Susana Cepeda Islas
Hace unos días llegó a mis manos el libro Una anfitriona perfecta. Cuentos para cocinar, de Felipe Garrido y Maruja Nahle, con ilustraciones de Pau Masiques. Como pocas veces me sucede, me alegró profundamente la noticia de tener la fortuna de presentarlo en la Feria Internacional del Libro de Coahuila que se ubica en el Centro Cultural Universitario Campus Arteaga. No es algo que suceda con frecuencia. Esta vez fue distinto. Mi entusiasmo se debió a dos razones:
La primera fue la oportunidad de acercarme a la obra de Felipe Garrido. En una entrevista, señaló que aprendió a ser escritor leyendo. Para él, “la literatura no es una colección de datos, sino una experiencia. No se enseña; se comparte”; y también afirma que “el escritor nunca inventa historias, sino que las descubre a su alrededor", viviendo "habitados por el caos de su persona y por el caos del mundo”. Aficionado a las lecturas de Juan Rulfo, de Arreola, y de Julio Torri, entre otros escritores, logra representar de manera sencilla y con palabras precisas, lo cotidiano. Por ello, sus cuentos son sencillos y, al mismo tiempo, profundamente humanos. Sus cuentos nos hablan de lo cercano, de aquello que muchas veces pasa desapercibido. Coincido con él: en que la palabra escrita sirve para dar vida a las ideas y compartir historias que cobran sentido en quien las lee.
La segunda razón es personal: una de mis grandes pasiones es mi amor por la cocina. Cocinar es una forma de amar. Es reunir, compartir, crear inolvidables momentos. Estoy convencida que lo que une a la familia es la comida, pues, además de alimentar el cuerpo, alimenta el alma. Y este libro lo expresa de manera entrañable.
Admiro el tino de Maruja para seleccionar los cuentos del libro La musa y el garabato de Felipe Garrido, y complementarlos con las recetas provenientes de los recetarios de la abuela de Maruja y de ella misma. Esta tarea que funcionó y fue posible gracias al apoyo de su mamá, Maruja Ortiz.
En el libro se entrelazan la narrativa y la cocina: cada cuento va acompañado de un menú de recetas tradicionales, sencillas de preparar. Para abrir el apetito encontramos platillos como Pato en salsa de mango y tejocote; una sopa de poro y papa, acompañada de una nieve de membrillo, junto con agua con perejil y limón.
La anfitriona es la tía Martucha, a quien describe Fernando como: “es una mujer pequeñita, un poco jorobada. Le gusta usar joyas de fantasía y vestir blusas de seda. Tiene el cabello blanco y crespo, la piel floja, los ojos claros y cansados. Cuando fuma, la memoria se le vuelca; su voz tenue, sin matices, comienza a bordar el recuerdo”.
La acompañan personajes entrañables: Toña, la encargada de preparar los exquisitos platillos y de lavar trastes mientras canturrea; la tía Beba, con sus recuerdos familiares; la tía Celia, de gran apetito; Fermin, el protestón; el Nene, futbolero de corazón; y Martín con su copete rubio. En cada encuentro alrededor de la mesa se comparten silencios, enojos, alegrías, enfermedades, historias, recuerdos, anécdotas, sueños, triunfos, romances y, por supuesto, las manías de la familia. Los diálogos fluyen en ese espacio íntimo que es la mesa, testigo de la vida familiar.
Gracias a la creatividad de Pau. Estos encuentros están acompañados por bellas ilustraciones que iluminan cada escena familiar. Llama la atención la combinación de colores, así como los creativos trazos y líneas que forman figuras sugerentes. Es increíble el juego de figuras como serpientes, dragones, que describen con gran destreza un mundo mágico, con detalles simbólicos, llenos de humor que llevan a un mundo medieval. Las imágenes invitan a abrir el libro, a disfrutarlo, saborearlo e imaginar a sus personajes compartiendo conversaciones alrededor de la mesa. No se pierda la oportunidad de disfrutar este bello libro.


