tenía una estrecha relación con los jesuitas.
 
Antes de ingresar a la Compañía de Jesús, en 1598, estudió humanidades entre 1595 y 1598 en el Colegio de San Pedro y San Pablo, de la Ciudad de México, dirigido por los jesuitas. Entre 1600 y 1603 estudia filosofía en Puebla. Su magisterio lo hace en Valladolid (Morelia) donde enseña latín. Entre 1605 y 1608 realiza la etapa de la teología en el Colegio Máximo en la capital de la Nueva España. Se ordena sacerdote en 1608. En 1609 en Puebla hace la tercera probación.
 
Al terminar esta etapa de la formación de los jesuitas se le destina a la misión de Santa María de las Parras, Coahuila, donde estuvo de 1610 a 1612. Luego es enviado a Guadiana. En 1614, hace su cuarto voto en la iglesia de la Compañía.  En 1616 es comisionado, para investigar un supuesto milagro del entonces beato Ignacio de Loyola en esa ciudad. El encargo llega en 1617 cuando ya había muerto.
 
El testimonio de quienes lo conocieron habla de que era dotado intelectualmente, sencillo y humilde. Tenía fama de piadoso y se le reconocía como un buen predicador y también como apto para enseñar en los colegios, pero sobre todo para el ministerio con los indios.
 
De él en 1695, 79 años después de su asesinato, el jesuita Francisco Eusebio Kino (1645-1711), desde la Primería Alta en Sonora, escribe: "El Padre Hernando de Tovar, natural de la Villa de Culiacán, ganó nombre de ángel, por su angelical vida, pronosticó desde niño su martirio. Dio su sangre y vida por la fe, en la misión de Santa Catalina, a flechazos y con una lanza, con la cual los rebeldes Tepehuanes, le pasan el pecho. Murió a los 35 años de edad".
 

Cuatro temas que dividen al Ejército

Rubén Aguilar Valenzuela
Al interior de la oficialidad del Ejército hay una división que, también pasa por oficiales en retiro, en cuatro temas fundamentales que han surgido con el actual gobierno. Se originan en decisiones del presidente López Obrador.
 
Como candidato a la presidencia de la República, actividad en la que se mantuvo por 18 años, el ahora presidente tuvo una actitud crítica y de confrontación con el Ejército. Al asumir su condición de comandante en jefe de las fuerzas armadas cambió su posición.
 
Los cuatro temas que molestan a un sector de la oficialidad en activo y en retiro son:
 
1. La fidelidad al comandante en jefe y no a la Constitución. Hay un grupo que piensa el general secretario subraya la lealtad al comandante en jefe, al presidente, sobre la Constitución. Sostienen que la lealtad de los soldados es a la Constitución y al comandante en jefe solo en la medida que éste se sujeta a ella y la haga valer.
 
Para ellos la doctrina aprendida en el Colegio Militar y en la Escuela Superior de Guerra es clara y no requiere de interpretación. Su lealtad, sobre todas las cosas, es a la Constitución, expresión del consenso de las y los mexicanos, para vivir en paz. Están dispuestos a dar la vida por lo que ordena la Carta Magna.
 
2. La nueva estructura del Ejército. Este grupo no está de acuerdo con la nueva estructura orgánica del Ejército donde la Guardia Nacional (GN) pasa a ser un cuerpo más junto con la Fuerza Aérea y el Ejército propiamente tal. El malestar tiene dos vertientes.
 
De un lado, es la mayor, es que ciertos militares consideran, que en el futuro la GN tendrá un gran crecimiento y el cuerpo del Ejército propiamente tal se va a reducir y cada vez tendrá menos peso. Temen, incluso, que en un determinado momento, si no ahora sí en próximos sexenios, se decida acabar con el Ejército y solo quede la GN.
 
La otra vertiente, no menos importante, es que estos militares piensan que aunque la GN esté en el Ejército es y seguirá siendo un cuerpo de policías y no de militares. Las habilidades y la formación que se necesitan, para desempeñarse como policías o como soldados son muy distintas.
 
3. El Ejército como empresario y propietario. Este grupo conoce bien cuál ha sido el comportamiento de los ejércitos en Centroamérica y América del Sur cuando entraron al mundo de los negocios. No están de acuerdo con que el Ejército sea constructor de obras civiles y tampoco sea propietario de empresas de lucro.
 
Saben, son profesionales bien informados, que en América Latina donde los gobiernos han entregado al Ejército tramos de la administración civil y los ha hecho propietario de negocios, los militares de alto rango siempre se han corrompido. Están ahí, son un ejemplo entre otros, los mandos del Ejército de Guatemala, Nicaragua y Venezuela.
 
¿Qué hace distinto a los generales mexicanos en comparación con los de otros países de la región? ¿Qué los hace incorruptibles? En el pasado son muchos los generales que se relacionaron con el narcotráfico, para hacer dinero. Sobre esto hay muchas historias. ¿Por qué meter al Ejército y sus mandos al mundo de los negocios? ¿Qué se espera de ellos?
 
4. La militarización de la sociedad. Este grupo no está de acuerdo con el proceso de militarización de la sociedad mexicana que impulsa el presidente. Ven como todos los días les adjudica nuevas tareas al Ejército que no les corresponde y los aleja de sus responsabilidades sustantivas.
 
Están bien informados sobre lo que sucede con los procesos de militarización. Ellos son civilistas. Dicen que en el Colegio Militar y la Escuela Superior de Guerra aprendieron la división de las responsabilidades entre militares y civiles en la conducción del Estado.
 
Estos cuatro temas dividen al Ejército. El malestar está presente. Ante los niveles de secreto que existen en la institución y el temor de los oficiales que no están de acuerdo con lo que ahora sucede, a manifestarse abiertamente, ante la posibilidad de ser sancionados y perder todos sus derechos, que incluyen pensiones, salarios y prestaciones, hace imposible se manifiesten de manera pública. ¿Cuántos son los militares inconformes?

La reforma eléctrica y la restauración del pasado

Rubén Aguilar Valenzuela
 
La iniciativa de reforma eléctrica, que el presidente López Obrador envió días atrás a la Cámara de Diputados tiene sentido por sí misma, pero va mucho más allá.
 
No se plantea como una propuesta técnica que se puede discutir, no lo es, sino como un manifiesto de que el pasado que representó el PRI, décadas atrás, y con el que se identifica el presidente, debe volver.
 
Para él, también para muchos de los suyos, incluso aquellos que promovieron la reforma eléctrica años atrás, la solución a los problemas de México es el nacionalismo a ultranza, el estatismo y la centralización del poder en la persona del presidente.
 
Es volver a los gloriosos años del PRI, partido en el que López Obrador militó y fue dirigente en Tabasco. Él idealiza, reinventa, el partido donde se formó siendo todavía muy joven. El PRI virtuoso de Lázaro Cárdenas y ahora también de Adolfo López Mateos debe volver.
 
El del presidente no es el proyecto de la izquierda socialista y tampoco de la social democracia europea o latinoamericana, es el regreso al antiguo PRI. Al PRI del nacionalismo revolucionario, que respondió a una época del desarrollo del país.
 
Paradigma que por no cambiar estancó al país, a semejanza, guardando todas las diferencias, con lo que ocurrió en los países del socialismo real. La propuesta de reforma eléctrica del presidente es un manifiesto que aboga por la restauración del pasado con todos sus vicios autoritarios.
 
En el gobierno, que no en el Estado, se concentra todo el poder. Desde aquí se controla a todos los actores sociales que se someten al titular del Ejecutivo. En ese proyecto de restauración, más allá de la reforma eléctrica, sueña el presidente.
 
Se identifica con López Mateos, Díaz Ordaz, Echeverría y López Portillo. Insulta y agrede a los presidentes reformadores que se propusieron, con todos sus errores y deficiencias, modernizar al país y dejar atrás el pasado que tenía a México estancado, por su absurdo y anquilosado estatismo nacionalista.
 
El manifiesto nacionalista-estatista del presidente, que es su propuesta de reforma eléctrica, deja ver su concepción del Estado, que identifica con gobierno, para él la empresa y la sociedad civil, actores también del Estado, nada tienen que ver en la construcción de lo público. Sigue en la lógica de la gobernabilidad y no dé lugar a la gobernanza.
 
Sueña con la concentración del poder que gozaban los presidentes priistas de antaño, a los que admira y con los que se identifica. Añora tener el poder absolutamente discrecional del que ellos gozaron. Siempre con el pretexto de que eso era lo que convenía a los pobres y al país.
 
El modelo del PRI que pretende restaurar el presidente, ahora desde Morena, el nuevo PRI, es el que se quebró en la matanza de 1968. Es el de la guerra sucia, es el de la violación sistemática de los derechos humanos, es el del autoritarismo, es el de las empresas quebradas y siempre subsidiadas, es el que estancó al país, es el del país de un solo hombre.
 
Espero que la reforma eléctrica tal cual está no se discuta. Es caer en el juego del presidente. Es entrar en la lógica de la restauración del pasado. Los supuestos que la sostienen son falsos. Las mentiras no se discuten. En la actual ley eléctrica seguramente hay cosas que cambiar. La ley siempre es perfectible.
 
De ser el caso la oposición, después de un gran debate nacional, con los mejores técnicos nacionales e internacionales, debería hacer una propuesta que ponga al consumidor en el centro, no al poder presidencial, que impulse el uso de las energías limpias y la conservación del medio ambiente, que garantice la producción futura a bajos costos y que ordene a los actores que participan en la generación.
 
El manifiesto conservador, por la restauración del pasado, que envió el presidente a los diputados no debe ser discutido, bajo el pretexto de la reforma eléctrica, en todo caso debe enfrentarse ese paradigma político de manera abierta y señalar, de cara a los resultados del pasado, sus límites y su fracaso político, económico y social. Hoy día seguimos pagando el desastre de la gestión de Echeverría y Lopez Portillo. López Obrador se les parece.
 

La diva del blues

Rubén Aguilar Valenzuela
La madre del blues (Estados Unidos, 2020) del director George C. Wolfe es una adaptación, para el cine de la obra teatral homónima escrita en 1982 por August Wilson.

En 1927, la pionera del blues Ma Rainey (Viola Davis) graba un disco en un estudio. Los cuatro integrantes de la banda y la diva interactúan en ese espacio cerrado.

A Ma Rainey se le presenta como una mujer poderosa que triunfa como cantante y su éxito discográfico le permite poner ciertas condiciones. Algo excepcional en el tiempo que le tocó vivir.

La historia nos acerca a la diva del blues que fue una pionera y una mujer adelantada a su tiempo, excéntrica, temperamental y abiertamente bisexual, lo que la lleva a la cárcel.

En el espacio de ese estudio en Chicago se viven las tensiones entre blancos y negros que se expresan, entre otras cosas, por las desiguales y desventajosas condiciones laborales.

La crítica reconoce el trabajo de Davis que es su primera película y también el de Chadwick Boseman que interpreta a Levee, el trompetista de la banda. Personaje rebelde y atormentado.

Cuando Boseman filmó la película sabía o presentía que pronto iba a morir a causa del cáncer. Lo que ocurrió en el mismo 2020. La crítica señala que es la mejor actuación de su carrera.

El soundtrack es del saxofonista Branford Marsalis y por éste ganó el Grammy. Es un homenaje al blues y a quienes lo han interpretado como cantantes y músicos.

La película me pareció confusa en el planteamiento de la historia. ¿Es un homenaje a Ma Rainey? ¿Es una crítica al racismo? ¿Es la caracterización de una época? ¿Es la conflictiva relación entre los artistas?

La madre del Blues
Título original: Ma Rainey´s Black Bottom
Producción:  Estados Unidos, 2020
 
Dirección: George C. Wolfe
Guion: Ruben Santiago-Hudson
Fotografía: Tobias A. Schiliessler
Música: Brandford Marsais
Actuación: Viola Davis, Chadwick Boseman, Colman Domingo
Glynn Turman, Michael Potts, Jonny Coyne, Taylour Paige, Jeremy Shaos, Joshua Harto

Acabar con las organizaciones de la sociedad civil

Rubén Aguilar Valenzuela
Los gobiernos democráticos del mundo apoyan a las Organizaciones de la Sociedad Civil (OSC) de muchas maneras. Reconocen su importancia en la construcción de la gobernanza y también valoran su aporte en la solución de los problemas sociales de la comunidad.

En sentido contrario a lo que ocurre en las sociedades democráticas de otras latitudes, el presidente López Obrador desde el inicio de su mandato se ha propuesto acabar con ellas. Entre otras cosas les ha cortado todo apoyo de recursos públicos.

En sus comparecencias mañaneras las ha descalificado, denostado e insultado y entre otras cosas, sin prueba alguna, las ha acusado de ser instrumentos de proyectos extranjeros que atentan contra el gobierno, representantes de la burguesía y que son partidos políticos. Acusaciones todas falsas. Él lo sabe.

Al presidente, en su anquilosada concepción estatista, le molestan todas las organización autónomas e independientes, porque no las puede controlar. Para él todo lo que no se someta al Ejecutivo que preside debe desaparecer. Para él, por lo mismo, las OSC son enemigas.

Un paso más en su propósito de acabar con las OSC es que en el Paquete Económico 2022 se incluyen cambios en la ley del ISR, para limitar de manera sustantiva la deducibilidad de donativos privados. Esto a pesar de que son muy marginales, para el fisco.

La ley solo permite la deducibilidad de una parte muy pequeña de las ganancias, hasta 7% de la utilidad fiscal y las físicas hasta 7% de los ingresos acumulables. Es una cantidad muy menor como lo reconoce la propia SHCP cuando dice que las deducciones por estos conceptos sólo representan una fracción de las donaciones recibidas por las organizaciones no gubernamentales.

En concreto, indica que "los contribuyentes solo dedujeron en sus declaraciones anuales un monto de poco más de la tercera parte del importe del monto de donativos recibidos por las donatarias". Es decir, solo fue objeto de deducción el 30 % del total de los apoyos que recibieron las OSC, en el apoyo del otro 70 % se pagó impuestos.

Los datos de la propia SHCP revelan que lo que el gobierno deja de percibir por la deducibilidad es una cantidad francamente ridícula y absolutamente marginal. Nada que ver con la deducibilidad en la mayoría de las democracias cuyas leyes promueven la donación. Esto porque reconocen lo rentable que es para los gobiernos el aporte de las OSC.

Para el presidente, lo sabe muy bien, no se trata de un tema fiscal, no lo es, sino estrictamente político. Le molesta la existencia de las OSC autónomas e independientes. Le molesta que tengan un punto de vista, le molesta que coadyuven a resolver problemas sociales y le molesta que defiendan los intereses ciudadanos.

En su concepción del mundo y la política solo debe de existir el gobierno que confunde con el Estado, para él son sinónimos. Lo más seguro es que el Paquete Económico 2022 se apruebe con el voto de Morena, PVEM y PT. Con la medida contra la deducibilidad el incremento de la recaudación será ridícula, no cuenta, será imperceptible, en los números totales.

En cambio el golpe, para algunas OSC puede resultar demoledor. Y entre otras cosas van a dejar de prestar servicios que el gobierno tendrá que ofrecer. Seguro que por lo pronto no lo hará y al final quien va a perder serán los sectores más pobres de la población. Es así y no hay manera de esconderlo.

El presidente con esta medida sí va a lograr su perverso propósito de acabar con las OSC. Todo indica que seguirá en esa tarea. Le quedan tres años. ¿Hasta dónde llegará? Lo que ya es claro, lo ha ganado a pulso, es que pasará a la historia como acérrimo enemigo de la ciudadanía y la sociedad civil organizada.

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