Susana Cepeda Islas

Las cosas que valen la pena llegan cuando es su tiempo, no antes ni después. No importa cuánto tarden: horas, días, meses o años. Con frecuencia sucede que, en algún momento de la vida, deseamos realizar algo, pero no lo hacemos por uno o varios motivos. Sin embargo, no importa la edad que se tenga para empezar de nuevo; lo importante es tomar una decisión, aprender algo nuevo, corregir un error o cambiar radicalmente de rumbo para alcanzar nuevas metas. A veces la espera puede ser larga, pero lo verdaderamente importante es que aquello que anhelamos llegue.

Debemos atrevernos a elegir nuestro camino, porque eso nos permite tener el control de nuestro destino. Según el diccionario de la Real Academia Española, decidir es formar juicio resolutorio sobre algo dudoso o contestable. Formar el propósito de hacer algo. Etimológicamente la palabra proviene del latín decidere, que significa “cortar” o “separar”. Tomar una decisión es renunciar al camino transitado y emprender otra dirección. En la biblia se hace referencia al libre albedrío y al discernimiento. Se plantea la posibilidad de elegir entre dos caminos: la voluntad de Dios y sus mandamientos, o dejarse llevar por los propios deseos. De igual forma, en la vida siempre hay opciones: vida o muerte, bendiciones o maldiciones, la elección está en nuestras manos.

Decidir nos conduce a resolver y solucionar. Es, en definitiva, elegir de entre varias alternativas aquella que consideramos más conveniente en determinado momento. Para tomar una buena decisión es necesario reflexionar con conciencia, poner sobre la mesa tanto las ventajas como las desventajas y asumir la responsabilidad de las consecuencias que puedan derivarse de ella. Nunca conviene decidir por impulso o cuando las emociones están a flor de piel. Tomar buenas decisiones es fundamental para vivir con plenitud.

También es importante conocerse, saber nuestras habilidades y limitaciones. Debemos dejar atrás el pasado, que ya no existe, concentrarnos en el presente que estamos construyendo y no angustiarnos intentando predecir el futuro. Desafortunadamente, en los tiempos modernos pocas veces se nos anima a utilizar la intuición, esa capacidad de comprender, percibir o decidir algo de manera clara sin que se analice, en otras palabras, escuchar la voz interior. En ocasiones, una forma útil de enfrentar un problema es plantearlo desde una perspectiva diferente para apreciar la situación de otra manera y encontrar nuevas respuestas. Lo que recomiendan los estudiosos del tema es preguntarse ¿qué harías si fueras otra persona? Imaginar otras posibilidades suele abrir caminos que antes no veíamos. Una vez tomada la decisión es importante vacunarte contra la presión social. Lo más importante eres tú, tus objetivos, y lo que deseas obtener con esa decisión. Lo que menos importa es el qué dirán.

Por ello, las decisiones deben tomarse de acuerdo con los propios valores y convicciones, y no únicamente para satisfacer las expectativas de los demás. Lo verdaderamente importante es que seas tú quien decida, de acuerdo con tus valores, objetivos, metas y sobre todo propósito de vida. Existe una frase anónima que dice: “La vida no avisa cuando pasa… simplemente se desliza entre nuestros días, y cuando intentamos sujetarla, descubrimos que muchos años ya se han ido.” Por eso, toma la decisión de luchar por tus sueños. No cuentes los años que hayan pasado sin haber alcanzado aquello que deseas. Recuerda que nunca es tarde para comenzar y que la persona más importante en tu vida eres tú.