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¿Por qué se pierde la popularidad? 2

Héctor A. Gil Müller

El Presidente López Obrador ha enfrentado ya varios días con una leve caída en su aprobación. Aun así, mantiene altos números respecto a su gestión. A más de un mes del hallazgo de la casa gris (mote con el que se ha conocido la mansión en la que habita el hijo del presidente en EUA sin poder, a la fecha, justificar un legítimo acceso a ella) la crisis se mantiene. El Presidente no ha podido desviar la atención sobre uno de los pocos temas que ha logrado unir a la opinión pública, la oposición política y los detractores del régimen.

En un anterior artículo escribimos sobre la popularidad y como puede perderse en un mundo como el actual. Seguramente cuando se deja de conectar y conectamos siempre mediante identificación o admiración. Ante ello ¿el Presidente ha dejado de conectar? Yo aún dudo que la casa gris afecte la popularidad tan alta que tiene el Presidente López Obrador, no se compara con la de un presidente en funciones, quizá porque son 3 las campañas políticas que anteceden a su gestión. La casa gris no afecta, al menos en su mayor parte, la popularidad, el argumento emocional no se golpea, sobre todo cuando antes ya se ha violentado la ley o se han tenido escándalos de corrupción inexplicables, pero algo hay en este escándalo que parece calar hondo en una crisis. El contra-argumento lo sabemos, si hay corrupción, pero antes hubo más, lo importante es la transformación, definir a qué es lo de menos.

Entre los dimes y diretes la oposición espera ser construida por el propio presidente. El Presidente parece ser responsable hasta que no tenga oposición. Pero ahora una crisis ha agrupado diversos argumentos y parece calar, en leves puntos a una aprobación presidencial, pero muestra algo natural, un desgaste por el tiempo. Seguramente para ello la revocación de mandato será muy importante, un hito para aumentar nuevamente la oxigenación.

Para el presidente viene oxígeno puro tras la revocación de mandato, sea cual fuese el resultado se podrá presumir, si no se alcanza el 40% exigido de la lista del padrón electoral se presumirá el resultado el cual se advierte será totalmente positivo al régimen. Seguramente en los estados en los que MORENA no aparece como favorito ante las próximas elecciones quizá veamos historias de obstáculos y amenazas a la revocación de mandato.

Tras el resultado se recibirá una nueva expiación de todos los pecados. Ni Bartlett, ni Pio, ni Josefina ni José Ramón su hijo habrán dañado su popularidad. Un porcentaje encerrará tanta aprobación o mensaje como se indique. Pero ese resultado no nos entrega lo importante del objetivo. ¿cuál es?, la ola continua y el odio a la preparación política sigue aumentando, la novedad, improvisación y decisiones parciales siguen siendo el método.

Pero bueno, nunca ha sido lógico el mundo, quizá por ello solo a nosotros se nos ocurre celebrar el triunfo ante el fatal covid, con una mortal guerra, y las fronteras que cayeron ante las minúsculas gotitas de saliva también se derrumban ante bombardeos inmisericordes. No hay lógica, pero si hay popularidad. El mundo sigue aplaudiendo lo rápido, mega y popular sacrificando lo pequeño, lento y secreto.

¿Por qué se pierde la popularidad?

Héctor A. Gil Müller

Vivimos en medio de una cultura que pondera lo rápido, mega y popular, sobre lo lento, pequeño y secreto. Una buena acción no parece suficiente si no se plasma en redes sociales, en las que se aplaude al más popular, aquel que tiene más seguidores constituye la imagen del éxito. Aunque seguramente en la mayoría de los casos no constituye el mérito afectivo, moral o intelectual de su popularidad. El éxito exige encanto, talento y perseverancia, pero por hoy estamos en la exigencia de la perseverancia y talento para el encanto.

Recuerdo haber leído en una frase; “las redes te hacen creer que eres sabio, feliz y con muchos amigos, cuando despiertes será duro”. La popularidad no siempre es sinónimo de éxito, así como lo “mega” tampoco lo es.

Entonces, en un mundo en que la principal moneda es la atención que implica una conexión ¿por qué se pierde la popularidad? En algún momento parece que decidimos dejar de tolerar y de perdonar y nos volvemos críticos acérrimos. He visto como las mismas conductas que se le aplauden a uno se les sancionan a otros, al menos entre redes. Master Graziano en los primeros siglos del milenio se enfrentó a este problema al compilar las resoluciones de jueces eclesiásticos quienes juzgaban una misma conducta con diferentes veredictos. El resolvió descansar su fe en la inefabilidad de las decisiones al justificar la solución mediante diversas ratios o razones del porqué lo hizo: la ratio loci que resolvía que era por el lugar, la ratio temporis, para resolver que un juicio podía tener, la misma conducta, pero diferente sanción según el tiempo en que se causó. La ratio personae, según quien comete el asunto y la ratio dispensationis, o la razón de la dispensa, en la que el amor podía manifestarse para orientar el fallo a tal o cual parecer.

Seguimos actuando igual, dependiendo el lugar, el tiempo, la persona o la dispensa actuamos de tal o cual manera. La popularidad parece agotarse cuando se desgasta la credibilidad, pero también cuando se agota la categoría en la cual descansa el argumento. Seguramente la respuesta del porqué en sí misma no resolverá muchas otras dudas, el cuándo y dónde se nos presentan solamente como elementos históricos. El por qué siempre interpretativo, pero algo se, que si es evidente en el pasado los momentos en los cuales se cae esa popularidad, debe ser predecible al futuro, aunque quizá aún no tengamos las herramientas. Estoy convencido que hay ciertos tópicos que son virales, independientemente de su contenido parecen responder a un momento específico.

Aunque no es tiempo de advertir si la popularidad sube o cae para el presidente de México, si podemos advertir una crisis fuerte en su gestión, no por los resultados o las acciones, sino en los tópicos importantes, nuevamente una “casa” aparece en escena y termina por arrancar lágrimas. Beethoven afirmó que la música debe sacar lágrimas del corazón de la mujer y fuego del corazón del hombre. Así ahora esta casa ha sacado lágrimas de algunos y fuego de los adversarios y oponentes que parecen anclar sus baterías en el tema. Mientras tanto se arremete la guerra mostrando que no solo se trata de construcciones sino también de destrucciones. (continuará)…

Tres bailes de la política

Héctor A. Gil Müller

Recientemente tuve el privilegio que me volvieran a invitar a una mesa de análisis y opinión entre muy buenos amigos. Yo siempre agradezco más las segundas invitaciones que las primeras. Porque en las primeras puede ser el desconocimiento el que exprese la bienvenida, pero en las segundas, ya que te conocen el mérito es genuino. Eso si expresa compasión y valentía. No sé por qué, en las cosas que tienen repetición, valoramos más lo primero que lo segundo.

Discurría yo en esa mesa, entre temas y tópicos, sobre la nueva política. ¿Existe eso? Vivimos un tiempo de transformación respecto a las relaciones, en que la comunicación, hoy más que nunca, exige una conexión. La atención se vuelve la recompensa y los modos y formas de acercarse tienden a ajustarse a las modas y formatos que la sociedad adopta.

Adoptar es adaptar y la política comienza a adaptarse a ciertos rituales que parecen contraponerse en muchas de las máximas de comportamientos heredados de lo que pareciera ser un manual de actuación política. Videos van y videos vienen ante una sociedad cuyos ojos parecen preferir la congruencia de las imágenes que las incongruencias de las letras.

Tres danzas baila hoy la política. La primera el gran baile de la atención. Llamar la atención para conectar, en México se conecta desde la reiterada comunicación. El Presidente diariamente abre su agenda dirigiéndose al país ante un grupo de reporteros tan representativo del ancho y largo de México, igual ocurre con otros personajes, que comienzan comunicando, llamando la atención, haciéndose presentes.  

La segunda danza está en las redes sociales, no solo aquellas que digitalmente nos entretiene, sino de aquellas estructuras en las que interactuamos y que hoy forman más que una jerarquía una redarquía. Entre hilos cautivadores dejan testimonios que viajan, quien no está presente está ausente gritan los ojos que siguen el baile en las redes. La tercera danza es una pasión por el mindfulness, no importa el ayer o el mañana, lo mejor está en el hoy, ser consciente del hoy en un mundo que pierde atención, pero busca satisfacción. La conciencia y presencia de posición y aceptación. Vivir el hoy y disfrutar el hoy parece más un movimiento que un partido cuya expectativa se agota en el futuro rebasando la figura personal.

La política es la misma, por cuando la función coincide, sigue el carisma, vivimos una época en la que el político alimenta un movimiento y no un partido que construye un político. La corriente ideológica parece esconderse ante el brillo de la persona. Los partidos políticos no tienen cabida en una sociedad que prefiere los movimientos. La política que llama la atención, atrapada en redes y centrada en el hoy no es una nueva política, solamente es un desafío de una sociedad que aún no sabe cómo resolverlo. Es más quizá no lo vea aún como desafío. Lo será cuando la atención no sea suficiente, cuando la red se rompa tirando lo que contiene y cuando el hoy no sea tan grande como para contener los sueños y expectativas de un mundo que se enteró que la vida es más que gastar tiempo.

Coaching social

Héctor A. Gil Müller

El coaching es una metodología en la que una persona, llamada COACH entrega estructura a una persona llamada COACHEE que dispone los contenidos. Su origen etimológico se remonta a kocsi o carruaje que evolucionó a nuestro español coche. Su intención es muy clara; servir como un vehículo que lleve de un lugar a otro. Lamentablemente, como muchas veces ocurre, una confusión de términos ha presentado al coach como un experto que da consejos y remedios “millonarios o exitosos”, cuando en realidad en el coaching es lo que menos se hace. Quien es coach no es maestro, ni consultor, ni mentor, es un agente transformador que ayuda a que el coachee advierta lo necesario.

El principio que inspira al coaching es muy claro, nadie es experto en una vida más que aquel que la vive. Lo mismo advierto en la sociedad. La sociedad misma debe afrontar sus propios desafíos y actuar en consecuencia. Por ello afirmo que madurar es participar. Y si esa necesidad coincide con el individuo, la metodología también puede ayudar. El coaching social puede entregar estructura a los contenidos que aporte el colectivo. Adaptar para adoptar y en ese viaje, transformar.

El coaching social ha empezado a cobrar vigencia en Europa y comienza a interesar cada vez más a especialistas en América. Si es posible construir con un enfoque social, no en un enfoque para la sociedad, sino un enfoque desde la sociedad. Ganar claridad en esa autoconciencia para lograr el autogobierno. Hoy necesitamos motivar la participación ciudadana no solo para temas de decisión política y elección representativa, sino para participar en todos los niveles y fases de una acción desde lo político. Que importante aprovechar cualquier herramienta que sume. Como sociedad ¿tenemos la capacidad de identificar las áreas en las que podemos y queremos mejorar?, ¿cuáles son las principales creencias limitantes que como sociedad tenemos? ¿y cuáles son las creencias empoderadoras?

Mediante el coaching se puede reparar el tejido social, pero solo entendiendo que el coaching genera la estructura, los contenidos reparadores y la decisión misma de reparar proviene de la sociedad. Una sociedad apática está condenada a la mediocridad. Una sociedad participativa incide en la transformación y afronta los retos con herramientas y recursos suficientes para obtener experiencia y crecimiento.

Se afirma que el éxito de una organización exige salud e inteligencia, podemos aplicar ambos elementos también a la sociedad. El éxito social se determina por la salud de su sociedad, esto significa que ante un mal no se compromete lo vital. La salud social no se manifiesta en una ausencia de enfermedades, se entiende que aun presentándose la enfermedad esta no compromete lo más importante. También requiere el éxito social la inteligencia, el uso de herramientas para resolver los problemas de nuestro tiempo y de nuestro entorno, una inteligencia acorde a su formación, experiencia y formación. Una inteligencia que se desarrolla. Tanto la salud que se cuida y la inteligencia que se forja las decisiones son propias del colectivo. Nuestro deber histórico, generacional y único es cumplir con lo que recibimos y entregar a otros un bien mejor. No decadente sino eminentemente fortalecido. Créame vale la pena cumplir con lo que nos corresponde.  

Un banco a la banca

Héctor A. Gil Müller

El ser humano, de manera instintiva y posteriormente cultural hemos dado a la altura la cualidad de poder. Lo alto representa poder, por ello el rey porta la corona que aumenta su altura, se sienta el poderoso a la cabecera en una silla que denota una mayor altura. Incluso en lo arquitectónico; durante episodios históricos fue fácil relacionar la entidad poderosa con la altura de sus edificios, así los templos y majestuosas catedrales, dieron cabida durante el renacimiento a las altas construcciones universitarias que se empequeñecieron cuando los majestuosos castillos del antiguo régimen se elevaron. ¿Hoy quién ocupa los altos edificios?

Un poderoso no admite sanción en contrario, hoy las más altas edificaciones encierran un poder misterioso capaz de autorregularse como es la economía. Que, aunque sus caminos están advertidos y hasta cierta manera regulados por un orden jurídico, sus senderos tan sinuosos se pierden en un bosque confuso. La economía está sujeta de alfileres, afirmó alguna vez alguien, pero lo importante no son los alfileres, sino a qué está sujeta. Porque mire que si afirmamos que la economía la traemos en el corazón pues cada alfiler nos va a recordar que existe. Ojalá algún día se sujete la economía con listoncitos o curitas y no con alfileres.

En algún momento la sociedad construyó los bancos, primero algunos cambistas en las ferias de comercio y después como representación de la riqueza. Me gusta la definición de Marx, pero no del teórico, sino del práctico Groucho Marx, quien dijo: “Un banco es una institución que te presta dinero solo cuando le demuestres que no lo necesitas”.

Los anuncios que viajaban entre esta cuarta ola de contagios provocada por COVID ha sido la venta de BANAMEX por parte de Citigroup. Una decisión postergada desde hace tiempo que parece mostrar, al menos así se está captando entre mercados, la difícil situación de Citigroup y no de la economía mexicana. Sin embargo, la noticia parece ordenar los reflectores en los magnates nacionales, un concepto que la banca había perdido desde hace algunos ayeres.

Al banco se le atribuye más que una palanca una carga. En la cultura parece clavarse como alguien contrario al honor, el estigma del FOBAPROA entendido por cada quien como mejor le viene en gana nos dice que es bueno que el Banco más antiguo del país regrese a manos de mexicanos. Pero en el mundo global, competitivo y con instituciones cada vez más interconectadas, que no se piense en inversionistas extranjeros nos susurra, con cierto peligro, que vivimos de lo que hay en casa. Banco Azteca lo quiere, como también BANORTE e INBURSA, la reflexión histórica sería genial si el Banco Azteca compra al Banco Nacional Mexicano. 500 años después de la conquista viene la revancha con taparrabos.

Mientras siga su turno al bate, el banco está a la banca, no porque suspenda sus operaciones, sino porque busca quien gane con ellas. Mientras tanto, millones de usuarios siguen en la fila. Trayendo y llevando, metiendo y sacando, en una fila esperando turno. Uno para agarrar el bate y otros para pagarlo. Pero un banco en la banca debe durar poco, porque el mensaje es fuerte.

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