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El asesinato del jesuita Juan del Valle

El jesuita Juan del Valle. Fuente: Giorgio Giovannetti/ INAH


Rubén Aguilar Valenzuela
Entre el 16 y el 19 de noviembre de 1616 fueron asesinados ocho jesuitas en el hoy estado de Durango en el marco de un levantamiento de los tepehuanes, que dejó cientos de muertos. El 18 de noviembre en San Ignacio del Zape son asesinados los padres Luis Álvarez y Juan del Valle.
 
El 21 de noviembre estaba programada la celebración, en El Zape, de la consagración de una imagen dedicada a la Virgen que había llegado de la Ciudad de México. Era un encargo de los indígenas de la comunidad de Guanaceví. Ese era el mismo día que los tepehuanes habían fijado para el alzamiento.
 
La fecha se adelanta después de los sucesos que ocurren el 16 de noviembre cuando los indígenas alzados asesinan al padre Hernando de Tovar (1581-1616) en Santa Catarina de Tepehuanes cuando regresaba de Culiacán, su ciudad natal, a donde había ido, por orden de su superior, a conseguir apoyos, para la construcción de la iglesia de los jesuitas en Guadiana (Durango). Es el primero en perder la vida.
 
Cuando estalla la rebelión, para la celebración en el Zape ya habían llegado 19 españoles y los padres Álvarez y del Valle. El 18 de noviembre entran al pueblo los alzados, que matan a los jesuitas y a la población que ahí se encontraba. Se dice que en ese evento la Virgen recibió un hachazo, pero no fue destruida. A partir de entonces se le venera como Nuestra Señora del Hachazo.
 
El padre Juan del Valle nació en 1576 en Vitoria, Vizcaya, España. En 1591, a los 15 años, ingresó a la Compañía de Jesús en la Provincia de Castilla. El 30 de septiembre de 1594 llega a la Nueva España. De 1595 a 1596 estudia Humanidades y Retórica en Puebla y después sigue los estudios de Filosofía y Teología en el Colegio Máximo de México.


 
Una vez que se ordena sacerdote y realiza la última etapa en la formación de los jesuitas, que es la tercera probación, se le envía a la Misión Tepehuana, con el padre Juan Fonte. Por doce años se dedicó a la evangelización de los indígenas y también a trasmitir conocimientos sobre distintos oficios, el cultivo de la tierra y la construcción de sus casas.
 
De acuerdo con historiador Atanasio G. Saravia, el padre del Valle era: "De carácter afable y dulce y de espíritu extraordinariamente conciliador, era el llamado siempre a resolver las dificultades de los indios y de los españoles, habiéndose ganado por estas cualidades el nombre de Juan de la Paz con que en las comarcas que habitaba era bien conocido".  El 18 de noviembre de 1616 fue asesinado, junto con el padre Luis Álvarez. Tenía 40 años.
 
Cuando terminó el conflicto fueron recuperados los cuerpos de los jesuitas asesinados en Santiago Papasquiaro, Santa Catarina de Tepehuanes y en San Ignacio de El Zape. Solo los que murieron en este último lugar fueron trasladados a Guadiana (Durango), donde se les celebraron solemnes exequias.
 
Dice Saravia que los restos de los cuatro jesuitas muertos en El Zape, dos en el pueblo y dos en las inmediaciones del mismo, fueron llevados a Guadiana por el gobernador Gaspar de Alvear, quien, a decir del padre Alegre, los entregó en la hacienda de La Sauceda al rector del Colegio de la Compañía de Jesús en Durango. Al llegar a las inmediaciones de la ciudad fueron depositados en una carroza, para seguir con su traslado.
 
Los franciscanos del convento de San Francisco, continúa Saravia, solicitaron que en su iglesia se depositasen los cuerpos mientras se pasaban con honor al templo de los jesuitas el día de santo Tomás de Aquino. En esa ocasión los cuerpos los jesuitas, acompañados por la población y ciento cincuenta soldados, fueron llevados a hombros, cubiertos de telas y bordados, hasta la iglesia de la Compañía de Jesús. Terminada la Misa se procedió al entierro, en un altar colateral al lado del Evangelio, dedicado a San Ignacio.
 
En la iglesia de El Zape se encuentran dos cuadros con las imágenes de estos jesuitas asesinados. En uno está la siguiente inscripción en latín: "Pater Joannes del Valle Victoriensis occisus a barbaris Tepehuanis regni mexicani anno Domini 1616 (mense Novembris 18-Etatis suae)". Y en la otra se dice: "Pater Ludovicus de Alvarez oaxachensis in nova Hispania occisus a baarbaris Tepehunaiss anno Domini 1616 (mense Novembris 18-Etatis suae 32)".
 
En 1695, el jesuita Eusebio Francisco Kino, escribe desde la Alta Pimería, en el ahora estado de Sonora: "El Padre Juan del Valle, natural de la ciudad de Vitoria, un dechado de toda religiosa perfección, por medio de su evangélica predicación por toda la provincia de los Tepehuanes, bautizó muchos millares, fundó muchas iglesias, y a los 12 años de sus apostólicos trabajos le quitaron la vida los bárbaros Tepehuanes en San Ignacio del Zape, a flechazos y macanazos".

Museo del Canal Interoceánico de Panamá

Ruben Aguilar 

- Historia 

El museo fue concebido en 1996, cuando se aprobó la creación del patronato que se hace cargo de él. Abrió sus puertas en 1997, con motivo de la celebración del Congreso Universal del Canal. Numerosas instituciones nacionales e internacionales han apoyado al museo desde su creación, entre ellas, la antigua Comisión del Canal de Panamá y la Comunidad Europea. Actualmente es miembro activo del Consejo Internacional de Museos (ICOM) y la Asociación Americana de Museos (AAM). Está afiliado además al Instituto Smithsonian.

 

- Edificio

El edificio que alberga el Museo del Canal Interoceánico de Panamá fue construido en 1874, como el Grand Hôtel por el alsaciano George Loew. Lo compra después el Conde Ferdinand de Lesseps, para instalar las oficinas de la Compañía Universal del Canal Interoceánico. Aquí operó la Nueva Compañía del Canal y luego se vendió a Estados Unidos junto a la concesión para la construcción del Canal de Panamá. En 1915, lo compra el Dr. Belisario Porras, presidente de Panamá, y se instalan oficinas ministeriales. Fue la sede de los Correos y Telégrafos y en la entrada del edificio se aprecian los mosaicos con este nombre. En 1996, el Patronato del Museo del Canal rehabilitó el edificio para inaugurar el Museo del Canal Interoceánico de Panamá en 1997.

- Exhibición

La exposición se organiza en diez salas. En ellas se muestran cronológicamente los testimonios de la historia de la ruta interoceánica a través del istmo y la posterior construcción del Canal de Panamá. Se presenta también la evolución de las actividades canaleras y el paso de éste a manos panameñas, en cumplimiento de los Tratados Torrijos-Carter. Tiene una sala con extraordinarias piezas prehispánicas. 

 

- Comentario

El guion museográfico es muy bueno y también el desarrollo del mismo. Cada tema se ilustra con muchas piezas gráficas y de tipo documental, pero también con objetos de la época. La museografía es muy buena. Se requiere mucho tiempo para recorrer el museo y ver a detalle el desarrollo histórico del canal.

Twitter:@RubenAguilar

La dictadura de Leónidas Trujillo

Rubén Aguilar Valenzuela
Rafael Leónidas Trujillo (1981-1961), alias "El Chivo", encabezó en República Dominicana una de las dictaduras más violentas en la historia de América Latina. Estuvo en el poder de 1930 a 1961 cuando lo asesinan.

En La fiesta del chivo (Alfaguara, 2000), Mario Vargas Llosa ofrece un retrato preciso y terrible de esos años. La historia se articula a partir de tres narraciones.

Esas visiones, sobre unos mismos hechos, se entrecruzan a lo largo de la novela. Es la mirada de Urania, la del dictador y la de los conspiradores.

Urania Cabral, tras décadas de ausencia regresa a su país a reencontrarse con su padre, quien fuera hombre de confianza y un alto funcionario de la dictadura.

Ha pasado la mayor parte de los años que tiene estudiando y trabajando en Estados Unidos. Del tiempo que vivió en la Dominicana solo guarda recuerdos amargos que han dejado marcado su vida.

Trujillo, desde la intimidad, cuenta su historia. Se considera el salvador de la patria. Eso les transmite a sus colaboradores más cercanos. Tiene una misión: solo él puede garantizar los destinos del país.

El uso de la violencia contra quienes no se sujetan a su voluntad se justifica por su proyecto. Nadie puede estar en contra de él. Para reprimir nunca le tiembla la mano.

Se sabe querido, admirado e idolatrado, pero sobre todo temido. Se aprovecha de esta condición, para alimentar su ego. No hay nadie como él.

El relato de quienes se han organizado, para matar al dictador ocurre en el espacio de tiempo de las horas previas al atentado.

Cada uno de los integrantes del comando narra, a modo de flashback, su propia historia y sus poderosas razones para terminar con la vida del dictador.

El Premio Nobel de Literatura (2010) logra un extraordinario retrato psicológico de todos los personajes que aparecen en la novela. Todos son consistentes y creíbles.

En particular el retrato que hace de Trujillo, probablemente el más profundo que se haya hecho sobre uno de los muchos dictadores que ha habido y sigue habiendo en América Latina.

A lo largo del texto aparece un hombre ególatra y vanidoso. Un hombre cruel y despiadado. Un hombre que somete, desprecia y humilla a sus colaboradores. Un hombre que no tiene límites.

Esta obra de Vargas Llosa es una potente radiografía de los dictadores y de las dictaduras, que también lo es de la manera de ejercer el poder.

El autor evidencia, desnuda en su totalidad, los elementos que configuran la personalidad perversa y enfermiza de todos los dictadores.

Da cuenta, de manera precisa, de los mecanismos que estos utilizan para imponerse y someter a los demás. Para poner a la sociedad entera de rodillas a sus pies.

La novela va y viene entre el pasado y el presente y también en sentido contario. Vargas Llosa lo hace de una manera ágil y con una coherencia extraordinaria.

Como en otras de sus novelas utiliza el recurso de un narrador en segunda persona, que actúa como conciencia de los personajes. Es una gran novela.

La fiesta del chivo
Mario Vargas Llosa
Ed. Alfaguara
México, 2000
pp. 518

 
 
 

La estadística de los periodistas asesinados

Rubén Aguilar Valenzuela
De los últimos cuatro sexenios, en los primeros tres años y dos meses de gobierno, donde más asesinatos de periodistas se han cometido es en el que encabeza el presidente López Obrador, de acuerdo a la organización Artículo 19.

En lo que va de su gobierno se han asesinado a 28 periodistas y en ese mismo periodo de tiempo en el gobierno del presidente Fox fueron 6, en el del presidente Calderón 25 y en el del presidente Peña Nieto 17.

La estadística que ofrece el Comité de Protección a Periodistas (CPJ), con sede en Nueva York, es distinta a la de Artículo 19, pero coincide en que el actual sexenio es el más violento en contra de los periodistas.

Entre 2019 y 2021, CPJ registra 13 periodistas asesinados. De seguir la actual tendencia al final del sexenio habría 39. En todo el sexenio de Fox fueron 7, de Calderón 15 y de Peña Nieto 18.

La diferencia de la estadística entre estas dos organizaciones es que en el caso de CPJ solo registra los asesinatos de periodistas que se ha podido confirmar que el móvil estaba directamente relacionado con el ejercicio de su profesión.

En declaraciones del pasado 27 de enero, el subsecretario de Derechos Humanos de la Secretaría de Gobernación, Alejandro Encinas, proporcionó otra estadística que es todavía mayor a la de Artículo 19 y el CPJ.

Encinas dijo: "De los 52 periodistas que han sido ejecutados a lo largo del presente gobierno, solamente en cinco casos se ha dictado sentencia, y tenemos un porcentaje de más del 90 % de impunidad". (El Universal, 27.01.22)

Las estadísticas difieren, pero quienes llevan registro y estudian el tema coinciden en que el gobierno de López Obrador es el más violento en contra de los periodistas en la "historia moderna" de México.

Están también de acuerdo que es un gobierno que habla mucho de la libertad de expresión, pero no hace nada para protegerla. Es un discurso retórico con nulos resultados. La impunidad es total.

Al tema de la violencia física contra los periodistas se añade, como lo advierte Jan Albert Hootsen, representante en México del CPJ, que: "(...) este Gobierno, como ningún otro en la historia mexicana, ha comenzado una estrategia de constantes ataques contra la prensa en la opinión pública". (Reforma, 30.01.22)

Leopoldo Maldonado, director de Artículo 19 para México, señala que en esta Administración federal, al igual que en las anteriores, los principales agresores de periodistas son funcionarios públicos y los partidos políticos.

Y añade que "de las 362 agresiones que registramos en el primer semestre del año pasado, más de la mitad, 193, tienen que ver por cobertura de corrupción y política, contrario a lo que se podría pensar de que quienes más sufren agresiones son quienes cubren las notas de seguridad". (Reforma, 30.01.22)

Los defensores de la libertad de expresión y activistas que trabajan a favor de la protección de los periodistas coinciden en afirmar que nunca antes en la historia de los últimos 25 años se había dado un nivel de violencia contra los periodistas como ocurre en este sexenio.

La mirada de una niña

Rubén Aguilar Valenzuela
Francia (Argentina, 2010) es una película del uruguayo Israel Adrián Caetano. De él también es el guion. Se narra la historia de una familia desde la mirada de una niña de doce años.

Mariana (Milagros Caetano), prefiere que le llamen Gloria, narra cómo ve el mundo de sus padres; Carlos (Lautaro Delgado) y Cristina (Natalia Oreiro), separados cuando tenía un año.

La historia se construye desde su mirada, al tiempo que se ofrece el desarrollo de los personajes en medio de su contexto cotidiano. Sus padres, que no están satisfechos con su vida, buscan encontrar su lugar.

A través de su percepción se registra la vida diaria y el esfuerzo de sus padres por salir de su precaria situación económica. Y está también presente la tensa relación que existe entre ellos.

La mamá es empleada doméstica y su padre trabaja en una fábrica metalúrgica. El dinero no alcanza y es un tema frecuente de discusión, que se suma a los reclamos del colegio por el comportamiento de su hija.

A Mariana no le gusta el colegio privado que, con esfuerzo, sus padres eligieron para ella. La institución escolar tampoco siente que la niña pertenezca a ese lugar. Hay resistencia y discriminación.

Su madre no se siente bien en el trabajo que realiza con una familia de la clase alta que le parece hipócrita y no valoran su trabajo. Carlos, su padre, sale ahora con una mujer (Mónica Ayos) de mejor posición económica, que en los hechos lo mantiene.

Mariana, Cristina y Carlos buscan una mejor vida. Un sitio donde se resuelvan sus tensiones y preocupaciones. Los tres a su manera luchan por cambiar su situación.

De su obra dice el director que: "La película tiene un tono realista, con algo de humor, muy distinto a todo lo que hice hasta ahora. Yo diría que esta es una historia costumbrista, que muestra cómo es la vida hoy para una familia de clase media, trabajadora. Y también indaga sobre los afectos en ese ámbito".

Y de los personajes que: "Es gente tratando de sobrevivir, ellos no acuden a la asistencia pública, no son marginales ni parias. Siguen intentando trabajar, de rebuscárselas. Y como los otros personajes de todas mis películas, tienen mucha dignidad. Ellos tuvieron sueños que no pudieron cumplir. Pero, así y todo, siguen adelante".

Es una película de bajo costo con pocos personajes y filmada en escenarios reales. La niña protagonista es hija del director. Algún crítico habla de la película como realización de un "cine casero".  La crítica reconoce el trabajo de Natalia Oreiro y de Lautaro Delgado.

Francia
Título original: Francia
Producción: Argentina, 2009

Dirección: Israel Adrián Caetano
Guion: Israel Adrián Caetano
Fotografía: Julián Apeztwguia
Música: Iván Wyszogrod
Actuación: Natalia Oreiro, Milagros Caetano, Lautaro Delgado, Daniel Valenzuela, Mónica Ayos, Lola Berthet, Violeta Urtizberea (...)

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