Rubén Aguilar Valenzuela
Arte cubano

Historia
En 1913 se inaugura el Museo Nacional de la República, que en febrero de ese año había sido fundado por decreto presidencial. Su sede estaba próxima al edificio que hoy ocupa el Hospital Hermanos Ameijeiras, en el centro de La Habana.
Se concibió como un museo enciclopédico con sesiones de arqueología, antropología, bellas artes, historia natural y un gabinete de curiosidades. El arquitecto Emilio Heredia fue su primer director.
Por el crecimiento de su colección, en 1917 se ve traslada a la Quinta de Toca. En 1918, el artista plástico y restaurador Antonio Rodríguez Morey se hace cargo de la dirección del museo.
Su larga administración, duró hasta 1967, año de su muerte, fue fundamental para la especialización de la institución como un museo de bellas artes y ganar reconocimiento internacional.
Ya en 1921, Rodríguez Morey propone transferir la colección de historia natural a otro edificio, con el objeto de hacer espacio para la exhibición de piezas históricas y artísticas.
En 1924, el edificio sede principal al museo se vende a los hermanos de La Salle y la institución se traslada a la Casa Aguiar, donde permanece tres décadas hasta la construcción de su sede permanente.
El primer proyecto de la nueva sede, es diseñado por los arquitectos Evelio Govantes y Félix Cabarrocas en 1925. El proyecto incluía la adecuación y recuperación del antiguo Mercado de Colón (construido entre 1882 y 1884), pero se abandona poco después por falta de recursos.
Morey buscó renovar los criterios para la adquisición de las obras de arte, privilegiando piezas originales en detrimento de copias o reproducciones, para elevar la calidad de las colecciones.
En las décadas de 1930 y 1940, Morey obtiene apoyo de intelectuales cubanos para sensibilizar a la sociedad y al gobierno sobre la necesidad de proporcionar condiciones adecuadas para el funcionamiento del museo.
Los historiadores Emilio Roig de Leuschenring y Luis de Soto y Sagarra y el arquitecto Luis Bay Sevilla publican una serie de artículos donde denuncian la situación de "abandono del Museo Nacional" y destacan la importancia de su patrimonio.
El traslado de las obras del museo a otras instituciones, debido a la escasez de recursos, contribuye a que la ciudadanía tome conciencia de la necesidad de una sede más amplia. En 1946, para organizar el nuevo museo se crea el Patronato Pro-Museo Nacional, que reunió a representantes de diferentes instituciones sociales y culturales.
Este grupo desarrolló un intenso programa de actividades para promover el museo, incluyendo la movilización de la prensa y la radio, los intelectuales, académicos y artistas, y la organización de conferencias y exposiciones en las que se distribuyen materiales informativos, para que el público exigiera mejores condiciones para la institución.
El proyecto traspasó las fronteras nacionales, y la nueva sociedad estableció acuerdos con instituciones similares de Estados Unidos, Francia y España. El museo fue incorporado a la Sociedad Americana del Museo y se inscribió en el Consejo Internacional de Museos (ICOM).
Frente a la presión social el gobierno decide construir una sede propia para el Museo Nacional. Se acuerda erigir el edificio con el nombre de Palacio de Bellas Artes, en el sitio donde se ubicó el antiguo Mercado de Colón, que había sido demolido bajo el gobierno de Carlos Prío.
En 1954 se inaugura el museo. El nuevo espacio posibilita mostrar obras que hasta entonces permanecían almacenadas. La organización del espacio dedicado a piezas históricas estuvo a cargo de José Manuel Pérez Cabrera y Francisco Pérez de la Riva. El campo de la antropología se confió a Fernando Ortiz y Lydia Cabrera

Revolución
Con el triunfo de la Revolución en enero de 1959, el museo vive profundas modificaciones. Como depositario de las colecciones privadas intervenidas por el nuevo gobierno, la institución tiene un crecimiento de sus colecciones que es imposible albergar todas las piezas.
Se toma la decisión de mantener en el museo solo las colecciones de bellas artes y se distribuye el resto en otras sedes. Se crean nuevos museos para conservar todas las piezas como el Museo Napoleónico, el Museo de Artes Decorativas, el Museo de Arte Colonial y la sección del Museo de Bellas Artes, Arte Antiguo, entre otros.
Entre 1966 y 1967, el museo inicia un proceso de catalogación e inventario de las colecciones. En las décadas posteriores, la renovación de los espacios de exposición se propone ampliar la gama de obras en exhibición. En 1980, la falta de espacio se convierte en obstáculo para el aumento de las colecciones y garantizar su seguridad.
En la década de los noventa, el museo busca renovar los intercambios con otras instituciones similares, procurando adecuarse a los criterios internacionales de la museología. Se realizan nuevos inventarios y se introducen nuevas formas de control y de capacitación de los trabajadores.
La restructuración más importante realizada a la institución en su historia reciente ocurrió en 1996, cuando con el propósito de ampliar el espacio expositivo, la presidencia del Consejo de Estado, decide conceder a la institución el uso de dos nuevos edificios.

Así quedan el Palacio de Bellas Artes, solo las obras del arte cubano. Las colecciones internacionales son trasladadas al Palacio del Centro Asturiano, que está cerca. Un tercer edificio, el Cuartel de Milicias, se dedica a las actividades administrativas y logísticas.
El diseño y la implementación de los cambios fueron realizados por los museógrafos Jorge Candelaria y José Linares. El cambio permitió que el museo pudiera ampliar en un 50 por ciento el número de obras expuestas de forma permanente. La inauguración de los nuevos espacios del museo tuvo lugar el 18 de julio de 2001, con la presencia de Fidel Castro.
Formación de la colección
La colección fue creada en 1841, tras la adquisición de un lote de obras de arte en Europa por Pedro de Alcántara Téllez-Girón y Pimentel, marqués de Jabalquinto, para servir como modelo a los estudiantes de la academia.
Contó también con un primer núcleo de pinturas y esculturas de Cuba, Latinoamérica y Europa, que provenía de la galería de la Academia Nacional de Bellas Artes San Alejandro. Incluía numismática y joyería antigua.
En su primera década el museo recibió donaciones de privados, iglesias, conventos e instituciones civiles. Artistas contemporáneos como Antonio Rodríguez Morey, Leopoldo Romañach y Aurelio Merelo, donaron muchas de sus obras.
En 1917, la institución participó en una subasta mediante la que adquirió un conjunto de sesenta copias de cuadros famosos del Museo del Prado, así como piezas originales de artistas españoles.
Con fondos públicos se adquieren pinturas de la colección del distribuidor italiano Salvador Buffard en 1924. Al año siguiente, también con subvención del Estado, se compra una gran cantidad de pinturas cubanas y europeas del siglo XX y de los siglos anteriores.
El Salón Anual de Bellas Artes, a través del premio de adquisición, se convierte en otro espacio importante en la configuración de la colección y permite que se incorporen a la colección obras de vital importancia para la historia del arte cubano.
Morey también amplió las adquisiciones de dibujos, grabados, esculturas y artefactos arqueológicos precolombinos. En 1927 la Academia de San Alejandro concede, a manera de empréstito, un segundo conjunto de pinturas que posteriormente pasarían a formar parte del fondo del museo.
La colección de etnografía se amplía gracias a la transferencia de un grupo de objetos religiosos africanos desde Marianao. En 1936 se donan al museo un grupo de piezas de antiguas aldeas taínas de Camagüey y Pinar del Río, este mismo año profesores de la academia nacional donan algunas de sus piezas.
En 1954 se inaugura el nuevo museo. Esto motiva nuevas y valiosas donaciones y depósitos durante toda la década de 1950. Entre otras están las de: Arquidiócesis de La Habana; la Casa de Beneficencia y particulares como María Ruiz de Olivares, marquesa de Pinar del Río, Julio Lobo, Oscar Cintas, José Gómez Mena y Tomás Felipe Camacho, entre otros.
Una de las más importantes donaciones fue la de antigüedades egipcias, etruscas y greco-latinas realizada por Joaquín Gumá, conde de Lagunillas, que constituye hasta hoy uno de sus núcleos más valiosos.
Después del triunfo de la Revolución colecciones privadas de arte, que se habían comprado en Europa, pero especialmente en Estados Unidos, pasan en su totalidad o en parte al acervo de la institución, entre ellas las de Julio Lobo, Oscar Cintas, José Gómez Mena, Tomás Felipe Camacho, María Dolores Machín, Evelio Govantes e Ignacio Ponce de León.
Todos los núcleos del museo se beneficiaron de esta coyuntura histórica, registrando un aumento significativo en las colecciones de arte europeo, americano y asiático. El núcleo del arte nacional, a su vez, es ahora capaz de ofrecer una amplia visión histórica del arte del país.

En 2010 el filántropo estadounidense Gilbert Brownstone, de la fundación del mismo nombre, dona al museo, como representante del pueblo cubano, más de 120 obras de Picasso, Miró, Warhol, Duchamp, André Masson, Camille Pissarro, Edouard Vuillard y Roy Lichtenstein, dándole a la colección e institución relevancia mundial.
Edificio

El proyecto del edificio estuvo a cargo del arquitecto Alfonso Rodríguez Pichardo a principios de 1950 y fue inaugurado el 18 de junio de 1954. Se siguen los códigos de la arquitectura racionalista con plantas libres y paneles móviles, permitiendo la adecuación del espacio expositivo.
Incorpora elementos de la arquitectura colonial cubana como el patio central -donde están expuestas esculturas de la colección permanente-, la presencia de altos puntales y el uso de piedras en la fachada.
El diseño integra la arquitectura y la escultura. En la parte superior del patio central, el escultor Ernesto Navarro realizó relieves tallados en piedra. En interiores y exteriores se colocaron esculturas monumentales de: Rita Longa (Forma, Espacio y Luz), Mateo Torriente, Juan José Sicre, Eugenio Rodríguez, y un gran mural de Enrique Caravia.
En 1997 se cierra el museo y en 2001, después de la amplia reforma y reestructuración de los espacios internos, coordinada por Jorge Candelaria y José Linares, el Palacio de Bellas Artes es reabierto al público.

Colección
La colección abarca del siglo XVI al siglo XX (1996). Es el más grande e importante de Cuba. Conserva más de 4300 pinturas, 12 800 diseños y grabados y 285 esculturas, además de fotografías y ejemplares de artes gráficas. La colección está dividida en cuatro secciones: Arte colonial, Arte Siglo XX (inicios), Arte moderno y Arte contemporáneo.

Arte Colonial
- Siglo XVIII
Los más destacados pintores del siglo XVIII son: José Nicolás de la Escalera (1734-1804); Juan del Río (1748-181) y Vicente Escobar (1762-1824). Destacan también Francisco Camilo Cuyás (1805-1881) y Felipe Fuentes. Son pintores autodidactas y trabajan por encargo de la Iglesia y de familias que les solicitan retratos.

Santísima Trinidad de José Nicolás de la Escalera (1734-1804)
- Siglo XIX
Los más importantes pintores del siglo XIX son: Guillermo Collazo (1850-1896), que nace en Santiago y se traslada a vivir en Francia, y Juan Borrero (1877-1896), que mantiene relación con Estados Unidos; Víctor Patricio Landa Luze (1830-1889) y Federico Fernandez Cavada (1831-1871). Landa Luze pinta escenas costumbristas con población negra.

Dama sentada a la orilla del mar de
Guillermo Collazo (1850-1896)

Paisaje marino (1877) de Esteban Chartrand (1840-1883).
De este período se muestra la obra de paisajistas extranjeros como el estadunidense Esteban Chartrand (1840-1883) y el francés Jean-Baptiste Vermay. La obra de estos de divide en dos grandes grupos, uno que registran el paisaje natural con la luz de estas latitudes y otros que asumen un tratamiento romántico idealizado con una luz que no existe.
Cambio de siglo (1894-1927)
Entre los pintores del academicismo, el costumbrismo y otras tendencias pictóricas entre el fin del siglo XIX a principios del siglo XX se exhiben obras de: Armando Garcia Menocal (1863-1942); Leopoldo Romañach; José Joaquín Tejeda (1867-1943) y Rafael Blanco Estera.

Salida de Colón por Bobadilla de Armando Garcia Menocal (1863-1942)
Arte moderno (1938-1951)
En este periodo se ubica la obra de: Víctor Manuel García (1897-1969); Eduardo Abela (1889-1965); Alberto Peña (1897-1938); José Segura Ezquerro (1897-1963); Rita Longa (1912-2000), escultora; Antonio Gattorno (1904-1980); Arístides Fernández Vázquez (1904-1934); Jorge Arce (1905-1956); Fidelia Ponce de León (1895-1949), su obra Cristo (1935); Marcelo Pogolotti (1902-1988) y Carlos Enríquez (1900-1957).
Los más conocidos a nivel internacional: Amalia Peláez (1896-1968), Pez (1960); Wilfredo Lam (1902-1982), Tercer mundo (1966), Huracán (1945) Contrapunto (1951); Mariano Rodríguez (1912-1990), Paisaje de almendrase (1956); René Portocarrero (1912-1985), Paisaje de La Habana (1961) y Catedral (1956).

Pez (1960) de Amalia Peláez (1896-1968)

Tercer mundo (1966) de Wilfredo Lam (1902-1982).

Huracán (1945) de Wilfredo Lam (1902-1982).
“Huracán es una obra impresionante por su capacidad de concentrar todo el misterio de la creación en un momento de aparente calma, cuando todas las fuerzas animistas se encuentran en máxima tensión. Es en el ojo del ciclón donde se alistan las fuerzas vivas de la naturaleza antes de desencadenarse. En Huracán los dioses del panteón yoruba son entes vitales que están integrados a la vegetación y la fauna, formando parte de un todo, como unidos mediante un cordón umbilical”, Roberto Cobas Amate.

Es una obra de Wifredo Lam, pero no identifico el nombre.

Paisaje de almendras (1956) de Mariano Rodríguez (1912-1990).

Paisaje con figuras (1943)

Catedral (1956) de René Portocarrero (1912-1985).

Paisaje de La Habana (1961).
En este período se ubica el trabajo de los artistas que se identifican con el neoimpresionismo como Antonia Eiriz (1929-1995), Ni muerto (1962); Fernando Cabrera (1923-1981), Molote (1966); Orlando Yanes (1926); Adigio Benítez (1924-2013); Santiago Armada, Chago (1937-1995); Raúl Martínez (1927-1995), Fénix (1968), que también incurrió en la abstracción.

Fénix (1968) de Raúl Martínez

Ni muertos (1962) de Antonia Eiriz

Tomé estas fotos porque los cuadros me gustaron. Ahora no puedo leer la ficha técnica.
Arte contemporáneo (1960-1996)
Se muestran obras de artistas residentes en Cuba o en el extranjero. Algunos van y vienen. Están representados, entre otros: Manuel Mendive, Guido Llinás, Servando Cabrera Moreno, Antonia Eiriz, Raúl Martínez, Ever Fonseca, Aldo Menéndez, Roberto Fabelo, Tomás Sánchez, Nelson Domínguez, Zaida del Río, Belkis Ayón, Kcho y José Bedia. De los artistas que nos mostró Laura, que guió la visita, tomé una fotografía de la obra que me gustó más de cada uno.
- Manuel Mendive (1944)

Sin título (1986)
- Rafael Zarza (1944)

El gran fascista (1973)
En 2020, el artista por su trayectoria obtuvo el Premio Nacional de Artes Plásticas.
- Gilberto de la Nuez Iglesias (1913 – 1993)

Esta es la historia (1980)
- Gilberto Frómeta Fernández (1946)

Desde el Río Bravo hasta la Patagonia (1973)
Los hiperrealistas
- Flavio Garciandia de Oraá (1954)

Todo lo que usted necesita es amor (1975)

- Zaida del Río (1954)

Recibido en mal estado (1989)
- Tomás Sánchez (1948)

Relación (1986)
- Pedro Pablo Oliva (1948)

Historia para un santo de mi pueblo II (1982)
- Nelson Domínguez (1947)

Ofertorio (1990)
Los ochenta y la ruptura
- José Bedia (1959)

El golpe del tiempo (1986)
- Leandro Soto (1956)

Kiko, constructor (1984)
- Rubén Torres Llorca (1957)

Te llevo bajo mi piel (1986)
- Ciro Quintana (1964)

- Alexander Arrechea (1970), Marco Castillo (1971) y Dagoberto Rodríguez (1969)

Dos pesos (1992)
- Esterio Segura 1970

Santo de paseo por el trópico (1991)
- René Francisco Rodríguez (1960)

Productivismo (1992)
Comentario
La visita la hicimos en dos recorridos los días 4 y 12 de marzo, guiados por Laura Arañó Arencibia (La Habana, 1993), Curadora Jefe del Museo Nacional de Bellas Artes, gran conocedora del arte de su país. Fue una gran experiencia recorrer las distintas épocas de la pintura y escultura de Cuba conducidos por esta experta.
Los creadores del siglo XVIII y XIX un descubrimiento, también los del siglo XX. Conocía la obra de Lam, Peláez, Portocarrero y Rodríguez. Mi tío Alonso Aguilar, hermano de mi padre, tuvo un Portocarrero, colgado en su casa de la Ciudad de México, que vi desde niño. Años después lo vendió en una galería en Nueva York.
La obra de los cuatro que está en el museo me impresionó. Son estilos muy diferentes. Cada uno tiene una propuesta que los hace únicos. Lam es extraordinario y su trabajo va a influir de manera decidida a la pintura cubana moderna y también la de otras latitudes. La Jungla en el Museo de Arte Moderno de Nueva York y acá Tercer Mundo (1966), que es una donación suya al museo.
Los artistas del siglo XX en sus distintas etapas. Los que se van y los que dejen el país. Los censurados y perseguidos. Los cercanos al régimen. En ese horizonte el trabajo de creación. Laura nos explica la importancia de tal o cual obra y la vida de cada uno de los autores. Relatos, que forman parte de la historia del arte cubano.
Especialmente interesante, el recorrido por la sala de Arte Contemporáneo. No conocía nada de este movimiento en Cuba. Fue un intenso curso sobre estos años de arte cubano. De los creadores algunos se quedaron en el país, otros se fueron y hay quienes van y vienen. Estas son figuras de carácter internacional.
La colección es realmente extraordinaria y está bien expuesta. Las obras lucen y hay espacio, para que se puede ver cada una en sí misma. Aprendí mucho sobre el arte moderno y contemporáneo de Cuba. Gocé mucho la belleza de las obras. Fue una experiencia intensa.
@RubenAguilar


