Susana Cepeda Islas

En el ámbito político nacional suelen distinguirse dos grandes corrientes ideológicas: la izquierda y la derecha. Más allá de sus diferencias doctrinarias, ambas comparten un objetivo central: la obtención y el ejercicio del poder político. Este puede entenderse como la capacidad de influir en las decisiones colectivas y orientar el rumbo institucional conforme a una determinada visión de sociedad. El poder se puede adquirirse y ejercerse de diversas maneras. Puede ser coercitivo, cuando se impone mediante la fuerza y las amenazas; legítimo, cuando se sustenta en el marco jurídico y en la aceptación social; de recompensa, cuando se construye a través de incentivos; y experto cuando se deriva del conocimiento y la autoridad técnica.

El poder es un elemento necesario que se manifiesta en toda sociedad y tipo de agrupamiento, ya lo decía Platón el hombre es un ser político. Se da, por lo tanto, en política una relación de gobernante-gobernado, esta relación funciona de acuerdo con la ideología que ostente el poder. Ambas posturas políticas —la izquierda y la derecha— tienen su origen en la Revolución Francesa. Se dice que el término surgió de la disposición de los grupos en las asambleas, cuando se sentaban en las reuniones los grupos políticos para discutir, a la izquierda se agrupaban los opositores del antiguo régimen y a la derecha el grupo de sus defensores. Desde entonces, ambos términos han evolucionado y adoptado matices diversos según el contexto histórico y nacional.

En el caso de México, la izquierda suele definirse por dos principales ejes: el nacionalismo popular y la justicia distributiva. Su narrativa política enfatiza la reducción de la desigualdad dando apoyo a la población desfavorecida, su bandera es la “honestidad” y el combate a la “corrupción”. La política de la izquierda apela a la ética y está en contra de la injusticia, para la izquierda el pueblo es primero. Por su parte, la derecha se caracteriza por una orientación conservadora en lo social y liberal en lo económico, su intención es proteger la tradición, el orden, la propiedad privada, la libertad de mercado con la mínima intervención directa del Estado.

Ambas corrientes ideológicas han gobernado en nuestro país en distintos momentos, y en diferentes grados, han generado expectativas y también desencanto social. La evaluación de sus resultados debe hacerse con base en indicadores objetivos: crecimiento económico, reducción de la pobreza, fortalecimiento institucional, calidad democrática y garantía de derechos, no solo con discursos sino con hechos. Desde una postura crítica, puede señalarse que algunos proyectos de izquierda han sido cuestionados por el uso político de programas sociales, la polarización discursiva y la concentración del poder Ejecutivo. También se ha debatido si ciertas reformas institucionales debilitan los contrapesos democráticos o afectan la división de poderes. Del mismo modo, los gobiernos de derecha han sido criticados por profundizar desigualdades, favorecer intereses particulares o descuidar políticas sociales integrales.

El debate de fondo no es meramente ideológico, sino institucional: ¿Cómo garantizar un equilibrio entre justicia social, libertad económica, pluralidad política y Estado de derecho? El verdadero desafío para cualquier proyecto de nación consiste en evitar la concentración excesiva del poder como en impedir la captura del Estado por intereses particulares. Lo más importante debe ser el bien común.

Estas líneas tienen la intención de invitarlo querido lector a la reflexión: ¿Qué futuro quiere para su familia y las futuras generaciones: izquierda o derecha? ¿Cuál de ellas ofrece un modelo que fortalezca la democracia, proteja las libertades individuales, garantice oportunidades reales y construya instituciones sólidas? En fin, que construya no destruya. Considero que el futuro no depende exclusivamente de izquierda o derecha, sino la capacidad colectiva para exigir rendición de cuentas, división de poderes y respeto irrestricto a la individualidad, la legalidad y a la dignidad individual.