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El placer de la música

Susana Cepeda Islas

La música ha estado presente en la humanidad desde sus orígenes. En la Prehistoria se vinculaba con la caza, la guerra y las danzas; posteriormente, atravesó las distintas etapas históricas —Edad Antigua, Edad Media, Edad Moderna y Edad Contemporánea— acompañando la evolución social y cultural del ser humano. No cabe duda de que la música es un medio de expresión con la capacidad de comunicar emociones, pensamientos y experiencias. Sus manifestaciones varían según el contexto social, pues forma parte de la identidad colectiva, refleja los valores, las tendencias y los desafíos de cada época.

La música puede producir bienestar o, en algunos casos, lo contrario; todo depende de los patrones rítmicos y melódicos. Tiene el poder de evocar los recuerdos y de conectar las neuronas, estimulando las emociones que pueden potenciar tanto la felicidad como la melancolía. Sin embargo, cuando la escuchamos y nos produce placer, se convierte en una experiencia única para cada persona, ya que activa el cerebro y libera dopamina, un neurotransmisor cerebral responsable del movimiento, la motivación, el placer y la recompensa.

A lo largo de nuestra vida, la música esta siempre presente. Nos acompaña en las actividades cotidianas: durante la jornada laboral, para favorecer la concentración al estudiar, para aligerar las tareas domésticas, en eventos sociales, al trasladarnos —ya sea en un vehículo o caminando—, al hacer ejercicio, para relajarnos, descansar o conciliar el sueño. También habita en nuestros diferentes estados de ánimo: cuando estamos eufóricos, tristes, decepcionados o nostálgicos, la música vive en nosotros.

Se le considera un arte porque posee la virtud de organizar de manera sensible y lógica una combinación coherente de sonidos y silencios, a partir de los principios fundamentales de la melodía, armonía y el ritmo. Estos elementos se integran con los de la voz humana junto con los instrumentos musicales, dando lugar a expresiones sonoras cargadas de significado.

En el ámbito de la salud, la música se utiliza como herramienta terapéutica; de ahí surge la musicoterapia, que contribuye a reducir considerablemente la ansiedad, la presión arterial y mejora el estado de ánimo. Asimismo, la música tiene la capacidad de abordar problemáticas sociales y políticas, transmitiendo mensajes que promueven la conciencia social y por ende la justicia. Crea vínculos entre las generaciones, permitiendo compartir experiencias y recuerdos a través de canciones que son representativas en cada etapa de la vida. En la actualidad, además, se ve influida por el avance tecnológico, lo que ha dado origen a nuevos géneros, estilos y formas de creación.

La educación musical es crucial para las personas de cualquier edad, especialmente durante la infancia, ya que favorece la apreciación de la armonía, el ritmo, la creación y el análisis musical, impulsando el desarrollo cognitivo, emocional y social. Por ello, debería ser obligatoria en todos los niveles educativos, no solo para comprender las notas musicales, sino porque es una herramienta capaz de transformar vidas y de desarrollar habilidades que trascienden el ámbito artístico.

Estimulemos el placer por la música en nuestro entorno social mediante acciones sencillas: escuchar activamente las melodías, explorar diferentes géneros de música —desde la clásica, jazz, hasta la folclórica —, animarnos a tocar un instrumento musical y asistir a conciertos, que afortunadamente en nuestro estado pueden disfrutarse incluso de manera gratuita. Como afirmó el filósofo Friedrich Nietzsche “Sin música, la vida sería un error”.

En busca del silencio

Susana Cepeda Islas

Vivimos en un mundo dominado por la tecnología, lo que provoca un mundo ruidoso. Si reflexionamos un poco al respecto, los sonidos están por todas partes invaden, sin pedir permiso, nuestro espacio. Es innegable que la contaminación acústica nos altera seriamente, provocando complicados daños en la salud y en las emociones. Pocas veces reflexioné sobre este tema tan importante para nuestras vidas. El detonante fue una extraordinaria exposición de la obra artística de Brenda Cristán, titulada Silencios, que fue presentada en el museo “Rubén Herrera” el 13 de enero de este año. Por cierto, es la primera vez que voy a ese lugar y es espectacular.

Tuve la fortuna de conocer a Brenda hace varios años; fue maestra de yoga de mi nieta y ahora, es mi maestra. El yoga es una disciplina que amamos. Al practicarlo, el silencio es crucial para calmar la mente, que es siempre ruidosa y nos distrae de lo importante. Ella me ha enseñado que, con la disciplina del yoga, se llega a la claridad mental y se gana el premio mayor: la presencia plena junto con la conciencia de la respiración y del cuerpo; así se consigue escuchar la voz interior. También compartimos el amor por el bordado y la lectura.

Brenda Paola Cristán García es arqueóloga, maestra de yoga y artista visual. Una mujer con una gran sensibilidad, comprometida con el cuidado de la naturaleza, lo que la convierte en una verdadera guardiana del ambiente. Manifiesta su amor por el mar, las plantas y los animales. Parte de su creatividad se revela como bordadora artística, expresa su arte mediante el uso de elementos como las tijeras, el hilo y la aguja. Utilizando una gran variedad de puntadas tradicionales —como satén, cadeneta, nudo francés — crea obras únicas. Su creatividad se expresa en todo tipo de telas, lanas, abalorios, lentejuelas, pedrería, plumas, ramas de plantas y cualquier objeto que ayude a culminar su obra.

Brenda me comentó que: “Llevo más de doce años bordando, todo comenzó acompañando a mi mamá a un taller de patchwork y ahí me conecté inmediatamente con el textil. Me encantó la versatilidad de trabajar con el hilo y la aguja. Me parece que todo lo que se hace con las manos está conectado con el corazón, con la emoción”. Esta experiencia se refleja en su obra: una pieza textil de más de 12 metros de largo fragmentada en 8 tramos. Utilizó un paño de lana en el que, al observarlo detenidamente, sobresalen pedazos de paja. Eligió el color gris por considerarlo color neutro y suave; el hilo rojo resalta en la obra rompe y altera, como sucede en la vida. La elaboración comenzó en el mes de enero del 2025, imaginemos el número de horas que le dedicó.   

En su obra recupera su capacidad autobiográfica y expresiva, nos invita a buscar espacios de paz. En cada tramo se manifiesta su intuición; se observa el cuidado con el que sus manos, cargadas de emociones fueron rellenando los contornos de las figuras de múltiples formas, hechas con gran destreza.  En cada puntada se percibe la dificultad de elaborar bordados densos. Brenda nos habla a través de su obra y nos enseña que, si nos acostumbramos a practicar el silencio en la vida cotidiana, se produce la magia al encontrarse con la calma, a desconectarnos de lo inútil y de escuchar el cuerpo.

Al igual que muchos filósofos, psicólogos, escritores, músicos, Brenda también explora el poder transformador del silencio. No recuerdo donde leí que: "El silencio es el espacio donde se cultiva la excelencia". Desafortunadamente, no lo entendemos así; la mayor parte de las personas le tienen miedo. No olvidemos que el silencio es sanador.

Buenos momentos para la reflexión

Susana Cepeda Islas

Se acerca otro fin de año y considero que es un buen momento para reflexionar, darnos el tiempo necesario para hacer un alto. De esta forma, podemos evaluar nuestras acciones. Es recomendable que nos conectemos internamente para iniciar ese diálogo: mirar atrás, analizar qué hicimos bien o mal y, posteriormente, visualizar el futuro y proyectar nuevos propósitos. Profundizar en nosotros mismos nos permite el autoconocimiento, de manera que hacerlo nos ayudará a enfocarnos en lo que realmente queremos o deseamos.

Pensar detenidamente nos permite comprender las situaciones o experiencias que vivimos, según lo que nos haya sucedido durante este periodo de vida, ya sea la muerte de un ser querido, una enfermedad, un suceso desagradable o, por el contrario, si obtuvimos alguna recompensa o metas alcanzadas. En fin, cosas que pueden alterar o no, en un segundo, el rumbo de la vida. A veces, no entendemos que es imposible cambiar la realidad.

Leí una frase hace algún tiempo que me pareció interesante y que hoy le comparto: “Tienes el poder sobre tu mente, no sobre los eventos externos. Date cuenta de esto, y encontrarás fuerza”. Esta hermosa verdad es del gran filósofo Marco Aurelio, quien con gran sabiduría nos enseña que el único poder real que tenemos es simple: controlar nuestro interior, no lo que sucede en el exterior. Si logramos entenderlo, ganamos serenidad y evitamos el sufrimiento. Cuántas veces en el tránsito por esta vida, le damos más peso al exterior, a cosas que suceden y que no podemos modificar porque no depende de nosotros.

Si ya estamos listos para hacer nuestros propósitos para este 2026, le recomiendo que antes examine los que elaboró para 2025, por ejemplo: hacer ejercicio, comer sano, ahorrar dinero, aprender un idioma, dedicar más tiempo a la familia y amigos, dejar de fumar o beber, comprarse casa o un auto nuevo, cambiar de empleo. Revise su lista para corroborar cuáles de todos los propósitos sí fueron cumplidos y, si no, reflexione por qué no fue así.

Le comparto el ejercicio que realizó en estas fechas. No me propongo una gran lista de propósitos, procuro que sean pocos y, sobre todo, realistas para poder cumplirlos sin problema alguno. Esto también me ayuda a entender qué sucedió con los que quedaron inconclusos y qué eventos me impidieron realizarlos. Al hacerlo, he comprobado que los propósitos se logran con disciplina, es decir, emprender las acciones de forma ordenada, siguiendo las reglas; también con perseverancia, mantener el esfuerzo firme para lograr el objetivo, a pesar de los obstáculos que se presenten en el camino, como el cansancio o la falta de ánimo; y, finalmente, con compromiso, esa promesa con uno mismo de cumplir con responsabilidad lo que nos hemos propuesto.

Es mejor ir a lo seguro y realizar pocas acciones, ya que se tiene la certeza de que concuerdan con tus capacidades y tu experiencia; además, existe la seguridad de que darán buenos resultados. Actuar de esta manera hará florecer la esperanza de alcanzar propósitos mayores. Surgirá un cúmulo de buenos sentimientos, como la alegría, el orgullo y la satisfacción que en conjunto provocarán una gran felicidad.

Finalmente, estimado lector, quiero agradecer su presencia este año, al leer mis reflexiones, las cuales tienen el propósito de contribuir a ser mejores personas y, por ende, mejores ciudadanos. Espero haber logrado mi objetivo al escribir cada semana mis mensajes. No me resta más que desearle un 2026 lleno de salud y abundancia en todos los sentidos, con éxitos personales y profesionales, y que, por supuesto, no olvide de ser feliz.

Liberarse del resentimiento

Susana Cepeda Islas

Los videntes y estudiosos del tema de la espiritualidad afirman que en el 2026 se abre un portal energético numérico 1.1.1. Esta alineación es triple y, por ello, muy poderosa. Este año vibra en la frecuencia 1 que simboliza el inicio, la unidad y la fuerza para alcanzar metas. Por lo tanto, se incrementarán la intuición, la percepción y la creatividad. Asimismo, se fortalecerá la conexión con nosotros mismos, lo que permitirá que se cumplan todos nuestros deseos.

Es una buena noticia, ya que se pronóstica un excelente año para todos. Es un buen momento para iniciar el 2026 con nuevos bríos. Por ello, se presenta una oportunidad para liberarnos del resentimiento, el enojo y la ira hacia quienes nos han dañado, y dejar ir pensamientos y emociones tóxicas, entre otras situaciones negativas. Algunas personas, por ignorancia, nos tratan mal, nos menosprecian, no cumplen sus promesas, nos traicionan, mienten o abusan de nosotros. Aprovechemos las bondades que ofrece este año para liberarnos de esos pensamientos negativos a través del perdón.

La palabra perdón viene del latín perdonare, que significa “dar completamente” o “regalar por completo”. En el diccionario de la Real Academia Española significa: “remitir la deuda, ofensa, falta, delito u otra cosa”. Para la biblia el perdón es una decisión de dejar ir el rencor y la amargura, eligiendo la misericordia sobre la venganza. Realmente, es una decisión dejar de alimentar el resentimiento; esta elección permite seguir adelante y disfrutar los buenos momentos en vez de quedarnos dando vueltas a la acción que nos dañó y dejar de vivir lo que realmente importa y alimenta el alma.

Cambiemos de chip sobre las situaciones que nos causan dolor. Somos expertos en revivir la ofensa constantemente, una y otra vez, lo que nos lleva a la frustración, la decepción, la ira y la amargura, sobre todo si quien nos hizo daño es alguien que nos importa. En un curso que tomé sobre budismo nos explicaban que existe una cita popular atribuida a Buda que dice: “Aferrarse al odio, es como tomar veneno y esperar que la otra persona muera”. Por supuesto, el odio es dañino para uno mismo, somos nosotros quienes pagamos un alto precio. Quien se enferma de odio somos nosotros, mientras tanto la otra persona va por la vida muy campante. Es recomendable perdonar, aunque resulta complicado entenderlo y hacerlo, porque nunca se olvida a la persona que nos ofendió o lastimó.

La psicología dice que el perdón tiene etapas como: reconocer el daño; aceptar las emociones; tomar la decisión de perdonar; ser empáticos; dejar el resentimiento. Perdonar no significa volver a ponernos de tapete para que nos pisoteen; es entender las causas que provocaron el comportamiento de la persona que nos causó daño. Cuando logramos perdonar, somos capaces de ver a esa persona a los ojos y no sentir dolor de estómago, incomodidad, ni resentimiento, sino comprender las causas de su comportamiento. En ese maravilloso momento entenderemos el alivio que se experimenta al liberarte de sus garras. ¡Ganamos!

Si liberamos el odio y somos capaces de perdonar, automáticamente nos despojamos de los sentimientos negativos. Logramos autocuidarnos emocionalmente, sanar heridas, desarrollar la empatía, comprender las imperfecciones humanas. Santa Teresa de Calcuta comentaba que: “El perdón es una decisión, no un sentimiento…”. Así, nosotros elegimos que camino tomar; no olvidemos que el perdón nos permite avanzar y llevar una vida plena.

Ahora ya nada importa

Susana Cepeda Islas

En la actualidad, para un gran número de personas, la existencia y los esfuerzos humanos carecen de sentido, lo que provoca una grave enfermedad social que conduce al deterioro colectivo.  Los síntomas son diversos; por mencionar algunos: la vida ya no se valora, las personas se ven dominadas por la apatía, se incrementa la falta de motivación y la desesperanza, y con ellos, surgen los problemas de salud mental y la inevitable anhedonia. Se experimenta una profunda sensación de falta de significado en la vida.

Todos los días recibimos noticias sumamente desagradables en los medios de comunicación y en las redes sociales, donde se reproducen imágenes de escenas de guerra y personas destrozadas como consecuencia de los misiles; inundaciones en las que se observa cómo la corriente feroz arrastra vidas; ataques de individuos que disparan sin ton ni son contra quienes se encuentran en centros comerciales, escuelas o espacios públicos. A ello se suman los constantes anuncios de crisis económicas y políticas. Todo esto altera considerablemente el clima social y genera un profundo desaliento.

Yo no sé usted, pero sinceramente no entiendo en qué mundo vivimos. Por un lado, resulta irónico que el día en que los ciudadanos cansados de la violencia que se vive en el país se manifestaron para exigir paz, fueran agredidos sin distinción de edad o sexo; y, por otro, que posteriormente el gobierno federal convocara a “festejar” los 7 años del triunfo de la llamada 4T. Ese mismo día en el estado de Michoacán un vehículo estalló dejando personas muertas y heridas. Lo más grave es que en ese lugar asesinaron a Carlos Manzo, quien suplicaba apoyo para combatir al narcotráfico. ¿Qué podemos esperar si, para quienes conducen el país, la vida de gente inocente no tiene la menor importancia? Estos hechos causan desaliento, frustración, miedo y estrés, entre otras manifestaciones.

Esta situación me lleva a la pregunta: ¿Por qué ya nada importa? Estudios psicológicos y sociológicos sobre el tema han llegado a la conclusión que es una combinación de factores tanto psicológicos como culturales que provocan apatía social y desmotivación. Vivimos momentos muy complejos y de gran incertidumbre, lo que nos conduce a una pérdida de sentido y una gran ausencia de expectativas, generando ese vacío emocional y la incapacidad de sentir placer.

En mi adolescencia recuerdo las palabras de mis padres: “estudia una carrera para que tengas de qué vivir dignamente” y así lo hicimos. Hoy, estos anhelos ya no se cumplen, La sociedad moderna no ofrece a los jóvenes suficientes oportunidades laborales, menos aún, una mejor calidad de vida. Esto provoca una desvalorización de la cultura del esfuerzo y fomenta el consumismo, la obtención de todo de manera fácil y rápida, así como la falta de conocimiento para enfrentar los retos y desafíos que plantea la vida en sociedad.

Me preocupa la apatía social, pues afecta de manera considerable la calidad de vida de los ciudadanos. Esa falta de interés, motivación y respuesta ante las situaciones que nos afectan a todos. Es necesario despertar de ese letargo, reflexionar y cambiar la actitud ante la realidad que estamos viviendo. Es obligatorio comprender que es hora de proponer y participar activamente, de asumir las responsabilidades que nos corresponden, tomar decisiones, recuperar la fe, y luchar para transformar esta realidad,

Sí, en verdad es posible revertir la apatía social si buscamos estrategias efectivas para salir de ese estado negativo, como realizar trabajo voluntario en alguna asociación, donde el apoyo resulta especialmente valioso en estos momentos. También es importante integrarse a reuniones o grupos de defensa local y fomentar los lazos con los vecinos. Estoy convencida de que, con pequeñas acciones podemos contribuir de manera positiva a la sociedad. Al involucrarnos en los problemas de la comunidad y realizar esfuerzos colectivos, por modestos que parezcan, lograremos construir una sociedad más comprometida y participativa, por ello, cuidemos nuestra participación política y reflexionemos a la hora de emitir nuestro voto electoral. No olvidemos que la conciencia social inicia cuando sufres por lo que no afecta directamente.

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