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Los jesuitas en blanco y negro

Rubén Aguilar Valenzuela     
El 27 de enero de 1997 en el Teatro El Granero de la Ciudad de México se estrenó la obra En blanco y negro: Ignacio y los jesuitas (FCE, 1997) escrita por Maruxa Vilaltal (1932-2014), que ella misma dirigió.
 
El texto es un guion teatral que tiene doce cuadros que ofrece una visión sobre la vida de Ignacio de Loyola, el fundador de la Compañía de Jesús, y la realidad que viven los jesuitas en el mundo de hoy.
 
En la obra aparecen conflictos políticos en los que se implican los jesuitas, la teología de la liberación y también se hace referencia a los sacerdotes asesinados por defender a los pobres y apoyar su lucha por la libertad.
 
Vilaltal nació en Barcelona, pero desde muy pequeña emigró a México, desde 1940, a los ocho años, se naturalizó mexicana. Ella plantea que el tema de los jesuitas y sus dilemas siempre le han interesado sobre todo cuando entran en conflicto con el papa.
 
El desarrollar esta problemática y también la del cristianismo actual acosado por conflictos y diferencia de opiniones en asuntos como el aborto, el divorcio, el celibato de los sacerdotes, las mujeres excluidas del sacerdocio, dice que la animó a escribir esta obra teatral.
 
En la obra aborda también distintos conflictos en Latinoamérica, en Chiapas, en El Salvador, como el asesinato del arzobispo Romero, y también es ese país el de los jesuitas masacrados por el Ejército en la Universidad Centroamericana (UCA), entre ellos el teólogo y filósofo Ignacio Ellacuría.
 
Pienso que después de 24 años, el texto de Vilaltal sigue siendo válido. Ahora como historia de ciertos momentos que ocurrieron en la década de los ochenta y noventa, pero que ahora, de una u otra marea, siguen presentes.
 
Hoy los 16,000 jesuitas están en 120 países y continúan siendo un tema de discusión y noticia por sus múltiples obras y también por sus posiciones teológicas y políticas.
 
Maruxa Vilaltal, que murió en la Ciudad de México en 2014, entre otras muchas obras publicó Una voz en el desierto. Vida de San Jerónimo (1991); Francisco de Asís (1992) y Jesucristo entre nosotros (1994).
 
La narradora, dramaturga y directora de teatro en 2010 obtuvo el Premio Nacional de Ciencias y Artes en Lingüística y Literatura. Estudió en la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM. Sus obras están traducidas al inglés, francés, checo, catalán e italiano.
 
En blanco y negro: Ignacio y los jesuitas
Maruxa Vilaltal
Fondo de Cultura Económica (FCE)
México, 1997
pp. 193 


Un mundo sin sentido en una Australia desolada

Rubén Aguilar Valenzuela
David Michôd, que dirige la película El Cazador (Australia, 2014), escribe también el guion en base a una historia que concibió junto con Joel Edgerton sobre el futuro de Australia, una década después de un colapso de la economía mundial.
 
En el interior del país la pobreza y el crimen se extienden a todo el territorio donde pequeñas y aisladas unidades militares tratan de mantener la ley en condiciones adversas y muy limitadas.
 
Algunas minas australianas continúan su actividad y atraen a hombres de todo el mundo que ya no tiene otra posibilidad de trabajo. En el caos de una sociedad moribunda, sobrevivir es una lucha de cada día.
 
Todo sucede en el inmenso y desolado desierto australiano. Después de un frustrado asalto Archie (David Field), Caleb (Tawanda Manyimo) y Henry (Scoot McNairy) huyen, abandonan a Reynolds (Robert Pattinson), hermano de Henry, que queda herido.
 
La camioneta en el que viajan se estanca y la dejan. Después, en el estacionamiento de un bar, roban el carro de Eric (Guy Pearce), quien logra desatascar la camioneta y se dedica a perseguir a quienes le han robado el carro. 
 
Eric en un fumadero de opio asesina a un enano, que trabaja en un circo, para robarle una pistola que no podía pagar. Cuando regresa a la camioneta en ella se encuentra a Reynolds.
 
Éste se recupera de las heridas y empieza a buscar a Henry, el hermano que lo abandonó. Reynold pregunta a Eric por su hermano. En ese momento se desmaya. Lo lleva al médico para que lo cure.
 
Dos vehículos se acercan al consultorio del médico y en ellos vienen los miembros del circo ambulante que buscan venganza por el asesinato del enano. Eric también los mata. Los dos siguen su camino.
 
Se instalan en un hotel de una ciudad ya con poco habitantes. Reynolds ve que vienen unos soldados y se encierra en el cuarto. Alguien toca a la puerta y dispara. Mata a la hija del dueño del hotel. Eric mata al soldado y rescata a Reynolds.
 
Mientras acampan cerca de una mina abandonada un soldado arresta a Eric. Lo van a llevar a Sydney. Reynolds, que en ese momento no se encontraba, mata a los dos soldados que hacen guardia y al que habla con Eric.
 
Por fin llegan al pueblo donde Henry y su pandilla se esconden. Fuera de la casa está el carro de Eric. Él y Reynoldd entran. Eric inmoviliza a Archie y Caleb a punta de pistola.

Reynolds reclama a Henry por haberlo abandonado donde pudo haber muerto y Henry dice no entender por qué ahora su hermano quiere matarlo.
 
Reynolds muy tenso dispara por accidente a la pared, Henry reacciona instintivamente y lo mata. Eric escucha el disparo y mata a Archie y Caleb. Luego a Henry. Quema sus cuerpos.  Ahora tiene su carro.
 
En la película de Michôd el mundo está en quiebra. La sociedad ha fracasado. Las instituciones se han disuelto. La desolación lo invade todo. No hay salida. La supervivencia es la ley del más fuerte. Es la única vía posible, para seguir viviendo.
 
La narrativa es compleja y al mismo tiempo muy sencilla. Habla del sin sentido de la vida. Es una reflexión existencialista donde no hay margen a la esperanza. Solo impera el pesimismo.
 
El cazador
Título original: The Rover
Producción: Australia, 2014

 
Dirección: David Michôd
Guion: David Michôd y Joel Edgerton
Fotografía: Natasha Braier
Música: Antony Partos
Actuación: Guy Pearce, Robert Pattinson, Scoot McNairy, Nash Edgerton, Anthony Hayes, David Field, Gillian Jones, Jamie Fallon, Samuel F. Lee, Richard Green, Susan Prior

El marco teórico del presidente

Rubén Aguilar Valenzuela
Es común que ciertos sectores de la sociedad se pregunten, incluso sorprendidos o francamente escandalizados, sobre el porqué de las declaraciones del presidente y también de sus decisiones políticas que van en sentido contrario a lo que ocurre en las democracias más desarrolladas del mundo.
 
Como respuesta algunos plantean que el presidente es francamente ignorante, que vive fuera de la realidad, que construye un mundo alterno, que ya se piró y otros sostienen que tiene graves problemas psicológicos o que ya está francamente loco.
 
Jorge G. Castañeda en artículos publicados en su blog "Amarres", en Nexos, plantea que la explicación radica en la manera de pensar del presidente. La respuesta a las dudas que plantean sus dichos y acciones está en su formación teórica adquirida en los años setenta.
 
En su artículo del lunes pasado "Una nueva salida del clóset de López Obrador: derechos humanos" dice que el presidente "es todo menos que un idiota" y que sus ideas son producto de la Facultad de Ciencias Políticas de la UNAM de los años setenta.
 
Castañeda sabe bien de lo que habla porque fue profesor de esa facultad por casi 30 años, de 1979 a 2008. En la UNAM de los años setenta "tuvo lugar la etapa fundacional del "pensamiento" de AMLO: marxismo primitivo, nacionalismo revolucionario simplista, mentalidad maniquea de la Guerra Fría".
 
A lo que plantea Castañeda, desde hace años profesor de la Universidad de Nueva York, añadiría la formación que López Obrador recibió en el PRI en los tiempos de los presidentes Echeverría y López Portillo.
 
No solo es el "nacionalismo revolucionario simplista", propio del priismo de esos años, que plantea Castañeda, sino también una manera de entender el Estado, como sinónimo de gobierno, y una forma de hacer política y gestionar el poder. El presidente sigue siendo muy priísta.
 
A eso hay que añadir la teología del evangelismo pentecostal que profesa el presidente, que es una de las corrientes más conservadoras del evangelismo. Probablemente de ahí venga su férrea oposición al movimiento feminista y su posición conservadora ante realidades como el aborto y el matrimonio entre personas del mismo sexo.
 
Castañeda termina su artículo: "Lo bueno —y es necesario felicitar a López Obrador por ello— es que estamos en plena temporada de salidas de clóset del presidente: Cuba, derechos humanos, medio ambiente, feminismo, nacionalismo ramplón. Ya nadie puede llamarse a engaño".
 
Y añado, todo producto de su formación setentera en la UNAM, a la que se mantiene fiel, semper idem (siempre lo mismo), que era el lema del muy famoso y conservador cardenal Alfredo Ottaviani (1890-1979) y de su militante evangelismo pentecostal, alimentado por el pastor Arturo Farela, con quien ha orado en Palacio Nacional.

Nicaragua: Una farsa largamente anunciada

Rubén Aguilar Valenzuela
Este domingo en Nicaragua habrá una gigantesca tragicomedia electoral, para que el presidente Daniel Ortega y la vicepresidente, su esposa Rosario Murillo, se reelijan una vez más. Desde hace meses la farsa se ha anunciado con bombo y platillo.
 
De darse una real elección cualquiera de los siete candidatos presidenciales de la oposición, hoy en la cárcel, habría ganado la contienda. Por eso precisamente están en prisión. Su delito es poder ganar.
 
Ahora para evadir la prisión muchas de las mejores mujeres y hombres del país viven en el exilio forzado. Algunas de estas personas estuvieron también exiladas en tiempos del dictador Anastasio Somoza.
 
Días antes de la elección Ortega, en un evento público, nombró a Murillo como "copresidenta" de Nicaragua. Es un cargo que no contempla la Constitución que el ahora dictador hizo aprobar en 2014, para quedarse para siempre en el poder.
 
Esta maniobra tiene el propósito de garantizar, en caso de ausencia de Ortega, la sucesión oficial para que Murillo asuma el cargo. Es un mensaje, antes que a nadie, hacia los dirigentes sandinistas. La sucesión está ya definida. No es un cargo a disputar.
 
Es un paso más en la consolidación de la dictadura familiar. Con esta medida la pareja presidencial cierra de manera definitiva el espacio democrático. La frase electoral es una puesta en escena, para legitimar una decisión que ya está tomada. Ortega será el presidente-dictador y la sucesora en la dictadura es Murillo.
 
En caso de faltar Ortega, se habla de que está enfermo, habrá que ver si los dirigentes sandinistas se someten al mandato de Murillo. Y habrá también que ver si ésta, con el apoyo del Ejército, se impone a cualquier intento de desalojo de su cargo como presidenta-dictadora.
 
A nivel mundial Ortega y Murillo ahora solo cuenta con el apoyo de China y Rusia. El de Cuba, Venezuela y México es solo simbólico y resulta irrelevante. Hoy la gran mayoría de los países democráticos del mundo desconoce al régimen dictatorial Ortega-Murillo.
 
La economía de la dictadura nicaragüense es insostenible. Los niveles de empobrecimiento crecen todos los días. Todos los indicadores sociales caen. El régimen solo se sostiene por el apoyo que le dan las Fuerzas Armadas, las policías y el uso sistemático de la represión.
 
En la dictadura de Ortega-Murillo no hay lugar para elecciones reales ahora y tampoco en el futuro. Eso lo sabe la sociedad nicaragüense y la comunidad internacional. ¿Qué sigue? ¿Contemplar que la dictadura se perpetúe en el poder? Eso es lo que espera la pareja Ortega-Murillo. 
 
La poeta Gioconda Belli, en una entrevista con El País, recuerda que para hacer frente a la dictadura de Somoza "me convencí de que la lucha armada era la salida. Y eso sería trágico, que no dejaran ahora otra salida que la lucha armada". Hoy ese no es el camino. ¿Cuál sí? La pareja dictatorial debe irse ya.

México no cumple con sus compromisos ambientales

Rubén Aguilar Valenzuela
 
A la Conferencia de las Partes (COP) de la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre Cambio Climático, que se celebra en Glasgow, Escocia, por su importancia acuden la mayor parte de los jefes de gobierno. Se discute ahí el futuro de la humanidad.
 
El de México no asiste y se hace representar por una delegación de bajo perfil. En esto seguramente influye que para el presidente López Obrador la ecología y el medio ambiente son estrategias del neoliberalismo, para saquear a los países como lo dijo días atrás en Campeche.
 
En esa ocasión acusó que "agencias internacionales que apoyaban el modelo neoliberal, de pillaje, donde corporaciones se apropian de bienes nacionales, del pueblo, financiaban, y lo siguen haciendo, a grupos ambientalistas, defensores de la libertad (...)".
 
Gustavo Alanís Ortega y Anaid Velasco, integrantes del Centro Mexicano de Derecho Ambiental, A.C., diagnostican como México llega a la COP26, que inició ayer (Reforma 31.10.21). Recuerdan que el país fue líder en las negociaciones de la agenda climática, pero el liderazgo se ha perdido por la notoria e inexplicable falta de interés del presidente López Obrador en estos temas.
 
En el compromiso de las metas de reducción de emisiones de gases de efecto invernadero, México llega con las manos vacías. Éstas se miden por el indicador de la Contribución Nacionalmente Determinada (NDC por sus siglas en inglés). Las NDC's son el instrumento que ayuda a la implementación del Acuerdo de París.
 
Que para México es un mecanismo jurídico de aplicación obligatoria y cuya actualización, en diciembre de 2020, solo ratificó las metas que presentó en 2015, cuando ya esa NDC se había reconocido como insuficientes para cumplir con el escenario de 1.5º centígrados. Ahora estas metas se consideran altamente insuficientes.
 
La actual política energética de México está lejos de favorecer la transición energética, para poder lograr la reducción de emisiones. El sector energético el que más emisiones de gases de efecto invernadero genera en el país. Y va en sentido contrario a lo que se hace en el mundo al promover abiertamente las carboeléctricas, la construcción de una refinería y al privilegiar el uso del combustóleo.
 
Además, el gobierno se lanza en contra de las energías renovables. A esta política regresiva se añaden retrasos intencionales en la aplicación de regulaciones que ayudarían a reducir las emisiones haciendo concesiones a PEMEX. Estas acciones impiden el cumplimiento efectivo de las metas de reducción de emisiones. La política climática de México ha dejado de ser insuficiente para ser altamente insuficiente.
 
Ortega y Velasco consideran que México tiene una urgente necesidad de reducir la vulnerabilidad de los ecosistemas y de las personas ante los efectos del cambio climático. Para ello es necesario hacerse responsable de la reducción de las emisiones. Ojalá, dicen, que el gobierno entienda la emergencia climática que vivimos y tenga la suficiente y necesaria voluntad política para actuar en consecuencia. ¿El presidente se hará cargo de esta realidad o lo hará todavía más grave?

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